:::: MENU ::::
DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA

CLÍNICA PAREJO Y CAÑERO - ÚNICO HOSPITAL DE DÍA DEL CENTRO DE ANDALUCÍA

Mostrando entradas con la etiqueta Firmas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Firmas. Mostrar todas las entradas

24 de mayo de 2022

  • 24.5.22
Las lluvias de abril han hecho florecer rincones de la ciudad que parecían impensables. Las semillas aletargadas aguardaban en los canalones, en los agujeros del asfalto, en los tejados o en cualquier descampado. Jaramagos, malvas, vinagreras, amapolas han llenado las calles de colores y nos han animado el paseo rutinario, nos han devuelto la primavera y han sorprendido a los jardineros creciendo más allá del riego por goteo y de los diminutos alcorques de cemento con los que constreñimos a nuestros árboles.


Es la naturaleza invisible de las ciudades la que, poniéndonos trágicos, invadirá todo cuando no estemos, la que permite que millones de insectos se cobijen y sean alimento de gorriones, mirlos o de las golondrinas que vuelven de sus migraciones.

Son la esperanza para regenerar la vida, la belleza, la alegría, la tierra que cubre nuestras ciudades y, sin embargo, las llamamos "malas hierbas" solo por su rebeldía, por su espontaneidad, por ser contestatarias y crecer donde no las queremos y en los momentos más inesperados.

Empleamos tiempo y dinero para eliminarlas, llegándolas incluso a fumigar con herbicidas que atentan contra nuestra salud, a pesar de que está demostrado que refrescan las ciudades, disminuyendo la temperatura, purificando el aire contaminado que respiramos y mitigando las consecuencias del cambio global que nos está poniendo contras las cuerdas.

En un bosque todos quieren ser árboles, cuanto más altos y poderosos, mejor. Pero para que haya un bosque en equilibrio deben aparecer los líquenes, las hierbas, los arbustos que, con sus raíces, prepararán la tierra, aireándola, abonándola, enriqueciéndola. Que con sus hojas realizarán la fotosíntesis, haciendo respirable nuestra atmósfera.

Estratos de vegetación que cobijarán millones de insectos que los polinizarán, que serán el alimento de otros muchos animales y estos, a su vez, moverán las semillas en sus estómagos, entre sus plumas, enredadas en el pelo que los calienta.

Y mientras llueva, sople el viento y brille el sol, el ciclo se repetirá una y otra vez, protegiendo el bosque de los iguales, el bosque inmortal, el bosque del futuro, el bosque protector. El que te alimenta, el que calma tu sed, el que te calienta, el que te relaja, el que te abriga, el que te cuida.

No nos sobran árboles, ni malas hierbas, ni mucho menos bosques en Almería y, sin embargo, hay que pelear en el juzgado para que no los talen en la Plaza Vieja. Para ellos, para los que creen que conservar la naturaleza, que defender el patrimonio ambiental y cultural, es de inmovilistas, estos ficus, sean centenarios o no, son malas hierbas que deben ser eliminados de la ciudad porque impiden su desarrollo, su progreso.

Para el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), para los Amigos de la Alcazaba, del Bicentenario de los Coloraos y de Ecologistas en Acción tienen “valor ambiental” por sí solos, “mejoran la calidad de vida” de los almerienses y “son parte del patrimonio que debemos proteger”.

Técnicamente, es una zona ajardinada, pero para mí conforman el Bosque de la Plaza Vieja, el bosque del casco histórico, el Bosque de los Veintiún Sabios que nos han enseñado que nuestros dirigentes viven anclados en el pasado, donde la naturaleza no tiene cabida, donde el progreso se mide en toneladas de cemento y donde la vida es menos agradable, menos bella, mucho más calurosa y el trino de los pájaros no se escucha.

Nos han enseñado que nuestros dirigentes no conocen las leyes o se las saltan a su antojo porque saben que no habrá consecuencias. He aprendido que no les gusta escuchar a la ciudadanía y que para ellos, parte de sus vecinos son malas hierbas que arrancarían con gusto de sus calles.

Pero también he aprendido que la fuerza de la democracia, del bosque, reside en la participación, en el diálogo, en el trabajo en equipo, en la colaboración, en la justicia y que los gobernantes deben ser gobernados, porque la inteligencia no se mide por el número de votos o por los pactos inmorales que puedas hacer con ellos.

Quizás no sea un árbol, pero me siento un elemento esencial del bosque. A veces soy una roca, un liquen, la nieve o formo parte del aire que respiras. Otras veces soy una hierba, o el viento, o una hormiga, un arbusto, un rayo de sol.

Hay días que me levanto imaginando que soy un zorro, la lluvia, una libélula, la raíz que te alimenta, una semilla, un fruto, un puñado de abono, una hoja mecida por el viento o la esperanza de una gota de agua. Quizás no sea un árbol, pero formo parte del bosque, soy un elemento prescindible pero esencial. Soy, como tú, aunque quieras negarlo, parte de la naturaleza y juntos, somos más fuertes, invencibles, juntos somos un bosque, el bosque de los iguales.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

22 de mayo de 2022

  • 22.5.22
En la sociedad actual, las modalidades familiares son muy diversas, no solo en cuanto al número de miembros que las componen sino también en las nuevas maneras de configurarse, ya que el modelo al que se suele apelar tradicionalmente es uno más dentro de la pluralidad existente en un mundo en constante transformación.


Esto lo he podido comprobar a lo largo de los años al haber abordado el estudio del desarrollo de las emociones de los escolares a través de los dibujos de las familias. Los cambios han sido drásticos, tal como le expliqué a una alumna que deseaba realizar su trabajo fin de grado sobre las familias numerosas, puesto que pertenecía a una de ellas, ya que sus padres habían tenido tres hijos.

Le expliqué que, en mi caso, yo me encontraba como uno más dentro de familia muy numerosa (y que en ocasiones, con cierto humor, digo que aquello era una especie de tribu). Estas familias son verdaderamente excepcionales en estos tiempos, por lo que hubo que contar a partir tres hijos para recibir la calificación de "familia numerosa" y, de este modo, poder acogerse a las ayudas que oficialmente se ofrecen con el fin de afrontar los gastos que supone la descendencia.

Todos sabemos que en las sociedades desarrolladas la descendencia se ha reducido de una manera importante. Es lo que sucede en nuestro país, que en un par de generaciones se ha pasado de familias en las que era habitual tener tres o cuatro hijos (e incluso más), a la actualidad en la que predominan las que tienen uno o dos.

Para comprender este drástico cambio habría que hablar de varios factores, entre ellos el que la planificación familiar se haya asumido como un derecho y una responsabilidad. Por otro, la amplia incorporación de la mujer al mundo del trabajo asalariado ha conducido a que la pareja se piense si desea tener hijos y el momento más adecuado para ello.

También las nuevas necesidades familiares han supuesto que la socialización, entendida como aprendizaje de la relación con los otros, se inicie tempranamente, muy lejos de décadas atrás cuando comenzaba hacia los seis años y el niño se incorporaba a la enseñanza obligatoria.

Hoy es habitual que los padres lleven a su hijo a la guardaría y, en caso de que no fuera así, su escolarización a partir de los tres años da lugar a que tenga que aprender a compartir con otros niños y niñas de su edad, lo que es un aprendizaje de gran importancia para su desarrollo emocional y su sociabilidad.

A pesar de la idea tan extendida de que el hijo o la hija únicos suelen tener problemas relacionados con su egocentrismo, lo cierto es que, por las investigaciones que he llevado a cabo, he podido observar que presentan similares rasgos, tanto favorables como desfavorables, como los que poseen hermanos. De entrada, ser hijo único no marca ni emocional ni intelectualmente a la persona, puesto que, tal como he indicado, en la actualidad la socialización se lleva a cabo de forma temprana.

Para que comprendamos el desarrollo cognitivo y emocional que en estos casos se da a lo largo de los años, presento una selección de dibujos de escolares pertenecientes a familias con un solo hijo, de modo que lo muestro partir de los más pequeños hasta llegar a edades superiores.


Este primer trabajo corresponde a Juan (tal como el propio autor ha escrito en la lámina), un niño de 5 años, cuyo dibujo nos muestra a los tres miembros que componen su familia. El pequeño autor comenzó a dibujarse en el centro de la hoja, lo que es señal de autoestima y confianza en sí mismo, que se expresa también con el amplio tamaño de las figuras, la expresión de los brazos levantados y la abierta sonrisa con la que presenta a todos. Tras representarse, pasó a plasmar, en segundo lugar, a su padre, finalizando con su madre. El hecho de mostrarlos a ambos lados de su figura que lo representa es una manifestación de sentirse seguro y protegido por ellos.


