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14 de febrero de 2019

  • 14.2.19
Hasta las broncas o peleas más insignificantes se han convertido en virtuales. Oír la siguiente expresión ya no nos causa sorpresa, aunque lamento decir que no tengo claro que la persona que la dice sepa el alcance e importancia de la misma. La prepotencia del yo virtual dice y se queda tan pancha: “he bloqueado a fulano o mengano en WhatsApp”.



Suponiendo que dicho bloqueo sea por incompatibilidad de opiniones, creencias, ideas, ideología, supone una bronca entre ambos, o si lo prefieren una desavenencia por un choque frontal de ideología (las mas de las veces) que se hacía cara a cara (era necesario dar la cara) y ahora se hace a distancia y en ausencia del otro. Ventajas de Internet (¿?). ¿Dónde quedó ese valor llamado responsabilidad que engrandece a la persona? Asumir la responsabilidad es sinónimo de madurez personal.

Todos los humanos somos a priori, merecedores de un elemental respeto por el simple hecho de ser personas. Esta afirmación empieza a sonar a chino para muchos sujetos. Unos, por menospreciar a todo ser viviente; otros, por sentirse superiores a los demás. Prueba de ello son esos engreído sujetos que miran por encima del hombro sin más razón que la de humillar a los demás. El ególatra es un modelo de lo dicho hasta ahora. En su momento diremos algo sobre ello.

¿Motivo? Puede que no lo haya pero sí vuela por el aire de nuestra sociedad la queja de que solemos ser, en general, bastante maleducados, que faltamos a la más elemental consideración hacia el otro ya sea mayor, mujer u hombre, niño o niña. ¿Por qué? Las razones serán múltiples, importantes o baladíes, pero la realidad es la que es. De vivir en un mundo global estamos retrocediendo a la aldea rural.

Toda persona merece respeto, pero ¿cómo infundir, enseñar esta idea a nuestros hijos? El papel más importante y por tanto básico en esta parcela lo jugamos los mayores, es decir los padres. Si en el hogar familiar se siembra respeto, seguro que brotará afecto, deferencia, tolerancia, cortesía; si en el entorno familiar se vive rodeados de violencia, desprecio, insolencia hacia cualquiera de sus miembros, dicha conducta inmediatamente saltará al exterior.

Y ¿la escuela tiene algo que decir y hacer en este tema? Indudablemente sí, como tarea complementaria al comportamiento dentro del ámbito familiar. La flor de la cortesía, de la buena conducta es básicamente misión de la familia. La escuela reafirmará el cultivo de la tolerancia emanada de la labor familiar siempre y cuando la familia tenga fe en esa organización docente a veces tiroteada y asesinada.

No puedo olvidar y sentir cierto temor por el sesgo que va tomando el tema de la educación escolar arrastrada, desde y por la política miope, hacia un adoctrinamiento sectario y excluyente. Cualquiera diría que estamos en camufladas tiranías sociales. Todo es posible. Si partimos de la exclusividad dogmática, camino de una dictadura, pronto viviremos en guetos no muy distintos a los que ya permitieron circunstancias segregacionistas. Hecho este paréntesis, vuelvo a la idea principal.

Están cayendo en desuso conceptos como “buenos días”, “por favor”, “gracias”, “disculpe”, “perdón”, detrás de los cuales subyacen unos valores importantes para la convivencia. Si das las gracias por algo te miran cual bicho raro. Perdón “como fórmula de cortesía para pedir disculpas” (sic) por algo que hemos hecho mal nos ennoblece ante el otro. Pero… no está de moda. El tuteo se ha impuesto a ese rancio “usted” hasta tal punto que te suelen mirar extrañados cuando lo usas.

Una matización. La palabra “perdón” la estamos utilizando como una simple muletilla carente del matiz de disculpa que encierra en su significado. Me viene a la cabeza ese alegre “scusate” de los italianos mientras te empujan para poder pasar. Nosotros ya ni nos molestamos en pedir disculpas.

Entre nosotros excusar indica “no querer hacer algo” y por ello usamos ese “¿perdone?” con cierto retintín. Pedir perdón, dicen, es una manera de humillarse ante el otro y yo no tengo por qué rebajarme ante nadie. ¿Tendríamos que estar de acuerdo, a priori, con este pensamiento siempre que uno mismo se crea más importante que los demás? No creo.

La postura contraria, y que defiendo, es la capacidad de ponerse en el lugar del otro que bien podemos entender como empatía, la cual engloba “la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos” (sic). La persona empática sabe escuchar para ser capaz de entender e incluso comprender al otro, lo que no significa estar necesariamente de acuerdo con su pensar.

Me refiero a la generosa educación de ser capaz de elogiar los actos amables del prójimo para lo cual hay que ser rico en generosidad y tener amplitud de miras. El egoísmo nos convierte en cegatos, cicateros y anormales. Alguien puede pensar a la vista de estas consideraciones que vivimos en un mundo completo de anormales… Puede que sí, que haya más cegatos y cicateros que personas liberales y dadivosas.

El cicatero (“agarrado”, solemos decir) es alguien mezquino que escatima lo que debe dar. El cegato es corto de vista o, si quieren, de vista escasa; si lo prefieren, diremos que tiene poca vista, es decir no es capaz de calibrar a largo plazo los beneficios que puede recibir de una determinada acción. El tacaño, amén de escatimar, engaña con disimulo sin que le importe el daño que pueda ocasionar. Miente cual bellaco villano “que engaña con sus ardides y embustes” (sic).

Creo que, en justicia, conviene aclarar que se notan mas los agarraos que los dadivosos por la simple razón de que las personas rumbosas no van pregonando sus proezas. Es decir, no dan tres cuartos al pregonero para que propague sus acciones. “Dar tres cuartos al pregonero” puede tomarse en sentido positivo y también negativo.

En sentido positivo, el pregonero era un empleado público que voceaba a las cuatro esquinas de un pueblo las noticias importantes y avisos de interés público. Dicha figura ya existía en la época romana. Eran los encargados de convocar al personal para asistir, por ejemplo, a las reuniones del Senado; también podían anunciar venta de productos o mandar callar al personal en las ceremonias.

“Dar tres cuartos al pregonero” tiene un sentido peyorativo si se refiere a que era mejor callar y mantener dicha información en secreto porque no es conveniente difundirla por razones sociales o políticas. Tal información puede ser pública o privada.

En algunos lugares se mantiene la actividad del pregonero como recordatorio, para anunciar un evento concreto. Por ejemplo, en Zamora, el inicio de la Semana Santa se pregona por destacadas personalidades. No hace falta ir tan lejos.

En Montilla, mi ciudad natal, desde hace tiempo viene siendo tradicional y a cargo de notables personas el pregón de Semana Santa o el pregón de la Fiesta de la Vendimia y, haciendo una pequeña cavidad, insertamos las Sentencias Romanas de la Centuria Romana “Munda”. Está claro que el pregonero citado en este tipo de pregones ya no va con trompetilla, de esquina en esquina.

Es obvio que en la actualidad dicho oficio carece de sentido. Hoy los distintos medios de información actúan de pregoneros, sobre todo los informativos. ¿Para mantenernos informados? Perdonen que dude de ellos. Las noticias son seleccionadas y tamizadas según la ideología y las conveniencias.

Si a ello añadimos noticias a medias con medias verdades, amén de la mentira piadosa que “se dice para evitar a otro un disgusto o una pena” (sic). ¿Seguro? Más bien habría que decir para llevarse al huerto al personal con lo cual la mentira piadosa solo es una facha-da falsa. Mira por donde, “facha” da para caminar por una y otra acera de la ideología (facha-da de derecha e izquierda). Recordemos que la calle tiene dos aceras marcadas según el sentido de la marcha.

Dicho esto nos topamos con el término de moda, “fake news” (noticia falsa, bulo) cuyo objetivo es desinformar para confundir al personal. Ya hablaremos de esta “jodida” y “zafia” artimaña, adulteración más importante de lo que pudiera parecer.

PEPE CANTILLO

31 de enero de 2019

  • 31.1.19
Dilema comunicativo: ¿un teléfono “tonto” o un superinteligente smartphone? El llamado teléfono “tonto” (Light Phone) aparece en 2015 con la intención de ayudar a escapar de las redes sociales a quienes se sientan atrapados en ellas. La misión de dicho teléfono es buscar salidas para desintoxicar al personal.



“El Light Phone 2 solo puede realizar y recibir llamadas, intercambiar mensajes de texto, configurar alarmas y poco más. Nada de juegos ni redes sociales”. El precio de salida al mercado fue de 100 euros frente a los superaparatos smartphones, que cuestan un riñón. ¿Por qué llamarle “tonto”? Porque su uso es limitadísimo.

La adicción a las nuevas tecnologías, sobre todo a los llamados smartphones, crece y engancha al personal a velocidad de vértigo. Según datos del Google Consumer Barometer Report, en la actualidad, el 81 por ciento de españoles utiliza un smartphone. ¡Ojo al dato!

El enganche a la locomotora móvil parece ser que se inicia a edad muy temprana. Por ahora dicen que a partir de los 10 años. No es de extrañar, puesto que es alucinante ver la facilidad con la que manejan dicho aparato hasta personajillos de 2 o 3 años y que aun no levantan un palmo del suelo. Y, además, nos hace gracia. No estoy exagerando.

La mayoría del personal, en este caso habría que señalar a la tropa formada por los más jóvenes según los entendidos en el tema, está experimentando una “zombificación” alarmante. Dicen las estadísticas que el uso del móvil suele acaparar nuestra atención más de cinco horas diarias. ¿Tan importante y necesaria es esta simulada actividad?

Desglosemos un poco este uso. Suena el pajarito y nos ponemos manos a la obra. Es desesperante ver cómo se pierde el tiempo con improductivos desplazamientos por la pantalla para ver unas viñetas. Digamos que unas son curiosas, otras simplonas; las más de ellas, ajenas a nuestros intereses.

Siempre que el trino del pajarito guasapero avisa de la recepción de algo (ni bueno, ni malo, ni útil; a lo más, innecesario) el fisgoneo explota y hay que ver qué tripa se ha roto con ese trino. ¿Realmente estamos comunicados? Creo que no, puesto que este tipo de viñetas dicen poco. Como mucho, algunas son curiosas. La realidad es que sigo sin saber nada de ti salvo que haga una llamada de voz.

Los bulos corren a sus anchas por las redes y para que no te desenganches ni te aburras, te invitan a que pases los datos a “X” contactos y así contribuirás con tal o cual causa. Como curiosidad, desde este enero que agoniza, WhatsApp ha limitado el número de reenvíos masivos del mismo mensaje de 20 a solo cinco usuarios. El grave final del niño caído al pozo ha dado comida basura para todos los gustos.

Hace tiempo que vengo dando alguna información sobre el uso de Internet y, más en concreto, sobre la dependencia-esclavitud del móvil. En su momento escribí algunas cuartillas. Cito dos artículos que rondan bastante el tema de hoy.

Síndromes de nuestros tiempos. Entresaco una frase de dicho artículo “Cada vez nos pica más la agobiante necesidad de revisar el móvil. Tal adicción es un problema que va adquiriendo proporciones alarmantes según alertan varias fuentes de investigación”.

La vibración fantasma del móvil consiste en sentir que el aparato vibra, incluso que ha sonado, añado yo, aunque tales circunstancias sean falsas. La reacción inmediata es comprobar si dicha función se ha puesto en marcha o solo es una sensación fantasma en el cerebro de quien la percibe.

