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2 de octubre de 2018

  • 2.10.18
La muerte de Lucano, una de las obras de gran formato más espectaculares de José Santiago Garnelo y Alda, ofrece desde ayer una imagen hasta ahora desconocida para el espectador contemporáneo gracias a la intensa restauración desarrollada en los talleres del Museo Nacional del Prado. Tras seis meses de trabajo, el equipo dirigido por Lucía Martínez ha logrado redescubrir algunos detalles que permanecían escondidos en este enorme lienzo concebido por el que fuera subdirector de la principal pinacoteca de España entre 1915 y 1918.



Durante los próximos dos meses, esta obra, que obtuvo la segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1887, permanecerá expuesta en la sala 61 del edificio Villanueva del Museo del Prado antes de su regreso al Museo Garnelo de Montilla, donde se encontraba en depósito desde el 10 de julio de 2009, cuando se hizo efectivo su traslado desde el Instituto de Educación Secundaria (IES) Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera.

"Estamos aquí para presentar una pintura que, una vez restaurada, regresará al lugar donde debe estar y donde mejor va a estar: la ciudad de Montilla y su Museo Garnelo", explicó Andrés Úbeda, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo Nacional del Prado, durante la presentación de la restauración de La muerte de Lucano, una actuación que se ha desarrollado gracias a la aportación económica del Ayuntamiento de Montilla.

De esta forma, no será hasta diciembre cuando esta obra de José Garnelo y Alda regrese al museo que lleva su nombre en Montilla, "un proyecto nacido con el objetivo de recuperar la obra de este gran artista y pedagogo", tal y como señaló el alcalde, Rafael Llamas, quien defendió la necesidad de acometer esta restauración "por el valor y la importancia de esta obra dentro de la trayectoria del artista montillano".

La muerte de Lucano es la segunda obra de Garnelo y Alda que ha sido restaurada en el Museo Nacional del Prado. Así, tal y como recordó ayer el jefe del Área de Conservación de Pintura del Siglo XIX del Prado, Javier Barón, en 2015 se actuó sobre la obra Jesús, Manantial de Amor, que tuvo consideración de Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1901, y que fue cedida al Museo Garnelo por un plazo de cinco años.

En este segundo caso, la restauración de La muerte de Lucano ha contado con un presupuesto de 42.000 euros, financiado conjuntamente por el propio Consistorio y por la pinacoteca madrileña que, para ello, ha recibido ayuda de la Fundación Iberdrola España. Una inversión que, para el primer edil montillano, debe plantearse "como un recurso para hacer más atractiva nuestra ciudad y para potenciar las visitas interesadas en conocer nuestra oferta cultural".



Durante un período de seis meses, La muerte de Lucano ha permanecido en los talleres de restauración del Museo del Prado para ser sometida a una importante intervención que ha supuesto la recuperación completa de la obra.

Por Real Orden de 12 de julio de 1928, la pintura de José Garnelo se depositó en el Instituto Provincial de Jerez de la Frontera (Cádiz), actualmente IES Padre Luis Coloma, en donde permaneció hasta 2009, cuando se autorizó su traslado hasta el Museo Garnelo de Montilla. Para ello, la pintura fue desmontada de su bastidor y se colocó en un rulo para facilitar su transporte hasta la localidad de la Campiña Sur.

Nueve años más tarde comenzó el proceso de recuperación en el taller de restauración del Museo del Prado, a cargo de Ana Isabel Ortega y Álvaro Fernández, bajo la dirección de Lucía Martínez Valverde, miembro del Área de Restauración de la principal pinacoteca de España.



Los trabajos comenzaron por la consolidación del soporte, tarea que se inició con la eliminación de los parches colocados para reparar las roturas y otros daños antiguos. Una vez eliminados todos los elementos no originales, fue necesaria una limpieza profunda de las colas empleadas en la antigua restauración para adherir los parches y las bandas perimetrales, ya que se habían utilizado materiales sintéticos de difícil eliminación.

Recuperado el lienzo original y sin elementos extraños, se pudo realizar la fijación y consolidación de su capa pictórica. En este proceso se eliminaron las grandes deformaciones y se trabajaron las roturas para eliminar sus pliegues. Para reparar agujeros y desgarros fue necesario realizar más de treinta nuevos parches e injertos.

Las nuevas bandas de tensión permitieron el nuevo montaje en el bastidor, una estructura robusta y de gran calidad que realizó el carpintero Tomás Duaso para garantizar la conservación futura de la obra. Además, para dar mayor solidez al soporte, se clavó sobre una tela de apoyo.



A partir de este momento la pintura estaba estabilizada pero su aspecto era muy deficiente por la acumulación de suciedad y la oxidación del barniz. La limpieza ha permitido recuperar todos los valores de manera que, a pesar de los daños, la imagen original no se ha visto alterada. Se ha recuperado la representación del espacio y cada figura adquiere su significado, sobre todo aquellas que están en el segundo término y apenas se podían reconocer.

Con la limpieza también se hacen visibles detalles que sirven para comprender la escena, como las gotas de sangre que hay en el borde de la bañera, que hablan del suicidio del poeta cordobés Marco Anneo Lucano​ (39-65) después de haber sido acusado de participar en la conjura de Pisón. También, el pergamino del ángulo inferior derecho, cuyo texto estaba oculto por repintes. Ahora se pueden leer las primeras letras de Pharsalia, la epopeya escrita por Lucano en el año 61 de nuestra era.

J.P. BELLIDO / I. TÉLLEZ
FOTOGRAFÍAS: MUSEO DEL PRADO / J.P. BELLIDO


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