De la misma edad es Cristina, una niña zurda que nos muestra a su familia en un dibujo lleno de vitalidad, imaginación y colorido. Comenzó a trazarla a partir de ella misma, ubicándose en el lado derecho y realizando una figura de tamaño amplio, en la que aparecen algunos rasgos de identidad femenina al trazarse con pendientes y pelo muy largo, de modo similar a su madre que se encuentra en el lado izquierdo. El centro de la composición lo ocupa el padre, como expresión de autoridad dentro del grupo. De forma inmediata, se percibe que la pequeña se siente feliz y dichosa dentro de su familia.


El tercer dibujo es de Elena, una niña de 6 años de primer curso de Primaria. En este caso, al igual que Juan, se representa en el centro de la escena, como expresión del protagonismo que apunta hacia ella. Las figuras están caminando bajo la lluvia, por lo que tanto la niña como sus padres portan paraguas, a pesar de que un sol animista las contempla. Pero es que para los niños pequeños no existe contradicción en el sentido de que la lluvia, el sol y el arco iris puedan aparecer en la escena al mismo tiempo. Ni que decir tiene que Elena se siente muy confiada y feliz en medio de sus padres, tal como muestra en este dibujo lleno de imaginación, vitalidad y alegría.


Diego, el autor del trabajo que acabamos de ver, tenía 8 años cuando realizó el dibujo. Era un niño alegre y muy sociable con sus compañeros de clase. Cuando me lo entregó, comprendí que la relación con su padre era muy estrecha y afectuosa, puesto que aparece subido a sus hombros. Por la composición de la escena se puede deducir que la conexión emocional con su madre es un tanto inferior, dado que entre ellos y la figura femenina se encuentra una butaca, una especie de pequeña barrera interpuesta que desde en punto de vista del significado emocional supone cierto distanciamiento afectivo entre ambos.


Representarse entre los padres, tal como se aprecia en el dibujo de la portada y el que acabamos de ver, es habitual por el sentimiento de seguridad y protección que necesitan niños y niñas de sus progenitores. Así, en este dibujo María, de 8 años, se muestra en un primer término, como si fuera la gran protagonista de la escena familiar. Detrás y un tanto al fondo, aparecen sus padres sonrientes, como protectores de la autora de la escena. En cierto modo, expresa algo de sobreprotección hacia ella, que es uno de los riesgos que pueden aparecer en las familias con un solo hijo.


Uno de los conflictos que amenaza a la estabilidad familiar es la ruptura entre los padres. Sobre este tema he escrito diversos artículos que han aparecido en este medio, por lo que en esta ocasión quiero presentar cómo Julia, hija única de 10 años, interpretaba su nueva vida familiar tras la separación de sus padres.

La solución que encontró fue dividir la lámina en dos partes, de modo que en la izquierda aparece con su padre, sus abuelos paternos, su tío y las mascotas que había en la casa de los abuelos, puesto que es frecuente que en los casos de ruptura los hombres se apoyen en su familia y vuelvan a la casa con sus padres. En la derecha, de nuevo se muestra con su madre y la pequeña mascota que hay en la casa materna. Y no es que la pequeña la encuentre más vacía, sino que es habitual que la mujer sepa salir adelante sin tener que volver a la casa de sus padres tras la separación, si no hay necesidades económicas que inviten a hacerlo.


Para finalizar, presento el dibujo que realizó Manuel, un chico de 12 años que se encontraba en sexto de Primaria. Como puede comprobarse, los personajes presentan un alto grado de realismo en el trazado de la figuras, circunstancia que concuerda con la evolución gráfica de los escolares. Comienza trazando la figura de su padre, alto y musculoso, como corresponde al trabajo que lleva en la construcción; le sigue su madre, que ocupa el centro de la lámina; y ya en la derecha aparece la figura que representa al propio Manuel.

En líneas generales, podemos decir que cada miembro aparece con cierta autonomía, dado que el autor se encuentra en la preadolescencia, una edad en la que surge cierta necesidad de autoafirmación al margen de los padres. Esto es un avance en el desarrollo emocional que todos los chicos y chicas, tengan o no hermanos, necesitan para conectar la naciente independencia personal con la relación de afectividad hacia los padres.

AURELIANO SÁINZ

21 de mayo de 2022

  • 21.5.22

–Me lo imagino, sí –repuse, con el provecho de un gato lamiendo una raspa.

–Pues entonces sigamos con lo que aportan y se llevan la alcaldesa y demás autoridades locales. Al principio se mostraron muy renuentes; es curioso, nunca te dicen que no, pero cuando les presentamos el proyecto dieron largas y nos fueron degradando de cargo en cargo hasta quedar en la rúe, ¡je! Cierto es que les somos incómodos por nuestras apelaciones, denuncias, etcétera, acciones que justifican, precisamente, nuestra razón de ser, ¿no?, impedir el abandono y los múltiples atentados que soportan nuestros bienes históricos; además, y para colmo, también pedíamos dinero. Así que, no quedó otra que tomar la iniciativa. Pasó entonces que poco a poco la importancia del hallazgo se fue reconociendo, y comenzaron las llamadas, los ofrecimientos… Tuvimos que parar: era imprescindible barajar muy bien, ¡vaya que sí! Nos permitimos el lujo inaudito –enfatizó, el índice monitorio– de escoger a los paganos. A la alcaldesa le otorgamos el título de Protectora del Patrimonio, que enmarcaremos –unió índices y pulgares–, y será voceado y difundido por medios de comunicación y boletines oficiales; además, esto cubrirá algún desmán que otro cometido, precisamente, contra el patrimonio. Imagine: perder lo poco por salvar lo más, un logro estupendo, ¿no? –forzó y le quedó chata la sonrisa–. Continuemos con los patrocinadores: han invertido un buen dinero; note que he dicho invertir, y he dicho bien: ellos truecan interés propio por interés general, emplean benéfico en vez de beneficio y con este humilde adjetivo que les concedemos hermosean el destino de su dinero –recitó, y mostraba las palmas de unas manos delicadas, con las uñas algo comidas–. La gran valía de los documentos, fuera de duda –reiteró–, se la presta al acto y nos permite la recíproca: corresponder. Hoy, para la exposición, nos servimos del facsímil. ¿Los ha visto? Están en una vitrina, al fondo del vestíbulo.

–No he tenido ocasión –lamenté, no sé si lo bastante compungido.

–Dentro de unos días, fiesta local, los originales se devolverán con toda solemnidad al Archivo Histórico –continuó el señor Flores a lo suyo–. Se sumarán otras personalidades: académicas y políticas, algunos expertos y distintas asociaciones, y se hará con todo el bombo, la pompa y circunstancia que podamos, el CPCP, y esto hay que repetirlo, lo necesita. Hoy, y se lo confío, encuadradas en una rigurosa exposición teórica, meteremos algunas cuñitas que, no es novedad, sarpullirán a más de uno entre los presentes; mas… seremos cuidadosos, los trataremos con tiento, no llegaremos a lo de Catilina –buscó mi complicidad en la broma–, no es fácil ingeniar el artificio adecuado para cada situación. ¿Ha leído usted a Cicerón?

El alzado de hombros se estaba convirtiendo en mi respuesta favorita.

Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? –recité.

–¿Sabe usted latín? –casi grita el señor Flores.

«Más de lo que piensa», le fui a contestar; caprichos del rimbombe de latidos en mi cabeza.

–Ha sido un farol –contesté, muy seriecito.

–La Educación Clásica desaparece. Es lamentable… –deploró, y quedó pabiloso.

Mientras, especulé a mi vez con desahogo, inspirado por una palabra que me vino de molde para lo que estaba oyendo:

–Dispondrá usted de edecanes suficientes para tanta batalla.

Patinó en la duda aunque de inmediato se le abrió la expresión al señor Flores.

–Edecán, batalla… en un mundo tan móvil, tan ligero, con la piel tan delicada… –ondulaba, pensativo, y hacía pequeños volatines con la mano–, exagera. Pero… bien, le sigo el grado y digo que usted ha conocido a una, sin duda la mejor de ellos.

No especificó, y dudé al pronto entre la rubia y la giganta; error, y le di todos los papeles a la primera.

Entonces, mano en ristre, recortadito, inquisitivo y carrasqueño, nos sorprendió el caballerete de marengo. Muelle automático, se incorporó el señor Flores.

–Flores, Flores… –reñía el importante con voz desmesurada para su talla.

–Palestri, Palestri… –admitía el presidente y le apretaba con brevedad la manita ofrecida.

–Totina está entusiasmada, yo mantengo mis dudas. ¿Tanto valen esos folletos descuadernados? Pitino Ruicallado y yo lo dudamos –y le daba de pedradas, con sus ojos duros, aquel muñequito de acero.

–Valen más, Palestri, muchísimo más –aseveraba, insensible a la pedrea y convencidísimo, el presidente–. Tanto, que no tienen valor.

–¡No me joribies con el retruécano! –abroncaba soberbia la voz de bajo–, que esos papeluchos se llevan mucho dinero.