La dependencia ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Va a ser que no. Ya está en el aire el aviso de tan nefasta dependencia. Los especialistas (psicólogos) hablan de síndromes varios relacionados con los teléfonos móviles. La nomofobia, la vibración fantasma, el síndrome del chequeo constante y algunos más.

Hoy pretendo, de la mano de Marc Masip, reflexionar sobre el tema y abrir puertas por si queremos volver a ser comunicantes independientes. En el libro Desconecta, cuya lectura vuelvo a recomendar, el psicólogo Marc Masip, experto en adicciones, deja claro que “el móvil es la heroína de nuestra época” y para rematar más el tema apunta que “España es el país europeo con más adicción adolescente a la Red”.

¿Soluciones? Propone una “dieta digital” para desengancharse. Parafraseo parte de su información. Tomando como punto de partida casos reales de su consulta, nos invita a indagar en qué nivel de dependencia estamos. Ello supone proponerse determinadas pruebas para confirmar la adicción, saber si el uso que hacemos del móvil es adecuado o nos tiene enganchados a más no poder y buscar salidas a la situación.

Quede claro que dejar de usar el smartphone por arte de birlibirloque sería un milagro. Caso de no poder desengancharse solos, aconseja pedir ayuda. Su propuesta de “dieta digital” queda reflejada en los consejos que ofrece al final de cada capítulo.

El libro trata de que el lector sea capaz de identificarse en las diversas maneras que tiene de usar el móvil. Mejorar la relación personal con la tecnología para disfrutar de tiempo libre, para optimizar la relación con la familia y el entorno. Ser más autónomo.

Afirma que “si siento nerviosismo por estar sin móvil, tengo un problema”. Sobre la adicción al móvil dice que “si no es una enfermedad médica, es una enfermedad social”. Por ello propone un teléfono “tonto” frente a un superteléfono. Recomiendo la entrevista que le realizó Jordi Évole en Salvados.

El móvil va con nosotros a todas partes: es más, se ha convertido en un elemento más de nuestro atuendo. Está a mano, como el Avecrem, mientras comemos, lo paseamos solos y/o acompañados. Si no debe sonar, vibra insistente llamándonos la atención. Puede que en más de una ocasión aborte un gesto cariñoso para con nuestra pareja. Puede que nos haga cortar un seductor morreo. Exclamar “¡un momento!” porque suena el móvil debe ser “capante” para él o para ella.

Cuando se está muy enganchado nos acompaña al cuarto de baño, solemos dormir con él y hay quien se despierta por la noche para mirarlo. Lo miramos minuto sí, minuto no estando con alguien. Todo lo anterior se reduce a lo que los entendidos llaman Síndrome del Chequeo o que padecemos “tecnoestrés”.

Vamos, que habría que someterse a una dieta de desenganche para soltar algunos kilos de dependencia. ¿Y eso cómo se consigue? No queda más remedio que hacer dieta. ¿Desconexión total, uso razonable pero limitado…? Indudablemente, desconectarse va ligado a circunstancias personales muy concretas.

Una dieta de móvil puede llevarse a término con ganas y algunas sugerencias que sean de utilidad para el cometido propuesto. Por ejemplo, poner el móvil en silencio y por mucha hambre que tengamos solo consultarlo pasado el tiempo que hemos marcado.

Organizarnos el sonido entrante con un tono concreto para llamadas importantes, bien de la familia o de trabajo es importante. El resto de otros posibles tonos se desprecia hasta haber cumplido el tiempo de abstinencia. Si la voluntad aun no está machacada (falta de voluntad), ignorar la llamada suele ser conflictivo pero se puede conseguir.

Podría entrar en juego el darse un premio al final del bloqueo. Lo más eficaz y efectivo para evitar el uso compulsivo sería dejarlo en casa pero dicha opción es fuerte si somos muy dependientes. Lo más drástico es apagarlo durante un tiempo determinado pero esta alternativa puede ser difícil de llevar a término.

El pajarito guasapero incita, presiona para que miremos la curiosidad de turno que acaba de entrar. La solución repito, sería desactivarlo y ponerse un tiempo concreto para activarlo de nuevo. Esto es como pasar por la pastelería y se te salen los ojos de órbita ante ese pastel que te encanta. Decir "paso" es toda una proeza.

Lo ideal sería hacer ayuno digital durante algún tiempo (horas, medio día, día entero) de todos los elementos. Pero repito que dicha adicción no es algo pasajero ni fácil de controlar. ¿Nos hemos cuestionado por la cantidad de chorradas que circulan por la red?

La información que antecede está comparada con un dieta alimentaria o, si quieren, con el hábito de fumar o de beber más de la cuenta. En cualquiera de dichas circunstancias será la voluntad la que mande. Siempre he defendido que este tipo de actividades solo se dejan de verdad por motivos sexuales (¿¡?). Traducido a un lenguaje vulgar: los machos, por cojones; y las hembras, por ovarios. Querer es poder…

PEPE CANTILLO

17 de enero de 2019

  • 17.1.19
El asunto de las nuevas tecnologías, y sobre todo el uso del teléfono móvil, está dando mucha cancha tanto para bendecir sus ventajas como para maldecir sus inconvenientes. Entramos en la dicotomía de lo supuestamente positivo frente a lo supuestamente negativo que dicen sus detractores.



Es un hecho que WhatsApp, Twitter…, con sus posibilidades de supuesta comunicación, van muy por delante de la educación-instrucción que pueda ofrecer la escuela. Esto en principio no es calificable ni de bueno ni de malo: simplemente, las nuevas tecnologías están presentes con sus posibilidades y de nosotros depende sacarles el mejor partido.

Hasta ahora solo hemos oído cuestiones negativas con respecto al uso de los móviles. Dicho aparato es muy joven pero ha crecido a velocidad de vértigo. Por desgracia, lo negativo que se pueda obtener de su uso es lo que más resalta.

Negar la realidad, a largo plazo nos traerá más problemas que ventajas. Si no puedes controlar a “tu enemigo, únete a él”. Lo de enemigo viene porque una actitud de cierre ante las TIC, sobre todo ante el móvil, solo nos traerá problemas. Imaginemos que dicho aparato es un “animalejo” que tenemos que domesticar antes de que se nos escape del control de uso y los daños puedan ser cuantiosos. Dichos daños ya están presentes.

¿El uso del móvil es bueno? ¿Malo? ¿Indiferente? A clase con el móvil: ¿sí o no? La cuestión, a priori, es más bien complicadilla. Se hace necesaria una serie de requisitos que pasan por múltiples escollos no fáciles de eliminar. Empecemos por las dificultades.

Un país como Francia ha prohibido rotundamente el móvil dentro del recinto escolar. Está claro que ante este planteamiento no hay ni posibilidad de intentar ver si el uso del mismo en clase (en algunas materias) podría dar juego, puesto que la puerta de entrada queda cerrada. Argüir la “libertad de cátedra” en este tipo de material no sería fácil por razones obvias.

Otros países se niegan a usarlo dentro de clase. En España, la voz de la familia ya se ha dejado oír con el no al uso del móvil en clase. ¿Negativa por razones claras, trabajadas y pensadas o simplemente hay que seguir a Francia? Papanatismo frente a chovinismo.

Demos un paso más para desenredar esta madeja en la medida de lo posible. Profe, dame clase con el móvil era el título de un artículo de El País de hace ya dos años. “España empieza a impulsar proyectos pedagógicos que usan los teléfonos como una herramienta más del aula”. Tales proyectos y algunos más siguen adelante.

Dicho artículo apunta varias dificultades a tal exigencia. Entresaco algunas ideas del mismo: “Hay serio riesgo de que crezca la brecha digital y aunque su uso está muy extendido, hay familias que no podrían pagarlos, sobre todo los de última generación. ¿Solución? ¿Recurrir a “ayuda pública”? El asunto pecuniario es una de las barreras que apunta el artículo para el uso del móvil en el aula. A esto habría que añadir el aumento del gasto por consumo. El asunto pecuniario es otra barrera.

No todos los centros escolares están preparados en cuanto a cableado, así como en cobertura. Sin comentario a esta dificultad. No uso el concepto “deficiencia” puesto que la adaptación de la escuela a “los nuevos tiempos” y tecnologías queda en el aire.

Hay que decir sí al uso del teléfono en clase, sin prisa pero sin pausa. Pero para la puesta en marcha del mismo no basta con decir solo "¡adelante!". Hay que preparar un proyecto, analizar los pros y los contras e introducirlo en las materias adecuadas.

Los expertos advierten de que móvil, ordenador y tabletas son herramientas a las que se le puede sacar rendimiento, usados debidamente. Aceptar dichos planteamientos didácticos “debe ser parte del Proyecto Educativo de Centro, tiene que contar con las familias, además de disponer de redes adecuadas y las condiciones de seguridad necesarias”. No basta con que un profesor quiera usar la tecnología por su cuenta, senda que se podría intentar en caso de una oposición general.

¿Están los profesores preparados para esta iniciativa? Unos sí, otros puede que no, amén de que dicho tema tiene sensatos defensores y tozudos detractores (esperemos que de momento). ¿Por qué de momento? Hacer cambios drásticos, y éste lo es, aglutina a muchas personas que, en principio, podrían negarse (oponerse) por varias cuestiones. Cierto que hay también parte del personal para los que dicha innovación es fácil.

Pregunta a dos bandas: detractores y seguidores, ¿ayudarían los móviles al rendimiento escolar? No lo sabremos si no los usamos. Tampoco podemos dilatarnos deshojando la margarita porque en este terreno lo novedoso de hoy ya es viejo.

Un planteamiento interesante: ¿Hay que prohibirlos por miedo al ciberacoso? Esta pega carece de sentido, por desgracia. Tal problema es una realidad en los jóvenes más mayores y seguirá su camino. ¿Cómo controlarlo? Complicado asunto que merece una explicación aparte, donde deben intervenir profesores y especialistas (pedagogos, psicólogos…). Dicho acoso no se incrementará ni dejará de producirse porque el móvil se utilice en clase. Es mi opinión y puedo estar muy equivocado.

Oportunismo por parte de algunas marcas. Vender o no vender más aparatos sería su excusa. Google Expeditions está detrás de estas iniciativas. Según datos consultados, la multinacional visitó una veintena de centros de España para familiarizar a docentes y alumnos con el proyecto. ¿Intereses de progreso? Esa es la careta ofrecida por fabricantes-vendedores de móviles. Samsung también apoya este tipo de proyectos. Lógico: “La pela es la pela…” y estas empresas no trabajan por amor al arte.

Un dato importante al margen de la escuela (aunque no queda lejos de ella). Un detalle que es posible que nunca nos hayamos planteado: los móviles están constantemente bombardeados para que se les instalen una serie de actualizaciones que te dicen que son necesarias para un mejor funcionamiento. ¿Cuál es la pega o el secreto-clave? Dichas instalaciones saturan pronto el telefonito, con lo que el usuario queda fuera de juego. ¿Solución? Hay que cambiar a un teléfono mejor, más moderno, con más capacidad… Bla, bla, bla.

Hay centros, expertos y profesores que creen que se puede enseñar con móviles igual que con el libro, la pizarra o una película. No se me ocurre negarlo, puesto que las facilidades y posibilidades para acceder a la información son muchas y las tenemos al alcance de la mano. Doy fe de que las películas dan resultado.

Lo mismo que es sabido y conocido que dichos aparatos, TIC en general, desarrollan toda una serie de competencias y facilitan el aprendizaje, potencian la autonomía y por supuesto el trabajo en equipo, cuestión ésta que es de vital importancia para la escuela de un futuro que empezó hace tiempo y que en nuestro país llegamos con retraso a ella, como a otras tantas cosas.

