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11 de junio de 2017

  • 11.6.17
En los últimos trabajos que he recibido acerca del dibujo de la familia, y que han desarrollado mis alumnos de la Facultad en centros de Educación Primaria, me he encontrado con algo que ya venía imaginándome que en algún momento sucediera. Se trata de escenas en las que los escolares han representado a sus propias familias de modo que todos los miembros de las mismas aparecen con móviles en sus manos.



Para algunos, esto les puede parecer una mera anécdota, pues vivimos tan inmersos en el mundo de las tecnologías digitales que consideran totalmente lógico que aparezca este tipo de dibujo, pues ahora a niños y niñas se les regalan smartphones en sus cumpleaños, en las primeras comuniones o cuando pasan de Primaria a Secundaria, como si fuera un rito iniciático que hay que cumplir, porque si no se hace se les puede “traumatizar” al verse alejados el mundo de sus compañeros que ya los tienen.

Sin embargo, lo que en la actualidad puede parecer lo más natural del mundo resulta que hace algunas décadas no existía, se vivía sin estos artilugios, por lo que las nuevas adicciones (dado que en algunos casos nos encontramos con auténticas dependencias digitales) están transformando el panorama, no solo de las nuevas generaciones, sino también de las estructuras y roles familiares.

Dado que el archivo que tengo de dibujos de la familia es muy extenso, pues nada más incorporarme a la docencia universitaria hace cuatro décadas comencé a investigar en este tema tan apasionante como es la representación de la familia por los propios escolares, me ha parecido de interés mirar en los archivos para ver cómo estas transformaciones familiares se han ido produciendo con el paso de los años.

Para ello, ha bastado con observar detenidamente los modos en que las familias eran dibujadas por los propios interesados, dado que, a pesar de que en la clase se les indica que dibujen “una familia”, ellos responden gráficamente representando a la propia.

Con el fin de que veamos los cambios que se han producido en los hábitos y costumbres familiares hasta llegar a la que he denominado como “familia digital”, he seleccionado siete trabajos, acudiendo a los primeros que tengo de décadas atrás para ir acercándonos a las fechas actuales.



Este primer dibujo, que corresponde a una niña de quinto curso de Primaria, fue realizado hace bastantes años. En el mismo se aprecia la visión tradicional del grupo familiar: el padre, como cabeza de la familia, fue el primero en ser representado, de modo que se encuentra sentado en una butaca como expresión de autoridad familiar. Alrededor de la mesa camilla y de pie aparece el resto de los miembros, habiendo sido la madre la trazada en segundo lugar. De manera global, la escena nos recuerda a aquellas fotografías familiares que, en tamaño relativamente grande, se hacían para ser colgadas en la pared del salón.



A lo largo del siglo pasado, ciertas formas de ocio se introdujeron en el seno familiar. Inicialmente, fue la radio la que a su alrededor convocaba a la familia, especialmente, a la hora de comer. Con el paso del tiempo, la televisión ocupó ese espacio, que, aún hoy, se resiste a perderlo. Como ejemplo de lo indicado, presento un dibujo de hace un par de décadas de una niña de 8 años, en el que comprobamos que la madre llama a todos para sentarse a cenar. La pequeña autora dibujó un televisor y su programa favorito, “Barrio Sésamo”, tan popular en los niños y niñas de entonces.



Como he indicado, la televisión se configuró como el aparato que preside o es el centro de las reuniones familiares, no solo en los momentos del mediodía y a la hora de la cena, sino también cuando se retransmiten ciertos eventos muy populares como puede ser el fútbol. Es lo que sucede en este dibujo de un chico de 11 años, en el que vemos a sus padres juntos en un sofá, y a él y su hermano pequeño, que es del Real Madrid, en el otro. Todos contemplando el partido que se estaba retransmitiendo en el televisor que logra ser el centro de las atenciones de la familia.



Acercándonos al nuevo milenio, las nuevas tecnologías y la informática estaban cambiando el panorama social y también el familiar. Los ordenadores comenzaban a penetrar en los hogares, lo que implicaba cambios en los hábitos y costumbres de este núcleo social. Una vez inmersos en el milenio, el uso del ordenador se hace habitual, fuera para realizar algunos trabajos o como elemento de ocio. La individualización familiar se acentuaba, tal como podemos ver en este dibujo de un niño de 8 años, en el que aparecen él y su hermano en las habitaciones superiores, uno con el ordenador y el otro en la cama; al tiempo que sus padres se encuentran abajo.



Una vez que el móvil se ha incorporado a las vidas de las personas como un objeto casi indispensable, es decir, que ya no se las pueden imaginar sin él, el primero que aparece con el smartphone en los dibujos de los escolares es el padre, como si fuera el que más lo usa dentro de los miembros de la familia. Por otro lado, como símbolo de poder y autoridad. Es lo que ha mostrado esta niña que se ha dibujado con su padre y su madre en el parque. El primero de ellos exhibe el móvil con unas líneas por encima como si estuviera recibiendo una llamada. Incluso, en los momentos de ocio familiar, el padre no puede desprenderse del aparato.



Presento otro trabajo de una chica de 11 años que ha representado a la familia incluyendo a la abuela, que, por cierto, es el primer personaje que ha trazado. Le sigue su madre, que porta un bolso como signo de identidad femenino. En el centro del grupo aparece el padre mostrando eufórico el móvil, al que la autora ha añadido unas líneas que, como he apuntado, quiere decir que está recibiendo una llamada. Por último, se ha dibujado a sí misma y a su hermana. Un dato a tener en cuenta es que la autora ha trazado a todos los personajes sobre unos pequeños montículos a modo de pedestales, signo de ensalzamiento familiar.



Y tenía que llegar la “familia digital”, es decir, aquella en la que todos los miembros portan sus móviles, pues los smartphones forman parte indiscutible de sus vidas. Esto lo he podido comprobar recientemente en los últimos trabajos recogidos: tanto padres como hijos o hijas, independientemente de sus edades, exhiben estos pequeños aparatos como si fueran trofeos o verdaderas prolongaciones de sus brazos y manos. Es lo que acontece en este dibujo de un niño de 9 años, en el que vemos que, alegremente, todos enseñan sus móviles, tal como imagino acontece en sus vidas diarias.

¿He dicho todos? Bueno, no. El quinto miembro de la familia, el gato, todavía no lo tiene; pero no hay que desesperar, puesto que el siguiente paso será el que las mascotas familiares dispongan de uno para ellos. De este modo, se podrán comunicar con sus dueños y transmitirles cariñosamente los maullidos que serán recibidos con júbilo por sus amos en cualquier parte en la que se encuentren.

AURELIANO SÁINZ


DEPORTES - MONTILLA DIGITAL



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