–El mejor que hayas empleado.

–Bien, bien, tú lo dices.

–Y lo firmo.

–Más te vale, voy a poner mucha atención cuando hables –en la perfecta dicción, el tono pausado y profundo, era difícil no vislumbrar el sigilo de una amenaza.

–Y yo te lo agradezco –respondía pimpante el señor Flores–. Será enseguida, en cuento llegue la excelentísima alcaldesa y su séquito.

–Bien, bien –consultó el reloj–. La educación de esa señora… –mascullaba, como si refregara arena, el elegante personajito, y me deslizó un vistazo con la mágica fugacidad de una luciérnaga–. Por cierto, Totina está olé con sus investigaciones.

–Lo sé, me lo ha dicho antes. Al parecer, ya le dan fruto.

–¡Qué fruto ni puñeta! –exclamó encantado–. No se saca de donde no hay, pero ella quiere ser marquesa. En casa ha transformado una de las salas en despachito, y ya rebosa la balumba de papeles. El otro día me viene con uno, de allá por el ochocientos, en el que a un Marqués de No-se-qué, miembro de una tal Junta de Patronos que estableció en un tal Palacete de las Catalinas un asilo para huérfanos, lo apuntan con mi apellido materno. Lo cierto es que, por las señas, me viene que construí algo en el solar…

–Cuello Pelado.

–¿Qué?

–Marqués de Cuello Pelado.

–¡Ya! Regalaría dinero por no llevar ese mote colgando.

–Como cualquier marquesado, una larga historia…

–¡Pamplinas! –despreció–. El meollo del despropósito es el cursillito aquel que le recomendaste. La trae y la lleva de un archivo a otro. Ahora proyecta un viaje a Roma, el archivo episcopal lo tiene esquilmado.

–¡Ah! –se interesó el señor Flores.

–Está más dinámica, ¡más encendida! Se le evaporó la apatía, se le fueron los berrinches, se le quitaron las jaquecas… –se inflamaba el duro mequetrefe–. Vamos, que tanto visiteo de archivo le viene de perlas –muy repinado, mano solapada, compuso ahora un atildado muñequito de porcelana.

–Pues me alegra muchísimo oír lo que dices.

Palestri aquilató la alegría de Flores y se le enfrió la carita.

«El pequeño se las trae», pensé.

–Si se empeña, me sumará el Cuello Pelado de las narices, ¡cago en…! –se enturbió el pequeño–. Y yo te lo agradezco más, sí, sí, pero te oigo luego. Te oigo ¿eh? –roncó.

Me volví cuanto pude; desde tan incómoda postura, vi cómo Palestri, el andar recortado, se aproximaba con mucho empaque al distinguido grupo que aguardaba, inestable, con suaves movimientos de intercambio, en el que su esposa, dicharachera, el bamboleo del rizo sobre la inflada mejilla, amenizaba con trino de risa la primorosa manotada. Demoré en la contemplación (sospechaba que mi compañero de tertulia hacía lo mismo) como si tuviera delante un ciclorama: giraba la evaluativa morosidad de una mirada, la carcajadita asociada a un chascarrillo, el ademán gentil del que cede, el disimulado gesto avizorante…

Recuperé la comodidad en mi asiento y me di con la arrobada expresión de Flores.

HG MANUEL

Entregas anteriores

La fotografía (I)
La fotografía (II)
La fotografía (III)
La fotografía (IV)
La fotografía (V)
La fotografía (VI)
La fotografía (VII)
La fotografía (VIII)
La fotografía (IX)
La fotografía (X)
La fotografía (XI)
La fotografía (XII)
La fotografía (XIII)
La fotografía (XIV)
La fotografía (XV)
La fotografía (XVI)
La fotografía (XVII)
La fotografía (XVIII)



  • 21.5.22
Aún no me creo que no volveré a ver su sonrisa de niña eterna de nuevo, que no la veré disfrutar del mar, que no me llamará cuando me ponga malita, que no volverá a quejarse de que el pelo no lo lleva perfectamente arreglado, que no volverán a brillar sus ojos ante un niño o un bebé.


Sus hijas han perdido a la madre que nunca quiso cortar el cordón umbilical y la familia se ha quedado sin ese pegamento humano que aglutina a todos y a cada uno de los miembros de la misma. Las vecinas ya no tendrán su visita, su compañía. La iglesia no contará con una persona buena, con conciencia social y creyente en un Dios bondadoso. Todos nos quedamos muy huérfanos. Para ella, todos éramos sus hijos, unos niños a los que cuidar.

Es increíble que un día estás luchando aquí y te diagnostican una enfermedad y tu fecha de caducidad se acorta a menos de un año sin que se pueda hacer nada porque no hay tratamiento. ¡Qué frágiles somos! Nos pasamos el día luchando contra nuestros pensamientos imaginarios y, un día, la realidad te golpea y te lleva al presente sin posibilidad de escape.

¿A quién recurriremos ahora para pedir consejo o para que nos comprenda? El único consuelo que nos queda es que ya está descansando de una enfermedad cruel, que estará en el cielo con su Dios y se habrá encontrado con sus padres y hermanos.

Y también nos queda aprender lo efímera que es la vida y que somos pompas de jabón que no se pueden permitir perder el tiempo pensando en tonterías o hipotéticos futuros; y que toca disfrutar el ahora, agarrarse a este momento con todas las fuerzas que podamos y tratar de querernos y cuidarnos un poco más.

Dejas tu luz, tu sonrisa, tu bondad, tu coquetería, tu amor desbordante y nos dejas miles de recuerdos que, en mi caso, comienzan cuando yo era niña y jugaba a ser tú, con tu nombre y tu juventud. Me pasaba el día mirando cómo te arreglabas para que tu novio te viera guapa.

¡Cómo me defendiste frente a esas estúpidas niñas que no me invitaron a su cumpleaños! Me has escuchado, has venido conmigo a comprar caprichos y siempre me has valorado. Menos mal que te lo dije muchas veces y ahora te lo digo de nuevo. Te quiero, tita.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

20 de mayo de 2022

  • 20.5.22
Como es sabido, el contenido de los relatos históricos depende, en cierta medida, de la situación desde la que se cuentan y de la perspectiva que adopta quien los escribe. Esta obviedad también es aplicable a la Historia de la Ciencia. Tengamos en cuenta que, por muy rigurosos que sean los historiadores, en sus “narrativas” influyen sus convicciones políticas, sociales, éticas y religiosas y, por supuesto, sus prejuicios culturales.


Recordar esta evidencia es importante para valorar la importancia de Horizontes. Una Historia Global de la ciencia (Barcelona, Crítica, 2022), una obra de James Pokett que muestra, explica y demuestra cómo los relatos escritos “durante cualquier periodo” se han centrado exclusivamente en Europa.

James Pokett, profesor de Historia de la Ciencia, admite que los científicos actuales ya reconocen el carácter internacional de los progresos científicos, pero nos muestra cómo lo aplican solo a los estudios del siglo XX y no a “algo que empezó hace más de quinientos años”. Demuestra, además, cómo las contribuciones científicas realizadas fuera de Europa también deben formar parte del “apogeo” de la ciencia moderna.

Si la mayoría de los historiadores defienden que la “ciencia moderna” se inició en Europa durante los siglos XVI y XVIII, él explica cómo, más que un producto de la cultura europea, ha sido el resultado de la unión de personas y de investigaciones de todo el mundo como, por ejemplo, de las noticias que llegaban en las caravanas que viajaban a lo largo de la Ruta de la Seda y de las informaciones que proporcionaban los galeones que navegaban por el océano Índico.

Defiende que los momentos clave de la historia global de la ciencia han condicionado su desarrollo y, con sus minuciosos análisis de los hitos más importantes, demuestra cómo los descubrimientos de la nueva astronomía del siglo XVI hasta la genética del actual siglo XXI y el desarrollo de la Ciencia Moderna están determinados por los intercambios culturales globales.

Tras sus investigaciones sobre los cuatro periodos en los que se produjeron los cambios mundiales condicionantes del desarrollo de la Ciencia Moderna, llega a la conclusión de que “estamos viviendo otro momento clave de la historia global y que los científicos de todo el mundo se encuentran en el centro de un conflicto geopolítico que mantiene enfrentados a China y a los Estados Unidos”.

Importantes, a mi juicio, son los detallados análisis que hace de los tres ámbitos principales de la investigación científica actual: la inteligencia artificial, la exploración espacial y la ciencia climática. Me atrevo a aventurar que las aportaciones más sustanciales de esta obra son las pistas orientadoras que proporciona a historiadores, periodistas, críticos, políticos y a todos los ciudadanos interesados por las ciencias, por la historia y por el conocimiento para que analicemos los problemas actuales de los diferentes ámbitos económicos, sociales y culturales, y, sobre todo, para que discernamos, en la medida de lo posible, las diferentes sendas del futuro. Estoy de acuerdo con él en que el conocimiento y la mejor compresión del “pasado global” es indispensable para responder a la pregunta que todos nos hacemos: ¿hacia dónde nos dirigimos?

JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ GUERRERO

19 de mayo de 2022

  • 19.5.22
Escribir sobre animales, su cuidado y defensa, se me antoja algo temerario por la simple razón de que recorre por nuestro entorno un encubierto fanatismo de cara a la defensa de los mismos. Algo así como si las personas que no gozan de la compañía de un perro, un gato o una iguana con los que compartir parte de su tiempo fueran agresores o maltratadores de los animales llamados “mascotas”.


El animalismo es un “movimiento que propugna la defensa y los derechos de los animales”. Hasta ahí, nada que objetar y mucho terreno para poder felicitar por una defensa sana, libre, del mundo animal. Por curiosidad, dejo una breve nota sobre las iguanas, que son reptiles parecidos a los lagartos, algunos de los cuales pueden alcanzar un metro de longitud. Proceden de América meridional y su carne y huevos son comestibles. Están de moda. Más adelante hablaremos de estas especies que nos invaden y son adquiridas como animales de compañía.

Por otro lado, está brotando un fuerte movimiento de personas que hasta ahora no tenían mayor problema con este asunto pero el fanatismo proanimal e, incluso, los desmadres del movimiento animalista, lo están provocando o, si suena mejor, lo están instigando.

Cito textualmente: “Denuncian a un hombre de 24 años por agredir con patadas y puñetazos a sus tres perros de manera 'cruel' e 'injustificada'”. Este titular de prensa es del pasado lunes 16 de mayo. Los perros los tenía en jaulas separadas y los agredía a su gusto. ¿Maltrato animal mondo y lirondo? Por supuesto que sí, aunque no se citan las causas. La acción policial ha entrado ya a aclarar dicho comportamiento.

Preguntas pertinentes e incluso impertinentes: ¿Se acogen animales a mogollón para estar en la cresta de la ola? ¿Estaba dicho sujeto en condiciones de atender nada menos que a tres perros? ¿Acogemos uno, dos o tres perros porque yo soy un machote capaz de lo que sea? No quiero ni pensar en las causas de tal sobredosis animalista.

No estoy en contra de tener “mascotas” ni tampoco sombreros. La mascota es “un animal de compañía  que sirve de talismán y además (dicen) que trae buena suerte”. Cada cual emplea su tiempo y sus ingresos en aquello que le puede satisfacer más. Pero ojo a los listillos de turno que ofrecen gangas en cualquier terreno y de paso –esa es su intención– nos engañan y juegan con nosotros.

Ejemplo al caso. He leído que la Policía ha asestado un golpe a una red online de venta de perros que morían días después de ser entregados a sus posibles dueños. Internet es el infierno y el paraíso de la vida actual, de donde lo mismo surge información interesante y muy válida como basura que salpica todo lo salpicable y, de paso, engaña o tima.

En otra esquina de este conglomerado de animales, con idas y venidas de mil sitios, se ha puesto en marcha un negocio que por Internet ofrece perros a buen precio. No sé por qué los negocios virtuales me crean desconfianza.

Quiero pensar que tales negociantes solo codician ganar dinero, no matar “la gallina de los huevos de oro”. Pero… algo debe provocar la muerte a muy corto plazo de tales animalitos. Conclusión: nuestro mundo está cada vez más plagado de zorros (“personas muy taimadas, astutas y solapadas”) o, si lo prefieren, de hienas (“personas de malos instintos o crueles”). Escojan al animal que mejor cuadre con el cernícalo humano (“persona ruda, grosera o poco sensible en su comportamiento”). ¿Hienas?

Recordemos que la hiena es un “mamífero carnívoro, de pelaje áspero, gris amarillento, con listas o manchas en el lomo y en los flancos, que llega a los 70 centímetros de altura en la cruz y algo menos en la grupa, nocturno y principalmente carroñero”. Por cierto, la referida gallina es el título de un poema de Samaniego (1745-1801), en cuya obra hace un reflejo de las debilidades humanas.

Repito que la curiosidad no me ha llevado a desgranar las causas de esta noticia. Me interesa más desarrollar una serie de información de cara al trasfondo de tan traído y llevado tema en el que el animalismo –en un sentido muy amplio– y la postura “anti” están a verlas caer.

Como nuestro mundo es muy aburrido, hay que animarlo y, de paso, motivarlo con ofertas-sugerencias. Aquí entran los llamados animadores de lo que sea, hagan falta o no, cuyo nombre ahora es youtuber que pasea peces en un carrito fabricado ex profeso para ello. Estamos ante la nueva moda adaptada para pasear a tu mascota.

Leo en Google: “Un youtuber es una persona que comparte vídeos atractivos para el usuario en los que se le ve haciendo algún tipo de actividad concreta”. Digamos que es un productor y gestor de contenido audiovisual que usa YouTube como su plataforma de comunicación. Incluso pueden estar patrocinados por determinadas firmas comerciales. “La pela es la pela....” y se trata de sacar dinero de donde sea y como sea.

Reafirmando el papel del youtuber, hay que decir que va provocando la curiosidad del resto del personal y, como posible consecuencia, la posibilidad comercial se dispara –o, al menos, no muere ahogada en un charco–.

Animales y su defensa, protección, uso… están muy de moda. Sobre todo, ese tipo de especies que se mueven con mayor o menor resguardo por nuestra parte: unos por estar sobreexplotados; otros por usarlos indebidamente (dicen). Las razones son muchas y, para los animalistas, son de sumo interés; para otros, son de uso cotidiano y en contra de los llamados animalistas.

La Ley de Protección Animal está en la calle. ¿Acertada? ¿Desconcertante? ¿Cumplibles sus planteamientos? Solo podemos decir que están en la calle y ya veremos cómo se puede desarrollar para proteger y no para explotar por aquello de que está de moda un posible animalismo a ultranza.

¿Cuáles son las prohibiciones y obligaciones de la nueva Ley de Protección Animal? El animalismo es todo un “movimiento que propugna la defensa y los derechos de los animales”. Pero deja en el aire toda una serie de recovecos, como el de los animales importados de sitios mil: animales que son bonitos o feos, eso es lo de menos. ¿Son adaptables a nuevos territorios como si fueran paraísos prometidos por el paso del tiempo? Hablaremos de ello más adelante.

PEPE CANTILLO
FOTOGRAFÍA: J.P. BELLIDO

17 de mayo de 2022

  • 17.5.22
En las próximas semanas, en apenas cuatro días, se van a celebrar el Día Europeo de la Red Natura 2000, el Día Internacional de la Diversidad Biológica y el Día Europeo de los Parques Naturales. Tres efemérides relacionadas entre sí que, en Andalucía, cobran vital importancia, ya que un 32 por ciento de nuestro territorio está incluido en la Red de Espacios Naturales de Andalucía (RENPA), lo que supone unos 2,9 millones de hectáreas protegidas, de las que unas 82.000 son espacios marinos.


Estas cifras nos colocan a la cabeza de superficie protegida por comunidades autónomas, algo que debería enorgullecernos aunque, para algunos, sea sinónimo de retraso, de freno al desarrollo económico o un capricho para proteger un puñado de patos y plantas.

“El aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”, junto con “Construir un futuro compartido para todas las formas de vida” y “Repensar, restaurar y reconectarnos” son los lemas para cada uno de esos días. Imágenes, ideas, conceptos y verbos de acción que, probablemente, escucharemos de boca de nuestros políticos, mientras plantan un árbol, dan una charla en un colegio o sueltan algún animal recuperado. Sonrisas y bonitas palabras, fotos que ocuparán las redes sociales, medallitas para luego seguir a lo suyo: primar la economía por encima de la naturaleza e ignorar las leyes que la protegen.

Pero como son días de celebración, haremos un esfuerzo y nos olvidaremos de la descatalogación parcial de los Artos de El Ejido; del parque eólico de Cabo de Gata; de la destrucción del Desierto de Tabernas por parte de las plantas fotovoltaicas; de los desmontes en la Sierra de Gádor para presumir de un 3 por ciento más de superficie invernada; del agotamiento y sobreexplotación de los recursos hídricos que amenazan grandes humedales de la provincia; del carril bici que atravesará Punta Entinas Sabinar o de la eutrofización de las Albuferas de Adra.

También dejaremos pasar la cancelación de los programas y proyectos de voluntariado y educación ambiental, así como de las subvenciones y ayudas a pequeños colectivos para que puedan realizar las acciones de divulgación y sensibilización que llevan organizando desde hace años. Es momento de celebrar, de cuadrarse en la foto, de falsear estadísticas y de prometer inversiones para erigirse como los más verdes del planeta, en los garantes de la biodiversidad, en los impulsores de la sostenibilidad.