La tecnología ya ha llegado a las aulas, pero a menudo la pedagogía que se usa aún le da la espalda. Todos los soportes valen para dar a esta herramienta el mejor uso educativo, o tal vez no, dicen los detractores. La Fundación Santillana reúne en un seminario en Colombia a expertos en el sistema educativo latinoamericano.

Siete razones por las que se debe encender el móvil en clase. Titular de El País cuyo contenido cito lo más resumido posible al final de esta columna. La información es vieja y, en este terreno, aun más. Además, cierro estas líneas con dos referencias que se deben tener en cuenta. No quiero confundir a nadie. Cito la carta de un profesor uruguayo que renuncia a seguir luchando contra los móviles en clase. Derrotado, tira la toalla: “Me cansé de luchar contra móviles y WhatsApp. Me rindo”.

La siguiente cita abre otros interrogantes. En el libro Desconecta, cuya lectura recomiendo, el psicólogo Marc Masip, experto en adicciones, dice: “El móvil es la heroína de nuestra época” y para terminar de rematar el tema apunta que “España es el país europeo con más adicción adolescente a la red”. Propone una “dieta digital” para desengancharse. El tema queda abierto.

Siete razones por las que se debe encender el móvil en clase
  1. El alumno lleva toda la información encima.
  2. La clase ya no es el único lugar donde se aprende.
  3. El profesor sabe usar la tecnología como el alumno (mejor sería lo ideal).
  4. La transformación de la educación con la tecnología tiene tres patas: los recursos digitales con los que se dota al aula y a los alumnos (pizarras digitales, ordenadores), el seguimiento del profesorado y un currículo digitalizado.
  5. Los profesores ya no van a cursillos para que les enseñen a usar la tecnología.
  6. El gasto público en tecnología crece, a pesar de que baja el gasto en educación.
  7. Se ha creado la figura del “Coordinador Tec” en los centros como responsable y supervisor del uso de dicha tecnología. Hace un seguimiento del profesorado y de la adaptación del currículo.
PEPE CANTILLO

3 de enero de 2019

  • 3.1.19
No es la primera vez que hago referencia al mundo de los viejos, esas personas mayores que poco a poco van diluyéndose en un laberinto de dificultades, soledad, o bien son utilizados para apuntalar la economía de los hijos, o para cuidar de nietos.



Somos un país donde abunda la población de personas viejas. Parte de dicha población es útil y otra parte no está en condiciones físicas y/o psíquicas y termina en residencias. Más de 300.000 están viviendo en 5.000 residencias. El número es bastante crecido y los problemas que conlleva dicha situación son múltiples. Uno de ellos es la soledad.

Sugiero algunas alternativas que podríamos activar aunque suenen a perogrulladas. La soledad se amortigua y se puede casi reducir compartiendo nuestro tiempo con los demás. Cultivar las relaciones con los demás, ya sean conocidos de siempre o añadidos nuevos, es importante.

Un enemigo mortal es el aburrimiento que puede contrarrestarse estando receptivos a aprender cosas nuevas. Vivir en una residencia (“asilo”) no debe significar desaparecer. Y es muy importante forzar, hasta donde sea posible, la relación familiar. La ruptura con la familia (hijos, nietos y demás), amén de incrementar la soledad, aumenta la amargura, el desengaño y la frustración.

Recuerden que antes se les llamaba “asilo” donde dichas personas mayores (viejos) eran acogidas, bien porque estaban solas, bien porque les envolvía una situación de pobreza agobiante. La definición de asilo hace referencia a “establecimiento benéfico en que se recogen menesterosos, o se les dispensa alguna asistencia” (sic). Los susodichos asilos eran casas de caridad regentadas por monjas.

La subida de algunos escalones de bienestar, dejando algo alejada la pobreza, dio paso a las “residencias para mayores”, concepto más ostentoso donde vegetan muchas personas que o estorban en casa de los hijos o tienen algo de dinero que les permite vivir “medio independientes”. Repito que la soledad es, en la mayoría de casos, el estigma que acompaña dicho vivir hasta que la parca Átropos llegue a recogernos.

Ante tal panorama surge una iniciativa que intenta paliar, en la medida de lo posible, dicha situación. Así nació hace cuatro años el proyecto Adopta un Abuelo, programa intergeneracional de acompañamiento a la tercera edad.

Dicha oenegé nace en 2014 en Ciudad Real desde donde se extiende, poco a poco, por el resto de España. A finales de 2018, la organización estaba activa en 50 ciudades del país. La actividad del voluntariado se desarrolla en parejas. Uno de los objetivos es aprender de los conocimientos y experiencias del abuelo adoptivo.

La idea base de esta organización, según su página web, pretende conjuntar a ese abuelo o abuela, que las circunstancias los dejaron en el sillón de la soledad, con jóvenes que, al adoptar a dicho abuelo para hacerle compañía, comparten tiempo, entretenimientos y experiencia. La finalidad de “adoptar un abuelo es hacer que se sientan acompañados y queridos”, gracias a la generosidad de dichos jóvenes.

La iniciativa empezó tímidamente porque su creador no estaba seguro de si los jóvenes estarían dispuestos a regalar su tiempo. “Decidí crear una web para ver quién querría participar en la iniciativa y mi sorpresa fue que se registraron cientos de jóvenes en unas pocas horas, así que me decidí a hacer el proyecto piloto”.

El fundador del proyecto se llama Alberto Cabanes y “ha sido nombrado Global Fellow 2018, junto a otros 19 jóvenes de todo el mundo por la contribución social y el impacto mundial de sus programas de emprendimiento”. Hoy el programa se desarrolla en 50 ciudades españolas. El vídeo adjunto explica el nacimiento y parte de la actividad que realiza dicha organización.



El voluntariado con el que cuenta de momento es de 650 personas que acompañan a 325 mayores. Una de sus normas es que cada adoptado esté atendido por dos personas y es clave para la actividad el ganarse la confianza de esas personas mayores.

Rizando el rizo ¿por qué abuelo y no mayor? Políticamente, "persona mayor" quedará bien pero convendrán conmigo en que decir “abuelo” (“agüelo”) sugiere cariño, generosidad, mimos y algún que otro capricho, mientras que persona mayor es un término frío, difuso, dado que se le ha quitado la sensibilidad que envuelve al abuelo o abuela.

Insinúa cuatro razones que considera vitales en el desarrollo del programa. Valorar a los demás, responsabilidad, paciencia y aprendizaje son parte del cometido. En el proceso de adopción, estas propuestas son claves para cimentar el éxito de toda la actividad que se puede obtener con dicho intercambio.

Hasta aquí el lado bonito, regenerador, solidario, humanitario de una organización de gente joven volcada en hacer compañía, ayudar, compartir experiencias y, sobre todo, desterrar, en la medida de lo posible, la soledad de muchas personas mayores que “vegetan” en el encierro de una residencia o en el desamparo familiar.

Contrapartida. La cara negativa que más asusta de dicha situación es el “abuso” que se pueda hacer con dichas personas por parte de camuflados samaritanos cuyo objetivo es vivir a costa de ellos, sangrarlos para después dejarlos abandonados y en “pelotas”.

En la lista de oenegés con las manos manchadas de mierda hay algunas que tenían buen renombre en el mundo de la solidaridad con el prójimo, en la parcela de la ayuda a los demás. No me vale aquello de “por un gato que maté, matagatos me llamaron”. Creo que hay más basura de la que podríamos imaginar. Por cierto, el referido refrán pronto será “pecado cívico” según los puristas del contenido del lenguaje. Hablaremos del tema.

¿A qué viene esta diatriba? En este terreno de la ayuda humanitaria, hay sobrados motivos para desconfiar. Espabilados de todos los colores juegan a engañar y de paso a desplumar a personas confiadas. Recuerden el barullo que se levantó con el abuso perpetrado por algunos directivos y voluntarios varios de oenegés famosas. Rememoro una actividad que empezó como un inocente juego.

Por ejemplo la proposición “abrazos gratis” creó todo un movimiento que pretendía despertar en los demás deseos de paz, amor, afectividad…, repartiendo y recibiendo a cambio abrazos. “Un abrazo reporta felicidad” podría ser una síntesis de esta corriente.

¿Verdad que suena bonito eso de repartir cariño, felicidad, bondad? El invento prosperó. Los abrazos sembraron avenidas y plazas de grandes ciudades. Pero los humanoides (no merecen el calificativo de "humanos") tergiversaron la idea original. Y la posible felicidad emanada de tales abrazos regalados, tardó poco en convertirse en pólvora repartiendo abrazos con veneno.

¡Cómo no! Los listillos y listillas “hábiles para sacar beneficio o ventaja de cualquier situación” (sic) descubrieron un filón en ese cariñoso y gratis estrujón. Empezaron a abrazar a toda persona que pensaban que podría necesitar una sobredosis de adrenalina (“carga emocional intensa”) para transmitirles energía, paz, felicidad.

Y por la magia de la bondad nació, creció y se extendió el “timo mimoso o del abrazo” consistente en desplumar al descuido de objetos de valor a ingenuas personas. Qué mala es la soledad y qué fina la ratería de desolladores de lo ajeno.

El discurso que usan es simple e incitador: “permítame que le ayude, no se preocupe, tenga cuidado…”. ¿Altruismo en estado puro? No, tras esos arrumacos en apariencia altruistas se esconden manos largas que, jugando con la inseguridad de la “desvalida víctima”, se apoderarán de su confianza y ¡zas! se aprovechan de bolsillos ajenos.

A las referidas listas de desacatos hay que añadir una información reciente que arranca de 2016. Cito: “Así estafaban a ancianas en los Hermanos Misioneros de Vigo. Cuatro personas vinculadas a la congregación confiesan que retiraban fondos y cambiaron tres veces el testamento de una residente con demencia senil”. Sin comentarios.

PEPE CANTILLO

20 de diciembre de 2018

  • 20.12.18
Estamos a las puertas de la Navidad. Los comercios han sacado las uñas pero hábilmente protegidas para que no arañen al personal. Entramos en un periodo de siete semanas de furibundas compras que empezaron a mediados de noviembre y que concluirán en enero del próximo año. El tiempo de compras navideñas ha crecido al abrigo de nuevos ciclones comerciales y publicitarios.



Un titular de prensa avisa –o más bien recuerda– que pensemos un poco antes de tirar la casa por la ventana. “Cuidado con el consumismo: los españoles gastarán en Navidad un 26 por ciento más que los alemanes, con un 36 por ciento menos de renta...”. Está claro que cada cual gastará lo que le parezca oportuno, ¡faltaría más!

“Con los datos en la mano, España es uno de los países mas consumistas de Europa”. Los datos los ofrece un Estudio de Consumo Navideño de Deloitte, a partir de la renta media de los países analizados. Parece ser que gastaremos unos 601 euros frente a los alemanes, que gastarán unos 476 euros.

Los grandes almacenes son los favoritos en este maratón de consumo navideño que empezó con el llamado “Viernes Negro” (Black Friday) y finalizará con la fiesta de Reyes Magos (o “Magas”, en el caso de la ciudad del Turia). Supongo que el cambio de sexo viene por aquello de “renovarse o morir”. Se me hace cuesta arriba pensar que hay un deseo de derrocar la tradición de un pueblo venida de otros tiempos y mantenida hasta hace cuatro años.

El 19 de noviembre empezó la carrera de las compras y terminará el 6 de enero. Son siete semanas incitadoras a consumir en las que se juegan el tipo las empresas de ropa, de electrónica y alimentación. Regalos varios, viajes, ocio, juguetes y comida acaparan la mayor parte de gastos.

