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10 de septiembre de 2020

  • 10.9.20
Las propiedades saludables ligadas a los taninos de la uva no son siempre las mismas, variando si proceden de las partes sólidas del fruto –piel, hollejo o semillas– o de su jugo. Así lo demuestra la investigación realizada por el Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (Ifapa) Alameda del Obispo, de Córdoba, en la que se demuestra que el consumo de estos componentes tiene beneficios concretos para la salud según su sea su procedencia.



Un equipo de científicos del área de Alimentación y Salud ha identificado qué moléculas ejercen los beneficios saludables de los taninos, sustancias químicas de origen vegetal presentes en las partes sólidas del racimo de la uva. Los ensayos in vivo realizados con ratones apuntan que el consumo de estos antioxidantes varía según su procedencia. Si se extraen del vino, protegen frente a enfermedades cardiovasculares y degenerativas. Si se obtienen de las semillas de las uvas mejoran la circulación, la memoria y el aprendizaje.

En concreto, los expertos han comprobado que tras la ingesta de estos compuestos, formados por varias unidades de un antioxidante llamado epicatequina que le confiere propiedades astringentes y también es responsable del amargor característico del vino, los procesos de absorción y transformación en el organismo de los taninos, cambian dependiendo de su origen.

Si se obtienen del vino, tal y como señalan estudios previos, protegen frente a enfermedades cardiovasculares y degenerativas, al mismo tiempo que presentan propiedades antibacterianas y antienvejecimiento. Por su parte, si se encuentran en la semilla de la uva, su consumo mejora la circulación sanguínea y la función vascular, así como también aumentan la capacidad de memoria espacial y contrarrestan el estrés oxidativo.

“Los alimentos sufren cambios a su paso por el tracto gastrointestinal y nuestro cometido se ha centrado seguir la ruta de transformación del tanino y cómo va pasando poco a poco de un derivado a otro hasta llegar a compuestos más sencillos y bioactivos”, explica a la Fundación Descubre la investigadora Gema Pereira-Caro, del Centro IFAPA Alameda del Obispo.

Después de identificar y examinar los compuestos derivados de los taninos, el equipo de investigación observó que según su procedencia tienen diferentes estructuras químicas y el organismo también los metaboliza de forma distinta. “Esto implica que los efectos en la salud varían. No obstante, estudios previos que hemos consultado analizan muchas de estas actividades biológicas empleando los taninos presentes en vino o semilla sin tener en cuenta su procedencia y la metabolización o transformación que sufren en el organismo tras ser ingeridos y absorbidos”, aclara el investigador de IFAPA José Manuel Moreno Rojas, coautor del estudio.

En concreto, dicho estudios previos concluyen que a la ingesta de taninos del vino se le atribuyen actividades antiinflamatorias y antienvejecimiento, al tiempo que actúan frenando el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y degenerativas. En cuanto a los taninos de la semilla de uva, mejora la circulación sanguínea y la función vascular, además de tener beneficios a nivel cognitivo.

“Investigaciones anteriores donde han realizado ensayos en personas y en animales, a los cuales se les han suministrado los extractos de estos compuestos, han demostrado que atenúan la neurotoxicidad y alivian la degeneración neuronal frente al Parkinson al controlar la progresión del deterioro celular. También aumentan significativamente la capacidad de memoria espacial y contrarrestan el desequilibrio entre las células y los antioxidantes, mejorando la memoria y el aprendizaje en personas que padecen la enfermedad de Alzheimer”, asegura la investigadora Gema Pereira, responsable del estudio.

El siguiente paso de esta investigación es el desarrollo de técnicas mejoradas de purificación de los taninos y su posterior análisis en su introducción en estudios de alimentación. “Nuestro trabajo ofrece información valiosa al mostrar qué tipo de compuestos hay que analizar en pruebas como cultivos celulares y ensayos bioquímicos, para conocer mejor qué actividad biológica pueden ejercer, concretando su procedencia”, corrobora Pereira.

Además, esta línea de trabajo abre nuevas vías de investigación para obtener y desarrollar alimentos funcionales. “Una vez conocidas las aplicaciones que podrían otorgarse a estos compuestos, se podrían incorporar en la dieta mediante a través de la ingesta de otros productos, como panes o galletas“, adelanta la experta.

El estudio realizado por el centro IFAPA Alameda del Obispo ha contado con la participación de la Universidad de Parma (Italia), la Universidad de Davis (EE.UU.), la Universidad de Montpellier en Francia y expertos del Wine Research Institute en Australia.

I. TÉLLEZ / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR


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