Puestos a celebrar, deberíamos dirigir nuestras miradas y aplausos a los cuatro itinerarios educativos que el colectivo El Árbol de las Piruletas realizará con escolares y asociaciones por el Paraje y Reserva Natural de Punta Entinas Sabinar; o los itinerarios que, a bordo de La Blancazul, la Asociación PROMAR realizará por la costa de Adra para conocer el LIC Sur de Almería-Seco de los Olivos.

También destacamos las jornadas que Ecologistas en Acción realizarán para recordarnos que “sin Biodiversidad no hay vida” en los pueblos y ciudades; o los esfuerzos que la Asociación Monumento Natural Peana de Serón está realizando para que le dejan comenzar con la recuperación de la encina milenaria.

No podemos olvidar el trabajo que están realizando los jóvenes de Tíjola para que la Sierra de los Filabres sea declarada Parque Natural; o las limpiezas de playas que comienzan saludando al sol y que se han vuelto a realizar este fin de semana; o las plantaciones que el Proyecto Bosque realizará en Almócita.

Hay que reconocer lo que sea que vayan hacer –porque algo harán– tantos otros colectivos que hay repartidos por la provincia de Almería y que, sin duda, son los grandes defensores, conservadores y divulgadores de los espacios naturales protegidos y la biodiversidad de nuestra tierra. A ellos son a los que hay que aplaudir, apoyar y facilitar su labor.

Si tuviesen algo de dignidad y de vergüenza, nuestros políticos no se pondrían en la foto estos días, pero como sabemos que de eso van justitos, y más cuando llegan las elecciones, los volveremos a escuchar con sus moralinas, con sus consejos, con sus lecciones magistrales, diciéndonos lo que tenemos que hacer y justificando su falta de soluciones y de alternativas.

Por cierto, esta semana también se celebra el Día del Reciclaje, así que prepárense a las cifras maquilladas sobre el reciclado de los plásticos de la agricultura, de la eficacia de nuestros sistemas de gestión, de la importancia de la economía circular y de la responsabilidad individual.

Que no les pille por sorpresa cuando escuchen acusarnos de todos los males que rodean al mundo de la recuperación, reutilización y reciclaje de residuos. Al final, siempre nos señalan a nosotros, sin atreverse a reconocer su falta de valentía para romper con unas políticas que no están funcionando porque, precisamente, la Administración no predica con el ejemplo.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

16 de mayo de 2022

  • 16.5.22
El tiempo, siempre tan fugaz, como un relámpago que nace y muere en el horizonte sin apenas percibirlo, muestra, con los años, recuerdos vividos del revés, deletreados con un ánimo que no fue el que nos acompañaba cuando sucedieron los hechos. Paul McCartney, por ejemplo, considerándolo ahora, cree que canciones como I'm a Loser y Nowhere Man eran pedidos de ayuda, gritos de socorro de John Lennon.


Cualquiera escribe versos para una canción y, después, cuando los años han cambiado de piel el mundo y el amigo de tantos éxitos compartidos no está, entiende por qué algunas letras eran un clamor desesperado: “Soy un perdedor, soy un perdedor,/ Y yo no soy lo que parece ser”. Claro. Casi nadie aparenta lo que en verdad es y nadie logra esconder el fracaso en unos bolsillos deshechos por el uso.

Paul recuerda aquellos días: “Solíamos escuchar muchas canciones country and western y todas hablan de tristeza y de ‘perdí mi camión’, así que era aceptable cantar ‘soy un perdedor’. En realidad, no lo pensabas en su momento; sólo más tarde piensas: ‘¡Por Dios!’. Creo que fue muy valiente por parte de John”. Sí, John escribía, pero en realidad andaba descifrando la soledad en sus vísceras, el mundo con el que naces y mueres a la par sin que nadie pueda arañar apenas unas escamas de ese dolor. John decía en aquella canción: “Aunque yo me río y me comporto como un payaso,/ Debajo de esta máscara llevo el ceño fruncido, Mis lágrimas caen como lluvia desde el cielo,/ ¿Es por ella o por mí que lloro”.

Hay un destino encriptado en las palabras que escribimos, un mensaje sin dueño que eclipsa cualquier posibilidad de entender la vida tal como es. Hay la letra de una canción que es un poco de todos y que, ahora, vista de frente, sin otras coyunturas que muerden el éxito a cada instante, nos muestran a un hombre que se pregunta qué ha hecho él para merecer ese destino. Esa es la pregunta de aquella canción que ahora su amigo Paul ha entendido de veras, hilvanando aquellos días de vino y rosas. Nadie sabe cuándo ocurrirá, pero siempre acaece ese final como un precipicio que no estaba en ninguna parte y ahora se pone frente a ellos dos, frente a nosotros, para deletrearnos la canción.

Nowhere Man, según Paul, responde a esa misma sensación de quien pide socorro sin saberlo, se ve escuchando canciones que hablaban de tristeza, todas hablaban de tristeza y, al fondo, apenas perceptible, como un fantasma que toma para él solo la carretera, ve venir un camión, ese camión que todos perdimos alguna vez o para siempre. Esta segunda canción también habla de ese destino extraviado: “Es un verdadero hombre de ninguna parte,/ Sentado en su tierra de ninguna parte, Haciendo todos sus planes de nada/ Para nadie”.

Ese hombre de la canción que no sabe a dónde ir es un poco “como tú y yo”. Sí, en realidad, es cada uno de nosotros, a solas con una tristeza que traemos en la sangre y que se desborda en muchas canciones propias o ajenas. John estaba hablando del sino inevitable que te lleva a donde el camión ya se fue mucho antes de que nosotros percibiéramos su fuga. Y nos quedamos sentados, con la guitarra entre las manos, esperando a nadie que nunca vendrá.

Llevamos adentro la sangre del perdedor, sin saber que es nuestra, la sangre que se invisibiliza cuando el éxito se nos pone al lado en las ceremonias inevitables y grandilocuentes. Después, como le pasaba a John, cuando sales a la calle, te hueles la herida que nadie ve. Solo muchos años después, aquel compañero con quien escribiste tantas canciones de la nostalgia te recuerda como un hombre que estaba aquí al lado pero que en realidad no estaba en ninguna parte, ese hombre que no sabía a dónde ir, que siempre buscaba el mismo camión para subirse en busca de un destino impredecible.

Hay en estas dos canciones del desasosiego que compuso John Lennon algo que nos pertenece, motas de polvo imperceptibles a la vista, pero que cuando escuchamos su melodía se nos viene encima el tráfico denso de la vida, esa sucesión de camiones que cruzan la autovía y que nosotros vemos desde lejos, como si no tuviesen que ver nada con nosotros y que dejan a su paso un viento desordenado que mueve la arena fina del asfalto y enturbia el aire. Sentado, un hombre observa la misma imagen y comienza a escribir la letra de una canción. Ya sabe cuál será el título: Hombre de ninguna parte.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: JES JIMÉNEZ

15 de mayo de 2022

  • 15.5.22
Me quedé muy sorprendido cuando María Isabel Mena, licenciada en Historia y magíster en Investigación Social Interdisciplinaria por la Universidad del Valle de Colombia, me indicó que los escolares de raza negra plasmaban su negritud con el denominado color chocolate. Era una expresión que nacía de la investigación que estaba llevando en su país con el fin de averiguar los signos gráficos y el color con los cuales expresaban su autoimagen en los dibujos que les había solicitado. En realidad, la sorpresa venía de que era la primera vez que yo escuchaba esta denominación de color.


Sobre María Isabel debo indicar que tiempo atrás publiqué en este mismo medio una entrevista que le había realizado y que llevaba por título ¿Qué sucede en Colombia? Eran fechas en las que las movilizaciones sociales contra la carestía de la vida en este país estaban en su punto álgido. En la portada de la entrevista aparecía una fotografía de ella misma, pues, a fin de cuentas, todo lo que allí se decía era producto de los profundos conocimientos que tiene de su tierra.

Por otro lado, la denominación color chocolate se me había quedado guardada en un fondo de la mente, hasta que no hace mucho me encontré con Isaac, un amigo nigeriano que vive hace más de veinte años en España, y nos pusimos a hablar de su país.

En medio de la charla salió a colación la última tesis doctoral que yo había asesorado, y que trataba del estudio comparativo de las emociones de los escolares de Córdoba y Lisboa (como ciudades referentes de España y Portugal). En un momento determinado, le indiqué que había un número considerable de escolares de raza negra en Lisboa que participaron en la tesis del ahora doctor, Pedro Rojas, y que se habían dibujado en dos temas que se les proponían: “Dibújate a ti mismo” y “Dibújate con tu mejor amigo o amiga”.

