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A las puertas de Troya

Las murallas de la educación han sido obsequiadas por la intolerancia y el libertinaje en las anarquías de Internet. Las llamas de la injuria han quemado las naves de la opinión en las oportunidades tecnológicas de hoy. El cierre unilateral de los comentarios en varios medios de Internet, ante los temores racionales de nuevas invasiones en sus territorios editoriales han encarcelado en los barrotes del silencio a la libertad de expresión.

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El cerrojo en los comentarios notíciales en El Plural y las declaraciones de Iñaki Gabilondo sobre la posibilidad de cerrar su videoblog en El País ilustran con creces el debate civil sobre la censura reactiva que decíamos atrás, y el derecho a opinar en la cabaña cuasi anómica de la democracia digital.

La ineficacia normativa y el disfraz de la identidad han dibujado las grietas del respeto en las paredes recién pintadas de la libertad. Una vez más, los justos de este país han pagado los desaguisados de los pecadores. La intromisión del troll en el discurso pixelado de hoy ha herido la dignidad profesional del arte de opinar. Los insultos y las injurias de unos pocos han interrumpido el sueño plácido del demócrata en los aposentos cerrados del insurgente.

Desde la crítica mediática debemos reflexionar sobre esta nueva lacra social y gritar "¡basta ya!" al vandalismo digital para que la libertad de expresión sea un derecho, y no una censura reactiva de los medios, ante las fechorías maquiavélicas de sus minorías.

Con los sables legales y las armaduras del sentido común debemos cohesionar nuestra voz como demócratas y luchar para que los avances conseguidos en el género de la opinión no se vean acallados por las antorchas tóxicas de la maldad.

La ausencia de responsabilidad maquillada por el rostro de la falsa identidad invita al vándalo a introducir su veneno en la savia limpia del discurso digital. Las letras del anónimo esculpidas en el escudo de la libertad invitan al doloso a introducir su caballo en las murallas de lo formal. Desde la madera de su corcel destroza los adobes del enemigo e insufla la desesperación con el ruido contaminante de sus palabras.

Desde las líneas humildes de esta columna debemos reinvindicar al Cuarto Poder protocolos comunes de actuación que regulen y sancionen los incumplimientos constitucionales de la libertad de expresión. Mientras luchamos para ganar la batalla al trollismo, seguiremos armados a las puertas de nuestra muralla controlando la entrada sesgada de todo obsequio racional vestido de caballo.

ABEL ROS
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