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1 de octubre de 2017

  • 1.10.17
La Sala Verde de los Teatros del Canal de Madrid acoge hasta el próximo 22 de octubre Sensible, la adaptación teatral que Juan Carlos Rubio ha hecho de la popular novela de Constance de Salm (Nantes, 1767 - París, 1845), una de las damas indiscutibles de las Letras francesas. De la mano de Kiti Mánver y Chevi Muraday, el dramaturgo montillano ofrece al espectador un espectáculo multidisciplinar, en el que la música, la danza y la interpretación se funden y se superponen para sumergirse en el abanico de obsesiones y afectos del alma, magistralmente trazados por la novelista gala.



El argumento de Sensible gira en torno a una mujer madura y acomodada, que pasa por todas las etapas del calvario al descubrir, a la salida de la ópera, la traición de su joven amante, que sube al coche con otra mujer. Despechada, se sumerge en una espiral de desenfreno, intentando recuperar la atención de su enamorado.

"Lo primero que me interesó de esta novela fue que estuviera escrita por una mujer. Y a comienzos del siglo XIX. ¿Una mujer escribiendo en aquel entonces? Claro que, si somos realistas, bien entrado el siglo XXI, la presencia de las autoras en los escenarios sigue siendo insuficiente", explica Juan Carlos Rubio, quien reconoce que él mismo, a lo largo de su carrera como director, siempre ha trabajado con textos escritos por hombres.

"Con 'Sensible' encontré la posibilidad de corregir ese error. Y digo error porque la inmensa gama de emociones, sueños, frustraciones, obsesiones, ironía, dolor y humor que nos regala la protagonista de nuestro espectáculo teatral solo podía surgir de la mente de otra mujer, Constance de Salm".

El trabajo escenográfico diseñado por Curt Allen introduce al espectador en la mente de una mujer que espera con obsesión la llegada de su joven amante, al tiempo que un admirador despechado observa furtivamente todo lo que se desarrolla entre esas paredes.

A lo largo de 24 horas ese espacio, conceptual y onírico, va girando sobre sí mismo, ofreciendo diversos ángulos al espectador y descubriendo diversas utilidades insospechadas, como un reloj en el que las manecillas fueran marcando los diferentes estados emocionales de los dos protagonistas.



La iluminación creada por Juanjo Llorens hace hincapié en los claroscuros de la pasión y los estrechos límites que se desdibujan entre el amor y la obsesión. El paso del tiempo, del devastador tiempo, arrasa con las ilusiones de la protagonista, Constance, y de su frustrado admirador, Alfred. La atmósfera, la claridad momentánea y la sombra creciente potencian esa sensación de angustia y, en algunos momentos, de liberación.

El vestuario de María Luisa Engel sitúa al espectador en la época y el lugar exacto en que transcurre la historia: el Nueva York de finales de los años cincuenta. Constance, una sofisticada pintora de la alta sociedad neoyorquina, viste como corresponde a su posición, con elegancia y un toque de elegante atrevimiento, siempre en pos de potenciar la belleza que le puede hacer más deseable a los ojos de su joven amante. Alfred, su invisible y obsesiva sombra, vestirá de traje y corbata, impoluto, impecable.

Julio Awad ha compuesto una inquietante música original para el espectáculo, una banda sonora imprescindible para que Chevi Muraday, en el papel de Alfred, pueda transitar y dar cuerpo a los diferentes estados emocionales que asolan a los protagonistas. Sensible es un espectáculo de los sentidos, y por ello, también el singular espacio sonoro de Sandra Vicente va construyendo y aportando la nota necesaria en este viaje en el que la palabra no es la única protagonista.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: SERGIO PARRA




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