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22 de febrero de 2015

  • 22.2.15
Dentro de las investigaciones referidas al dibujo de la familia, con relativa frecuencia me encuentro con escenas en las que aparecen algunos de los abuelos de los autores de esos dibujos, aunque los abuelos no residan en las mismas viviendas que sus nietos. Personalmente considero que, por un lado, desde el punto de vista emocional es una manifestación del cariño que sienten hacia ellos y, desde el punto de vista psicológico, expresión de que los han integrado como personas relevantes en sus vidas.



Y es que, como apuntan las profesoras Celeste Rico, Emilia Serra y Paz Viguer en su obra Abuelos y nietos, “el ser abuelo es una parte importante del ciclo de la vida para muchas personas, tanto como experiencia personal como por su significado dentro de las familias. Debemos tener en cuenta que el 75% de las personas mayores de 65 años tiene nietos, por lo que van a ser importantes para la mayoría de los ancianos”.

Más adelante, las autoras citadas nos dicen que “muchos abuelos utilizan esta nueva situación para desarrollar aspectos que no formaron parte de relaciones anteriores, pues les ayuda a resolver conflictos psicosociales conectados con las etapas de la vida, al tiempo que permite potenciar el bienestar psicológico”.

Pero no solo es beneficiosa esa relación para las personas mayores, sino que ellos también “ayudan en la educación de los niños y en la afectividad de los adultos, por lo que esta valoración de su papel genera un sentimiento de futuro y optimismo muy positivo”.

A pesar de estos aspectos beneficiosos descritos, he reconocer que hay bastantes chicos y chicas que no los representan en sus dibujos. Las razones pueden ser variadas: sea porque los contactos que establecen con los abuelos son esporádicos y no muy estrechos; porque la relación que mantienen con ellos no les resulta gratificante o porque en los momentos en los que se les pidió que trazaran a la familia ya ninguno vivía.

Gran parte de los que sí lo hacen tienen la impresión de que pertenecen a una tercera generación, dado que sus padres se encuentran en la posición intermedia entre ellos mismos y los padres de sus padres. Esto genera un sentimiento profundo de que la vida se alarga hacia el pasado, en el sentido de que la propia existencia posee unas raíces que conectan con las generaciones les precedieron.

Por otro lado, conviene saber que aquellos niños y niñas que tienen relación estrecha con sus abuelos mantienen un contacto emocional distinto al que establecen con sus padres. Sus abuelos ya están libres de ejercer la responsabilidad directa con ellos, puesto que no son los que deben llevar adelante la difícil tarea de educarlos y tener que mantener constantemente el equilibrio entre la disciplina y el cariño necesarios para la formación de una personalidad confiada y segura.

Se encuentran, pues, en la etapa en la que suelen desplegar más ternura, más paciencia y tolerancia que la que tuvieron que ejercer con aquellos que fueron sus hijos. Entienden, por otro lado, que la vida, las relaciones humanas y las cosas tienen matices, que no están pintadas en blanco o negro. Además, son conscientes de que los cambios en la formación del carácter no se producen de modo inmediato, especialmente cuando se refieren al ámbito de los aprendizajes.

Bien es cierto que ya no tienen la energía suficiente para “lidiar” con los más pequeños, por lo que normalmente el tiempo que pasan con ellos es limitado y lo utilizan en el sentido más lúdico, con el fin de disfrutar de la compañía de los nietos.

De todos modos, este trabajo va en el sentido de interpretar los sentimientos y las visiones que tienen niños y niñas acerca de sus abuelos cuando los han representado en las escenas en las que aparecen sus familias. Es también una aproximación a la relación nietos-abuelos, tan importante para algunos de ellos.

Con el fin de acercarnos a esta relación tan poco estudiada desde el punto de vista de la psicología emocional, he seleccionado un conjunto de cinco dibujos que paso a explicar.

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Este primer dibujo corresponde a una niña de 11 años que se trazó junto a su hermana melliza en el interior de la casa. Como podemos comprobar, y dado que numeró el orden de los personajes, comenzó por sus padres, pasó a ella y su hermana, en quinto lugar trazó a su abuela materna, para cerrar con sus abuelos paternos, tal como la propia autora se encargó de escribir.