“¿Sabes, Isaac, que una socióloga amiga de Colombia en una investigación que lleva a cabo con escolares de raza negra les pide que se dibujen y en la que comprueba que algunos utilizan lo que ella denomina como color chocolate?”, le indiqué, esperando que él me dijera cómo le llama al color de su propia piel.


Con una espontánea carcajada, me respondió: “¡Pero si yo desde siempre también lo llamo color chocolate, y así es como lo denominamos en Nigeria!”. “Bien es cierto”, continuó, “que mis dos hijos, ya adolescentes, que han nacido en España, me rectifican y me dicen que nosotros tenemos la piel de color marrón". De todos modos, Isaac me indica que no quiere contrariarles, pues sabe que esa palabra es la que se utiliza en nuestro país; aunque él seguirá con la que aprendió en Nigeria.

A esta denominación le estado dando vueltas, ya que me preguntaba cómo era posible que en dos países tan distantes y que pertenecen a continentes distintos –América y África– popularmente se aluda al color del chocolate para explicar la tonalidad de la piel de lo que, de modo genérico, llamamos como la raza negra.

Se me ocurre pensar que el origen se puede encontrar en que ambos países son grandes productores de cacao, del que se elabora ese producto que tanto nos gusta. Hemos de tener en cuenta que lo que nosotros llamamos como ‘marrón’ es un término de origen francés (solo que en esta lengua no lleva acento), y que en el país galo resulta ser la palabra con la que se denomina a la castaña (pensemos, por ejemplo, en la locución francesa marron glacé que se refiere a la castaña confitada). Tiene, pues, para nosotros más sentido el término que usamos, a pesar de que hayamos acudido a otra lengua para hablar de este color, y nos llame la atención que en otros países se alude al chocolate.


Una vez que he iniciado este breve recorrido con unas explicaciones acerca del origen de esas denominaciones, quisiera ahora hablar de la experiencia llevada en los dos colegios de Lisboa. Tal como he indicado, el objetivo de la investigación era el estudio de la emociones en los escolares; pero, curiosamente, en esos dos centros portugueses estudiaban bastantes niños y niñas de raza negra. Esta fue la razón de centrarnos en ellos, ya que ninguno tuvo problemas en mostrar su negritud a la hora de dibujarse a sí mismo.

Es lo que acontece con los dos dibujos que he seleccionado y acabamos de ver. Corresponden a un niño y una niña de 9 y 10 años, respectivamente. En ambos casos, se han representado en plano entero, de modo que a la hora de dar color a la piel de las figuras que han trazado no tienen ninguna dificultad en utilizar el color marrón, ocre o sepia, que son los términos que utilizamos en España. Y si nos trasladamos a Colombia o Nigeria, podríamos decir, sin ningún problema, color chocolate.


Otros optaban por dibujarse en lo que se llama primer plano, de forma que el cuerpo aparecía trazado de los hombros hacia arriba, para enfatizar el rostro. Los dos que he mostrado corresponden a niños de 9 años, que se presentan con una sonrisa franca y abierta, mostrando de modo explicito sus dientes, como manifestación de alegría y de autoaceptación.

El primero de ellos, un chico zurdo (como puede comprobarse por el escrito de ‘tipo espejo’ que plasmó en su camiseta) y muy alto. Posiblemente, esta segunda característica fuera la razón de haberse trazado con un cuello tan largo. El segundo utilizó la acuarela para colorearse, por lo que el cromatismo es muy intenso.


En el caso de las niñas, llamaba la atención el cuidado con el que se dibujaban el rostro. Sin embargo, esto es algo muy común en todas las culturas, ya que para ellas el mostrarse bellas y agradables es una prioridad. Así, vemos el dibujo de una niña de tan solo 9 años que ha trazado su rostro con todo cuidado, llegando a plasmar con detalle las pequeñas trenzas que suelen llevar las niñas de raza negra.

Este cuidado por la propia imagen lo acabamos de percibir en el segundo de los dibujos, correspondiente al tema “Dibújate con tu mejor amigo a amiga”. Así, vemos a la autora en la izquierda (poniendo eu: yo en portugués) al lado de su mejor amiga. Ambas aparecen con peinados muy propios de su cultura.


La población negra portuguesa se encuentra muy integrada en el país. Esto quizás se deba a que a las antiguas colonias de Portugal en África (Angola, Mozambique, Cabo Verde, Guinea-Bissau…) se les concedió el estatuto de provincias y el pasaporte portugués a quienes lo solicitaban, lo que conllevó que una parte de los nativos de esos países se trasladaran a la metrópoli a trabajar y allí formaron familias asentadas, especialmente, en las grandes ciudades.

No es de extrañar, pues, que niños y niñas negros tuvieran como sus mejores amigos a otros de raza blanca. Es lo que acabamos de ver en el dibujo anterior, en el que dos niñas de distintas razas son las mejores amigas, tal como nos lo expresa la autora de 7 años.


También la amistad se producía entre escolares de distintos géneros, tal como lo manifiesta la niña de 8 años que se dibuja con su mejor amigo de raza blanca. Lo más curioso de estos dibujos acerca de la amistad es que los niños y niñas de raza negra no colorean los rostros de sus amigos o amigas de raza blanca; les basta el blanco del color del papel para expresar el cromatismo de la otra raza. De este modo, por contraste, acentúan su negritud, lo que, a fin de cuentas, es una manera de afirmarse en sus propios rasgos, no solo físicos sino también culturales que forman parte de sus identidades.

Para cerrar, y como reflexión, creo que la mejor forma de luchar contra el racismo o la discriminación racial, más o menos encubierta, es educando en la igualdad y en el compañerismo, de modo que la amistad interracial de los escolares termina siendo un verdadero antídoto contra los distintos tipos de segregaciones que se dan en distintos países del planeta.

AURELIANO SÁINZ

14 de mayo de 2022

  • 14.5.22
Silueta gris claro con aguas de seda, entremetió su atezada jeta un desenvuelto maduro, de buena hechura: al parecer, donaba por doquier la gentileza de su sonrisa y nos ofrecía una muestra: franca, confianzuda, fresca de lociones y aires marineros.


Vi cómo se le escapaba el mohín al señor Flores, que borró ipso facto.

–Señor académico… –cuello abotonado libre de corbata, y el ademán atlético, le asomaba por la bocamanga un peluco fuera de categoría cuando adelantó las manos, morenas, grandes como tenazas, dispuestas al apretón.

El señor Flores, presto a recibirlo, esquivó galante la amenaza con un efusivo sucedáneo de abrazo.

–¡Martiartu…!

Resonó como la caída por una escalera el recíproco palmeo por espalda y brazos.

–Nos dais una envidia… ¡Un logro como este! –pregonó, rumboso, el recién llegado.

–No exageres, ya quisiéramos, ya –rehusaba con recato el arqueólogo.

–Tenéis un potencial tremendo –abarcaba un espacio ilimitado el arco de sus brazos.

–Oh, tu loa, Martiartu, tu loa…–esponjaba su artificio el señor Flores.

–No, no… Soy completamente sincero. Y, fíjate, precisamente, dentro de Nuestro Plan de Iniciativa Social, motivo de la exposición Arquitectura y Paisaje, que tú bien conoces…

–La conozco, sí, sí, interesantísima, importante, muy importante… –enfatizó, manos en alto, el señor Flores.

–¿Verdad que sí? Ha sido un esfuerzo inaudito –aseveró frotándose los nudillos–. Pues, mira, y por cierto, quiero…

–¿Cuánto hace que no te veo? –se cogió la barbilla, muy interesado por la información el señor Flores.

–Oh –se despistó el otro–, pues no… –«¡Es dulce mirar a los ojos de un hombre amable!» –lo enmudeció con sonoro recitado y mucho arrobo la rubia–. ¡Martiartu, precioso! –irrumpió ella en un visto y no visto de almibarada simpatía, y apresó con celeste garfa la manga del guaperas–. Francis, no te enfades, pero este bellezón me lo quedo. –Si te pones así… –renunció presto, con deferencia versallesca, el presidente.

–Anda, saladín –lo arrebataba la rubia–, deja al presidente para luego. Como ves, está ocupado con aquí el señor…

–¡Oh, lo siento! –se fingió sorprendido–. No quería yo…

–…En cambio –la rubia sujetaba con esmero–, yo estoy interesadísima en ese término: Zeitgeist, que empleas tan a menudo en tus conferencias, porque yo no me las pierdo, ¿eh?, me tienes tan intrigada… ¿Me confesarás qué jauría de espíritus, que plagas terribles encierras en tu Zeitgeist, eh, monín? Porque, te lo advierto, yo conozco algo del origen filosófico…

–Oh… sí… claro… bien… –acertaba el otro a intercalar mientras se alejaban.

–¡Es maravillosa, maravillosa, maravillosa…! –salmodiaba el señor Flores con embeleso. Luego se ocupó de mí: mantenía congelada la sonrisa, y barrunté desazón–. Oiga, se me ocurre… A usted lo ha contratado Perals; pero nosotros, el resto… ¿También trabaja para nosotros?

