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30 de septiembre de 2019

  • 30.9.19
Para miles de adolescentes no puede decirse que Jose de la Torre (Montilla, 1987) sea un completo desconocido, pues suma ya casi 11.000 seguidores en su perfil de Instagram, donde despierta pasiones entre jóvenes –y no tan jóvenes– interesados –y, sobre todo, interesadas– en seguir su carrera artística. Pero, qué duda cabe, el estreno el pasado miércoles de Toy Boy, la gran apuesta de ficción de Antena 3 para este otoño, contribuirá a catapultar a la fama a este joven afable, cercano y familiar que, desde hace varios años, está entregado de lleno a una profesión dura y exigente.



Casualidades de la vida, en esta serie en la que los clichés tradicionales se invierten porque los hombres son el objeto de deseo sexual y las mujeres son las que ostentan el poder, Jose de la Torre comparte pantalla con otra actriz muy vinculada familiarmente con Montilla, María Pedraza, que en este nuevo thriller de Atresmedia interpreta a una joven abogada que debe ayudar a un estríper de Marbella que, tras una noche de fiesta y excesos, despierta en su velero junto al cadáver del marido de su amante.

—¿De dónde le viene el gusanillo por la interpretación?

—Desde muy pequeño encontré refugio en el cine. Pero no tanto en la interpretación, al menos al principio. Era un niño que no paraba de ver películas, simplemente para entretenerme y eso me atrapó y sembró en mí la semilla que más tarde se convertiría en el deseo de querer dedicarme a ello. Supongo que sentirme identificado con muchos de los personajes que admiraba hizo que me declinase por la interpretación y no por otra disciplina artística.

—¿En qué momento tuvo claro que quería ser actor?

—La verdad, fueron tiempos donde no tenía nada claro. Terminé Selectividad y no sabía bien hacia dónde mirar. Estuve pensando en ingresar en Ciencias Audiovisuales, pero no me terminó de convencer, así que hice las pruebas para la Escuela de Arte Dramático (ESAD) de Málaga y me aceptaron. Fue entonces cuando me di cuenta de que había elegido bien, que sería feliz siendo actor.

—¿Y antes no había formado parte de ningún grupo de teatro?

—No. Cuando entré en la ESAD era el único de mi clase que no había formado parte de ninguna compañía o había hecho alguna obra anteriormente en el colegio o en el instituto. La primera vez que recité un texto frente a un público fue para las pruebas de ingreso a la escuela, pero sentí como si lo llevara haciendo toda la vida. Fueron unos versos de Romeo y Julieta que jamás olvidaré.

—¿Cómo fueron sus inicios en el mundo de la interpretación?

—Comencé mis estudios en la ESAD de Málaga en 2008, y fue maravilloso. Es como encontrar el lugar al que perteneces. Guardo muy buenos recuerdos de mis primeros pasos en la escuela. Y el haber tenido grandes profesores que me hicieron amar y respetar esta profesión es uno de los mejores regalos que me llevo de allí.

—¿Fue duro para usted dejar Montilla, sus amigos, su familia?

—Dejé Montilla poco a poco. Al principio iba a menudo los fines de semana, sobre todo para trabajar. Pero cuando me instalé en Málaga comencé como una nueva etapa y supe que significaba dejar muchas cosas atrás. De todas formas, a Montilla voy cada vez que puedo. Allí dejé mi infancia, pero mantengo a todas las personas que quiero, familia y amigos. Y eso es lo más importante.

—¿Cómo ha sido su formación como actor?

—Mi formación comenzó en la rama de Interpretación Textual y es ahí donde te das cuenta de que, en este mundo, debes ser lo más versátil posible. La perfección no existe en esta profesión, pero sí el trabajo duro, la dedicación y el esfuerzo. Y esos factores son los que marcan la diferencia. Intentar hacer todo lo que puedas, de la mejor manera que puedas y tener todos los recursos posibles para ponerlos al servicio del proyecto.

—¿De qué trabajos de los que ha participado hasta el momento se siente más orgulloso?

—De todos. Puede sonar a tópico pero es la verdad. Desde una pequeña muestra en clase, a un taller en la escuela, a un microteatro, a una lectura dramatizada, un musical, una serie… En todos he sido feliz.



—El pasado miércoles se estrenó en Antena 3 la serie ‘Toy Boy’, aunque su puesta de largo fue días antes en Internet. ¿Cómo es el personaje que interpreta?

—Iván es un tipo duro que se ha ido reinventando a medida que la vida le ha planteado complicaciones. Al arranque de la serie es dueño de la discoteca Inferno, donde bailan los toy boys. Anteriormente fue policía, pero le expulsaron del Cuerpo.

Como he dicho, se reinventa. Es un buscavidas que hace lo que sea para sacar adelante a los suyos. Cuida de su familia y se podría decir que es la parte responsable de todos ellos, pero no sería del todo cierto porque se va metiendo en problemas cada vez más grandes. Es positivo y no se agobia ante las adversidades, sino que busca la solución a cualquier precio.

—Aunque en televisión solo hemos podido ver un capítulo, la serie ha avanzado un poco más en ‘Atresplayer Premium’, la plataforma bajo demanda de Atresmedia. ¿Lo reconocen ya por la calle?

—Bueno, la emisión en la plataforma ha sido muy buena pero no hasta el punto de que se pueda decir que nos haya dado fama. Nos arroparon muchísimo en el Festval de Vitoria y la gente fue muy cariñosa con nosotros. Hasta el momento seguimos siendo unos chavales desconocidos que han hecho su trabajo y solo esperan que el público lo disfrute.

—¿Cómo fue el casting para la serie? ¿Le resultó duro?