Amigos invisibles, comidas navideñas, tanto de empresa como familiares para Nochebuena y día de Navidad, “festolera” noche de fin de año, regalos de reyes para pequeños y mayores sumarán en la caja de los diversos comercios que, nunca mejor dicho, hacen su agosto en pleno invierno. "¡Más madera…!", dirían los hermanos Marx.

¿Tenemos más poder adquisitivo que en años anteriores? Posiblemente no pero hay que “vivir la vida” y un dulce no amarga a nadie. ¿Cómo pagar? Contando con préstamos que nos asaltan alegremente con la consigna de "compre hoy y ya pagará mañana…". Dichos préstamos tienen, como es natural, un alto interés bancario que, en principio, ni los miramos para que no amarguen el momento.

Pese a que los buenos regalos no son nada baratos, haremos un esfuerzo para cumplir con mayores y menores. Eso sí, son muy interesantes y atractivos por las posibilidades que ofrecen para satisfacer ilusiones, sobre todo de los pequeños.

Ofertas mil, muy sugerentes, revolotean por los distintos medios tanto escritos, hablados o virtuales. Veamos algún folleto. Tengo delante unos catálogos publicitarios (o panfletos de “carácter agresivo”) que ofrecen verdaderas gangas, según dicen. Si mienten o no, es cuestión de volver sobre el asunto pasadas las entrañables Navidades.

Por lo que puedo apreciar en dichos folletos, casi todos los grandes almacenes ofertan como gancho regalos de tecnología, como no podría ser de otra manera. La clave estará en que el consumidor sepa qué es lo que quiere regalar o regalarse. Comprar “a tontas y a locas” puede ser frustrante para ambos.

Aviso importante. La expresión “a tontas y a locas” carece de total referencia a persona alguna. Significa hacer algo “desbaratadamente, sin orden ni concierto” (sic). Dejo claro dicho significado porque aumenta a pasos de gigante, por parte de indoctos, el rechazo a un supuesto lenguaje no correcto, machista u ofensivo.

Volvamos a los regalos. Según catálogos, el importe original de los productos reseñados era de casi el doble de lo que piden en estos momentos. Los precios siempre llevan un sugerente añadido de elementos complementarios para hacer más apetitoso el ofrecimiento. Si compras “este (X) artículo” que valía 699, ahora te lo dejamos en 499 euros; además, te regalamos un determinado número de accesorios complementarios.

¿Qué regalar? Cada cual hace sus cábalas sobre qué tipo de regalos comprar para unos y otros. Marido a esposa, ésta a hijos o nietos y, por supuesto, al marido. Este año supongo que el regalo estrella para jovencitos y algún que otro mayor (no muy pasado de años) será el invasor patinete –al menos en las grandes ciudades– que lo están ofreciendo por todos los agujeros posibles. Otro elemento a tener en cuenta supongo que será el último grito en teléfono móvil o smartphone que sigue en primera línea de ataque.

Los móviles y tablets acaparan la atención y el deseo del personal, sobre todo de los jóvenes. Se han convertido en uno de los regalos estrella de las grandes ocasiones y en Navidad se multiplica el interés por ellos. La excusa viene bien y puede sustituir al trasnochado aguinaldo.

Antes de comprar un teléfono hay que hacerse dos preguntas: ¿cuánto se está dispuesto a gastar? y ¿cuáles son las necesidades? En función de éstas, y teniendo en cuenta el límite de presupuesto, se puede realizar un repaso a las mejores opciones del mercado. Internet puede ser de gran utilidad porque permitirá comparar precios y utilidades.

¿Forma de pago? Aquí el señuelo es jugoso. Puedes pagar a “tocateja” o con la tarjeta, cuyo importe no te llegará hasta el próximo mes. También te permiten aplazar el pago a 12 cuotas que incrementarán el importe total con la miseria de 9 euros. Estoy reflejando la publicidad de un centro comercial muy conocido, cuyo nombre prefiero callarme. Viene a cuento porque si damos un repaso a más publicidad de otros tantos comercios, todos ellos juegan en el mismo campo.

Como siempre pica la curiosidad y recurro a una cita del libro Vuelve el listo que todo lo sabe de Alfred López. ¿Cuál es el origen de la expresión "pagar a tocateja"? Según el diccionario, significa pagar “en dinero contante, sin dilación en el pago, con dinero en mano, en efectivo” (sic). Curiosidad sobre dicha expresión.

El origen del dicho proviene de una moneda de oro de gran tamaño acuñada por Felipe III en el siglo XVII, llamada “centén”. Debido al gran tamaño de dicha moneda no tardó en ser conocida con el nombre de “tejo”, que era como llamaba al pedazo pequeño de teja o piedra utilizado en diversos juegos infantiles de la época. Con el tiempo de tejo pasó a llamarse “teja”. Pagar a tocateja significa tocando la teja, es decir, palpando la moneda.

Y llegó un año más la Navidad. Deseo de todo corazón que cada cual pase estas fiestas lo mejor que pueda y le dejen. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo y que la suerte nos acompañe. Que la Befana (bruja buena) deje muchos regalos.

PEPE CANTILLO

6 de diciembre de 2018

  • 6.12.18
Las cuartillas de hoy están provocadas por una interrogante cargada de inquietud. Las ciudades están convirtiéndose en lugares inseguros para el personal en general. Con el tema circulatorio ha habido bastante dejadez. Parece que Tráfico y algunas autoridades empiezan a platearse soluciones. Pregunta: ¿tiene que morir alguien para solucionar este tipo de comportamientos?



El auge de los patinetes eléctricos está dando que hablar, amén de producir diversas circunstancias no deseables para la ciudadanía. En principio estamos hablando de un “intruso” más en las grandes ciudades de este país. Barcelona, Madrid, Zaragoza, Valencia... están en el punto de mira de este nuevo sistema para desplazarse por ellas.

Hablamos de un público joven, como es natural, para un tipo de cacharro tan específico como éste. ¿Qué atrae? Novedad, libertad de…, ecología, acotamiento de coches. Las razones son variopintas. Circular con el patinete puede ser cómodo y relativamente barato (mejor decir no caro).

Por otra parte, la bicicleta es utilizable en ciudades llanas y sobrecargadas de coches. Valencia, por ejemplo, es una ciudad plana y permite pedalear por cualquiera de sus calles. A fecha de hoy, la invasión es significativa. Las calles más céntricas están ya adaptadas a dicho sistema de transporte. El alcalde es “biciclitero” también.

Problemas varios saltan al escenario. Patinetes y bicis son para gente joven, las personas mayores no tenemos nada que hacer en dicho transporte. Claro que, en la ciudad, vivimos unos y otros. El transporte público es la alternativa para esos viejos que ya viven por encima de sus posibilidades físicas. Pero se hace necesario respetarse.

¿Queremos vaciar la ciudad de coches? Sí y las razones son múltiples. ¿Cómo facilitar el desplazamiento de gente mayor? Incrementando la flota de autobuses y disminuyendo las largas esperas del bus que hay que coger para ir a donde sea.

Aquí el Ayuntamiento ecologista ha “bicicleteado” aceras y carriles. Y ha disminuido flota de autobuses. Aceras maravillosas y de amplitud genial configuran las calles más céntricas. Taxis con problemas de circulación, personal mayor con limitaciones. Bicis y patinetes a su aire, sin respetar ni respetarse. Un cierto desastre se une a la inseguridad.

Ahora nos invaden los patinetes con guerra por todos los flancos. A dicha invasión hay que añadir un turismo bastante abundante que le encanta ir en bici. No clamo ni contra el turismo o las bicis, ni contra patinetes. Reclamo respeto a tres bandas, peatones incluidos.

Durante la última semana de noviembre saltó al ruedo la noticia de la muerte de una anciana de 90 años atropellada por un patinete en la rambla peatonal del Carme, en Esplugues de Llobregat (Barcelona). La señora paseaba con ayuda de un andador cuando recibió por la espalda un golpe que la tumbó de cabeza al suelo y moría pocas horas después a consecuencia de los golpes recibidos. Hasta aquí una noticia más de las que ocurren o pueden ocurrir en cualquiera de nuestras ciudades.

¿Causas del atropello? La señora circulaba por zona peatonal; el patinete parece ser que consultaba el itinerario en el móvil. ¿Resultado? Una muerte por accidente. El suceso ocurrió el 13 de agosto. ¿Alguien dijo o escribió algo sobre él? La noticia no ha saltado al ruedo de la información hasta finales de noviembre.

Otra desgracia más. El 23 de octubre, una mujer de 40 años murió también en Sabadell (Barcelona) cuando cayó a la vía pública desde su patinete y fue arrollada por un camión. Accidente en este caso que no se pudo evitar. Esta información sí que saltó al ruedo informativo en su momento.

Otros percances. Un patinete tuneado hacía su recorrido a 80 km/h. Al tunante (pícaro) o tuneador le importaba tres pepinos la gente, su objetivo era correr. “Hace dos semanas, un taxista grabó a dos jóvenes que circulaban encima de un mismo patinete a una velocidad cercana a los 80 kilómetros por hora”. Por cierto, tunear se define como “adaptar algo, especialmente un vehículo, a los gustos o intereses personales” (sic).

A todo lo dicho hay que añadir la carrera a 75 km por hora de un kamikaze por Las Ramblas de Barcelona. Dicha avenida, como es bien sabido, siempre está muy transitada por peatones y, supongo, por bicicletas.

Indudablemente, no leo toda la prensa que sale, tanto en papel como digital, pero sí que procuro estar informado desde cualquiera de las cuatro esquinas de la información. Curiosidad por aquello de que opinar de memoria no vale porque carecería de fundamentos. Los españoles somos muy dados a opinar sin conocimiento de causa.

Como bien dice otro digital, el problema empieza a preocupar en grandes ciudades como Madrid, Valencia y Zaragoza. Callemos de momento y cuando ya el revuelo pueda saltar muy alterado, empezamos a dar información.

¿Quién o quiénes se esconden detrás de este nuevo medio de transporte individual que, de la noche a la mañana, ha invadido algunas grandes ciudades, a velocidad superior a 30 km/h y a veces a más? Intuyo que por intereses muy interesados de las distintas marcas que han ido colonizando la Península, era mejor no alarmar; intuyo que crear zozobra en el personal no sería rentable para los fabricantes de dichos aparatejos.

Adjunto datos de algunas de las marcas que están en activo en este momento en diversas ciudades. En Madrid, Lime se enfrentaba esta semana a problemas con el Ayuntamiento.
  • Lime: 1 euro desbloquearlo. 0,15 céntimos el minuto.
  • Wind: 1 euro desbloquearlo. 0,15 céntimos el minuto.
  • VOI: 1 euro desbloquearlo. 0,15 céntimos el minuto.
  • Eskai: desbloquearlo es gratis, 0,15 céntimos el minuto.
  • Bird: 1 euro desbloquearlo, 0,15 céntimos el minuto.
  • MyGO: 1 euro desbloquearlo (tres primeros minutos gratis), 0,15 céntimos al minutos. 3 euros gratis al registrarse.
Como broche final dejo un enlace que puede darnos algunas ideas: “El hombre que inunda tu acera de patinetes: Las ciudades no entienden de qué va esto”. El tema da para más puesto que no ha hecho nada más que empezar y las dificultades afloran a velocidad de más de 30 km./h.

PEPE CANTILLO

22 de noviembre de 2018

  • 22.11.18
Hace ya más de una década que se empezaron a plantear campañas (institucionales o privadas) clamando por la erradicación de la violencia sexista. A fecha de hoy parece que no hemos conseguido nada: el mal no desaparece y la violencia está ahí; incluso se tiene la sensación de que ha aumentado en los últimos tiempos.



