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22 de septiembre de 2020

  • 22.9.20
Montilla Digital se hace eco en su Buzón del Lector de un artículo del escritor y académico José Antonio Ponferrada sobre su padre, el escritor y periodista montillano José Ponferrada Gómez. Si desea participar en esta sección, puede enviar un correo electrónico a la Redacción del periódico exponiendo su queja, comentario, sugerencia o relato. Si quiere, puede acompañar su mensaje de alguna fotografía.



La voz humana es capaz de la risa y el grito. Desde que aparece en los primeros balbuceos del bebé, en los sucesivos grititos (que tienen algo de pájaro, de animal feliz), hasta las primeras fonaciones (esos "baba", "gu gu"…) la gente siente que algo grande está ocurriendo.

En realidad, lo más grande solo está empezando a ocurrir: la voz humana llegará a su cumbre cuando podamos decir que nuestra cría habla. Es decir, que habrá desarrollado la capacidad específicamente humana de utilizar su voz, como medio de expresión, en una de las lenguas que conocemos: español, francés, inglés o swahili…

La voz fue fiel acompañante del cuerpo hasta la invención de la escritura, que por estas tierras mediterráneas apareció hace unos 5.000 años. Desde entonces, asistimos al primer paso hacia un nuevo milagro: la voz sin cuerpo, que se hace plena realidad con la aparición de los modernos medios de transmisión y grabación de la voz (teléfono, discos, internet…).

Así, el tiempo, el espacio, la muerte misma, son vencidos por la permanencia de la voz humana. Aunque lo que no pueden estos gigantes de la existencia, lo logra con frecuencia nuestro descuido: desconocemos la voz de Lorca o tantos textos de los clásicos, en un permanente incendio de la biblioteca de Alejandría.

Ahora vuelve a la actualidad La voz humana. Esta vez, por la recién estrenada versión para el cine que Pedro Almodóvar (apoyado en la apariencia andrógina, como de arcángel, de Tilda Swinton) ha realizado sobre la original de 1930 (música del genial Poulenc, libreto de Cocteau). Una mujer sola en escena habla (la voz con cuerpo) y escucha por teléfono (la voz sin el cuerpo). Las emociones a flor de piel. Algo nos recuerda la versión para el teatro de las Cinco horas con Mario, de nuestro Delibes.

El documento que hoy quiero compartir con ustedes participa de cuanto hasta aquí hemos expuesto. Se trata de la voz grabada del escritor y periodista montillano José Ponferrada Gómez (Montilla, 16 de noviembre de 1919 - 22 de septiembre de 2018). Documento inédito y singular; ya que a Ponferrada, que tanto escribió, no le gustaba hablar en programas de radio o televisión, ni ser fotografiado para los periódicos.

La grabación, en una cinta de casete de 25 minutos, la hicimos en nuestra casa de la calle Las Salas, n.º 4, en Montilla, el 5 de noviembre de 2008. Con ella intenté retener algunos recuerdos familiares, “ne pereant”: para que no desaparezcan.


El hombre es el estilo. En toda la obra de José Ponferrada Gómez sobresale, como dejó escrito Feliciano Delgado, “lo terso de la prosa y el ritmo de la narración”. Una “prosa construida a largos pero nítidos periodos sintácticos, que sobresale por su valor literario”, en palabras ahora de Juan Antonio Bernier.

En el breve fragmento de la grabación que les ofrecemos, mi padre tiene casi, casi, 90 años. Y se aprecian, en buena medida, las características de estilo que acabamos de apuntar, además de lo bien timbrado de la voz, y su peculiar ceceo (que no es privativamente andaluz, sino panhispánico: Valle Inclán, gallego, lo practicaba). La voz al fondo es la mía.

Todo está en los libros. Para situar lo dicho en el archivo sonoro que motiva este texto, conviene que comparta con ustedes, también, algunos datos. Allá vamos.

