Montilla pierde, de media, unos 120 habitantes cada año. Así se desprende de los últimos datos oficiales disponibles, procedentes del Instituto Nacional de Estadística (INE) y cerrados a 1 de enero de 2025, junto a los indicadores más recientes del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía —correspondientes a 2023 y 2024—, que permiten proyectar una fotografía fiable de una realidad demográfica cada vez más ajustada, definida por una combinación de envejecimiento, saldo vegetativo negativo y una salida constante de población.
El origen de este proceso se remonta a 1996, cuando la segregación de la barriada de Santa Cruz, hoy integrada en el término municipal de Córdoba y con unos 890 habitantes, supuso un primer ajuste administrativo y poblacional. Aquel año, Montilla quedó con 22.949 vecinos.
Y lejos de iniciar entonces una caída en su número de habitantes, el municipio fue capaz de mantener una dinámica de crecimiento durante los quince años siguientes. La fortaleza del sector agrario, especialmente el viñedo y el olivar, junto al peso de los servicios, permitió absorber el impacto que supuso la segregación de Santa Cruz y sostener un incremento continuado de población.
Ese ciclo positivo culminó en 2011, cuando Montilla alcanzó su máximo histórico con 23.900 habitantes. Sin embargo, a partir de 2012 la tendencia cambió de forma clara y sostenida. Desde ese momento, la población ha descendido de manera ininterrumpida, en línea con otros municipios del interior andaluz afectados por la baja natalidad, el envejecimiento y la emigración de jóvenes hacia áreas urbanas mayores.
Según el Instituto Nacional de Estadística, Montilla contaba a 1 de enero de 2025 —el último dato oficial disponible— con 22.181 habitantes, lo que supone una pérdida de 1.719 personas desde el pico de 2011, un retroceso cercano al 7,2 por ciento.
De igual modo, los datos más recientes del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía aportan matices relevantes a esta evolución. En 2024, la población total estimada de Montilla se situó en 22.315 personas, una cifra ligeramente superior a la del padrón de enero de 2025, pero coherente con las diferencias temporales entre ambas fuentes. De ese total, 11.002 eran hombres y 11.313 mujeres, lo que confirma la persistente mayoría femenina y la feminización progresiva de la estructura demográfica local.
El análisis por sexos refuerza esta lectura. La población masculina alcanzó su máximo en 2011, con 11.835 hombres, y desde entonces ha experimentado un descenso más acusado, hasta situarse en 10.893 en 2025. Las mujeres, que también tocaron techo ese año con 12.065 personas, sumaban en 2025 un total de 11.288. Esta diferencia, estable pero creciente, es habitual en municipios con una población envejecida, donde la mayor esperanza de vida femenina termina por ampliar esa brecha.
Precisamente, el envejecimiento es uno de los rasgos más claros de Montilla en la actualidad. Según el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, la edad media de la población en 2024 alcanzó los 45,6 años. Solo el 17,4 por ciento de los vecinos tenía menos de 20 años, mientras que el 22,1 por ciento superaba los 65.
Estas cifras ayudan a explicar el desequilibrio en el movimiento natural de la población. En 2024 se registraron 120 nacimientos frente a 230 defunciones, un saldo vegetativo claramente negativo que se repite año tras año y que dificulta cualquier recuperación a corto plazo.
La distribución territorial mantiene, además, un perfil marcadamente urbano. En 2024, 20.901 personas residían en núcleos urbanos, frente a 1.414 en diseminados, lo que confirma que la pérdida de población no se limita al ámbito rural, sino que afecta al conjunto del municipio. La variación relativa de la población en la última década, entre 2014 y 2024, fue negativa en un 5,5 por ciento, un dato que resume el desgaste demográfico acumulado.
En este contexto, los movimientos migratorios actúan como un leve contrapeso para la pérdida poblacional de Montilla. En 2023 se contabilizaron 688 inmigraciones frente a 568 emigraciones, lo que arroja un saldo positivo insuficiente para compensar el descenso natural.