Lo más curioso es que en el lado derecho de la lámina ha dibujado un portarretratos con el rostro de su abuelo materno, completando así el conjunto familiar de las tres generaciones. Con ello, la autora expresa ese sentimiento de pertenencia a una familia que tiene sus orígenes en otras dos: las formadas por sus abuelos paternos y maternos. De este modo se siente emocionalmente protegida y arropada por un grupo amplio que se alarga a las raíces que forman las dos generaciones que han precedido tanto a ella como a su hermana.

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El segundo dibujo corresponde a una niña de 7 años, la cual, al pedir en la clase que dibujaran a sus familias, me entregó este trabajo. Fácilmente se comprueba que lo inició trazando a su abuelo y abuela paternos, puesto que al ser una niña diestra comienza por la izquierda de la lámina, de modo similar a como se realiza la escritura, e inmediatamente aparece el padre. Si hubieran sido los abuelos maternos, lo normal es que la siguiente figura hubiera sido la madre. Completan la parte superior las figuras de sus tíos y de su primo. En la parte inferior izquierda de la lámina se traza a ella misma y a su hermano en el lado derecho.

La relevancia emocional que para ella tienen sus abuelos procede del hecho de haber comenzado a representar el conjunto familiar por sus figuras, ya que las primeras que se trazan adquieren una especial relevancia. Por otro lado, la niña se dibuja debajo de ellos, con lo que se refuerza visualmente la estrecha afinidad que tiene con sus abuelos.

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Comenzar por el trazado de la abuela, como sucede en este dibujo de una niña de 10 años, puede ser manifestación de reconocimiento de que es la persona de mayor edad dentro de la familia. Sin que la autora nos lo indicara, entendemos que es su abuela materna, puesto que a continuación dibuja a su madre, siendo la proximidad espacial indicio los lazos de sangre que existen entre ellas. Por otro lado, su padre también es relevante al ocupar el centro de este grupo familiar formado por cinco miembros.

La autora nos muestra al padre con el móvil, señal de que no se desprende del mismo. Como detalle a tener en cuenta, quisiera apuntar que traza a los cinco miembros encima de unos pequeños montículos, a modo de pedestales, como expresión inconsciente de que considera a todos los componentes de la familia como personajes importantes.

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En este caso, y de modo similar al dibujo anterior, la autora, una niña de 10 años, ha representado a la única abuela que conocía dándole el mayor protagonismo de la escena familiar, puesto que no solamente representa a los cinco miembros subidos sobre pequeños montículos, sino que su abuela ocupa del centro del conjunto. Por otro lado, la ha trazado como la más alta de todos, algo que llama la atención, pues las personas mayores acaban teniendo menos altura que cuando eran jóvenes.

Conviene apuntar que la autora expresa, de modo inconsciente, las identidades de género, ya que emplea similares cromatismos entre su hermano y su padre; al tiempo que lo hace con ella y su madre. Por otro lado, este trabajo es indicio de la importancia emocional y simbólica que tienen en muchos casos los abuelos con respecto a sus nietos, pues llegan a convertirse en puntos de referencias para ellos en atenciones, cariño y cuidados.

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Cierro esta breve reflexión del significado de los abuelos en el seno de la familia con el dibujo de un niño de 7 años que, en el momento de realizar el trabajo que se les propuso en la clase, me entregó esta escena en la que aparecen sus dos abuelos y sus dos abuelas, a pesar de que se abuela paterna Rafi había fallecido recientemente.

El pequeño sabía de esta circunstancia, por lo que dibujó a su padre de luto, al tiempo que, sorprendentemente, dibuja el sol de color gris, como si deseara de modo inconsciente extender la idea de tristeza a este elemento de la naturaleza.

Como colofón, quisiera traer un significativo párrafo del libro Abuelos y nietos, en el que se nos dice lo siguiente: “En muchas ocasiones, los abuelos actúan como amortiguadores entre los niños y sus padres, como pacificadores que intervienen para calmar las aguas y reducir tensiones, por lo que ejercen como función estabilizadora de la familia”. Factores de gran importancia en el seno de las vidas familiares.

AURELIANO SÁINZ


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