La fotografía del chache Ángel en traje de torear puede verse en Espigando en nuestra Historia (2003), que escribimos al alimón mi padre, José Ponferrada Gómez, y yo, José Antonio Ponferrada. Ángel Córdoba Casado era tío de José Ponferrada Gómez, por casamiento con Aurora Alcaide Cruz (su tía materna, por segundas nupcias de mi bisabuela María Cruz López). Ángel y Aurora alzaron el vuelo para la Argentina, antes de la Guerra, creo; establecieron negocios y aún quedan en Buenos Aires mis parientes, sus nietos y bisnietos.

Rafael Cerezo Ortiz, el suegro de Ponferrada Gómez, aparece fotografiado en Vilanos sobre Montilla, (1980). Es el segundo por la derecha (el primero no sale entero), terno y corbata, sombrero moderno, a un paso de Manolete, en la famosa fotografía de 1932 con la Escuela Taurina de Montilla. En Fama y memoria del “Gafas” Cerezo (como se conoció a su hijo, hermano de mi madre Conchita Cerezo Morales), de 2017, dedico un capítulo al abuelo Rafael (que, como maestro de obras en la construcción de Las Camachas, aparece en la Historia de la hostelería de Córdoba de Manolo Cobos, 2009).

La mentada fotografía se expone hoy en dos buenas tabernas cordobesas: Salinas, en la calle Tundidores, y El Puerto – Tendido 7, en la calle conocida como de La Plata. Se las pasé yo, gracias a Paco Pérez, que regentaba la de La Sacristía, en Santa Marina, y tuvo el detallazo años ha de regalarme una copia. Y tomada de Salinas puede verse, comentario incluido, en el libro Guía de tabernas amanoletadas (2017).

Mi antepasado el cura Cerezo, franciscano, figura en la nómina de sacerdotes en Montilla que recoge el P. Bernabé Copado, en su interesante Historia de la Compañía de Jesús en Montilla. Después de los años mil, (1944). De esta obra hubo restos de edición que Ponferrada rescató y vendió a los montillanos de allá por los años setenta. No quedó ni un libro. A veces, quienes han podido heredar esos ejemplares no saben lo que tienen en casa.

Ya me he referido a los aspectos formales de la grabación (la voz, el estilo). El contenido, de carácter familiar, español hasta lo indecible, rebosa por otra parte de montillanía (que, en su mejor versión, es españolidad universal).

José Ponferrada Gómez gozó de una memoria privilegiada, de una gran capacidad para el recuerdo. Esto, unido a su innato interés por las tradiciones populares (el saber del pueblo, su folk lore), le permitió, en la línea de los grandes tradicionistas (como el limeño Ricardo Palma, el navarro José María Iribarren o, para Montilla, Dámaso Delgado, cuyas obras no faltaban en su selecta biblioteca) conservar, por escrito y publicado, algo del caudal mayor de esa comunidad antigua y venerable que es la de esta “Campania”, la campiña cordobesa de Montilla, que antes fue bosque y antes fue mar.

El trabajo de Ponferrada Gómez como investigador de la historia de Montilla y divulgador de sus antiguas tradiciones, puede dividirse a grandes rasgos en dos etapas principales. La primera, como periodista de la Agencia EFE para los principales periódicos nacionales, principalmente durante la década de 1953 a 1963. La segunda, como escritor de libros publicados, entre 1979 y 2007.

Y, como tengo escrito en la “Introducción” a la Silva montillense de José Ponferrada Gómez (1993), esa labor es impagable, porque es labor de amor. Insustituible. ¡Busquen y lean! Con nuestros mejores deseos, va por ustedes.

JOSÉ ANTONIO PONFERRADA
FOTOGRAFÍA: RAFAGUILAR (2009)

NOTA: Los comentarios publicados en el Buzón del Lector no representan la opinión de Montilla Digital. En ese sentido, este periódico no hace necesariamente suyas las denuncias, quejas o sugerencias recogidas en este espacio y que han sido enviadas por sus lectores.


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