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26 de julio de 2020

  • 26.7.20
La Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque, que constituye la recopilación de historia local más importante de España, junto con la existente en el Seminario de Álava, ha recibido esta semana la visita del obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, quien deseaba conocer algunas de las primeras ediciones que la entidad custodia del historiador Martín de Roa, rector de los colegios de la Compañía de Jesús en Córdoba, Écija, Jerez de la Frontera, Málaga y Sevilla a comienzos del siglo XVII.



Acompañado por el sacerdote montillano Carlos Jesús Gallardo Panadero, director espiritual adjunto del Seminario Conciliar "San Pelagio" y director diocesano del Apostolado de la Oración, el titular de la Diócesis mostró especial interés en tres obras editadas por vez primera a principios del siglo XVII.

De este modo, y de la mano de Elena Bellido, directora de la fundación, y del propio Manuel Ruiz Luque, el obispo de Córdoba pudo consultar la obra Flos sanctorum. Fiestas i santos naturales de la ciudad de Cordova, algunos de Sevilla, Toledo, Granada, Xerez, Ecija, Guadix i lugares de Andalucia, Castilla i Portugal, editada en 1615, así como Vida y maravillosas virtudes de Doña Sancha de Carrillo, que vio la luz un año después.

No obstante, la obra que despertó mayor interés en el titular de la Diócesis fue Vida de doña Ana Ponce de León, condesa de Feria, monja en Santa Clara de Montilla, editada en 1604 y en 1615, con una reedición adicional de 1883. Y es que, como avanzó Montilla Digital, esta documentación servirá de testimonio durante el proceso de beatificación que ha abierto el Obispado de Córdoba para elevar a los altares a Ana Ponce de León, condesa de Feria y, posteriormente, monja en el convento de Santa Clara.

"Fueron innumerables los indicios que Martín de Roa advirtió en sor Ana de la Cruz Ponce de León para impulsar abiertamente su fama de santidad", detalló Elena Bellido, quien hizo hincapié en que cuando falleció la religiosa el 26 de abril de 1601 "ya gozaba de una reconocida virtud y santidad que fueron cimentándose durante los más de 45 años que vivió en el convento de Santa Clara".

Tras la muerte de Ana Ponce de León, su nieto, Pedro Fernández de Córdoba, cuarto marqués de Priego, encargó a Martín de Roa la redacción de una biografía destinada a reconocer sus virtudes. Fue así como surgió la Vida de Doña Ana Ponce de León, Condesa de Feria, impresa en los talleres de la viuda de Andrés Barrera de la capital cordobesa, en 1604.

"La biografía se encuentra estructurada en cuatro libros, subdivididos a su vez en diferentes capítulos, a través de los cuales, Martín de Roa entreteje las vivencias religiosas que abraza Ana Ponce de León y avisándonos de que, desde su niñez, ya estaba predestinada a la entrega divina", explicó Elena Bellido, quien subrayó que la obra "permite conocer el ejemplar matrimonio de la noble marchenera con el conde de Feria, al que encumbra como paradigma del ideal de caballero cristiano".

"Martín de Roa –que falleció en Montilla en 1637– nos introduce en la vida de la protagonista desde una dimensión que está plenamente imbuida del espíritu contrarreformista del momento, advirtiéndose un discurso panegírico que enaltece las virtudes pías de la noble religiosa", subrayó la directora de la fundación, quien destacó el papel predominante que jugó en la elaboración de esta biografía el testimonio de San Juan de Ávila, confesor de la condesa.

Una figura que recobra actualidad

Ana Ponce de León nació en la localidad sevillana de Marchena el 3 de mayo de 1527. Hija de los duques de Arcos, contrajo nupcias a corta edad con Pedro Fernández de Córdoba y Figueroa, cuarto conde de Feria, en un enlace que, como subrayó Elena Bellido, "despertó una gran expectación entre la aristocracia de la época", dado que sus descendientes directos estaban llamados a heredar los amplios dominios territoriales que componían los estados del marquesado de Priego y del ducado de Feria.

Sin embargo, la prematura muerte de su esposo en 1552 puso en peligro la premeditada estrategia matrimonial, ya que su primogénito también falleció siendo niño, quedando como continuadora del linaje una hija pequeña a la que el ducado de Feria le negaba sus derechos hereditarios sobre las posesiones extremeñas.



"Ante tan complejo escenario familiar, Ana Ponce de León, que contaba con 25 años de edad cuando quedó viuda, decidió consagrarse a la espiritualidad alentada por su confesor y consejero, el maestro Juan de Ávila", relató Elena Bellido.

La figura de la religiosa ha recobrado actualidad en las últimas semanas después de que el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, confirmara durante la ceremonia de clausura del Año Jubilar Avilista que la Diócesis de Córdoba ha iniciado ya el proceso de beatificación de Ana de la Cruz por su estrecha vinculación con San Juan de Ávila.

“Los santos van siempre en pelotón y llevan consigo personas en torno a ellos como un remolino de santidad y son modelos para los cristianos de hoy y de siempre; este es el caso de San Juan de Ávila y Ana de la Cruz”, destacó el obispo, quien se desplazó también al convento de Santa Clara de Montilla para reunirse con los miembros de la comisión diocesana para la reapertura del proceso de beatificación  de la condesa de Feria.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN


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