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3 de agosto de 2016

  • 3.8.16
La recolección mecánica de las primeras variedades de uva blanca, ideales para la elaboración de vinos jóvenes sin crianza, ha marcado esta madrugada el inicio de la vendimia 2016, la más temprana de la Europa continental. De este modo, y con diez días de retraso con respecto al inicio de la recolección del pasado año, las máquinas cosechadoras se han anticipado dos días a las cuadrillas de cortadores de uva de Navisa Industrial, que comenzarán a desplegarse este viernes por los holgados liños que circundan las zonas de El Vicario, El Término y Las Pueblas, en las proximidades de La Vereda del Cerro Macho, unos terrenos excepcionales para el cultivo de la vid que forman parte de la Zona de Calidad Superior de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles.



“El estado sanitario de la uva es muy bueno, de modo que confiamos en obtener unos mostos de gran calidad”, destacó Pedro José Padillo, miembro del consejo de administración de Navisa Industrial y responsable de Viñedos Cobos que, en los últimos días, ha estado muy pendiente de la graduación Baumé que presentan las uvas de la variedad Moscatel y Chardonnay y que, gracias a las altas temperaturas y a la baja humedad de los últimos días, han alcanzado de forma natural al momento óptimo de su recolección, con un alto nivel de azúcares que, luego en bodega, serán transformados en grados de alcohol naturales.

La recolección manual de la uva –que se desarrolla entre las 7.00 de la mañana y las 14.00 de la tarde– se combina desde hace doce años en la zona Montilla-Moriles con la recolección mecanizada, una modalidad de trabajo que se concentra entre las 4.00 de la madrugada y las 10.00 de la mañana y que permite cosechar una gran cantidad de fruto a salvo de las elevadas temperaturas que se registran en la Campiña en las horas centrales de la jornada.

Tras las primeras variedades en vendimiarse se cosecharán las tintas y, finalmente, la uva autóctona, la Pedro Ximénez, cuya producción se verá incrementada este año según las previsiones que maneja la Sectorial Vitivinícola de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja-Córdoba), que sitúa en 50 millones de kilos la producción estimada de uva blanca este año.

La cantidad de fruto que maneja la organización agraria contrasta con los 42 millones de kilos de uva blanca que se recolectaron en el 2015, tras una inusual ola de calor que propició en la Campiña cordobesa casi un mes y medio con temperaturas por encima de los 40 grados, que debilitaron muchas cepas, afectando de manera considerable a la maduración del fruto y a la graduación alcohólica de la uva. Este año, las lluvias que se registraron durante el pasado mes de mayo libraron a los racimos de ese “estrés hídrico” por falta de agua que se detectó en la campaña del 2015.

En los últimos tiempos, la campaña más productiva fue la del 2003, con 86,1 millones de kilos de uva, una cosecha que permitió elaborar 14,5 millones de litros de vino, de los que 1,5 millones correspondieron a la variedad Pedro Ximénez y 507.000 litros a vinos jóvenes. Desde entonces, el aforo hecho público por el Consejo Regulador sitúa en 2012 la peor cosecha de la última década, cuando cooperativas y bodegas apenas molturaron 27,6 millones de kilos.

En lo que respecta a la cosecha de variedades tintas, Asaja-Córdoba sitúa el aforo del fruto que se cosechará en los viñedos amparados por el indicativo Vinos de la Tierra de Córdoba en torno a los siete millones de kilos, una producción algo superior a la registrada el pasado año, con lo que se rompería la tendencia a la baja registrada en los últimos dos años, tras los 8,9 millones de kilos de uva tinta con los que se cerró la campaña del 2013, los 7,5 millones que se molturaron en el 2014 y los escasos seis millones del pasado año.



En cuanto a la calidad del fruto, tanto Asaja-Córdoba como el Consejo Regulador coinciden en sus buenas expectativas, ya que las condiciones climáticas de las últimas semanas han favorecido la concentración de azúcares en el fruto y, en general, los viñedos apenas han sufrido durante al año agrícola plagas o enfermedades de relevancia, pese a la incidencia inicial del mildiu, un hongo parásito originario de América que puede ocasionar daños devastadores en todos los órganos de la planta si el clima le favorece.

No obstante, la constante labor del Aula de Viticultura del Consejo Regulador –bajo la dirección de Juan Portero Laguna–, unida al aliciente que representan para los viticultores de la zona los premios en metálico de los que está dotado el concurso Pedro Cabezuelo, han logrado minimizar este año los perniciosos efectos del mildiu en los viñedos del marco vitivinícola cordobés.

No en vano, el propio Enrique Garrido, gerente del máximo órgano de control de los vinos cordobeses, situaba hace unas semanas en un 5 por ciento las parcelas que finalmente resultaron dañadas esta pasada primavera en la zona Montilla-Moriles como consecuencia del mildiu.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍAS: JOSÉ ANTONIO AGUILAR


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