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9 de octubre de 2016

  • 9.10.16
Dentro de los diseños de las portadas de los discos hay un enfoque que ha permanecido (y resistido) a lo largo del tiempo. Me estoy refiriendo a aquel que se basa en fotografías en blanco y negro, técnica que se lleva a cabo por fotógrafos que tienen un claro reconocimiento dentro de este ámbito.



Bien es cierto que, en un mundo saturados de imágenes, acudir a las de blanco y negro conlleva dos significados: por un lado, apuntar hacia la sobriedad y belleza que proporciona la denominada gama acromática, es decir, el contraste provocado por las tonalidades blanca, negra y gris; también, hacia ciertas connotaciones que remiten al pasado, puesto que el nacimiento de la fotografía a color relegó a un segundo plano las que se basaban en la escala acromática.

No obstante, dentro de los grandes nombres del campo de la fotografía y del diseño gráfico pervive esta técnica, especialmente, cuando se quiere transmitir ciertas connotaciones estéticas que no se alcanzan cuando se emplean las imágenes a todo color. Esto es lo que buscan los autores de algunas portadas de discos, especialmente cuando son para cantantes, dado que en las de los grupos se suelen utilizar variedades cromáticas.

Para que veamos este tipo de diseño de carátulas, me remitiré a cuatro grandes artistas, que, naciendo musicalmente en las décadas de los sesenta o setenta del siglo pasado, aún siguen en activo, lo que es reflejo de la fuerza de voluntad que tienen para seguir creativamente vivos. Me estoy refiriendo a Paul Simon, Patti Smith, Bruce Springteen y Peter Gabriel.

Por otro lado, los cuatro discos que he seleccionado para comentarlos pertenecen a sus comienzos; no obstante, y a pesar de nacer en sus inicios, podemos encuadrarlos dentro de las grandes obras del rock, dado que perviven de modo imborrable en la memoria de los aficionados.



El 20 de noviembre de este año actuará de nuevo Paul Simon en Madrid. No sería la primera vez que lo haga en nuestro país, puesto que mantengo como grato recuerdo la actuación que llevó a cabo, tiempo atrás, en el estadio del Málaga, junto a la inolvidable Miriam Makeba, Ladysmith Black Mambazo o Hugh Masakela.

Cuando venga a la capital de España, Paul Simon habrá cumplido 75 años, por lo que nos podemos imaginar la larga trayectoria que ha cubierto desde que grabó en 1964 su primer disco con quien fuera con su compañero, Art Garfunkel, en sus inicios. Ambos dejarían obras inolvidables como aquella maravilla titulada Puentes sobre aguas turbulentas, que, paradójicamente, sería el último que grabarían juntos.

Pero no solo fue el elepé citado el que habría que recordar de Simon & Garfunkel, dado que dos años antes, es decir en 1968, había visto la luz Bookends, disco que estuvo siete semanas en el número uno de las listas estadounidenses.

Quizás sea ‘Mrs. Robinson’ el tema más conocido de los doce que componían el disco, aunque conviene apuntar que la canción había formado parte de la película El graduado, por lo que ya se le conocía por la edición de la banda sonora.

Para el diseño de la portada de Bookends, la compañía CBS, en la que grababa el dúo, acudió a Jim Marshall, fotógrafo muy versado en el mundo de los grandes nombres del rock, dado que se le deben instantáneas de los Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan, Jimi Hendrix, Janis Joplin, o Jim Morrison, por citar algunas de las grandes estrellas.

De todas las fotografías obtenidas por Jim Marshall en las sesiones de estudio, finalmente se aceptó aquella de Paul Simon y Art Garfunkel que aparecen en un primer plano y mirando a la cámara.

El primero de ambos se muestra más cercano al virtual espectador. Rostros juveniles y, sin embargo, serios, concentrados y estáticos. Solo la mano izquierda de Art Garfunkel rompe levemente esa rigidez al llevársela al oído izquierdo. El contraste entre la luminosidad de los rostros y el negro de los jerséis de cuello de cisne, que se llevaban por entonces, es intenso, dado que la parte inferior del cuadro se configura como una gran mancha oscura.



Todos los grandes comentaristas parecen estar de acuerdo que Horses, el primer disco que Patti Smith publicara en 1975, se encuentra entre las leyendas del rock, aunque, hablando con propiedad, habría que decir dentro de la música ‘punk’, ya que la cantante de Chicago fue la primera en adentrarse en las brumas rebeldes y desgarradas que marcaban Ramones, en su país, y Sex Pistols y The Clash, en el Reino Unido.

El paso del tiempo no ha hecho sino aumentar el valor de ese primer elepé de Patti Smith. Así, la revista Rolling Stones lo coloca en el número 44 de los mejores 500 álbumes de la historia del rock y la española Rockdelux en el número 15 de los 200 mejores discos de larga duración.

“Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”, así comienza el primer verso con el que arrancan los nueve temas que conforman este gran disco. Y es grande no solo desde el punto de vista musical, sino por la propia portada que se convirtió en un auténtico icono cuando el disco vio la luz y que se ha mantenido a lo largo de los años.

