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1 de junio de 2019

  • 1.6.19
Montilla Digital se hace eco en su Buzón del Lector de una carta abierta remitida por José Antonio Ponferrada Cerezo, académico correspondiente por Montilla de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, en la que recuerda la figura de su tío, Manuel Ponferrada Gómez, fallecido hoy a la edad de 87 años. Si desea participar en esta sección, puede enviar un correo electrónico exponiendo su queja, comentario, sugerencia o relato. Si quiere, puede acompañar su mensaje de alguna fotografía.



Cuando escribo estas líneas, mi tío Manuel Ponferrada Gómez, nuestro tito Manolín de toda la vida, aún pertenece al reino de los vivos. Pero sabemos que, en cualquier hora, ya se dispone para reintegrarse al seno de su Dios y a la compañía del Santo Solano, el Santico que es nuestra devoción familiar.

En este trance, no me resulta fácil desmadejar el hilo rojo de los recuerdos para evocar los de mis sesenta años de él. En el palacio de mi memoria, de la meditación va surgiendo como una blanca figura la de mi tío: de una elegante pulcritud, siempre fue lo que se dice un hombre guapo, con esa distinción externa que representa la interior.

Ahora se me muestra, con toda claridad, el rasgo esencial de su retrato: la limpieza. No solo en el aseo del cuerpo y del traje; sino en lo limpio de su actitud vital, un carácter franco, simpático, transparente y sin doblez, que tiene en la verdad su mejor defensa.

“Tú verdad no, la Verdad, y ven conmigo a buscarla”, reflexionaba Machado (Proverbios y Cantares). Recuerdo, recuerdo también, como un rasgo inseparable de la manera de ser de mi tío Manolín su vocación social.

En cualquier alta congregación civil, religiosa o militar hubiera hecho gran papel, pues poseía en buen grado lo que llamamos “don de gentes”, percibido por su entorno como esa feliz alianza de la persona física y moral, que hace de uno alguien en quien confiar, un tipo fiable. Con esa actitud social están profundamente conectadas sus dos pasiones.

Porque, hombre de muchas aficiones (el campo, la caza, el flamenco, la literatura...), tengo para mí que en él solo dos alcanzaron el elevado grado de pasión: Montilla y la familia. Que son instituciones sociales, y de primer orden.

Para la intimidad de mis primos hermanos, los seis Ponferrada Alba, y para mi tía Paqui (de quien hasta el fin estuvo tan enamorado), queda lo mejor de su obra, la presencia viva y el ejemplo; pero también la entrega con alegría a los diversos trabajos de administración y contaduría que, en la España del desarrollo, constituían el famoso “pluriempleo”, y que incluso lo llevó, durante un tiempo, a tierra alemana.

Para Montilla, su ciudad, trabajó desde las más diversas asociaciones, de su barriada del Gran Capitán, de mayores... Muchos años fue secretario de la Peña Flamenca “El Lucero”, en la gran época de esa entidad. Durante la transición democrática, el Casino Artesano de Montilla desarrolló una gran actividad sociocultural, de acercamiento a la nueva realidad de España, y ahí, en su núcleo, también estaba él. Además, salesiano por formación y espíritu, ofreció a su Colegio buena parte de su mejor iniciativa.

Como sus hermanos Pepe y Antonio, Manuel hizo sus primeros pinitos literarios en las revistas montillanas de la época. Pero la mayor parte de su obra la escribió para Nuestro Ambiente, la revista mensual de la Asociación de Antiguos Alumnos Salesianos que (en un caso de permanencia inédito, aún en una población firmemente literaria como la nuestra), supera ya los 400 números.

Fue su fundador, quien le puso nombre y cabecera (ahora apenas visible, obra del maestro Rafael Rodríguez) y su primer director. Con su prosa pulcra y clara elaboró, firmados y sin firmar, buen número de textos. Son memorables sus artículos dialogados entre Solano y Rafael, dos personajes por él creados (montillano el uno, cordobés el otro), con los que abordaba desde distintas perspectivas los temas de la actualidad, en un ejercicio de lo que se llamó el “contraste de pareceres”; otra vez Machado: “¡Lo que sabemos entre todos!” (ahora en Juan de Mairena II, creo).

En su destacada presencia social en Montilla, se me aparece como una constante la elección de un discreto segundo plano; que me explico como una operación de la inteligencia. Del saber que el desarrollo social no debía perjudicar ni restar tiempo a su dedicación familiar, y que los primeros puestos para los que a veces se le solicitó conllevan, a menudo, servidumbres contradictorias con la rectitud que (lo hemos dicho) presidió sus acciones.

Manuel fue un niño de los de antes de la guerra. Hijo de Manuel Ponferrada Baena y Manuela Gómez Cruz, nació y se crió, como sus seis hermanos, en casa de su abuela María Cruz, en la industriosa calle Córdoba, entre huertos y tenerías, de ahí lo del Santico. Creo que, desde pequeño, fue el favorito de su hermano mayor, mi padre José; en cuya obra literaria fue un indispensable colaborador, revisando textos, allegando informaciones...

Con solo unos meses de diferencia, la parca se nos ha llevado a tres Ponferradas de la calle Córdoba. Manuel, Tomás (el menor, que era el depositario de las esencias taurinas de la familia; por lo del chache Ángel y nuestra relación con el viejo matadero de Santa María, en el que su padre tuvo el oficio de fiel) y José.

Manuel Ponferrada Gómez se nos fue el primero de junio de este año 2019, a los 87 años de su edad. Lo tengo dicho: estamos perdiendo a toda una generación, la de nuestros padres tan guapos, tan educados, tan buenos... Y ahora los padres somos nosotros. Llego al final de mi intento y me doy cuenta de que he perdido a mi tío; y de que en escritos como este debe mostrase dolor. Pero no hay dolor en mis palabras, sino serenidad y agradecimiento por una vida de hombre bueno llegada a su plenitud.

Dios te guarde, Manuel Ponferrada Gómez, corazón tan blanco.

JOSÉ ANTONIO PONFERRADA CEREZO

NOTA: Los comentarios publicados en el Buzón del Lector no representan la opinión de Montilla Digital. En ese sentido, este periódico no hace necesariamente suyas las denuncias, quejas o sugerencias recogidas en este espacio y que han sido enviadas por sus lectores.


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