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Jes Jiménez | El chorizo y la estrella

Según me ha indicado una amable lectora, hace unos días se ha publicado en varios periódicos de todo el mundo que un científico francés, Etienne Klein, ha tenido que pedir perdón por haber publicado en redes sociales una imagen de una rodaja de chorizo asegurando que era una foto de la estrella Próxima Centauri.


Hay varias cuestiones en esta “noticia” que han llamado mi atención. La primera de ellas es cómo alguien puede haber creído tan seriamente que la imagen que aparece bajo estas líneas era realmente de una estrella hasta el punto de enfadarse y recriminar a Etienne Klein por su publicación.

La imagen por cierto, aparecía junto al siguiente texto: “Foto de Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol, ubicada a 4,2 años luz de nosotros. Fue tomada por el JWST. Este nivel de detalle... Un nuevo mundo se revela día tras día”.

Es cierto que si comparamos con la imagen del Sol que adjuntamos más abajo, se puede encontrar una cierta similitud, pero muy burda. Para cualquiera que haya comido un bocadillo de chorizo está claro que la primera imagen corresponde al área gastronómica y no astronómica. Palabras bastante similares, pues solo se diferencian en una letra, pero que designan significados muy diferentes.


El propio Klein afirmó posteriormente que pensó que “la imagen se detectaría inmediatamente como falsa”. También es cierto que muchos espectadores están acostumbrados (mal acostumbrados) a aceptar como fidedignas las imágenes trucadas de cualquier tipo de patrañas paranormales con tal de que sean sostenidas por alguno de esos oficiantes del misterio que pululan en los medios. O sea, adiestrados a comulgar con ruedas de molino.

Cuando vemos una imagen, normalmente interpretamos su significado de una forma casi inmediata. Pero esta rapidez oculta un complejo proceso en el que entran en juego bastantes factores. Uno de ellos es que las características técnicas del medio utilizado para producir la imagen influyen en que se conceda una mayor o menor verosimilitud al contenido de la misma. Creemos más indudablemente cierto el contenido de una fotografía que el de un dibujo o el de una pintura.

Esto se debe a una cierta candidez del espectador que supone, necesariamente, una mayor objetividad en la fotografía obtenida por un aparato que en el dibujo realizado directamente por la mano humana. Como si la manipulación subjetiva y torticera fuera menos posible en las imágenes obtenidas por procedimientos mecánicos. Es cierto que los aparatos no suelen mentir, pero los que los manejan sí pueden hacerlo.

En la imagen que nos ocupa, estamos ante una fotografía y, por lo tanto, tenemos una mayor inclinación a creer que el objeto circular rojizo que allí aparece tiene una existencia en el mundo real. Si se tratara de un dibujo, nuestra confianza probablemente sería menor.

Pero una fotografía no es una imagen inmaculada de la realidad. La imagen fotográfica siempre tiene un carácter fragmentario respecto a los objetos situados frente a la cámara. La elección de un fragmento o de otro es totalmente subjetiva y se presta a una distorsión de la escala de los objetos representados y, por lo tanto, a la dificultad de apreciar el tamaño real de lo fotografiado en función del tamaño de su imagen en la foto.

Decía Malraux que, en fotografía, tan grande es una cabeza de Buda como la catedral de Reims. Aplicándolo a la imagen que nos ocupa, nosotros podríamos decir que tan grande es Próxima Centauri como una rodaja de chorizo.

Por otra parte, en la fotografía que mostraba Klein, el punto de vista totalmente frontal, sin indicios de volumen, y la falta de un contexto visual adecuado no nos dan pistas suficientes sobre el tamaño real del objeto circular rojizo que se muestra en la fotografía. Como sucede en la siguiente imagen que también es rojiza, pero un pelín irregular en su contorno circular. No es una rodaja de chorizo ni una estrella: es la imagen de una pizza –y lo puedo asegurar con total certeza–.


Según la etiqueta que la acompaña es una Pizza Balear. Pero ¿cómo es de grande? ¿Es una pizza normal o es de tamaño familiar? Para apreciar el tamaño es necesaria la presencia de otros elementos visuales que nos sirvan de comparación.


En esta imagen sí podemos ver el tamaño relativo de los objetos circulares que se nos muestran. Aunque tengan un cierto parecido con la foto anterior, no se trata de tres tipos de pizza: la pequeña VY CMa, la mediana UY Sct y la familiar St2-18. Los nombres ya nos dan una pista de que no deben ser pizzas, pues no resultarían muy comerciales tales designaciones.

Tampoco parece que esas letras aclaren mucho qué diablos son esos objetos circulares y, al parecer, bastante planos. Excepto para los astrónomos y para los avisados lectores que hasta aquí han llegado y ya imaginan que se trata de… ¡sí, lo han adivinado! ¡Estrellas! Y así podemos comprobarlo en la siguiente imagen, obtenida de El Brazo de Sagitario, que es bastante más precisa en su intención informativa:


Estamos ante una representación –bastante idealizada, todo hay que decirlo– del tamaño relativo de Stephenson 2-18, nada menos que “la estrella más grande jamás descubierta”, con VY Canis Majoris, que también debe ser bastante grandecita si la comparamos con ese diminuto punto que intenta mostrar a nuestro Sol multiplicando su tamaño por veinte.

Aunque viendo detenidamente esta imagen, no se me quita de la cabeza si, en realidad, no estamos ante un catálogo de charcutería con los tamaños relativos del salchichón ibérico, el salami y el morcón extra grande. Y, a lo mejor, lo de los nombres de estrellas no es más que una broma de astrónomos...

JES JIMÉNEZ SEGURA
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