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2 de diciembre de 2010

  • 2.12.10
Parece obvio que la situación económico-financiera en la que estamos inmersos es de una gravedad inusitada no sólo por la profundidad de la misma sino también por los ámbitos a los que afecta. Es obvio también que estamos ante una crisis sistémica como consecuencia de la anterior de sobreproducción que la precede.



La crisis afecta al sistema capitalista y de una manera tal que dogmas intangibles y principios indiscutibles del mismo: mercado, competitividad y crecimiento sostenido, se han visto conculcados de manera evidente. La boutade de Sarkozy acerca de la necesaria refundación del capitalismo evidencia el desconcierto, la sorpresa y la necesidad de enmendalla para sostenella.

Creo que pretenden acogerse de manera mecánica y trapacera al giro que John Maynard Keynes le imprimió al capitalismo tras el crack de 1929. Sin embargo eso no es una refundación sino una nueva vía con los reajustes del sistema necesarios para ir tirando unas cuantas décadas más. En consecuencia el orden económico y monetario de Breton Woods en 1944 está en el punto de mira de los “refundadores”.

Pero mientras esto pasa, se ha instalado en un cierto sector de la izquierda un actitud similar a la parusía católica: una esperanza basada en la inminente venida del socialismo como consecuencia del aparente derrumbe del capitalismo. Para esta visión, la catástrofe del sistema con sus daños y tragedias colaterales para la inmensa mayoría de la población son el pórtico doloroso pero necesario para el alumbramiento de la nueva era.

La Historia nos enseña que tras el caos de una determinada sociedad, con sus tremendas secuelas de hambrunas, enfermedades, marginación social, hundimiento de las instituciones, pérdida del sentido de Ética colectiva... viene siempre el fascismo porque éste no es otra cosa que el capitalismo en época de crisis. Y viene porque la izquierda revolucionaria ni estaba preparada, ni había previsto nada al respecto.

El socialismo, la nueva sociedad no puede ser construida a partir del hundimiento del capitalismo; muy al contrario debe ser construido en el seno mismo de la sociedad de clases. Es un proceso constituyente hecho de alianzas, luchas, ejercicios alternativos de poder en la sociedad y en las instituciones, una Ética nueva y unos valores que predicados con el ejemplo vayan tomando cuerpo en la praxis social y en el imaginario colectivo; es decir se vayan conformando como una alternativa ética de Estado.

En consecuencia, la labor de la izquierda es con la lucha económica, social, política e ideológica hacer posible que Revolución no sólo sea referencia a otra sociedad por venir sino el fundamento mismo de una actuación presente de cada hombre y de cada mujer. La Revolución es también la creación de un ser humano nuevo.

No cavemos la fosa del cadáver antes de tiempo. Preparémonos para trabajar con las gentes y sus problemas. Pero no un trabajo de tribunos de la plebe que se erigen en defensores a lo Robín Hood sino en levadura capaz de crear conciencia colectiva, organización consecuente y prácticas alternativas de gobernabilidad. Cuidado con los sepelios a palo seco porque es posible que de espectadores pasemos a co-protagonistas cuando no a protagonistas en exclusiva.
JULIO ANGUITA


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