La población extranjera tiene aquí un papel cada vez más visible. En 2022, último año con datos disponibles para este indicador, Montilla contaba con 714 residentes extranjeros, con Rumanía como principal país de procedencia, representando el 52,5 por ciento del total, una presencia vinculada en gran medida a las campañas agrícolas y a los servicios de Ayuda a Domicilio.
Con estos antecedentes, la proyección demográfica elaborada a partir de la tendencia observada desde 2011 apunta a un escenario continuista. Si se mantiene una pérdida media cercana a las 123 personas al año, Montilla podría situarse en torno a los 21.566 habitantes en 2030. De cumplirse esta previsión, el municipio perdería la barrera de los 22.000 habitantes entre finales de 2026 y comienzos de 2027, un umbral con impacto simbólico y también administrativo.
Las consecuencias de este descenso van más allá de la estadística. En el plano institucional, Montilla se mantiene por ahora en el tramo poblacional que le permite contar con 21 concejales, según la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), aunque una caída por debajo de los 20.000 habitantes reduciría el Pleno de la Corporación a 17 ediles en futuras elecciones municipales.
Pero el impacto no sería solamente político. En el ámbito económico, la pérdida de población implica una reducción proporcional de los fondos procedentes de la Participación en los Ingresos del Estado, mientras los costes de mantener infraestructuras y servicios diseñados para una ciudad de casi 24.000 habitantes permanecen prácticamente inalterables.
La comparación con la segregación de Santa Cruz vuelve a servir de referencia. Si en 1996 la pérdida de unos 890 habitantes fue percibida como un golpe puntual, la proyección actual indica que, para 2030, Montilla podría haber perdido desde su máximo de 2011 una población equivalente a casi tres veces la de aquella barriada. El desafío, por tanto, ya no es administrativo ni territorial, sino demográfico, económico y social.
La suma de los datos del Instituto Nacional de Estadística y del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía no solo confirma la existencia de un declive poblacional, sino que lo sitúa en un contexto humano reconocible. Menos nacimientos, más años vividos y una lenta salida de población dibujan el paisaje demográfico de una ciudad que afronta la próxima década con la necesidad urgente de retener talento, atraer nuevos residentes y redefinir su modelo de crecimiento para no perder peso en el conjunto de la provincia de Córdoba.
El origen de este proceso se remonta a 1996, cuando la segregación de la barriada de Santa Cruz, hoy integrada en el término municipal de Córdoba y con unos 890 habitantes, supuso un primer ajuste administrativo y poblacional. Aquel año, Montilla quedó con 22.949 vecinos.
Y lejos de iniciar entonces una caída en su número de habitantes, el municipio fue capaz de mantener una dinámica de crecimiento durante los quince años siguientes. La fortaleza del sector agrario, especialmente el viñedo y el olivar, junto al peso de los servicios, permitió absorber el impacto que supuso la segregación de Santa Cruz y sostener un incremento continuado de población.
Ese ciclo positivo culminó en 2011, cuando Montilla alcanzó su máximo histórico con 23.900 habitantes. Sin embargo, a partir de 2012 la tendencia cambió de forma clara y sostenida. Desde ese momento, la población ha descendido de manera ininterrumpida, en línea con otros municipios del interior andaluz afectados por la baja natalidad, el envejecimiento y la emigración de jóvenes hacia áreas urbanas mayores.
Según el Instituto Nacional de Estadística, Montilla contaba a 1 de enero de 2025 —el último dato oficial disponible— con 22.181 habitantes, lo que supone una pérdida de 1.719 personas desde el pico de 2011, un retroceso cercano al 7,2 por ciento.
De igual modo, los datos más recientes del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía aportan matices relevantes a esta evolución. En 2024, la población total estimada de Montilla se situó en 22.315 personas, una cifra ligeramente superior a la del padrón de enero de 2025, pero coherente con las diferencias temporales entre ambas fuentes. De ese total, 11.002 eran hombres y 11.313 mujeres, lo que confirma la persistente mayoría femenina y la feminización progresiva de la estructura demográfica local.
