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27 de julio de 2016

  • 27.7.16
Desconozco lo que aconteció cuando Atapuerca estaba en su apogeo y aquellos ibéricos descargaban sus adrenalinas persiguiendo diplodocus y demás animales contemporáneos a ellos. Por tanto, me voy a situar a mucha cantidad de tiempo posterior, cuando ya estarían vencidas o ejecutadas todas las hipotecas que los atapuercanos hubieran contraído, y voy a comenzar a platicar de aquella gente germánica que vivía en la Iberia, que llamamos Godos o Visigodos, carnet de razón básica, fundamental y diferenciador para ser rey en esta España que tanto le gustaba y le gusta a los pueblos germánicos, y la poca gracia, en verdad, que nos hacen ellos a nosotros, salvadas, claro está, las excepciones, como la del malagueño primo mío Perez Benz, un pedacico de pan, rama de un árbol fantástico en generosidad, solidaridad e inteligencia.



Dejando de lado y al margen de todo la tara congénita en el nacimiento del estado teocrático español posterior al tercer Concilio de Toledo que declara que los obispos, como ahora, no pueden vivir sin los príncipes, y los príncipes, también como ahora, tampoco pueden vivir sin el arrufo de las sotanas de los obispos, para ser rey de España por entonces, había que ser germánico; es decir godo, alemán, ser rubio y tener el pelo preferentemente lacio y largo. Porque así entendían los obispos que tenían más posibilidades de utilizar al rey como un pelele, según la observación obispal efectuada ya para la época que la majestad coronada con tales pelambreras en la cabeza, no descendía del Homo Sapiens, aunque ellos no sabían nada acerca del Homo Sapiens, pero habían anotado ya que el pelo rizado es una característica fundamental de la sabiduría, de gente que no se deja así como así llevar y traer, mientras el pelo liso, genética del Homo del Neandertal, que vivía tan ricamente últimamente en el Peñón de Gibraltar, no se sabe si ya practicando actividades relacionadas con la exención de impuestos, aunque los obispos no sabían tampoco nada al respecto del Neandertal, observaron que se compraban y se vendían con más facilidad.

Durante los reinados visigodos, el estado mayor eclesial estaba constituido por un número determinado de obispos, todos godos, y, para disimular alguno hispano. Pero, los tales obispos no eran papas, tuvieron su fallos en los asuntos de la infalibilidad, y algunos reyes, como el abuelete Vamba (muchos escriben Wamba, pero personalmente no me gusta la W, la considero una extranjera entre nosotros), nombrado a propósito viejo y descangallado para hacer con su persona lo que les diera la gana a los obispos, les salió rana y Vamba los tocó lo que más le duele al clero de entonces y de ahora: que le toquen el dinero de las subvenciones y las herencias orientadas por miedo. Y claro, viendo los obispos que aquel viejo no les convenía como rey, lo pelaron al cero, y le dieron rápidamente el pasaporte a la localidad burgalesa de Pampliega, riberas del hispano río Arlanzón.

Los Godos, que basta darse un paseo por toda la geografía ibérica para ver que genéticamente fueron un grupo débil, o que prefirieron amores sin hijos en pareja de hecho, tampoco sintieron pasión alguna por la construcción de grandes palacios o casas para ellos, y les encantó utilizar la casas de los hispanos, porque como lo que realmente les encantaba era ser reyes, nobles y obispos, y a pique estuvieron de serlos todos, lo de untarse la mano de cal, lo dejaron para los ibéricos.

Unos ibéricos, que si abrimos un paréntesis de la época que particularmente más me mola y me abre las carnes de gusto, los reinados moros Andalusí, donde nos abrimos a la cultura y a la esperanza como seres humanos, y de momento cerramos el paréntesis, por empezar en un arco de tiempo temprano al dicho paréntesis abierto, los citados ibéricos consintieron que todos los godos o visigodos fueran, aunque estaban en minoría social, germánicos, alemanes, según un servilismo ibérico incomprensible, exactamente igual al servilismo español de ahora hacia Alemania.

Después, insistimos, pasando de largo por mis favoritos reyes andalusíEs, nos encontramos reinando uno tras otros, con los ocho reyes Trastámara, oriundos, según teorías, de más allá del río gallego Tambre. Y desde 1369, con Alfonso XI, hasta doña Juana, que como el clero dijo que estaba loca, personalmente no me lo creo, hasta el año de 1555.

Pasados estos ocho reyes españoles trastámaras, únicos habidos de raíz española e ibérica, ya volvemos a pasar otra vez a ser reinados por seis reyes germánicos: centroeuropeos, que van desde Felipe el Hermoso en 1504 hasta 1700, que con don Carlos II el Hechizado se acaban, por aquel momento, los reyes de gustos alemanes, amantes de la col y las patatas cocidas.

Desde 1688, más o menos que empezaron los Borbones, gente francesa, a reinar en España con doña María Luisa Gabriela de Saboya, los diez reyes franceses Borbones que hemos tenido hasta que nos ha vuelto a trincar y a gobernar la reina alemana Angela Merkel, con el arco de tiempo del franquismo que nos hizo obreros al servicio de Alemania, y la excelente democracia actual nos ha revivido un vasallaje de siglos sirviendo a los alemanes, estamos volviendo, por tanto, a nuestros orígenes.

Porque es probable que haya pocos pueblos tan diestros como el español en el arte de servir las mesas alemanes, y asear sus retretes desde tiempos inmemoriales, y lo que nos queda si no espabilamos.

Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS


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