No en vano el autor de la portada fue de Robert Mapplethorpe, pareja por entonces de la cantante y uno de los grandes fotógrafos estadounidenses, de vida un tanto breve, ya que falleció a los 42 años a causa del sida.

En la fotografía vemos a una andrógina Patti Smith, tomada en plano medio largo y con cierto contrapicado, ya que su mirada seria se dirige al espectador de arriba hacia abajo. El blanco impoluto de su camisa contrasta con el negro intenso de su pelo y el de la chaqueta que, echada al hombro, es sostenida por su mano izquierda, que parece juntarse con la derecha en el pecho.

Han transcurrido 41 años desde que Horses viera la luz. Todavía hoy, la Smith, a sus 69 años, sigue sobre los escenarios. No es de extrañar que la hayamos podido ver en nuestro país, días 7 y 8 de julio de este año, en Barcelona y Madrid, como parte de ese circuito de las numerosas actuaciones que tiene programadas.



Otro infatigable de la escena del rock es Bruce Springteen, del que recientemente se ha publicado una autobiografía y de la que se ha destacado sus años depresivos a partir de haber cumplido los sesenta. También las grandes estrellas del rock sufren los mismos problemas que el resto de los mortales, por lo que, en ocasiones, deben enfrentarse a conflictos emocionales que tienen que superar para continuar adelante.

Todos sabemos de la larga trayectoria del bardo de Nueva Jersey, por lo que me centraré en uno de sus grandes álbumes, Born to Run, cuya portada seguía el diseño que estamos comentando. Apareció en el mismo año que el disco Horses de Patti Smith, es decir, en 1975. Pero no solo nos encontramos ante otro de los grandes discos del rock, sino que también su portada, realizada a base de una fotografía en blanco y negro, acabaría convirtiéndose en una de las más populares del cantante.

Antes de que viera la luz, el sello Columbia le encargó al fotógrafo Eric Meola una instantánea que representara el espíritu que transmitían temas como ‘Born to Run’ o ‘Thunder Road’. Para lograr la imagen que reflejara el espíritu rebelde de Bruce Springteen, Eric Meola tuvo que tomar nada más y nada menos que 900 retratos en una agotadora sesión de tres horas. Fueron tantas que dieron lugar a la publicación de un libro Born to Run: The Unseen Photos.

De este modo, vemos que la imagen de Springteen, dentro del formato cuadrado, ocupa algo más de la mitad de la superficie en el lado izquierdo de la portada. Se muestra de perfil, sonriente, con pelo ensortijado y barba, al tiempo que se apoya en la espalda de Clarence Clemons, saxofonista recientemente fallecido y miembro de la E Street Band, grupo que le ha acompañado a lo largo del tiempo.

El impacto de la portada de Born to Run en sus seguidores fue tan alto, que ambos, Springteen y Clemons, simulaban la pose de la portada durante unos segundos al finalizar la última de las canciones de las actuaciones, mientras se apagaban las luces del escenario. Y como suele suceder a las imágenes que se convierten en iconos visuales, fue imitada posteriormente por otros grupos como homenaje a este gran disco.



Cerramos este breve recorrido por las portadas en blanco y negro con otra magnífica realizada por el diseñador británico Peter Saville para el disco So de Peter Gabriel, álbum que vería la luz en 1986.

Recordemos que Peter Gabriel fue uno de los fundadores de Genesis, grupo británico de rock progresivo creado en 1967. En el grupo permanecería hasta 1975, cuando optó por continuar su carrera en solitario, tras la grabación del su sexto elepé The Lamb Lies Down on Broadway. La también salida del guitarrista Steve Hackett dio lugar a que Genesis virara hacia un pop-rock sin grandes pretensiones, aunque sobrevivió hasta 1999, año en el que el grupo decidió separarse definitivamente.

Por su parte, Peter Gabriel comenzó su producción en solitario en 1977 con la edición de Peter Gabriel I, al que continuarían otros tres con la denominación de su nombre seguido de II, III y IV, hasta que en el año de 1986 grabó el que, según la mayoría de los críticos, sería el mejor de toda su carrera: So, ya que entre los ocho temas que lo completaban se encontraban ‘Red rain’, ‘Don´t give up’ o ‘Big time’, magníficas canciones, inolvidables para sus seguidores.

La portada de Peter Saville, diseñador de otras para los grupos Joe Division y New Order, se inscribe en la línea de la fotografía en blanco y negro. En la misma, encontramos el rostro de un joven Peter Gabriel con encuadre de primer plano y un leve contrapicado, para acentuar esa mirada perdida que parece esquivar la del virtual espectador.

A semejanza de la que Jim Marshall realizara para la carátula de Bookends, la mitad inferior del cuadro es de un negro intenso, que contrasta con el intenso blanco del fondo, con lo que la silueta del cantante se recorta nítidamente.

Para cerrar esta séptima entrega dedicada a grandes discos, quisiera apuntar que la estética del diseño de portadas a partir de fotografías en blanco y negro parece que ha sido un tanto abandonada, pues hay que remitirse a décadas pasadas para encontrar algunas tan espléndidas como son las cuatro comentadas, ya que acabaron por convertirse en auténticos iconos visuales del rock.

AURELIANO SÁINZ


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