En lo que llevamos de año, las muertes por violencia machista están próximas al medio centenar según distintas fuentes. Casi medio centenar de mujeres asesinadas no es ni mucho ni poco. Una sola víctima que hubiera ya es una barbaridad.

Sin miedo a equivocarme, creo que las muertes aumentan desde el instante en que la mujer va consiguiendo desprenderse del dominio del macho; desde el momento en que exige mayores cotas de libertad; desde el preciso instante en que es capaz de resistir frente al agresor y oponerse a la arbitrariedad y caprichos de la pareja. Desde el instante en que se atreve a denunciarlo y la ley reconoce, de facto, dicho sometimiento amparándola del agresor, aunque penosamente se quede corta.

Para desgracia de víctimas y gozo de sicarios, el tema no desaparece. Es más, la violencia en general –en la calle, en el deporte, en la escuela...–, parece que aumenta. Al menos, esa es la percepción que se tiene ante una serie de hechos lamentables.

Y en el saco hay que meter a las adolescentes que sufren atosigamiento, amenazas e incluso chantaje por parte de su supuesto “amor”. Si en la relación entre adolescentes ellos y ellas, que juegan a ser mayores y hacen sus pinitos de pareja, se les encadena con el mito del amor, es que algo no funciona.

El posible agresor cacarea ante los amigotes su ligue. A la enamorada le dice “porque te quiero solo para mí, te vigilo, no te dejo ni a sol ni a sombra. Eres mía. ¿Lo entiendes?”. Dicha posesión le lleva al más vil chantaje, puesto que nadie es de nadie.



El vídeo que adjunto es ya viejo, no así su mensaje, que no tiene caducidad. Desgloso brevemente parte de los mensajes que encierra. Una vez mostrados toda una serie de atropellos, en este caso del macho a la hembra, ¡cómo no!, brota la línea del sentido común entre iguales y abre frente, con la contundente advertencia “quítate la venda”. Si te maltrata, no te calles ante la agresividad verbal, física o sexual. Sé realista y recházalo.

¡Quítate la venda! Eso no es amor ¿Qué es el amor? Es felicidad, complacientes miradas, seguridad y estabilidad emocional; confianza y respeto mutuo; entrega desinteresada entre dos personas que se quieren; libertad absoluta para ser una misma. Es una aventura entre dos personas que quieren vivir juntas mientras dure el amor.

Pregunta obligada. ¿Hay más muertes por violencia sexista que antes? Posiblemente sí. Las razones son bastante simples. Aventuro algunas explicaciones. En el caso de la mujer, que es la machacada, en otro tiempo soportaba por “el qué dirán”, por “vergüenza ajena”, situaciones de sometimiento y humillación que una sociedad machista toleraba. ¿Denunciar maltratos? ¿Cuántas veces hemos oído decir que “si le pega el marido será por algo…”? El comentario ya es maligno. La clave está en denunciar, no en tragar.

Socialmente hay que tener muy claro que si el sexismo se aprende, la igualdad también y, por tanto, se trata de desterrar, a la mayor brevedad, dichos comportamientos sexistas porque somos iguales tanto hombres como mujeres y con las mismas obligaciones y los mismos derechos.

El sexismo es la “discriminación de las personas por razón de sexo” (sic). Esta injusticia, mantenida a lo largo del tiempo, perdura, mal que nos pese, en nuestra sociedad. Se trata de reeducarnos desde la familia, la escuela, la sociedad con la ayuda de las leyes. Cambiar no es fácil pero es necesario por higiene mental.

La alternativa es educarnos en la igualdad entendida como “principio que reconoce la equiparación de todos los ciudadanos en derechos y obligaciones” (sic) y dicha meta está al alcance de todos nosotros. Dejo un vídeo que puede aclararnos los nubarrones que a veces obstruyen nuestro comportamiento en la relación hombre-mujer. Ya está bien de tanta nefasta violencia.



Los síntomas externos de esta violencia son el control de la pareja hasta conseguir aislarla del resto de amistades a la par que se le inocula un fuerte sentimiento de culpa seguido de un continuado chantaje para lo que previamente se le han “robado” fotos comprometedoras y, desde ese trampolín, el acosador inocula en su víctima un fuerte sentimiento de culpa mientras que la va engatusando sibilinamente.

El acoso y el dominio están servidos. Humillaciones, insultos, intimidación constante hacen que, a la más mínima contrariedad, salte la chispa de la bronca que terminará en violencia física, amén de sexual y adornada de un reproche maligno: “es que me sacas de mis casillas, me desafías”.

Hago una referencia al origen de la fecha-recordatorio del maléfico cáncer en el que seguimos inmersos desde tiempos remotos. Dato histórico para situarnos: en la República Dominicana, el 25 de noviembre de 1960 son asesinadas las hermanas Mirabal por orden del dictador Rafael Leónidas Trujillo. A partir de 1981, esta fecha nos recordará cada año que la violencia contra la mujer es una lacra denigrante. Será en Latinoamérica donde se inicie este movimiento que en 1999 será asumido por la ONU.

La agresividad que subyace en toda esta sinrazón no es biológica, es cultural y no es un acto de locura pasajera. Cuando se habla de "agresores" suelen ir los tiros contra hombres que arrastran secuelas y restos de una educación en desigualdad y patrones de dominio del macho sobre la hembra. Pero los jóvenes también entran en este fatídico y luctuoso terreno.

El dominio suele ser en principio emocional y, poco a poco, deriva a verbal, físico y sexual. Justificará su conducta haciéndole creer que le provoca y que se comporta así porque la quiere. La realidad es que acapara y controla.

Todo ese comportamiento es una manifestación de dominio, de celos, humillación, intimidación, insultos constantes que hacen que, a la mínima contrariedad, salte la chispa de la pelea que terminará, en el peor de los casos, en una violencia mortal.

Existe una violencia, un dominio cotidiano que no salta a los medios de comunicación. Es el dominio que el hombre-marido ejerce en el seno familiar en el cual la mujer vive a diario atemorizada, dominada y anulada. Dicha situación aparece narrada de forma magistral en la película Te doy mis ojos.



Quiero finalizar con unas notas de esperanza ¿Qué pasa si pones a un niño frente a una niña y le pides que la maltrate? “Dale una bofetada”. El vídeo es interesante para tomar conciencia, ya desde pequeños, de que la violencia no es salida para nada y está barnizado de la magia de la inocencia.



Empecemos desde abajo educando a esas inocentes personillas que mañana serán adultas. No les dejemos dudas sobre el respeto, el cariño, la amabilidad debida entre niñas y niños. Son personillas maravillosas. Cuidemos de todos ellos.

PEPE CANTILLO

8 de noviembre de 2018

  • 8.11.18
A finales del pasado mes de julio, el profesor Marina dejaba un interesante artículo apuntando algunos de los males que nos han azotado a lo largo de la historia y que, para desgracia de todos, siguen dando latigazos sin misericordia. El título del mismo, ¡Es el poder, estúpido!, ya apretaba los grilletes de nuestra ingenuidad o de nuestra ineptitud.



Los problemas que sobrevuelan nuestras cabezas, como ávidos buitres a la búsqueda de carnaza, son ya de por sí escalofriantes y duros de roer. Y si a ello añadimos una mísera sobredosis de egoísmo, el plato está servido.

Si queremos conseguir mejores cotas de cultura y bienestar, como personas dotadas de inteligencia que se supone que somos, se hace necesario liberarnos de cinco muros que actúan como una rémora contra todos nosotros e impiden poder alcanzar un mundo algo mejor, menos humillante para una gran mayoría de personas. Pensar y desear la Utopía se hace necesario.

Cito literalmente: “las sociedades han avanzado mejor cuando se han liberado de la pobreza, la ignorancia, el dogmatismo, el miedo al poderoso y el odio al vecino”. Son cinco impedimentos que difícilmente hemos podido superar –y menos, desterrar– en el recorrido vital que ha hecho la Humanidad a lo largo de muchos siglos.

Desde tiempos inmemoriales venimos pleiteando con estas barreras. Inseparable de la “pobreza”, sea extrema o no y como consecuencia del hambre, cabalga la “ignorancia” que nos hunde más en la miseria física y psíquica; el “dogmatismo” ahoga todo lo que se le pone por delante defendiendo que está en posesión de la verdad; el “miedo al poderoso” atenaza el obrar y nos sumerge en un profundo hoyo desde el que es casi imposible emerger y el “odio” al prójimo (vecino, cercano o lejano) ofusca las pocas luces que podamos tener.

Paso a desarrollar algunos de estos obstáculos. La pobreza está enquistada en nuestro vivir (malvivir). A lo largo de siglos, que suman muchos años, la lucha por un trozo de pan para sobrevivir ha sido y sigue siendo todo un problema. Según datos oficiales, “el hambre en el mundo aumenta por tercer año y alcanza a 821 millones de personas”.

Un pequeño matiz. El sobrepeso, aunque parezca una contradicción, está relacionado con la pobreza. Razón: “es mucho más barato comprar comida basura que alimentos saludables”. Qué exagerado… el problema está en África y en parte de Asia, pero no entre nosotros. Falso de entrada.

Aparentemente en España no hay pobreza. Según las estadísticas, tanto la pobreza como el sobrepeso (gordura) han aumentado considerablemente en nuestro entorno. Estar rollizos no significa alimentarse bien. Agravantes: hamburguesas y demás sacian y engordan, amén de que hay tendencia a recortar en comida (saludable) para poder gastar en otras cosas más apetitosas (divertidas). La distopía vino para quedarse.

Paradoja maldita: el número de ricos parece ser que se ha incrementado en los últimos años en nuestro país. Según lenguas sensibles y bien informadas, en España el número de millonarios ha aumentado hasta el punto de ser el séptimo país de Europa con más ricos-ricos. “En total hay 224.200 con una fortuna global que ronda la friolera de 565.700 millones de euros”, según datos publicados por El Mundo. ¡Qué bien…!

La sima entre pobres y ricos es cada vez más grande y profunda y, más pronto que tarde, desestabilizará a los países. La meta, por dignidad humana y por propia supervivencia, es sacar de la miseria a tantos millones de pobres para que la brecha no termine por ser insalvable y hundirnos a todos en la catástrofe.

Hay que dejar muy claro que pobreza e ignorancia están íntimamente emparentadas. Me atrevería a decir que son hermanas gemelas. Hago una salvedad que considero esencial. No por ser más rico se es más sabio o más inteligente (más avispado puede que sí). Sin embargo, la pobreza impide las pocas posibilidades de culturizarnos.

Con la barriga vacía no se puede pensar, por eso la pobreza es antídoto contra la razón, contra la posibilidad de acceder a otros estadios más elevados y eso lo tiene claro quien domina: líderes de todos los colores, publicidad, púlpitos, sectas, televisiones… Nos piensan y así nos controlan mejor.

La ignorancia es cada día más profunda y desde que Internet lo tenemos a un toque de tecla está aumentando. "Imposible", puede que piense algún lector, dado que los medios ofrecen un amplio campo de datos, de información útil para aprender (consultar no es aprender). Ejemplos de ello tenemos hasta entre gente supuestamente cultivada.

La ignorancia bulle a nuestro alrededor a pasos de gigante. De dicho aumento ya se encargan determinados y concretos medios de desinformación para que no podamos ganar cotas de conocimiento, de criterio propio. Información manipulada.

Para los creyentes en dichos medios, tanto si soplan contra el enemigo como en defensa del amigo, lo que dicen va a misa. Expresión que uso no porque sean católicos sino porque su palabra es incuestionable y sus seguidores papanatas convencidos, sin ellos saberlo. O puede que sí lo sepan.