–Su nombre, señor Flores, está en el contrato.

–¿Entonces…?

–Sí.

–Pregunta tonta, olvídelo. Es que me apetece hablar, con cierta confidencia, de lo que va a ocurrir aquí esta noche, quizá una experiencia nueva para usted.

No sé, tuve la duda, si aquella apetencia era farde o desahogo, o mera suposición mía: se mostraba tan campante y a la vez precavido…

–Yo estoy aquí por… –quise evadirme para volver a mi asunto. Intentaba ahuyentar los insufribles arrumacos de esa estúpida mascota: la impaciencia. Pero…

–Sí, sí, claro, claro, no lo olvido. De todos modos, antes, su actitud…–hizo el gesto de borrar del encerado un mal planteamiento–. Este caballero con aspecto tan… deportivo, ¡y es persistente como el tábano, se te agarra con halagos a la oreja, ¡buf!, es el enviado de su banco con el único propósito… –oteó la sala y me secreteó, mano en boca– de engullir nuestra Asociación. Si lo consiguen, yo quedaré en honorario de corta duración, y en mero artilugio vistoso –desplegó en anuncio ambas manos– todo lo demás. ¡La diosa Sekhmet lo impida! –se cachondeó, creo–. Y como antídoto al acoso, yo sostengo la opinión de todo un emperador: Juliano, quien aconseja mediante carta a Temistio no pasar desapercibido. La notoriedad nos permite ser útiles a nuestros semejantes, completa mi razón Plutarco. Y ¿no lo ha notado? Soy el héroe de la noche –se mofó–. Un héroe volandero y pesimista que le es infiel al propio pesar. Es decir, que soy un cínico o me lo hago, quién sabe. Cínico que procura no ascender a lo ridículo, privilegio fatal, cuando propinas más de un codazo para acomodarte en la henchida jerarquía de la ciudad. De este modo, colocada la punta del pie donde otros ya afirman la planta, la opinión alcanza a escucharse allí donde se debe, porque el principal instrumento de esta Asociación, que yo presido, no por mucho tiempo, mi salud se emperra en echarme –bromeó–, es la voz. Voz ponderada, en todo tiempo y ante cualquier circunstancia, y prudente, siempre prudente. Aunque a veces, cuando es inevitable, se alza en grito. Sí, y llega a lo abierto del patio y lo recóndito del salón. ¡Ah, cuán importante el ingrediente dramático para exponer el in flagrante delicto! –gesticuló teatrero.

El señor Flores, con síntomas de embeleso, consultó su reloj y mensuró atento los animados corrillos, donde ya se despendolaban, confianzudos, voces y gestos. Lamentó, por mí, voluble y dicharachero, que no se ofrecieran canapés ni se sirvieran bebidas. Yo lo agradecí.

–Otro ingrediente de la salsa es Cardenal –continuó–, el periodista que inició todo esto, muy beligerante, editor de 1 Por 365, un diario digital, que nos puso en la pista. Pues bien, le resumo: Cardenal entrevistó a un anticuario, depositario de un lote de documentos de gran valor histórico, y mediante una serie de indagaciones entró en el detalle del contenido, autores y soporte en el que estaban. La procedencia era confusa y sospechó, él es muy incisivo, que tal vez fuera robado, por eso se puso en contacto con un acreditado historiador, especialista en la historia local, que despejó sus dudas: los documentos fueron sustraídos hace no menos de setenta años del Archivo Histórico. El experto le sugirió nuestro Círculo por la Protección y Cuidado del Patrimonio, y a partir de ahí intervenimos, nos hicimos cargo: evaluamos, regateamos y compramos, luego interpusimos denuncia, intervino Perals, etcétera. Cardenal ni siquiera está aquí esta noche: no ha podido, según dice, o no ha querido, según digo; en cualquier caso, acapara nuestro agradecimiento. Nos hemos convertido en suscriptores de su periódico, acudimos regularmente a su televisión en línea, porque también nos conviene, y dispone con cierta antelación del pormenor de la historia, aunque dado su modesto alcance no se notará mucho; de los facsímiles, alguno se entregará esta noche, de las copias digitalizadas, etcétera, también se encarga él, con el visto bueno de Patrimonio. La suma no le reporta mucho, económicamente, me refiero, pero es publicidad de la buena, la que prestigia… ¿Comprende lo que quiero decir? –reclamó mi atención.

HG MANUEL

Entregas anteriores

La fotografía (I)
La fotografía (II)
La fotografía (III)
La fotografía (IV)
La fotografía (V)
La fotografía (VI)
La fotografía (VII)
La fotografía (VIII)
La fotografía (IX)
La fotografía (X)
La fotografía (XI)
La fotografía (XII)
La fotografía (XIII)
La fotografía (XIV)
La fotografía (XV)
La fotografía (XVI)
La fotografía (XVII)



  • 14.5.22
La estetización de la política viene siempre precedida por la cultura fanum, por la religación fanática de lo mismo, en una suerte de eterno retorno de las formas primitivas de socialización que hoy experimenta una nueva vuelta de tuerca.


Del olimpismo de la cultura de masas a la cultura fan se observa una radical transformación del universo de la mediación caracterizada por seguidores que son una suerte de híbrido entre fanáticos y suscriptores de un catálogo de Venca para idiotas, con la debida distancia, eso sí.

Y es que la absoluta desmitificación es una condición del universo Youtube, la pérdida del aura vindicada, paradójicamente, como aureola de la autenticidad. En este horizonte cultural prima el principio de diversión. La cultura gamificada se traduce en el dominio de arquetipos exitosos, descomplicados, lúdico-festivos, autónomos y cosméticos por ocurrentes.

En esta espiral del disimulo y los salones de espejos-pantalla, las redes proyectan el señuelo del principio de autonomía, la percepción documentada por el estudio Los youtubers: espejos influyentes en el proyecto de vida adolescente de que son ellos quienes dominan la red, seleccionan las fuentes y producen lo público como privado. Pero nada tan lejos de la realidad.

Como en la cultura pop, no hay fan sin mercificación, por abstracta que esta sea, como también toda lógica de mediación da pie a procesos creativos de reapropiación. Puede escuchar el lector el disco Fuerza Nueva de Los Planetas y El Niño de Elche, un proyecto en el que exploran esta hipótesis para hackear las nociones del universo fan.

Inversión plebeya de apropiación de la cultura pop, como ilustra Pedro G. Romero, que a partir de la remezcla permite una lectura otra del canon: de Ocaña a Rosalía, de Guy Debord a la posmodernidad caustica proyectando nueva luz sobre la refracción simbólica que nos inunda y alcanza.

No olvidemos que la Fan Fiction es, en términos de Foucault, una función clasificatoria, aunque abierta, como el Fan Mix, el hibridismo, la reapropiación y la multiplicidad de máscaras y roles, de funciones e imágenes propias de la cultura de la Triple R (reducir, reciclar y reutilizar) aunque, con frecuencia, se expanden imponiéndose frente al principio esperanza (Bloch) el principio de responsabilidad (Jones) que no es otra cosa que el culto al orden reinante. Un mar de contradicciones.

Estemos atentos en cualquier caso a la nueva generación, un cosplay puede dar lugar a cualquier cosa. Quién sabe cómo y dónde.

FRANCISCO SIERRA CABALLERO

13 de mayo de 2022

  • 13.5.22
Los dos “instintos humanos” más primarios y, por lo tanto, los más irreprimibles, son el de supervivencia (individual y colectiva) y el de identidad (individual y colectiva). Mientras tenemos vida, en el sentido más elemental de esta palabra, nos sentimos enérgicamente impulsados a conservarla y, en la medida de lo posible, a prolongarla.


Podríamos afirmar que estamos dispuestos hasta a perder la vida con el fin de lograr los medios indispensables para mantenerla. El otro instinto, no mucho menos irrefrenable, es el de la identidad, y consiste en un impulso a ser uno mismo y a exigir respeto a la propia condición personal y colectiva.

En la actualidad, debido a la movilidad y a los permanentes cambios de residencia, el conocimiento de los complejos mecanismos psicológicos y sociológicos que intervienen en la composición de las identidades colectivas alcanza una importancia decisiva porque tiene graves y complejas repercusiones en la convivencia social y en las relaciones políticas. Tengo la impresión de que los gobernantes y los líderes de opinión caen en una ingenua, inútil y, a veces, peligrosa simplificación.

No suelen tener en cuenta la variedad de identidades a las que pertenecemos de forma simultánea –naturaleza humana, origen, nacionalidad, religión, sexo, profesión, aficiones, etc.– ni reconocen que la elección de las identidades prioritarias no depende exclusivamente de cada uno de nosotros porque, a veces, son los demás quienes nos la asignan.

