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6 de diciembre de 2020

  • 6.12.20
Montilla Digital se hace eco en su Buzón del Lector de una carta abierta dirigida por Rafael García de Sola, director de la Cátedra de Innovación en Neurocirugía de la Universidad Autónoma de Madrid y yerno de Rafael Cabello de Alba y Gracia, en respuesta a algunas de las declaraciones que manifestó Miguel Mora Hidalgo en este mismo periódico, durante el transcurso de la entrevista que le concedió al periodista montillano Manuel Bellido Mora (y cuya tercera y última parte puede leerse pulsando sobre este enlace). Si desea participar en esta sección, puede enviar un correo electrónico a la Redacción del periódico exponiendo su queja, comentario, sugerencia o relato. Si quiere, puede acompañar su mensaje de alguna fotografía.


Estimado Miguel:

Apenas nos conocemos. Eras algo mayor que yo, cuando con unos 15 años te admiraba. Eras muy brillante en las intervenciones en la pandilla de amigos, como mi primo Rafael Ramírez y un inseparable suyo, mi hermano Luis. Yo me colaba, teniendo tres años menos.

Tú fuiste maestro, sin enterarte, despertando mi interés por la dialéctica. Ya con 15 años veía cómo era posible defender un ideal comunista, con el telón de acero enhiesto, Cuba, la URSS, etc., desde una posición burguesa de profesor universitario de clase media.

O cómo se defendía la igualdad ante gente joven, embobada, ilusionada, idealista, por la impregnación positiva de la Religión (no la negativa del infierno, que tanto se llevaba entonces y ahora en tu entrevista…). Pero en la Religión, los curas de izquierdas congruentes dejaban todo y se iban al Pozo del Tío Raimundo. ¿Algún comunista abandona su vida burguesa? ¿O, más bien, la incrementa? Se hacen doblemente burgueses.

He leído con atención y respeto la entrevista. Son muy interesantes varios detalles. Aunque los franquistas, fascistas o lo que desees llamarles te “persiguieran”, tú mismo constatas que los que te hicieron más daño fueron tus colegas comunistas. Y no dejas a ninguno vivo, incluyendo a Carrillo que, tendrá sus defectos, pero fue probablemente el personaje más grande de la Transición. El que verdaderamente la hizo posible.

Es muy obvio que, gracias al amparo que da la Administración a sus funcionarios, has vivido una vida plena en cuanto a libertad de pensamiento y obra. Lo que te ha permitido hacer grandes cosas como la Cooperativa La Unión. Pero en el fondo de la entrevista hay algo agrio, algo disonante. No estás en paz. Los demás no te entienden… 

¿Qué tipo de trauma familiar, personal, lleva a personas inteligentes como tú a la inquina, al rencor, o incluso al odio? Tú solo lo sabes. Desconozco la historia personal que te lleva a esta actitud. Pero cuando lo haces más relevante con tus comentarios sobre el padre de Blanca, mi mujer, no tengo más remedio que responderte, manteniendo mi sentimiento de admiración y estima hacia ti, pero siendo profundamente discrepante.

Fascista. Palabra “piedra” que lanzáis los dialécticos para incriminar a alguien. Sin saber que la Unión Europea coloca a la misma altura despreciable la ideología nazi-fascista que la comunista. Mi suegro, Rafael Cabello de Alba, no fue fascista. Nunca se puso la camisa azul del Movimiento Nacional. ¿Le hizo daño a alguien? ¿Te hizo daño a ti? Nunca le oí un mal comentario sobre ti. Creo que te tenía igualmente estima y respeto, aunque pudiera disentir de tus posturas vitales.

Rafael fue un hombre de la Transición. Así lo aceptó a sabiendas del precio político que suponía. Otros compañeros renunciaron o esperaron más cómodamente. Pero era muy consciente de que había que cambiar el régimen hacia un Estado de Derecho plenamente democrático. Y, créeme, he sido testigo directo de que fue uno de los que se empeñó en facilitar la Transición. Que salió bien, incluso en un periodo de crisis económica formidable. A lo mejor uno de sus méritos, además, fue hacer que el impacto de la crisis se atenuara…

Era un hombre bueno. Muy inteligente. Que hizo cosas importantes para mucha gente y para España. No intentes manchar su memoria. Uno siempre espera que líderes como tú sean capaces de corregir sus errores. Eso los engrandece. No todo es culpa o responsabilidad de los otros. Y, desde que somos mayores de edad, nuestra vida está condicionada principalmente por nosotros mismos, por nuestras propias decisiones. Sobre todo, cuando se nace y se crece en un ambiente burgués.

Al final, podrá uno llegar a ser alguien o hacer algo importante, o no. Pero lo esencial es haber sido lo suficientemente inteligente y emocionalmente equilibrado como para quedar en paz con uno mismo y con todos. A estas edades, es un buen tiempo para recuperar estimas, superar traumas, perdonar a los que nos han hecho daño, queriendo o sin querer. Desear ser perdonados. Para refugiarnos en nuestras familias, amigos, colegas... con una argamasa de cariño. Y, para el que las tenga, con creencias que nos ayuden en nuestra última aventura de salir de escena.

Con mi profundo deseo de enterrar animadversiones, un abrazo muy cordial.

RAFAEL GARCÍA DE SOLA

NOTA: Los comentarios publicados en el Buzón del Lector no representan la opinión de Montilla Digital. En ese sentido, este periódico no hace necesariamente suyas las denuncias, quejas o sugerencias recogidas en este espacio y que han sido enviadas por sus lectores.




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