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26 de noviembre de 2016

  • 26.11.16
No te echo de menos: echo de menos mis ganas de tocarte. Eso es lo que me gustaría decirle. Siempre me han maravillado esas personas que se perdieron en mi historia y un día, de repente, salen a flote en la superficie de mi presente, como si de un Guadiana cualquiera se tratara.



Y hoy me ha sucedido uno de esos casos. Fran me ha escrito y no le he contestado. No lo he hecho por despecho... Es que no sabía qué decirle. ¿Qué se le puede decir a un hombre que después de haberse perdido contigo en tus sábanas, durante días, desaparece?

No pude entenderlo, por más que lo pensé y repensé. Sólo me quedó aceptarlo. Una semana buscándome como un lobo, aspirando mi aroma, paseándonos por la locura de la atracción que nace de las tripas... Me dejó en plena adicción de su piel; se esfumó en el punto más álgido de la pasión.

Lo confundí con un ángel –como el "angelo" napolitano de la canción Una notte a Napoli– que me llevaba a un cielo superior cada día. Me dejé llevar por esa ceguera que da el ansia de posesión de piel ajena, y cuando ya casi tocaba el sol, me soltó en pleno vuelo.

Dice Joaquín que tardó en olvidarla 500 noches y 19 días. En el día brilla la luz de la distracción, pero la noche se llena de recuerdos con el roce de las sábanas. Sé que no era amor, era algo más fuerte, más animal, más irracional. Era un enganche en toda regla. Me soltó, y se fue. Y yo me quedé como una niña a la que le quitan su juguete favorito.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ


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