Las identidades –sobre todo las culturales, las religiosas y, a veces, las deportivas– son fuentes de orgullo legítimo y de lícita alegría, pero también están en el origen de la mayoría de las dolorosas exclusiones sociales y de los sangrientos conflictos políticos que, debido a sus efectos disgregadores, terminan haciendo del mundo un lugar cada vez más peligroso.

Cuando no somos capaces de dominar la potencia del instinto de identidad y la fuerza de las inclinaciones tribales podemos caer en un discurso patriotero y en una amenaza para una sociedad que, inevitablemente, es y seguirá siendo cada vez más plural y más cosmopolita.

JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ GUERRERO

12 de mayo de 2022

  • 12.5.22
En el marketing político, las sensaciones son más importantes que los hechos. Por tanto, en un momento en el que los partidos son poco menos que marcas, las sensaciones son relevantes para el análisis político.


El sanchismo ha mandado a Paz Esteban al carrer con unos argumentos poco sólidos, tirando a miserables. “Sustituida”, que no “destituida”. Los supremacistas catalanes necesitaban una cabeza a la que escupir y el Gobierno se la ha ofrendado con un ramo de flores. ¿Sensaciones?

No somos pocos los que tenemos la sensación de que ya no solo la salud pública está al servicio de los partidos, sino que la propia seguridad nacional también. Hay quien todavía no se ha enterado de que el Régimen del 78 es una partitocracia…

Y mientras el presidente del Gobierno suma un cadáver más en el campo de malvas de Moncloa, Alberto Núñez Feijóo triunfa como Los Chunguitos en su gira de verano en el Cercle d’Economia de Barcelona. Sensación fea, tirando a calcetín sucio remendado.

La extrema derecha va camino de un nuevo resultado histórico en Andalucía mientras que parte de las autodenominadas “izquierdas andalucistas” vuelven a hacer el ridículo. Otra vez. Mientras, Adelante Andalucía y Andaluces Levantaos van a lo suyo.

Corazón en mano, soy incapaz de percibir la más mínima diferencia relevante entre todas las taifas andalucistas más allá de personalismos y ambiciones varias. Otra sensación que, estoy convencido, percibe parte de la ciudadanía. Es difícil tomarlas en serio.

Las derechas ascienden, las pseudoizquierdas implosionan. Sánchez se aplica su manual de supervivencia. Una población cansada de vivir tantos hechos interesantes va a volver a ser movilizada en una cruzada entre buenos y malos. Sensación generalizada de agotamiento.

Y la impresión que yo tengo, desde las Elecciones a la Junta de Castilla y León (lo comentamos aquí), es que se cuece un cambio de rumbo. Que muchos socialistas empiezan a cansarse del Kennedy español. Sánchez ha hecho suyo el principio maquiavélico de que es mejor ser temido que amado. Ni es el primero, ni es el único entregado al innoble arte del amedrentamiento. Sin embargo, quizá, haya a quien le dé por pensar que puede haber otro matarife más misericordioso y menos quemado. La cuestión es cuándo.

Observemos la evolución de las elecciones andaluzas y sus consecuencias, con la esperanza de no ser los siguientes en pasar por el matadero.

Haereticus dixit.

RAFAEL SOTO

11 de mayo de 2022

  • 11.5.22
Hace unos días, en el recorrido por la exposición Hiperreal. El arte del trampantojo, en el Museo Thyssen-Bornemisza, me encontré con unos peces pintados en una cerámica de la Campania italiana en el siglo IV antes de nuestra era (a.n.e.).


Me llama la atención la profusión de detalles naturalistas: la cuidadosa representación de las aletas de los peces y las ventosas de las patas del calamar; los dibujos del cuerpo de los peces que permiten distinguir, muy probablemente, un sargo (el pez más grande), una herrera y una mojarra.

Me pregunto ¿por qué una representación tan realista en una cerámica? Desde luego que no parece una simple ornamentación de un recipiente destinado a ser utilizado para contener pescados u otros alimentos. La pintura sobre la superficie de barro no resistiría ese tipo de uso cotidiano.


¿Puede ser un objeto puramente decorativo? ¿Podría ser algo así como esos objetos absolutamente inútiles que compramos como recuerdo de los lugares visitados en nuestros viajes turísticos? No lo creo, no parece que la época se preste a un comercio de productos del tipo “Yo estuve en la Campania”.

Así que me decido a hacer algunas averiguaciones al respecto y me entero de que este tipo de cerámica decorada con peces y seres marinos fue muy frecuente en la cultura griega clásica: se han encontrado más de mil ejemplares. Y especialmente en las colonias del sur de la península italiana, estos objetos se hallaban situados en lugares relacionados con usos funerarios. Por ello se han relacionado los peces con el tránsito a la muerte.

Quizás tenga alguna relación con lo que dice Robert Graves al resumir las múltiples explicaciones sobre la vida en el otro mundo que tenían los primitivos habitantes de Grecia. Entre ellas había una que afirmaba algo tan singular como que “las ánimas podían volver a ser hombres si entraban en habichuelas, nueces o peces y las comían sus futuras madres”.

¿Por qué precisamente “habichuelas, nueces o peces”? Me parece misteriosa la preferencia por esos elementos. Las almas parecen ser bastante caprichosas o, lo que es más factible, son los hermeneutas encargados de interpretar los destinos de las almas humanas quienes son los caprichosos. Sabiendo, como sin duda han sabido los “interpretadores” de lo no visible de todos los tiempos, que los seres humanos nos dejamos fascinar por las significaciones más absurdas e intrincadas.

En todo caso y observando detenidamente la imagen, no me parece que se haya hecho con la intención de ilustrar esa peregrina idea. Me parece más probable que se haya pretendido establecer una relación simbólica entre los peces y el lugar en el que habitan y se mueven: el mar, el océano.

Las grandes extensiones de agua han sugerido múltiples fantasías y significados en todo tipo de culturas. Y, frecuentemente, se han relacionado con las aguas del mundo subterráneo en el que habitan las almas de los muertos.

En la siguiente imagen de un sello acadio de hace aproximadamente 4.300 años, se puede ver a un personaje (el segundo desde la derecha) hacía el que fluyen peces sumergidos en unas ondas acuáticas. Su nombre es Ea (Enki para los sumerios) el dios de las aguas subterráneas y de la sabiduría.


Un ejemplo, mucho más reciente, de vínculo entre la vida humana y los peces se puede ver en Bidasari, una película malaya de 1965. La historia que se narra tiene bastantes similitudes con el conocido cuento de Blancanieves. No hay enanitos, pero sí está incluida una reina malvada con espejo mágico y un príncipe que despierta a la protagonista, Bidasari, y se casa con ella. La película está basada en un poema malayo muy popular en los siglos XVIII y XIX que, a su vez, está basado en una versión más antigua.

James G. Frazer lo resume de la siguiente manera en su obra La rama dorada: un rico mercader y su mujer adoptan a una niñita tierna y bella como un ángel. Pero la vida de la niña está irremisiblemente unida a la de un pez dorado al que se ha transferido su alma y el mercader coloca al pez en una caja de oro llena de agua oculta en el estanque de su jardín.

Cuando la niña crece se convierte en una bellísima mujer y esto preocupa a la reina, que teme que el rey la pueda desear como segunda esposa. Así que decide acabar con ella. Pero, a pesar de las torturas, Bidasari no muere y, para evitar más sufrimiento, le dice a la reina: “Si deseáis que muera, mandad traer la caja que está en el estanque del jardín de mi padre (...) Mi alma está en este pez; por la mañana sacad este pez del agua y al atardecer ponedlo otra vez en ella (...) Si lo hacéis así, yo pronto moriré”. Y efectivamente, “mientras el pez estaba fuera del agua, ella estaba inconsciente pero, al anochecer, cuando ponían el pez en el agua, ella revivía”.

Después de una serie de avatares, el rey descubre a Bidasari aparentemente dormida, pero logra averiguar lo que pasa y le quita el pez a la reina para ponerlo en el agua. Inmediatamente, Bidasari revive. Por lo visto, no hace falta ningún beso –que, por otra parte, hubiera resultado totalmente abusivo, teniendo en cuenta el estado inconsciente de la joven–. Evidentemente, el cuento finaliza con el rey tomando por esposa a Bidasari.

Posdata: en la versión cinematográfica, no es el rey el que salva a Bidasari, sino un príncipe, hijastro de la malvada reina.

JES JIMÉNEZ SEGURA

GRUPO PÉREZ BARQUERO


CULTURA - MONTILLA DIGITAL


AYUNTAMIENTO DE MONTILLA

AGUAS DE MONTILLA


DEPORTES - MONTILLA DIGITAL


LA ABUELA CARMEN - LÍDER EN EL SECTOR DEL AJO, AJO NEGRO Y CEBOLLA NEGRA


FIRMAS

Montilla Digital te escucha Escríbenos