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25 de noviembre de 2017

  • 25.11.17
Sí, sí: todos queremos todo. Todos queremos ser ricos, muy ricos, inmensamente ricos. Todos queremos tener una mansión de mil metros cuadrados, con suelos de mármol de Carrara, lámparas de cristal de Murano, algún que otro picasso colgando de las paredes y catorce baños, como mínimo.



Todos queremos ser tan guapos y famosos como George Clooney o tan guapas y famosas como Julia Roberts. Todos queremos tener una isla paradisíaca en el Pacífico Sur, con playas de altas palmeras, de arenas finísimas y aguas turquesas y cristalinas. Todos queremos tener un Lamborghini modelo Huracán para asistir a las fiestas nocturnas en las que asistiremos como invitados de honor.

Claro, entre los múltiples deseos que acumulamos, también queremos tener a nuestra disposición un harén con, al menos, setenta y dos huríes que dancen a nuestro alrededor mientras degustamos vinos Château d’Yquem, que nos hayan traído directamente en vuelos particulares, al tiempo que se van despojando de los sutiles velos que las cubren. (Todavía no se sabe si las mujeres sueñan con harenes femeninos en los que hermosos efebos desnudos les agasajan con las últimas joyas salidas de las marcas Dior o Yves Saint Laurent. Esto, por ahora, se está estudiando, a la espera de alcanzar rigurosas conclusiones).

Sí, sí, todos queremos todo. Esto ya es indudable, pues, en investigaciones de laboratorio, se ha comprobado científicamente que somos una especie insaciable, una especie que ansía poseer todo lo que se encuentra a su alrededor, dado que la evolución nos ha colocado en la cima de las que pueblan el planeta Tierra y sobre las que reinamos sin miramientos.

Y, claro, no nos basta con aspirar a un trabajo, a una vivienda y a un sueldo digno con el que podamos desenvolvernos por la vida. No, no, eso de ningún modo forma parte de los sueños de gente que lo quiere todo. Quizás, sea la aspiración de los mediocres, de los inseguros, de los vulgares, de los débiles, de que van por la vida con el fracaso colgado dentro de una mochila que portan a sus espaldas…

“Todos queremos todo”. Magnífica frase que ya tenemos que considerarla como un axioma, tan clara y evidente como la Ley de la Gravitación Universal. Definitivamente e irremediablemente es así.

Y es que, según se nos dice, en los laboratorios que analizan los comportamientos humanos e investigan en los recovecos más profundos de los cerebros y las mentes humanas han llegado a la conclusión que el fin último del homo sapiens no es alcanzar la felicidad ni cosas por el estilo, sino saciar los íntimos impulsos que nos incitan a tenerlo todo y quererlo ahora mismo.

Pero no solo los laboratorios más prestigiosos han dado con el sentido de la vida, y por el que tantos filósofos se han quebrado la sesera, sino que también empresas y multinacionales de la electrónica y la informática han confirmado, definitivamente, que el quererlo todo es el fin último de los ciudadanos del siglo veintiuno… Veámoslo, pues, con un claro ejemplo.

MediaMarkt, la multinacional alemana que hace un par de años nos encandiló con su campaña “Yo no soy tonto”, y que pudimos leer como artículo en este medio, ha decido contarnos la verdad. Y la verdad definitiva es que “Todos queremos todo”. Y esta buena nueva la lanza jubilosamente a los cuatro vientos en su nueva campaña de promoción con cuatro spots distintos, pero con la misma idea central, para que dócilmente acudamos a cualquiera de sus tiendas con el fin de que nos llevemos todo lo que queramos.



¿A que sí? ¿A que es tranquilizador saber que el ser humano lo quiere todo por naturaleza y que, además, eso es totalmente normal? ¿A que es magnífico no tener ni el más remoto sentimiento de culpa, sino que, por el contrario, hay que sentirse orgulloso de quererlo todo? ¡Y no me digan que no es estupendo que MediaMarkt nos invite a sus tiendas a llevarnos todo lo que veamos y a no conformarnos con menos…!

¡Qué maravilla! ¡Qué placer tan inmenso saber que nos podemos olvidar de tantos problemas que nos aquejan y de los cuales no sabemos cómo desprendernos! ¡Qué idea tan genial han tenido los publicistas de esta campaña al ser capaces de sintetizar en una breve frase todo un pensamiento digno de Descartes, el mismo que apuntó eso de ‘Pienso, luego existo’! ¡Genial, genial, geni…!

¡Un momento! Eso de “Todos queremos todo” yo ya lo había escuchado antes… ¿Quién cantaba eso? ¡Ah, sí! ¡Ya está! Claro, fue Freddy Mercury el líder del grupo Queen quien nos repetía insistentemente I want it all (Lo quiero todo y lo quiero ahora). Vaya, vaya, ya tenemos otra vez a los publicistas saboteando canciones emblemáticas y poniéndolas al servicio de las multinacionales.

¡Vaya chasco! ¡Vaya fraude! No sé ahora qué diría el brillante e histriónico Freddy Mercury si supiera que su tema I want it all de su tercer elepé The Miracle se metamorfosea y, de canción con tintes rebeldes, pasa a ser un vulgar jingle publicitario que sirve para promocionar el consumismo más voraz.

Años atrás: juventud rebelde, insatisfecha y generosa; hoy: narcisistas y dóciles consumistas que sueñan con la última tecnología que sale de Apple. ¿Es así el cambio que nos vende MediaMarkt? Para salir de dudas, veamos algunos fragmentos de lo que cantaba Freddy Mercury con su intensa y potente voz en I want it all:

“Lo quiero todo, lo quiero todo, lo quiero todo y ahora / Aventurero en una calle vacía, merodeador de callejones, caminando de puntillas / Un joven luchador que grita, sin tiempo para dudar, ya que con el dolor y el miedo no ve la salida / Dadme tan solo lo que es mío, no es mucho pedir, a decir verdad / Brindo por el futuro de los sueños de los jóvenes / No entiendo por qué vivir una mentira, así que lo vivo todo / Sí, lo vivo todo y lo doy todo”.

¡Inaudito cambio: transformar la rabia, la insatisfacción y los sueños apasionados de la juventud, que se desprenden de la canción de Queen, en la “filosofía de voracidad y del consumismo” que predica MediaMarkt a los jóvenes (y no tan jóvenes) del nuevo milenio!

Ya lo sabemos: la salvación se encuentra en acudir en los coches a los nuevos templos del consumo, gozar contemplando las estanterías repletas de múltiples marcas que nos hipnotizan, formar largas colas con los ansiados productos que llevamos en el carrito, pagar con las tarjetas de crédito y salir con amplia y satisfecha sonrisa por haber sido tan sagaces de no perdernos esas magníficas ocasiones que continuamente nos ofrece la multinacional alemana.

¡Así, pues, no perdamos tiempo y acudamos prestos a la llamada de MediaMarkt, y, sobre todo, no olvidemos el lema que anuncia la nueva era: “Todos queremos todo”!

AURELIANO SÁINZ


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