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26 de julio de 2018

  • 26.7.18
Montilla Digital se hace eco en su Buzón del Lector de un homenaje de José María Reina Espejo al autobús urbano de Montilla, conocido popularmente como 'El Total'. Si desea participar en esta sección, puede enviar un correo electrónico exponiendo su queja, comentario, sugerencia o relato. Si quiere, puede acompañar su mensaje de alguna fotografía.



La empresa de autobuses R. Reina, concesionaria de los autobuses urbanos de Montilla, fue fundada a mediados de los años 50 teniendo su sede en el Llano del Espinar. Inició su andadura realizando la línea del Llano de Espinar a Montilla, del Llano del Espinar a Cabra y del Llano del Espinar a Castro del Río, unos servicios que se realizaban en días alternos.

En aquella época era masiva la utilización de este medio de transporte, además de muy variados y necesarios los servicios prestados a los habitantes de la zona, tales como traslado médicos, sanitarios, servicio de asistencia farmacéutica, cartería, paquetería, compras de alimentación y todo tipo de enseres, servicios administrativos, etc., que requerían las personas de los distintos cortijos, casas y habitantes del Llano del Espinar.

A finales de los 50, Rafael Reina Cantero puso en marcha una nueva iniciativa de transporte y creó, en colaboración con el Ayuntamiento de Montilla, la Empresa de Autobuses Urbanos de Montilla a comienzos de 1960, siendo el primer autobús de Montilla el que aparece en la foto, agilizando, y de qué manera, el desarrollo industrial y comercial del pueblo.

La sabiduría popular rápidamente asignó un nombre al autobús, 'El Total', después de que a alguna usuaria se le ocurrió decir "Total por 1 peseta (que costaba) mi marido no come ensalá". De esta forma fue bautizado, y se conoce hasta la fecha, al autobús urbano de Montilla y a la familia Reina, los del Total, como concesionaria.

Para llevar a efecto esta iniciativa, con horario de 7.00 de la mañana a 15.00 de la tarde y de 17.00 de la tarde a 23.00 de la noche, más las recogidas de teatro, contó con la inestimable colaboración del abuelo Rafael, que hacía de cobrador, y de Agustín, como conductor. El relevo de Agustín lo hacía Rafael padre. Los hijos Rafael, José María y Antonio, herederos mayoritarios de Rafael Reina Cantero, relevaron al abuelo Rafael de forma alternativa como cobrador, y Antonio se convirtió en el mecánico de la empresa que, junto a Paco Arce, hacían funcionar cada día tan preciada joya.

Desde esta tribuna quiero rendir homenaje al primer autobús que tuvo Montilla y a Rafael Reina Cantero describiendo, de la mejor manera, a este pequeño y gran símbolo de nuestro pueblo.

El autobús marca Ford, de unas treinta plazas de color crema y rojo en su parte exterior, contaba con dos puertas en la parte izquierda y una en la derecha para acceder el conductor, todas ellas con apertura de maneta, los cristales de corredera en los laterales, siendo los de las puertas accionados en subida y bajada por una correa de cuero con agujeros para fijarlos en un perno a diferentes alturas.

En su morro delantero y sobre los guardabarros se fijaban dos faros, que apenas alumbraban, más dos pilotos que hacían de intermitencias, todo ello franqueado por un imponente y rudimentario paragolpes delantero. Por su parte, en la parte trasera tenía dos pilotos, uno de posición y el otro de intermitencia. Los parabrisas eran abatibles para poder soportar las temperaturas del verano, en el del conductor se acoplaba un pequeño motor que hacia girar al limpia parabrisas, la mayoría de las veces había que hacerlo manual.

Carecía de portaequipajes y solo tenía una vaca –a la que se accedía por una escalerilla plegable instalada en la parte trasera del vehículo– donde poner los mismo apilados, amarrándose con cuerdas para no perderlos.

Con un motor de cuatro cilindros de gasolina, en los años 60 se mezclaba esta con un 75 por ciento de petróleo, y salía mucho más rentable. La caja de cambios de 4 velocidades contaba con una palanca de cambio que se necesitaba dos manos para cambiar de velocidad. Los frenos eran de varilla y el freno de mano unos calzos de madera, instalados debajo del asiento del conductor. El volante, enorme y sin dirección asistida, solo se movía a base de fuerza de Rafael y Agustín. Todo un alarde de tecnología de la época.

Finalmente, la parte interior del primer autobús urbano era completamente de madera con asientos tipo banco, recubiertos por una capa de cuero.

Este fue nuestro querido 'Total', testigo mudo de todos los acontecimientos ocurridos en nuestro pueblo; cómplice activo de todas las actividades cinematográficas y teatrales celebradas en el Teatro Garnelo, desde Manolita Chen hasta Manolo Escobar; participó de ferias, actos populares y sociales hasta altas horas de la madrugada.

Fue igualmente testigo del derribo de los Arcos de la Puerta de Aguilar. Vio como la actividad comercial de nuestra ciudad prosperaba, adecuando los negocios a la nuevas tendencias, observando cómo abrían unos y cerraba otros emblemáticos en La Corredera como Lirola, La llave, Sastrería Armenta, Tejidos Los Naranjos, Leiva (frente al Ayuntamiento), Tejidos Sánchez, Heladería Cabello, etc. Testigo, que hoy día sigue siendo, de toda la actividad viva de nuestro pueblo.

JOSÉ MARÍA REINA ESPEJO

NOTA: Los comentarios publicados en el Buzón del Lector no representan la opinión de Montilla Digital. En ese sentido, este periódico no hace necesariamente suyas las denuncias, quejas o sugerencias recogidas en este espacio y que han sido enviadas por sus lectores.








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