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29 de noviembre de 2016

  • 29.11.16
A 90 minutos en tren desde la estación de Paddington de Londres se llega a Bath, una ciudad incluida en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1987 por su interesante arquitectura georgiana y por sus restos romanos. La leyenda cuenta que el rey Bladud se curó de la lepra cuando pasaba con su piara de cerdos por los barros medicinales de la zona, por lo que decidió levantar una ciudad.



El principal atractivo de la ciudad, fundada por los romanos con el nombre latino de Aquae Sulis, son los restos de Sulis Minerva, el templo y el complejo de termas levantado por los romanos en el año 70 de nuestra era sobre un manantial natural de aguas termales –de hecho, el único manantial de agua caliente existente en Reino Unido–. Una completa audioguía en ocho idiomas permite conocer en profundidad la historia y los entresijos del lugar.

El puente Pulteney, completado en 1774 según diseño de Robert Adam, cruza el río Avo. El puente y la presa que hay debajo son dos de los motivos más fotografiados de la ciudad. Se les ha comparado con el Ponte Vecchio de Florencia, con el que comparte estar lleno de tiendas a ambos lados.



Al otro lado del río, desde el casco histórico, llegamos al Museo Holburne, la primera colección de arte de la ciudad, que exhibe obras de Gainsborough, Guardi y Stubbs, entre otros. El museo se alza sobre el antiguo Hotel Sydney y sus jardines eran uno de los lugares de paseo favoritos de Jane Austen, quien pasó largas temporadas en la ciudad. En la actualidad un museo nos acerca a su obra aunque, en realidad, la casa donde se encuentra no es la que ocupó realmente la escritora.

Con más de 5.000 edificios declarados Bien de Interés Cultural, Bath tiene la mayor muestra de arquitectura georgiana del país. En Royal Crescent encontramos otro de los lugares de interés de la ciudad: una serie de edificios de estilo georgiano que describen un semicírculo frente a un amplio parque y que son obra de John Wood el Joven, construidos entre 1767 y 1774.

En el n.º 1 se puede visitar una casa aristocrática del siglo XVIII con la residencia de los señores en las plantas nobles y las viviendas de los sirvientes en los sótanos y el ático. En la puerta nos recibe el ama de llaves ataviada a la usanza del siglo XIX.



En pleno centro de la ciudad, junto a las termas romanas, se alza la Abadía de Bath, un edificio levantado sobre la antigua catedral de origen normando con magníficas vidrieras. La iglesia es de confesión anglicana y está dedicada a los apóstoles San Pedro y San Pablo. Su estilo corresponde al gótico perpendicular.

Otro museo interesante es el Museo Herschel de Astronomía. Desde el patio trasero de una humilde casa de la calle New King's Street, el astrónomo de origen alemán William Herschel descubrió el planeta Urano, duplicando así el tamaño del Sistema Solar conocido en la época.

La ciudad merece una visita y gracias a su cercanía a Londres, es una escapada perfecta durante una visita a la capital británica. La oferta turística se completa con un buen número de propuestas interesantes y en las proximidades se pueden visitar las ruinas megalíticas de Stonehenge y Avebury.

PACO BELLIDO
FOTOGRAFÍAS: LOLA VÁZQUEZ


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