El análisis por sexos refuerza esta lectura. La población masculina alcanzó su máximo en 2011, con 11.835 hombres, y desde entonces ha experimentado un descenso más acusado, hasta situarse en 10.893 en 2025. Las mujeres, que también tocaron techo ese año con 12.065 personas, sumaban en 2025 un total de 11.288. Esta diferencia, estable pero creciente, es habitual en municipios con una población envejecida, donde la mayor esperanza de vida femenina termina por ampliar esa brecha.
Precisamente, el envejecimiento es uno de los rasgos más claros de Montilla en la actualidad. Según el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, la edad media de la población en 2024 alcanzó los 45,6 años. Solo el 17,4 por ciento de los vecinos tenía menos de 20 años, mientras que el 22,1 por ciento superaba los 65.
Estas cifras ayudan a explicar el desequilibrio en el movimiento natural de la población. En 2024 se registraron 120 nacimientos frente a 230 defunciones, un saldo vegetativo claramente negativo que se repite año tras año y que dificulta cualquier recuperación a corto plazo.
La distribución territorial mantiene, además, un perfil marcadamente urbano. En 2024, 20.901 personas residían en núcleos urbanos, frente a 1.414 en diseminados, lo que confirma que la pérdida de población no se limita al ámbito rural, sino que afecta al conjunto del municipio. La variación relativa de la población en la última década, entre 2014 y 2024, fue negativa en un 5,5 por ciento, un dato que resume el desgaste demográfico acumulado.
El impacto de los movimientos migratorios
En este contexto, los movimientos migratorios actúan como un leve contrapeso para la pérdida poblacional de Montilla. En 2023 se contabilizaron 688 inmigraciones frente a 568 emigraciones, lo que arroja un saldo positivo insuficiente para compensar el descenso natural.
La población extranjera tiene aquí un papel cada vez más visible. En 2022, último año con datos disponibles para este indicador, Montilla contaba con 714 residentes extranjeros, con Rumanía como principal país de procedencia, representando el 52,5 por ciento del total, una presencia vinculada en gran medida a las campañas agrícolas y a los servicios de Ayuda a Domicilio.
Con estos antecedentes, la proyección demográfica elaborada a partir de la tendencia observada desde 2011 apunta a un escenario continuista. Si se mantiene una pérdida media cercana a las 123 personas al año, Montilla podría situarse en torno a los 21.566 habitantes en 2030. De cumplirse esta previsión, el municipio perdería la barrera de los 22.000 habitantes entre finales de 2026 y comienzos de 2027, un umbral con impacto simbólico y también administrativo.
Las consecuencias de este descenso van más allá de la estadística. En el plano institucional, Montilla se mantiene por ahora en el tramo poblacional que le permite contar con 21 concejales, según la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), aunque una caída por debajo de los 20.000 habitantes reduciría el Pleno de la Corporación a 17 ediles en futuras elecciones municipales.
Pero el impacto no sería solamente político. En el ámbito económico, la pérdida de población implica una reducción proporcional de los fondos procedentes de la Participación en los Ingresos del Estado, mientras los costes de mantener infraestructuras y servicios diseñados para una ciudad de casi 24.000 habitantes permanecen prácticamente inalterables.
La comparación con la segregación de Santa Cruz vuelve a servir de referencia. Si en 1996 la pérdida de unos 890 habitantes fue percibida como un golpe puntual, la proyección actual indica que, para 2030, Montilla podría haber perdido desde su máximo de 2011 una población equivalente a casi tres veces la de aquella barriada. El desafío, por tanto, ya no es administrativo ni territorial, sino demográfico, económico y social.
La suma de los datos del Instituto Nacional de Estadística y del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía no solo confirma la existencia de un declive poblacional, sino que lo sitúa en un contexto humano reconocible. Menos nacimientos, más años vividos y una lenta salida de población dibujan el paisaje demográfico de una ciudad que afronta la próxima década con la necesidad urgente de retener talento, atraer nuevos residentes y redefinir su modelo de crecimiento para no perder peso en el conjunto de la provincia de Córdoba.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: AYUNTAMIENTO DE MONTILLA
FOTOGRAFÍA: AYUNTAMIENTO DE MONTILLA















