El miedo al poderoso ahoga cualquiera de las posibilidades que permitan prosperar en un entorno mínimamente acogedor. ¿Quién o quiénes son los poderosos? Sin duda, el rico que citábamos antes y el consumismo que desde la publicidad nos cuelan por todos las rendijas. Vivimos en un tipo de sociedad que nos vende la felicidad a precio de saldo creándonos necesidades sin las que posiblemente se podría vivir.

El odio al vecino y al diferente crece a un ritmo vertiginoso. Matizo por separado ambos frentes. El diferente es el emigrado que viene de otras tierras, “reside fuera de su patria por motivos políticos, económicos o sociales” (sic). Incluso me atrevería a sugerir que puede ser incitado y forzado a migrar por motivos políticos impuestos por el poderoso.

Y, cómo no, cuando en la televisión quieren venderte el gato del sarcasmo burlesco por la liebre de la libertad de expresión, máxime si se convierte en un desprecio categórico a valores comunitarios, sembramos odio a voleo, por divertimento. En este caso estamos ante una seria metedura de gamba. ¿Pensamiento de derechas? Sentido común.

Hago referencia al moqueo de la bandera estatal, que no es la franquista. Los escudos que portan no son los mismos. Mucho “curto” (¿culto?) las confunde o se empeña en confundirlas. ¿Ignorancia o mala intención? Ambas cosas.

Por cierto, la tela (tejido hecho en el telar) de una bandera no es un trapo (“pedazo de tela desechado” (sic). El trapo no tiene ningún valor o no sirve para nada. ¿Moqueamos la republicana, la blanquiverde…? Sería un grave error y ya hemos cometido muchos.

Debería quedarnos claro que una red de fanáticos no dejará crecer la libertad pero sí la ahogará aun más. Una red de ignorantes no hará progresar el conocimiento y la cultura. Una red de aprovechados nos empobrecerá más cada día que pasa.

Dogmatismo… En un principio, dicho concepto era y aun sigue siéndolo aplicado a los dogmas de fe religiosos. A día de hoy tiene distintas connotaciones, principalmente peyorativas, y es de uso muy extendido fuera de los diferentes ámbitos específicos en los que se ha desarrollado conceptualmente.

Los dogmas son verdades reveladas por un dios (origen) o por un líder supuestamente carismático que se parte la crisma por tu bienestar (eso dicen). Conclusión obvia: el dogmatismo se reduce a asumir unos principios, una doctrina o ideología sin admitir cuestionamiento alguno en contra.

Está presente en la religión y en la política. Ésta última cada vez más cortocircuitada por intereses de dominio, tanto en la derecha como en la izquierda. ¿Razón de tal disloque? Sus supuestos líderes no quieren que pienses. Ya lo hacen ellos por ti, a la par que van inoculando el llamado "pensamiento único". A partir de ahí se consigue el dominio de un descarado y sumiso borreguismo, que es la “actitud de quien, sin criterio propio, se deja llevar por las opiniones ajenas” (sic).

Son tantos los problemas que nos acosan o nos rodean que resulta difícil enfrentarse a determinadas situaciones. Algunos de dichos agobios no están al alcance de nuestras manos, al igual que la posible solución para deshacernos de ellos; otros quizás sí, pero ¿realmente queremos soluciones? ¿O hacemos como el avestruz, que metemos la cabeza bajo el ala diciendo "¡ay, ay, ay, ay…!" y pare usted de contar?

PEPE CANTILLO

25 de octubre de 2018

  • 25.10.18
Estas líneas vienen motivadas por una afirmación-pensamiento que, siendo generalizado en parte de la población de este país nuestro de cada día, no son totalmente ciertas. Es posible que el problema resida en una innegable actitud de desdén (repulsa) subyacente en el rumiar colectivo.



Esta cuña creo que muestra parte de la ignorancia o de la manipulación interesada que nos predican o, quizás también, de la inquina que podemos rezumar por doquier e, incluso, de un odio sedimentado a lo largo del tiempo que surge con frecuencia a bocanadas.

En un acto relacionado con el mundo de los valores, alguien indica taxativamente que “la mayoría de los llamados valores existentes en nuestro entorno son fiel reflejo del pensamiento católico que nos sigue dominando”. Puede que en parte sí. No se borran de un plumazo siglos y siglos pero, en conjunto, no es válida dicha afirmación.

Que sean un reflejo de toda una tradición dentro del cristianismo no se puede negar rotundamente. Que dicho pensamiento nos sigue domeñando, ya no está tan claro. Me quedé algo descolocado y aun sigo dándole vueltas a tal bufido.

De quien es corto de vista decimos que la miopía le impide distinguir con claridad los objetos y su contorno. En la referencia citada creo que existe algo de cataratas mentales. Puedo estar de acuerdo con parte del origen de la afirmación. Deniego la coletilla final de la misma porque dicho dominio cada día (si existe) es más débil.

Que los valores entre los que nos movemos están relacionados en su origen con el sentir del catolicismo es una aseveración que no podemos obviar, pero sí que es cuestionable afirmar que dicha religión nos sigue dominando.

También hay mucha gente que es agnóstica, arreligiosa o atea y lo demuestra con la coherencia de su obrar y pensar. Gente que mantiene un razonamiento crítico ante dicha religión o ante cualquier otra que se le ponga delante. Dicho personal es consecuente en el pensar y en el actuar y no suele actuar de Atila contra las religiones.

Si quien hace dicha afirmación mide tal dominio porque hay gente que acude a la iglesia para el oficio dominical, para una boda, para un entierro… Podríamos añadir algún otro evento a los ya citados pero ello no confirma el dominio de los católicos.

Pega miope que se suele emplear. Ya está bien de semanas santas, de comuniones, de fiestas patronales, de… Si somos mínimamente de mollera abierta, razón para no caer en un raquítico y frustrante fanatismo, ha llegado la hora de ser respetuosos con todas las tradiciones que pueda mantener cada comunidad religiosa con la que podamos convivir en un mundo cada vez más globalizado.

Ni todos somos iguales de altos, ni de generosos o educados y menos, inteligentes por igual. El género humano es muy variado y en dicha variedad entra lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, la honradez o la maldad. Podríamos seguir dando pinceladas.

Me alucina bastante que, por aquello de ser transigentes, mucho personal defienda el derecho de otras religiones a celebrar sus ritos y denigran o condenan o lo que es más grave, atacan a otras religiones, en este caso a la católica. Quizás aquí tenga sentido el dicho “o todos moros o todos cristianos”.

La frase alude a la necesidad de medir a todos por el mismo rasero, es decir que se apliquen las mismas reglas para todos. Últimamente hay algunos ejemplos, desde el poder, de un cínico favoritismo a determinada fe que sin embargo niegan el pan y la sal para otras creencias. Referencia tenemos en algunos cargos políticos.

Las tradiciones de un pueblo, de una comunidad, no se logra cambiarlas de un día para otro. Tampoco se pueden suprimir o cambiar por decreto ley puesto que ello encenderá el fuego y avivará el rechazo. Hemos pasado de una sociedad obligadamente creyente a otra más tolerante y abierta. Problema de tiempo.

Creo que el pueblo manda poco, porque es verdad que elegimos representantes que prometieron el “oro y el moro” y luego “hacen de su capa un sayo”, es decir, lo contrario de lo prometido según sus conveniencias y sin rendir cuentas a los demás. Digamos que ese es el timo del “tocomocho” de algunas democracias, incluida la nuestra.

Culturilla aclaratoria. “Prometer el oro y el moro” proviene de 1420, cuando algunos caballeros jerezanos piden un rescate por unos moros hechos prisioneros, entre ellos, el alcaide de Ronda que es liberado una vez ha pagado –no así su sobrino Hamet–. El asunto llega hasta el rey Juan II y el sobrino es trasladado a la corte. A partir de ese momento corre por Andalucía el rumor de que el rey quería quedarse “con el oro y (con) el moro”.

Demos un repasillo breve a algunos valores para delimitar sus fronteras alejadas y/o paralelas con cualquier religión, incluida la católica. Lo que no se puede evitar es la coincidencia en muchos de dichos valores, pero eso no significa que nos domine el pensar y el sentir del catolicismo.

¿El sentido y la práctica de la amistad es religioso? Por lo poco que sé de historia creo que en el mundo greco-romano (parte de nuestra cultura proviene de ellos, además de monumentos o ruinas de lo que fueron), la amistad y otros valores más, tenían un lugar preeminente entre ellos.

Decía Séneca que “la amistad siempre es provechosa; el amor a veces hiere”. Con anterioridad, Aristóteles dice que “el amigo de todo el mundo no es un amigo”. Añado el no menos cierto pensamiento de Epicteto de Frigia, filosofo greco-latino: “El infortunio pone a prueba a los amigos y descubre a los enemigos”. ¿Tal vez eran católicos? Creo que no.

La libertad nos encamina hacia la verdad, la justicia y la responsabilidad, la amistad, la generosidad, el amor en el sentido más amplio y profundo de dicho valor. Hay muchos más y cada cual dará prioridad a los valores que cree son básicos para vivir en sociedad.

Un repaso a los Derechos Humanos podría abrir un poco esa mente que con frecuencia mantenemos medio cerrada o, lo que es peor, prisionera de las falacias que nos enredan. Dichos derechos recogen muchos de los valores tanto del cristianismo como de otras corrientes de pensamiento, por ejemplo, de la Ilustración, que de católica no tiene nada.

Ahora, cuando no estamos de acuerdo con determinada información que hace referencia a mi partido, a mi “pensar (si es que pienso)” rápidamente la tachamos de bulo, “noticia falsa propalada con algún fin” (sic). Cada cual que saque punta al lápiz como le parezca, dado que según la dirección del viento de la noticia, la tacharé de verdad (me favorece) o de bulo (mentira, porque no me favorece).

¿A dónde quiero ir? Simplemente defiendo la libertad de pensar y obrar aceptando que cada cual debe ser consecuente con sus actos públicos y privados. La Ilustración hizo que saltáramos más allá de la religión y adoptáramos el libre pensamiento. El salto fue tan grande como pasar de la oscuridad a la luz.

La Ilustración surge en Europa como movimiento renovador en el más amplio sentido. Hablamos de una renovación intelectual, cultural, ideológica y política. Su momento culmen será en el siglo XVIII. El llamado “Siglo de las Luces” supone un cambio radical en la Europa del momento. Hablamos de la luz de la razón (no de lámparas led) para llegar al libre pensamiento.

Los impulsores de dicho cambio son intelectuales de gran prestigio, filósofos la mayoría de ellos como Diderot, Locke, Montesquieu, Rousseau, D’Alembert (matemático), Adam Smith (economista) y otros muchos. Luchan por la extensión del conocimiento para erradicar la ignorancia.

Dato sumamente importante: todos ellos pugnan por el establecimiento de un Gobierno elegido por el pueblo, es decir, democrático, frente al absolutismo opresor. El pueblo vota. Las urnas mandan. Nuestras circunstancias actuales son bastante confusas en el día a día siempre bajo un viento solano que sopla frío en invierno y caliente en verano.

PEPE CANTILLO
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

11 de octubre de 2018

  • 11.10.18
Relato una experiencia personal, por fortuna positiva para mí y a continuación completo el panorama con otros tantos ejemplos, que por desgracia abundan a nuestro alrededor y no suelen dejar buen sabor de boca en los afectados. Hace dos sábados, un coche se detiene detrás del mío, que acabo de aparcar. Estamos en un centro comercial. Desde dicho coche requieren mi atención. Educadamente me acerco a la ventanilla del copiloto que está abierta, para poder hablar con el conductor. Hasta aquí todo está dentro de la normalidad.



