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18 de marzo de 2017

  • 18.3.17
El otro día, viendo un programa español en televisión, una mujer joven juzgaba a otra porque vivía sola y era independiente. El juicio venía porque era la novia de su hermano. No di crédito. La "jueza" decía que ella no era machista, pero que las labores de la casa y la comida las hacía ella, aunque también trabajaba fuera del hogar. Yo alucinaba. Era como un aviso a navegantes para la otra chica, que venía de una familia en la que se vivía en igualdad: su padre y su madre compartían.



Mientras esto ocurría, el marido de la que vapuleaba a la novia de su hermano era poco más que un pelele callado y anulado. La faena la remató la otra hermana, diciendo que esa mujer no era para él porque a él no le gustaban las mujeres "que le podían hacer sombra".

Y ahí estaba ese novio, totalmente controlado por las dos hermanas, buscando a una mujer inferior a él, que viviera con sus padres y que no tuviera vistas de dejar el nido, salvo que encontrara a una mujer como "debe ser", que lo trate como un niño, lo cuide, le dé de comer, le lave la ropa y le diga qué tiene que hacer.

Aluciné. En pleno siglo XXI, gente joven de unos veinte años con esas ideas... Y tuve una gran revelación: el machismo no termina porque las mujeres no quieren. Es duro, pero cierto.

Existen aún madres que fabrican hombres dependientes que no saben hacer nada y, muchísimo menos, cuidarse de ellos mismos. No les dan alas, al contrario: se las cortan para que estén pegados a sus faldas. Lo raro es que estas mismas madres se extrañan cuando sus hijos se casan y ya no vienen a verlas. El pájaro sin alas ya tiene dueña: no te necesita, ya depende de otra.

He conocido a muchos hombres incapaces de estar solos. Hubo uno que era gracioso y me lo dijo en plan más poético: "Yo necesito compañía femenina". Ya lleva un divorcio, pero no está solo, por supuesto. Hubo otro que me suplicó: "Piénsatelo tú, que estás sola y yo que estoy solo". Nunca me podría enamorar de un hombre sin dignidad.

Fruto de esa dependencia son el maltrato y las amenazas. El maltratador no quiere estar solo y, además, a él le han educado para que la mujer aguante; nunca le han corregido el carácter, no lo han frustrado. En las familias machistas el hombre es el rey de la Creación y, por ello, tiene derecho a que su cuarto y su ropa estén limpios y a no levantarse de la mesa para nada.

No ha habido obligaciones, ni límites. La mujer, para él, es un objeto que le pertenece. Al igual que no entra en su mente que su coche se quiera ir, tampoco le entra que una mujer se vaya o le pueda exigir algo. Él es el rey.

Mujeres sin autoestima que se creen inferiores repitiendo un modelo que solo crea conflictos. Me cabrea y enfada que siga esta mala educación que limita al hombre y cosifica a la mujer. Me encantaría salir a la calle y gritar para despertar conciencias y abrir ojos... Pero sé que nadie me va a oír.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ


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