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9 de diciembre de 2020

  • 9.12.20
Los préstamos son productos financieros que pueden resultar especialmente útiles en circunstancias económicas complicadas. Ciertamente, parecen el tipo de solución idónea para años como 2020, con tanta incertidumbre en lo económico y en lo social. Sin embargo, nunca hay que olvidar que se trata de productos ofrecidos por empresas, y que estas necesitan sacar algún tipo de beneficio por el servicio prestado.


Nada es regalado, y mucho menos cuando se trata de dinero. Es algo que cualquiera debe asumir cuanto antes para no llevarse sorpresas desagradables con este tipo de soluciones. Aun así, y aunque tengan requisitos importantes para poder ser solicitados, y en ocasiones también largas esperas para poder realizar la tramitación, sus solicitudes no dejan de crecer. De hecho, hasta los bancos tuvieron que poner un freno a lo largo del año para evitar el aumento de la morosidad.

Todo el mundo sabe que un préstamo es una cantidad de dinero que se puede solicitar para un gasto imprevisto, para comprar algo bastante caro o para hacer una importante inversión. Uno de los terrenos más frecuentes en este sentido es el de las hipotecas, tan necesarias para poder comprar un inmueble en el que vivir o en el que desarrollar una actividad. Sin embargo, en la otra cara de la moneda nos topamos con los préstamos rápidos.

Una fórmula que se especializa en ofrecer al cliente el dinero prácticamente al momento, por lo que resulta especialmente interesante para afrontar un gasto urgente, para hacer un pago cuyo plazo se acaba dentro de poco y no se puede afrontar. Una fórmula rápida, sencilla y muy directa, que te da ese capital sin casi preguntar. Pero que, por otra parte, suele ser bastante exigente en cuanto a cumplimiento de plazos y a intereses.

Es algo que puede hacer a muchos preguntarse qué puede pasar si se aplaza el pago de un préstamo de este tipo. ¿Se pueden prorrogar sin problemas? Lo cierto es que es algo relativo, pero vamos a abordarlo aquí.

Qué pasa al aplazar un préstamo rápido

Estos productos, al igual que otros tantos del mismo tiempo, están sujetos a unos plazos que deben abonarse cumpliendo cierta periodicidad. Vamos a centrarnos en los plazos porque es lo realmente factible. Lo que ocurre en estos casos es mucho menor de lo que pasa si no pagas un préstamo rápido completo, ya que ahí ya entran en juego morosidades y otros factores delicados. Aun así, hay que andarse con cuidado porque, a base de aplazar cuotas, al final se puede llegar a un impago completo.

Siguiendo con las cuotas, estas se definen a la hora de realizar la solicitud. El solicitante tiene que elegir tanto el importe del préstamo como la cantidad de plazos en las que va a pagarlo. Eso, a su vez, establece la periodicidad y el plazo máximo de tiempo que se va a estar pagando todo el dinero que se ha solicitado, junto con los intereses que se deriven del servicio y alguna posible comisión o gasto extra.

Ahora bien. Es posible que, aunque se haga una previsión de lo más conservadora, surjan problemas que impidan abonar una cuota. En este sentido, cabe destacar que la ley se posiciona cada vez más a favor del usuario. De hecho, persigue duramente cualquier cláusula abusiva que pueda haber. Eso significa que, hasta cierto punto, hay margen para negociar en caso de que un mes o llegado un plazo no se pueda cumplir.

Generalmente, las entidades financieras ofrecen un tiempo de gracia para pagar en caso de no cumplir con la fecha indicada. Otras, además, añaden la posibilidad de solicitar una prórroga sin recargo alguno. Aun así, lo más frecuente es que, pasado ese tiempo de gracia, se cargue un interés por demora que crezca de forma proporcional al tiempo que pasa sin abonar la cuota tras el paso establecido originalmente.

Lo importante ahí es controlar tanto el tiempo como el porcentaje que aplica este interés. Si es excesivo, puede ser incluso denunciable, como ha pasado ya en numerosas ocasiones. No hay que olvidar que, aunque hablemos de una empresa que presta un servicio y establece un contrato para poder utilizarlo, este siempre debe ser justo y no debe abusar del cliente, sobre todo teniendo en cuenta que este tipo de préstamos normalmente están vinculados a una necesidad urgente.

Así, lo peor que puede suceder a un cliente que aplaza un préstamo al instante, o más bien, una de sus cuotas, es tener que pagar un pequeño extra. Afortunadamente, algunas financieras son bastante flexibles en este sentido, y entienden que es algo que sucede por circunstancias ajenas al cliente. Por tanto, no añaden ningún cargo extra.

Aun así, siempre es conveniente tener muy claras las condiciones del préstamo que se está pidiendo y ver qué dice sobre recargos por demora. Ese es el factor importante, y el que define todo esto.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL


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