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El valor educativo de los juegos de mesa

Muchos padres toman con mucha cautela el hecho de que un juego se vea como educativo ya que eso conlleva una estructura específica, instrucciones y ciertas obligaciones. Sin embargo, los juegos de mesa suelen evitar esos momentos ya que brindan momentos de aprendizaje, pero sin dar lecciones. Es por eso que funcionan tan bien en grupos de todas las edades, pues el valor está en lo que el juego va fomentando de forma silenciosa durante la partida. Así, las habilidades se van dando como parte de la interacción y no como un objetivo principal.


Aprender participando, no instruyendo


Es raro que los juegos de mesa expliquen lo que los jugadores tienen que aprender. En su lugar lo que hacen es colocar a los jugadores en ciertas situaciones para que tomen decisiones concretas. Eso hace que las consecuencias sean visibles y que el progreso dependa de la atención de cada uno. A medida que va pasando el tiempo y las partidas, los jugadores asimilan las reglas y estrategias de forma natural. Esto hace que los niños se impliquen porque ven que la actividad es divertida, mientras que los adultos participan sin sentir que están aprendiendo una lección. Esa ausencia de presión hace que la motivación se mantenga y que se bajen las resistencias iniciales.

Hoy en día, muchas familias exploran opciones de juego que sean adecuadas para todas las edades gracias a las reseñas de expertos independientes en sitios como DiversionJuegos.com, que se centran en mostrar cómo funcionan los juegos, recomendaciones y mucho más.

Habilidades cognitivas que se desarrollan en silencio


A pesar de no hacer uso de un lenguaje académico concreto, los juegos de mesa refuerzan ciertas habilidades cognitivas. Un ejemplo de ello es la paciencia, así como el pensamiento lógico. También están las elecciones estratégicas, la planificación y el razonamiento causa-efecto. Estas habilidades aparecen de forma gradual por lo que no es que exista un momento concreto de aprendizaje. Los jugadores se van sintiendo cómodos con el juego y es cuando aparece la capacidad de anticipar resultados, ver las acciones, etc.

Conciencia social en la mesa


Sin lugar a dudas, los juegos de mesa son herramientas muy poderosas para el desarrollo social. Durante las partidas, los jugadores aprenden a esperar, negociar, aceptar que han perdido y dominar el éxito. Si bien todos estos comportamientos no se enseñan explícitamente, son parte de la práctica repetida del mismo juego. En aquellos grupos con diversas edades, los jugadores más jóvenes ven cómo los adultos son capaces de gestionar la frustración o el éxito. Mientras que los adultos ven cómo la comunicación con claridad y adaptación es algo importante en el día a día. Así, la mesa de juegos se convierte en un espacio de aprendizaje familiar con total naturalidad.

Por qué la sutileza marca la diferencia


Aquellos juegos que se promocionan como educativos suelen tener algunas dificultades para llamar la atención de los niños. Es como si al decirlo abiertamente, la diversión automáticamente desaparece. Por eso los juegos de mesa que realmente triunfan son los que evitan entrar en ese marco y brindan un aprendizaje de forma indirecta y muy sutilmente. Lo más importante en estos casos es el disfrutar, ya que el aprendizaje aparecerá a través de la estructura del juego, no porque se anuncie como una característica concreta. Gracias a eso, la experiencia es mucho más sostenible a largo plazo, en lugar de algo que parece repetitivo sin más.

Confianza, idoneidad e información clara


Para que todos estos beneficios mencionados aparezcan, es fundamental generar confianza en los jugadores. Y esto es algo que genera el propio producto al tener unas reglas claras, orientación a varios grupos de edades y premisas básicas adaptables a jugadores nuevos. En España, existe además el marco de protección al consumidor que lo que hace es apoyar la regulación de los mismos. Es decir, se revisa cómo se presentan, su etiquetado, seguridad en las piezas y si brinda la información precisa a los compradores.

Está claro que el valor educativo de un juego de mesa no depende de ciertas etiquetas o de promesas. Sino que es algo que aparece de forma natural en un juego cuando se comparte y como parte de una interacción repetitiva. Es esa eficacia la que hace que los juegos de mesa sigan siendo relevantes en grupos de distintas edades.

FOTOGRAFÍA: DEPOSITPHOTOS.COM


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