El conductor pide disculpas por la molestia y me cuenta que va de camino al aeropuerto de Barcelona para volver a su país. Entiendo que se ha despistado en el empalme a la autovía. Casualmente, dicho enlace está cerca de donde nos encontramos.

Por descontado, no me permite explicarle por dónde tiene que retornar y empieza su monserga. Le atiendo. Educación ante todo. Intento indicarle la dirección pero insinúa con un gesto que la conoce. Desconcierto mío.

Quiere regalarme, por mi amabilidad, unas prendas caras de Giorgio Armani y dice venir de un encuentro comercial celebrado en la ciudad. Le han salido las cosas bien y se muestra generoso. Las explicaciones que me va dando, sin que yo abra la boca, no me cuadran para nada pero me callo por cortesía. ¡Paciencia, Pepe!

Del asiento trasero saca una bolsa grandota. "Tenga", me dice. "Dentro de la bolsa hay dos prendas que le encantarán", añade. Declino el ofrecimiento y me insiste, nervioso, que soy algo desagradecido. "Solo educado, si no le importa". En realidad aquí debería terminar el negocio. Por lo que sigue, deduzco que ahora es cuando se inicia la venta-truco.

A continuación quiere enseñarme otra bolsa con ropa que me gustará más. Eso sí, tendré que pagarle por ella. Insiste. Le ratifico que no quiero nada, lo que bloquea este segundo intento. Lo he chafado. En realidad, aquí termina el mercadeo.

La negación es rotunda y me marcho camino del comercio al que tengo que acercarme. Masculla algunos improperios en italiano que me obligan a volver la cabeza y cortarle el rosario de groserías e impertinencias.

Sigo mi camino mirando de reojo como si buscara a alguien. Por descontado no entro al comercio y retorno a mi coche desde donde le veo venir de nuevo. ¿Precaución? Salgo y aun me sigue. Conocer el terreno me permite librarme de la pesadilla.

¿Ropa de Armani? Desde un principio he tenido clara noción de que aquello no estaba nada claro. Al negarme al regalo le estoy cerrando la puerta para darme el timo con la anunciada segunda bolsa. No voy de listo pero sí de desconfiado. El engaño completo sigue en la información que adjunto de otro caso que también fue un fracaso aunque la curiosidad llevó al sujeto requerido hasta el final.

Resumiendo. Panorama físico: son las cuatro de una tarde calurosa, el aparcamiento no está muy lleno de vehículos, el calor hace que nadie ronde por la explanada. La soledad es propicia para este tipo de faenas.

Primer mosqueo. No he oído nada sobre dicho evento aunque no es importante puesto que no soy comercial de ningún sector. Segundo mosqueo. El aeropuerto del Prat está a unos 330 kilómetros desde Valencia y por la autopista AP-7 se va bastante rápido. Todo eso suponiendo que iba a El Prat y que fuera italiano, que lo dudo. Fin de la entrevista.

Cada vez me queda más claro que hay gato encerrado. Primero, porque nadie regala nada por arte de birlibirloque y, menos, supuesta ropa de marca cara. Segundo y más importante: el cabreo del sujeto está fuera de juego. Tercero, los improperios son absolutamente inadecuados.

Busco en la página de la Policía a ver si hay algo en referencia a una cuestión similar o igual a la descrita. No hay nada. Sigo la búsqueda y topo con una carta clavadita a mi encuentro solamente que, en ese caso, el supuesto timado fue más lejos que yo, dándole coba al timador. Dejo a la curiosidad la reseña de este caso.

El timo de las chaquetas de Armani parece ser que viene del 2006. La táctica siempre es la misma por lo que he podido cotejar con el relato de 2011 encontrado en 20 Minutos. En algún momento he tratado el tema de los chanchullos que recorren nuestro honrado mundo (¿!?). Abundan los “enredos que circulan entre nosotros para conseguir beneficios a costa de la confianza, ignorancia e incluso avaricia” (sic) de sujetos vivales.

Los tramposos carecen de escrúpulos a la hora de engañar a posibles personas inocentes. En algunos casos, los supuestos simplones tampoco tienen reparos en aprovecharse de un farsante aparentemente tonto o con pinta de alelado.

El trasfondo de todo este entramado es abusar del otro, bien como embaucador o como supuesto embaucado. El sablazo se entiende como “acto de sacar dinero a alguien pidiéndoselo, por lo general, con habilidad o insistencia y sin intención de devolverlo” (sic). Este tipo de acciones van en contra de la más elemental honestidad. Total, eso de la honestidad está pasado de moda… (¿!?).

Timar se define como “quitar o hurtar con engaño” o “engañar a alguien con promesas o esperanzas” (sic). Esta segunda acepción es mucho más elegante y más selecta que la anterior. El estafador juega con la confianza y la fe del supuesto o posible mentecato que, por lo general, cae en el cepo. Ejemplos tenemos bastantes, por desgracia.

El fraude consiste en una “acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete” (sic). La segunda definición también viene a pelo pues se entiende como “acto tendente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros” (sic). En el siguiente ejemplo, aun calentito, entran las dos definiciones.

El último grito en fraude salta en Sevilla. La noticia es de El País. “La Policía detiene a 37 personas por un fraude de más de tres millones en contratos de formación. Los arrestados pertenecientes a la cadena de peluquerías Low Cost, obtuvieron de forma ilegal bonificaciones y beneficios de la Seguridad Social. El fraude asciende a más de tres millones de euros con contratos de formación falsos”.

Otra estafilla reciente a la Seguridad Social se produce en las provincias de Málaga y Granada no ingresando la cuota de los seguros sociales ya detraída a los operarios. Bien es cierto que este tipo de sablazo es muy frecuente, hasta cae en él algún que otro personajillo.

Otro caso de timo al consumidor se está dando con facturas falsas de Endesa notificadas por Internet. Es la Policía la que alerta. “Los ciberdelincuentes están mandando emails diciendo que ha habido un cobro de más y piden el número de tarjeta de los afectados para solventarlo...”. La cita proviene en este caso de El Huffington Post.

El espejismo del dinero fácil está detrás de las estafas piramidales clásicas. El anzuelo siempre será el dinero. La avaricia juega un papel importante junto con la necesidad para tapar algún agujero. ¿A quién le amarga un dulce? Esta red de engaño atrapa a bastantes pajaritos. El famoso caso de TelexFree engatusó a 50.000 españoli(s)tos.

Una curiosidad. Ya en el siglo XIX, la hija del escritor Mariano José de Larra, periodista ella, “se cree que llegó a recaudar 22 millones de reales y se calcula en 5.000 el número de afectados” de los que sacó beneficios. Se le conoce como el fraude piramidal más popular del siglo XIX.



Modernamente, el timo popular más famoso y conocido es el de “la estampita”, que fue escenificado en una película por un magnifico actor, Toni Leblanc. ¿Se acuerdan de esta peli? Lina Morgan también hizo otra cinta de estafas.

Actualmente está muy de moda el timo del secuestro exprés, renació el de la estampita y el tocomocho, o quizás nunca se fueron. En síntesis, pululan gran cantidad de engaños que amargan a las víctimas como es natural. A veces dicho sablazo despierta la avaricia del sableado y ello le hace caer en la trampa. Otras veces, la víctima es víctima en el más amplio sentido de la palabra.

PEPE CANTILLO

27 de septiembre de 2018

  • 27.9.18
Según algunas mentes optimistas y de acentuada fe cívica, parece ser que a partir de ahora “tendremos menos corrupción como consecuencia de nuestros más higiénicos estándares morales” (dixit). Esta información apareció el pasado 19 de abril en El Confidencial Digital con el título El rearme moral de España. La antedicha frase la tomo literalmente del citado artículo y me da pie para hacer algunas observaciones.



Quisiera pensar que dicha afirmación está cargada de ironía y es un zarpazo certero a la conciencia de todos nosotros, tanto ciudadanos de a pie como cargos (cargas) políticos. Por lo que deduzco del citado artículo, nuestra percepción de la corrupción está muy a flor de piel.

“Es decir, que en España posiblemente haya más percepción de corrupción que los niveles reales”. Quisiera ser optimista y ver la botella casi llena, pero algo me dice que no. Una serie de datos y circunstancias hacen ver dicha botella prácticamente vacía. El tema de los títulos entre ellos.

Por más que leo y releo no acabo de captar dicho trasfondo. Leo lo que leo y lo tomo en su real y verdadero sentido. Es verdad que todo el revuelo que se ha levantado con el asunto tesis y másteres nos tiene sublevados a una buena parte de la población, pero… es lo que hay. El escándalo está servido, jaleado y ya casi olvidado.

Dicha sublevación es como una tormenta de verano que en breves minutos nos inunda dejando un regusto amargo en el ambiente como consecuencia de los destrozos. Pasados unos días nuestra memoria se diluirá y “a otra cosa mariposa”.

Realmente me alegraría que tales afirmaciones fueran verdad y que por fin entraran aires nuevos, constructivos y creadores de un cambio social en el más amplio sentido de la palabra. Pero por un carril van las ilusiones y por el otro la dura realidad.

Había altas esperanzas de que el Gobierno que se constituyese, como resultante de la moción de censura, nos abriera las puertas a una regeneración. Gobierno que todos teníamos claro era y es de paso a unas elecciones generales. Esperanzas abortadas. De momento, tenemos un presidente que los españoles no han elegido en las urnas.

Quede claro que la clase política (tropa política) es un reflejo fiel de nuestra sociedad. A la frase podemos darle la vuelta sin temor a meter la pata. Si lo prefieren, cabría decir que nuestra sociedad actúa a imitación de sus políticos. Tanto monta.

¿Se puede dar la vuelta a la tortilla hasta tal punto de que nuestro comportamiento moral haya cambiado para “mejor” de la noche a la mañana? No creo. Siguen floreciendo por doquier cardos borriqueros coronados de flores purpúreas y hojas espinosas.

El personal ya está habituado a toda una gama de pasos falsos desde los distintos gobiernos que supuestamente nos pastorean. Chanchullos, enchufes, prebendas, puertas giratorias… Hay tanto charrán suelto que oímos las charranadas como quien oye llover y decimos para nuestros adentros: "¡Ya escampará!".

Los enchufes, en lugar de disminuir, parece que aumentan a pesar de que ha subido la electricidad. Disculpen que juegue con las palabras electricidad y enchufe. Incluso las llamadas puertas giratorias funcionan y no chirrían tanto o nos hacemos el longuis a la espera de un cambio que sea real y no virtual.

Pero no nos engañemos. La razón de que no chirríen dichas puertas, no es porque estén engrasadas (que no lo están), sino porque hay una sordera intencionada con dicho tema, amén de un aumento desproporcionado de enchufes y nepotismo.

Vuelvo al tema de la “titulitis” que en un corto espacio de tiempo ha engordado. El Diccionario de la Real Academia Española ofrece cada día una palabra que a veces es poco conocida y suele picar la curiosidad de quienes lo solemos consultar. La del viernes pasado era “remediavagos”. Es desconocida pero ilustrativa por su contenido.

Ofrece dos acepciones que vienen a dedo y que se complementan: “procedimiento destinado a hacer algo con el mínimo de esfuerzo”; y “libro o manual que resume una materia en poco espacio, para facilitar su estudio” (sic).

¿Razón de esta cita? Podemos aludir a tesis doctorales y trabajos de másteres, entre otros. ¿Quién pierde en circunstancias de este tipo? Primero, la Universidad seguida del profesorado y, desde luego, los alumnos que estudian en dichos centros universitarios. ¿Dónde quedaron “…nuestros más higiénicos estándares morales” si es que alguna vez existieron?