—Siempre digo que una parte importante de mi vida está en Málaga. Allí comencé mi formación y allí hice el casting para esta serie. Fueron varias pruebas a lo largo de seis meses. No sabía ni para lo que era cuando hice la primera, pero creo que está bien así. No iba con nada en la cabeza: simplemente me dejaba llevar en cada una de las escenas o de las pruebas que me planteaban. Y hasta que no supe que me habían seleccionado, no dije nada a nadie. Y ese día, imagínese: lloré abrazado a mi abuela.

—¿Qué tal fue el rodaje?

—La preparación para la serie duró seis meses y el rodaje ocho, así que ha sido más de un año inmerso en esta primera temporada.

—Es fácil suponer que se lleva muy buenas experiencias...

—Por supuesto. Lo mejor que me ha podido pasar, sin duda alguna, es la buena relación que he podido forjar con mis compañeros y con todo el equipo. En un rodaje de estas características se forma una gran familia, dado que se trata de muchas personas con las que convives durante meses y, justamente con el esfuerzo de todos y cada uno de ellos, es como se saca el trabajo adelante.

—El reparto combina actores más jóvenes con otros más experimentados como Pedro Casablanc, Elisa Matilla, María Pujalte o Miriam Díaz-Aroca. ¿No le da vértigo leer su nombre junto al de artistas ya consagrados?

—Y no se olvide del equipo técnico. Un proyecto de esta envergadura tiene cientos de personas detrás y ese buen ambiente de trabajo es el que hace que un rodaje te haga feliz, por muy duro que sea.

—Trascendió que llegó a sufrir un percance durante el rodaje. ¿Puede comentarlo?

—Sí, fue durante un ensayo de la última coreografía. Precisamente con la más fácil de todas, pero así pasan las cosas. Me subí a la barra del Inferno (como muchas veces antes) y pisé en un sitio donde no estaba bien sujeto. Por suerte, llevaba unas protecciones del ensayo anterior que no me llegué a quitar y, gracias a ello, no me rompí la pierna. En fin, todo quedó en un susto y en una mancha que tendré para toda la vida de recuerdo...

—Sin duda, el personaje que encarna en ‘Toy Boy’ habrá supuesto para usted una preparación física extra. ¿Tuvo que seguir un entrenamiento o una dieta muy exigentes?

—Desde el primer día. En la reunión con los productores nos dimos cuenta de que necesitábamos asesoramiento y, por ello, nos pusieron un entrenador personal y un nutricionista para la parte física.

—¿Y le resultó duro?

—Ha sido muy difícil, la verdad. Más de lo que puede parecer a primera vista. Ese sacrificio era duro, los entrenamientos lo eran más aún pero, sin duda, el objetivo merecía la pena.



—Muchos actores andaluces suelen comentar que deben trabajar especialmente la dicción para tratar de «disimular» su acento. ¿Ha supuesto alguna dificultad para usted en ese sentido?

—En absoluto, puesto que la trama de Toy Boy se desarrolla en Málaga. No obstante, es verdad que lo que comenta suele ocurrir cuando el personaje no es andaluz. De todas formas, la dicción es otro de los aspectos en los que hay que trabajar. Yo, por ejemplo, no era bailarín, pero mi personaje en la serie baila, así que me tuve que poner a ello hasta que conseguí que saliera. Y ese es el trabajo del actor. Para mí es una maravilla escuchar a un actor trabajar en varios acentos, en función del personaje que esté encarnando en cada momento.

—¿En qué proyectos se encuentra inmerso actualmente?

—En estos momentos tengo todas las energías puestas en la promoción de la serie y en desear que al público le guste lo suficiente como para poder continuar con una segunda temporada.

—En ‘Toy Boy’ ha tenido la oportunidad de trabajar a las órdenes de Iñaki Mercero, con guiones de Juan Carlos Cueto, Rocío Martínez y César Benítez. ¿Con qué director le gustaría trabajar en un futuro?

—Ahora mismo hay muchísimos cineastas españoles con buenas historias que contar y, sin duda, sería un orgullo poder trabajar con cualquiera de ellos. No obstante, en el ámbito del teatro me gustaría poder trabajar con mi paisano Juan Carlos Rubio algún día. Además de ser un apoyo incondicional desde que llegué a Madrid, admiro su trabajo como director y dramaturgo por encima de todo. Es un referente para mí y para muchos actores y actrices de nuestro país y su trayectoria profesional y los galardones que ha recibido lo avalan.

—¿Qué papel le gustaría interpretar en un futuro?

—Cuando era pequeño soñaba con hacer una gran película de aventuras. Como niño que era, me permitía soñar, claro (ríe). Y ya en mi época de estudiante me embaucaron muchos de los personajes del realismo americano de Tennessee Williams, que ganó el Premio Pulitzer de Teatro por Un tranvía llamado Deseo y, un poco tiempo después, otro por La gata sobre el tejado de zinc. También me gustaba Arthur Miller, que nos legó obras míticas como Las brujas de Salem, Panorama desde el puente, Muerte de un viajante o Después de la caída.

—¿Algún autor español?

—Sí, muchos. Después comencé a leer a dramaturgos españoles y a amar y conocer mejor nuestra historia. A día de hoy diría que mi bagaje cultural como actor es un poco una mezcla de todo lo que he leído y de todo lo que he visto.

—En los últimos años, seguramente gracias a la irrupción de las plataformas en línea, la ficción parece estar viviendo una etapa dulce. ¿Está de acuerdo?

—Sin duda. Estamos viviendo el apogeo de las series en las que se crean historias fabulosas y donde hay una creatividad emergente de la que estoy seguro que surgirá ese papel del que me enamoraré en un futuro próximo y con suerte, espero poder hacer.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA PRINCIPAL: CONCHA GONZALO (CEDIDA)


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