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2 de enero de 2017

  • 2.1.17
Montilla Digital se hace eco en su Buzón del Lector de una carta a los Reyes Magos escrita por Paco Alcaide, miembro del Club Deportivo Apedem Montilla y colaborador de este periódico. Si desea participar en esta sección, puede enviar un correo electrónico exponiendo su queja, comentario, sugerencia o relato. Si quiere, puede acompañar su mensaje de alguna fotografía.



Ya desde muy temprana edad, y con tan solo algunos años de vida, mis padres me enseñaron que todos los años, justo cuando finaliza la Navidad, llegan unos señores subidos en unos camellos, con vestimentas muy raras, repartiendo juguetes a todos los niños del mundo. No llegaba a entender el origen de estos Reyes Magos que, con tal que me trajeran lo que yo les pedía, ya contentaban a un crío que tenía más ilusión que conocimientos.

Pasaba el tiempo, los años inculcaban sabiduría y experiencias y aprendí que esos señores se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, venían de Oriente y se dirigían al Portal de Belén a ofrecerle a un Niño regalos en señal de agradecimiento por haber nacido.

En esas edades no se llega entender cómo el oro, el incienso o la mirra pueden ser regalos para un niño recién nacido, pero esos Reyes Magos siempre estaban presentes en las ilusiones de todos los niños y no sé cómo se las apañaban pero, en una noche, su magia se extendía por todos los rincones del planeta.

Fui creciendo y justo un poco antes de que esa maravillosa ilusión se convirtiera en una cruel realidad, deduje que la magia de esas personas les hacía dispersarse por todos los rincones de cada hogar, por lo que entendí que los Reyes Magos repartían sus juguetes y actos de buena fe organizados en una estructura parcelaria.

Me imaginé que acudían a repartir regalos y salud a los hospitales los Reyes Magos sanitarios; a colegios, orfanatos y casas de acogida, los Reyes Magos escolares; los que se colaban en las casas con sus camellos eran para mí los mejores, por lo que los llamaba los "Mejores Reyes Magos".

Y luego existían los que se encargaban de contentar y agradar al mundo de la cultura, el deporte... Así fui entendiendo yo, a esa edad, que esas personas pudieran colmar de ilusiones y buenas esperanzas a todo ser viviente en una misma noche.

Han pasado los años y la vida –por desgracia– se hace dura y la magia se esfuma, topándonos con la realidad. Ahora, siendo ya padre y recordando lo bonito que fue creer y adorar a esos Magos, evoco mis recuerdos de infancia y saco del baúl mi gran ilusión para ponerme en contacto con los Reyes Magos deportivos, concretamente los que llevan la parcela del deporte base y educativo, para hacerles llegar esta misiva.

Queridos Reyes Magos deportivos:

Os pido, un año más, que seáis buenos y benevolentes con todos los niños y niñas que hacen de su deporte favorito una forma de vida, procurando que no se lesionen y que puedan, una temporada más, seguir jugando. Os pido que colméis los corazones de todos los chavales de alegrías en los terrenos de juego, que no veamos llorar nunca más a un ser pequeño por una injusticia creada por un mayor.

Me gustaría que vuestra magia llegara a los clubes deportivos, haciendo que sus dirigentes y entrenadores fueran un poquito más humanos y comprendieran que están siendo los "maestros" de personas que, por su edad, son muy vulnerables. No más gritos en los campos; no más injusticias en los equipos. Intentad concienciarlos, ustedes que son Magos, de que hacer deporte no significa necesariamente competir; y que competir no tiene por qué implicar siempre ganar.

Me gustaría que pusiérais en práctica en todas las entidades deportivas unas "escuelas de padres". Sí, unas escuelas donde, muy de vez en cuando, profesionales de la materia puedan dar charlas y educar con medios audiovisuales a los padres de los niños que participan en dichos clubes o escuelas deportivas. Sería un logro que algunos padres tomaran cartas en el asunto y asumieran que si ellos no respetan e insultan en los partidos, sus hijos tampoco respetarán al contrario.

Os pido también, queridos Reyes de Oriente, que actuéis sobre las federaciones deportivas, sobre los colegios de árbitros, para que todos colaboren en una mayor "profesionalización" del deporte base, ya que muchos actos de violencia en los campos se podrían evitar si estas entidades pusieran un poquito más de su parte. La colaboración de todos tiene como final el éxito de muchos.

Y dando por finalizada ya mi carta, sin saber si me he extendido mucho, a sabiendas de que tenéis poco tiempo para leer –aunque me imagino que tendréis también la parcela de los Reyes Magos lectores– dejo mis ilusiones intactas en lo más alto del Portal de Belén, justo al lado de la Estrella de Oriente, y me voy ya a preparar los polvorones y a llenar los vasos de agua, que los camellos traen mucha sed y el camino que queda por recorrer es bastante largo.

Esperando que el año venidero sea complaciente, se despide de vuestras majestades un aficionado y padre de deportista de fútbol base. Feliz 2017.


PACO ALCAIDE
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

NOTA: Los comentarios publicados en el Buzón del Lector no representan la opinión de Montilla Digital. En ese sentido, este periódico no hace necesariamente suyas las denuncias, quejas o sugerencias recogidas en este espacio y que han sido enviadas por sus lectores.







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