En la Edad Media y hasta no hace mucho, pertenecer a la llamada "aristocracia" era privilegio de unos pocos y, como es natural, la envidia un deseo de unos muchos. Había quien coleccionada títulos nobiliarios, independiente de que tuviera cultura o fuera un iletrado total.

Actualmente, el coleccionismo que el personal desea poseer para alardear ante el público camina por otros derroteros. También hablamos de títulos pero en este caso académicos, sean de universidades reconocidas o de quioscos no oficiales que despiertan dudas en el personal. Dicha titulitis parece que proporciona caché de “distinción y elegancia” a los poseedores, aunque en algunos casos no garantice los conocimientos.

Recuerdo, con algo de mala intención, que los títulos se pueden comprar y coleccionar para mostrarlos en el momento oportuno alardeando siempre ante una autoridad de relevancia y apabullando al inculto, al paleto por ser “poco educado y de modales y gustos poco refinados” (sic).

Cortinas de humo nos cercan por doquier. Vamos de decreto en decreto mientras cultos políticos se ensalzan, por causa de tales títulos, en una bronca atorrante (desvergonzada) en la que el mensaje subliminal es la afirmación de que son los mejores para remodelar el país. Dicho mensaje influye en la conducta de cada una de las partes implicadas.

¿No será que con tanto cacareo de méritos por parte de los medios de comunicación, a favor o en contra, estamos jugando al escondite para no prestar atención a problemas de más calado e interés por la gravedad que puedan tener? Las noticias fluyen desesperadas y como la memoria suele ser corta, a los pocos días nos hemos olvidado de todo.

Como si hubiera eco en el escenario público, se sigue cacareando alrededor de méritos académicos, de títulos que pueden inflar un currículo como si dichas credenciales o certificados fueran de vital importancia.

El trasfondo de toda esta ansia, deseo o necesidad de meritar es más grave de lo que aparenta. Parece ser que hay bastantes baches en la consecución de tales méritos por parte de sujetos (ellos y ellas) para inflar el globo de la “meritocracia”. Puntualicemos.

El filósofo Umberto Eco dejó claro en su libro Cómo se hace una tesis la importancia de dicho trabajo, cuya aportación debe ser original, novedosa y relevante. En Europa “el plagio se considera corrupción”. Han dimitido (han sido dimitidos) dos cargos importantes. ¿Eran culpables y no podían estar en el Gobierno? ¡Fabuloso! Pero tal dimisión queda capada a priori puesto que, cuando se hace la selección, ya se debería conocer con qué méritos y capacidades cuenta cada posible candidato, salvo que queramos engañar a quien nos propone para el cargo.

O, mejor, para poner en un ministerio a fulano o mengana los méritos más importantes deberían ser su idoneidad y su capacidad personal para el puesto. Caso contrario, todo el tinglado huele a amiguismo. Las puertas giratorias con frecuencia carecen de cristales transparentes por lo que es imposible ver quién las traspasa. Duda impertinente: ¿queda alguien por dimitir? La puerta está abierta. Debe estarlo.

El mes de septiembre ha entrado arrasando la poca fe que nos quedaba para aceptar a una “caterva” de cargos públicos. Quisiera ser optimista y darle la razón al presidente cuando dice que “España da un paso al frente histórico. Hoy nuestra democracia es mejor”. Lo siento, pero la duda se impregna de incertidumbre y recelo. ¿En referencia a qué?

PEPE CANTILLO

13 de septiembre de 2018

  • 13.9.18
Inicio estas líneas con unos breves brochazos aclaratorios sobre determinados errores lingüísticos que van apareciendo con un intencionado uso del lenguaje. Feminizar el habla no hará que seamos más respetuosos con las personas, sean hombres o mujeres. Usar términos políticamente correctos tampoco, puesto que la realidad es la que es.



A “lo que es, existe o puede existir” según el diccionario de la Academia, se le llama "ente", es decir que tiene entidad. Si dicho concepto lo usamos como sufijo (-ente) es un participio activo que de ninguna manera permite “-enta”, por ejemplo “influyenta”, por más que se empeñen tozudas reformistas.

Podemos decir que una persona (hombre o mujer) es valiente pero no “valienta”. Al afirmar de una persona que es ignorante (no "ignoranta") nos referirnos a alguien “que ignora o desconoce algo” e incluso “que carece de cultura o conocimientos” (sic). ¿Esa es la justificación que podemos dar a “portavozas” como último cromo?

Jugar con el lenguaje solo conduce a que enredemos el campo léxico más de lo que ya está y, de paso, confundamos al personal, que puede pensar que si una persona “culta” e importante utiliza las palabras “miembra”, “jóvena”, “portavoza” es porque sabe lo que dice y hace. Me alejo un poco en la referencia para evitar un marcaje innecesario.

Quienes se empeñan en usar e incluir palabras con calzador para que aparezcan en género femenino están haciendo un flaco favor al personal. Quiero pensar que dichos modificantes o “modificantas” solo muestran, en el mejor de los casos, un lapsus mental, o lo que es más grave, pretenden enredar “a troche y moche” porque hay que pasar de un “patriarcalismo” a un “matriarcalismo" total. No creo que dicho enredo sea motivado por una falta de cultura.

Un pequeño toque de culturilla. ¿De dónde viene la expresión a troche y moche? Parece ser que su origen está relacionado con los leñadores cuando talaban “a tajo hecho”, es decir sin pensar qué arboles talar y cuáles no. Ya ven, estamos ante una vieja expresión que se salta la ecología a la torera.

Si se dispara desde el poder y con la complicidad de la prensa, la justificación podría ser una sutil triquiñuela para que el personal deje de pensar en los múltiples problemas que nos cercan y piense en otras cosas, por ejemplo en las “musarañas” y así no interfiere en cuestiones más importantes o más graves. Por cierto, la musaraña es un pequeñísimo mamífero parecido a los ratones y que suele encontrarse en el campo.

Cuando la balanza se escora a un lado en detrimento del otro, viene el desequilibrio haciendo tanto o más daño que antes al usar un lenguaje supuestamente confuso, poco diferenciador en cuanto al género de las palabras.

Desde un supuesto igualitarismo saltamos a otra planta donde al sufrido ciudadano se le confunde aún más, ya que no recibe la ayuda de una Ariadna capaz de proporcionarle un hilo salvador que le permita salir del laberinto, previa muerte del Minotauro. ¡Pobre Teseo! Cuenta el mito que Ariadna, enamorada de Teseo, lo salva de una muerte segura pues, aunque matar al Minotauro no le costaría nada, sí que tendría graves problemas para poder salir del laberinto.

Con feminizar un quintal de palabras o todo el diccionario, no conseguiremos, por desgracia, poner en valor el más elemental respeto a los demás. En esta carrera por borrar palabras políticamente incorrectas surge una confusión grotesca. ¡Ojo! Un desliz involuntario podría hacernos decir “confusionismo”, concepto que no tiene nada que ver con confusión.

En este juego por cubrir realidades cambiando vocablos, abundan las personas tontas, fatuas, que piensan que si revisten una palabra han conseguido cambiar la realidad. Burda mentira. Lo único seguro es que desvían el foco de nuestra atención fuera de los problemas acuciantes.

Descendamos a ejemplos concretos abarcando dicha inclusión a la que sumaremos el lenguaje políticamente correcto. Ofrezco algunas muestras que empiezan a revolotear como impertinentes y dañinos mosquitos pero que, en muchos de los casos, son reales y, en otros, ni existen en el catálogo de voces del diccionario oficial.

Desde dicha corrección política nos venden que hay que desechar palabras humillantes como "maricón", "negro", "moro", "ciego", "gitano"… y en su lugar usar "gay", "personas de color", "subsahariano", "invidente", "discapacitado", "zíngaro". ¿Hemos conseguido cambiar la realidad que subyace en dichos nombres? Creo que no. A propósito, si no está bien decir ciego, la ONCE tendrá que cambiar sus siglas.

Es cierto que algunas palabras se pueden forrar con un léxico lleno de respeto y bondad. "Homosexual", por ejemplo, ha perdido la dureza original. La llamada “corrección política” es un camelo para predicar desde la tribuna politiquera que nos adiestra para mantener una doble realidad: lo que decimos en público y lo que pensamos en privado.

Estudiante ("estudianta") se dice para masculino y femenino; paciente igual, residente va por el mismo sendero, periodista no tiene palabra diferente. Y un largo chorreo. En estos casos será el artículo “el o la” el que matice la diferencia para ambos géneros.

Así podríamos continuar con muchas voces que comparten género para masculino y femenino. Quiero recordar que son las palabras las que tienen género masculino o femenino. Cuando encaja una palabra en femenino es cuestión de cambiarla. Recientemente, "jueza" y "fiscala" han sido situadas en su lugar como femenino de "juez".

Las palabras "pacienta", "residenta", "diferenta", " periodisto", "gilipollo", "estudianta" y otras muchas más no entran en el juego, simple y llanamente porque no existen por más que nos empeñemos en darles entidad.

Aunque no estaría mal que, por ejemplo, con el conjunto de el cargo público que “tiene carácter electivo o de confianza” y hace referencia a dignidad en masculino o femenino, pudiéramos decir “cargas públicas” (resuena a peso, a gravamen) usando, cómo no, la feminización para nombrar a sus señorías.

Si señoría la masculinizamos (no es igual "señoría" que "señorío") lo único que hacemos es cambiar de significado la palabra que se pretende masculinizar. "Señorío" hace referencia al “territorio perteneciente al señor/señora” (sic). "Señoría" es el “tratamiento que se le da a jueces o parlamentarios. Olvidaba que no se trata de masculinizar la lengua sino de feminizarla siempre que ello sea posible. El diccionario tiene muchos agujeros aun.

Me asombra que personas supuestamente cultas, incluidos periodistas y “periodistos” se lancen al agua estancada de un lenguaje inclusivo que previamente no ha sido acotado y remozado. Topamos con lacayos que se empecinan en dar vida a palabras de momento incorrectas.

De la invasión de anglicismos (no tiene nada que ver con "anglicanismo") ¿para qué hablar? En una lucha por un supuesto lenguaje políticamente correcto, día sí y día no nos están introduciendo palabros en inglés que parece suena mejor que los originales del español. ¿Ganas de lucirse? ¿Esnobismo? Por supuesto, también se usan palabras de otros rincones del mapamundi.

Aduzco dos ejemplos que son muy significativos. “Escrache” es una voz argentina y los políticos la usan porque suena más elegante y fina que "acoso". Acosar es “apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos” (sic). ¿A que queda más fino "escrache"? Lo mismo ocurre con la palabra italiana “sorpasso” que suena mejor que sobrepasar, adelantar a alguien. También puede ser una forma de marcarse faroles.

El mal uso de la lengua se hace por motivos ideológicos cargados de ignorancia. Con un lenguaje “inclusista”, término que tampoco existe de momento, salvo que lo saquemos de la inclusa y entonces será un expósito. "Inclusivo" o "inclusiva" sí que tienen capacidad para incluir como consta por su significado.

Termino. El empoderamiento de la mujer no se conseguirá jugando al “veo, veo” con los vocablos ni con la paridad en los ministerios o en las juntas directivas de empresas. Dicha igualdad es algo más importante y profundo que un encalar la fachada y desde luego no se trata de un “sorpasso” (no se refiere a una monja “sor passo”) como si participáramos en la vuelta ciclista a Francia. Hay que empoderar a la mujer. ¿Verdad que dicho así suena algo mal?

PEPE CANTILLO


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