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20 de diciembre de 2020

  • 20.12.20
Siempre que me desplazo en coche a la Facultad en la que trabajo, dado que se encuentra en la periferia de Córdoba, tengo puesto en la radio la misma emisora: Radio 3 de Radio Nacional de España. Cuando en el curso pasado daba algunas clases son por la tarde, asomaba el programa de Disco Grande que dirige Julio Ruiz. Quienes conocen el veterano programa no es necesario que le diga que es magnífico, pues no solo presenta grupos y cantantes actuales, sino que a su presentador no le importa bucear en toda la historia de la música popular, al tiempo que dar noticias de la actualidad musical.


Y si lo cito aquí en esta serie, ahora que los vinilos han superado en ventas globales a los cedés, se debe a que no se puede entender un disco sin la carátula que lo envuelve, como si fuera la tarjeta de presentación que nos anuncia las canciones que están dentro.

En esa mirada hacia tiempos pasados y hacia los actuales que llevaremos en la sección, recojo de Julio Ruiz una noticia que no quiero dejarla de lado. Se trata de una referencia al cantante británico Cat Stevens, quien el año 1970 publicó el espléndido elepé titulado Tea for the tillerman que contenía la canción con ese mismo título. Lo novedoso del cantante londinense, que posteriormente se convirtió al islam, es que en el diálogo entre el padre y el hijo que aparecía en la canción incorpora su actual voz como padre, al tiempo que se le añaden algunos arreglos orquestales al tema.

Ahora que se acerca el final del ‘olvidable’ 2020, esta noticia me hizo retroceder al año en el que se cerraba la década prodigiosa del rock y del pop, es decir los sesenta, y comenzaba otra tan interesante como fue la de los setenta. Desde mi óptica, creo que de vez en cuando no viene mal realizar una mirada retrospectiva y traer al presente aquellos magníficos álbumes que vieron la luz años atrás y que todavía pueden escucharse sin ningún problema.


¿Y por qué traigo a colación a un cantante y a un disco de hace nada menos que 50 años y del que apenas se supo de él tiempo después? Pues por la sencilla razón de que por aquella época Cat Stevens publicó tres discos intemporales: el anteriormente citado, cuya portada era del propio cantante, junto con Mona Bone Jakon y Teaser and the firecat.

Con posterioridad el cantante británico siguió publicando, pero la creatividad empezó a declinar, de modo que la brillantez de sus canciones solo aparecía en algunos temas aislados; sin embargo, en el resto se notaba cierta reiteración de sus hallazgos anteriores.

Llegó el día en el que se deja barba larga y aparece sin ese pelo ensortijado que le había caracterizado, al tiempo que comunica que ahora se llama Yusuf Islam. A partir de ese momento, prácticamente desaparece del mapa musical y ya apenas se tienen noticias suyas.


Podemos apuntar que también en el año de 1970 aparecería el esperado segundo disco de Santana, banda que encabezada por el propio Carlos Santana mezclaba los ritmos latinos con el rock. Este nuevo elepé, titulado Abraxas, contenía temas tan atractivos como Black Magic Woman, que estaba firmado por Peter Green de Fleetwood Mac, Oye cómo va, de Tito Puente o Samba para ti, del propio Carlos Santana.

Pero de nuevo nos sorprendía con su portada (que la he tomado como ilustración del artículo), ya que era una pintura titulada Anunciación del artista polaco Mati Klarwein. La carátula, que se abría como solía suceder en muchas de aquellas fundas de los elepés, nos muestra a una virgen africana negra, desnuda y tapada por una paloma, al tiempo que un ángel rojo aparece montado sobre un tambor a modo de anunciación.


En 1970 se cerraba la década de los sesenta, aquella que había conocido la explosión musical inequívocamente encabezada por los Beatles. A este genial grupo le acompañaron, como si fueran la versión rebelde, los Rolling Stones. Pero el mítico grupo de Liverpool acabó su trayectoria precisamente en este año que comentamos, dejándonos auténticas joyas que aún hoy nos suenan con toda la creatividad y frescura de aquellos años. Cerró con Let it be, en cuya portada aparecen los rostros de cada uno de ellos enmarcados de manera separada, como si fuera una imagen premonitoria de que, a partir de ese momento, cada cual tomaría su propio rumbo.


Y así fue. Lo más sorprendente fue que George Harrison que, junto a Ringo Starr, se encontraban un tanto a la sombra del inmenso talento que desplegaban John Lennon y Paul McCartney, edita de modo individual una caja con tres elepés. El título de este triple era el de All Things Must Pass (Todas las cosas deben pasar). Disco inalcanzable para la mayoría de los bolsillos de los jóvenes aficionados y del que se recuerda de modo especial el tema de My sweet Lord.


Entre los discos que se publicaron no podemos dejar de lado Puente sobre aguas turbulentas de Paul Simon y Art Garfunkel. Un elepé que suponía la cima musical del dúo estadounidense, a la vez que el anuncio de la separación del dúo. Con el tiempo se demostró, tal como algunos intuíamos, que Paul Simon era la verdadera mente creadora.

En el elepé, aparte de la canción que daba nombre al disco, se encontraban canciones inolvidables como El cóndor pasa, Cecilia, The boxer o la versión que hacían en directo del tema de los Everly Brothers Bye bye love.

He citado a algunos de los discos que aparecieron en el comienzo de esa una nueva década. Pero también habría que hacer referencia a Deep Purple (In rock), Black Sabbath (Black Sabbath), Crosby, Stills, Nash & Young (Déjà Vu), Neil Young (After the gold rush), The Who (Live at Leeds), James Taylor (Sweet baby James), etc.



¿Y qué sucedió en el panorama español con los numerosos grupos que siguiendo la estela de las bandas británicas habían aparecido en los años sesenta? Los sesenta fueron los años de Los Brincos, Los Bravos, Los Pekenikes, Los Mustang, Los Sirex, Lone Star, Los Salvajes, Mickey y los Tonys… y un largo etcétera que no cabría en estas páginas. Algunos continuaron en la nueva década; otros, como Los Brincos, daban por finalizada su trayectoria desde el punto de vista de la creación musical.

Así, Los Brincos, el que fuera el más relevante de todos (con permiso de Los Bravos) nos dejaban como legado enormes éxitos: Flamenco, Lola, Un sorbito de champagne, Borracho, Sola, Nadie te quiere ya… Todo un auténtico fenómeno musical de la década prodigiosa española.

Pero los cambios y avatares que sufrieron en su no muy larga trayectoria dieron lugar a que en 1970 sacaran su último elepé titulado Mundo, demonio y carne, con una singular portada (que se abría, por lo que en este caso solo aparece la parte de delante) de Jesús Rodríguez Parada-Cumella, muy alejada de aquella imagen tan castiza en la que sus cuatro miembros aparecían con la capa española o con cascabeles.

Sin embargo, para la edición internacional acudieron a la misma que había realizado con anterioridad el director de cine Iván Zulueta para el disco Contrabando. Al año siguiente, en 1971, Los Brincos desaparecieron como grupo, siguiendo la estela de otros foráneos de corta pero vibrante trayectoria… Continuarían o nacerían otros en las tierras hispanas.

AURELIANO SÁINZ


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