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CLÍNICA PAREJO Y CAÑERO - ÚNICO HOSPITAL DE DÍA DEL CENTRO DE ANDALUCÍA

Mostrando entradas con la etiqueta Papa Lima [Fran Gallego]. Mostrar todas las entradas
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4 de septiembre de 2015

  • 4.9.15
Con la llegada de la época escolar aprovechamos la ocasión para recordar algunas normas de comportamiento y de seguridad vial que se deben adoptar con motivo de los desplazamientos que se realizan desde el hogar hasta los centros educativos. Para empezar, conviene destacar que, sin duda alguna, lo más sano y lo que más favorece al desarrollo de autonomía en los niños es el desplazamiento a pie, pues aprenden a llevar una forma de vida más saludable y menos sedentaria.



El camino de casa al cole se puede realizar en solitario o en compañía, con un grupo de compañeros de clase. En estos casos, se minimiza el impacto medioambiental que tiene hacer uso del vehículo para cubrir trayectos no demasiado largos.

El desplazamiento desde el propio hogar hasta el centro educativo se puede realizar de diferentes formas: en transporte público, en coche particular, en bicicleta o a pie. Como ya hemos avanzado, preferimos esta última opción, dado que aporta una serie de beneficios saludables y sociales que fomentan la participación de los niños a la hora de mejorar su condición de ciudadanos activos y responsables.

Y es que los pequeños aprovechan este itinerario no solo para mejorar su propia salud sino, además, para desarrollar otras capacidades tales como la autonomía, la responsabilidad o el compañerismo, a la vez que ayuda a mejorar la movilidad urbana y la calidad del aire que respiramos, reduciendo el uso del transporte privado en estos desplazamientos escolares.

Para realizar esta forma de desplazamiento, el menor debe conocer los entresijos de su localidad y se recomienda que durante los primeros días de clase el recorrido se haga acompañado por un adulto para que, de esta forma, pueda corregir posibles errores que cometa durante el trayecto, prestando mucha atención a la hora de cruzar la calle y evitar que salga corriendo, saltando o jugando, pues corre el riesgo de caerse en medio de la calzada.

El desplazamiento debe realizarse por zonas seguras, caminando sobre el acerado por su parte interna, pegado a la pared o a las edificaciones existentes y cruzando por los pasos de peatones habilitados al efecto. El escolar debe cerciorarse de que no circulan vehículos por ninguno de los dos sentidos, prestando atención a las entradas y salidas de los garajes.

Nunca se debe caminar entre vehículos estacionados, dado que el riesgo de accidente es alto. Y es que la visibilidad es reducida tanto para los peatones como para los propios conductores, debido a que su campo de visión se ve reducido.

Cuando se trata de un desplazamiento en un vehículo particular es imprescindible que el niño vaya correctamente sentado, sujeto con el cinturón de seguridad o con los sistemas de retención homologados. Por muy corto que sea el trayecto, es muy importante que todos los ocupantes del vehículo utilicen los sistemas de seguridad adecuados, ya que salvan vidas en caso de accidente.

Si el transporte colectivo es la alternativa elegida, tanto los padres, como los niños y los conductores deben conocer y cumplir una serie de reglas antes, durante y después del trayecto. Así, el medio de transporte debe ir señalizado con el indicativo de "Transporte Escolar"; además, es preciso que disponga del seguro obligatorio y, además, de otro complementario que cubra sin limitación alguna de cuantía la responsabilidad civil por daños y perjuicios sufridos por los ocupantes. Del mismo modo, la empresa a la que pertenece tiene que contar con una autorización especial de transporte escolar, entre otros requisitos.

Si el desplazamiento se realiza en bicicleta, hay que recordar la obligatoriedad de circular con un casco de protección para menores de 16 años cuando circulen por cualquier lugar. Este elemento es además obligatorio para todas las edades en vías urbanas e interurbanas, así como en travesías.

Sin duda alguna, debemos optar por el desplazamiento a pie por todos los beneficios que aporta, haciendo del camino escolar un espacio seguro y de convivencia. De hecho, son muchas las ciudades que apuestan por proyectos que incentivan estos trayectos a pie y los caminos al cole de forma segura.

En muchos casos, estas iniciativas consisten en la señalización de una ruta ya fijada, libre de barreras arquitectónicas y sobre todo segura, donde grupos de escolares se dirigen juntos a clase, viéndose reducida asimismo la aglomeración de vehículos particulares junto a las entradas y salidas de los escolares, con el riesgo de accidente que ello puede suponer.

FRAN GALLEGO

13 de agosto de 2015

  • 13.8.15
A lo largo de nuestra vida como conductores, seguramente nos hemos visto implicados en algún accidente de circulación o, sin estar implicados directamente en ellos, sí que hemos sido testigos de alguno. Las cifras de accidentes de tráfico han descendido en los últimos años debido a unas campañas acertadas de la Dirección General de Tráfico (DGT). Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer y, desgraciadamente, se siguen produciendo siniestros en todo el territorio nacional.



Debemos diferenciar entre accidente con víctimas o con daños materiales. Y en este artículo nos centramos en el caso de accidentes con víctimas. Hay que tener presente siempre una máxima: tratar de mantener la calma. Por ello, se debe proceder en primer lugar a proteger la zona del siniestro para evitar agravar aún más los daños ocasionados o para evitar otros accidentes, haciéndolo con las garantías necesarias para nuestra seguridad y para la de terceros.

Es indispensable el uso de los chalecos reflectantes, así como de los triángulos de señalización, que recordamos son de obligatoriedad llevarlos en nuestro vehículo. Seguidamente, se procederá a alertar a los servicios sanitarios a través del 112, teniendo en cuenta que este sistema de coordinación de emergencias conlleva unos tipos de protocolo establecidos por los cuales se nos requerirá, aunque nos parezcan innecesarios, una serie de datos que debemos facilitar, tales como número de personas heridas y estado general de éstas, vehículos implicados, lugar y situación del accidente y posibles testigos del mismo.

Nuestra comunicación con este sistema de coordinación debe ser clara y concisa, hablando para ello en voz alta y nunca debemos de colgar el teléfono hasta tanto no den por finalizada la llamada desde el sistema de emergencias, ya que en caso de que quieran ampliar la información o recabar nuevos datos, no podrían hacerlo.

Seguidamente hay que socorrer a los lesionados hasta la llegada de los equipos de emergencias, haciéndolo para ello, y aunque no tengamos conocimientos de primeros auxilios, con total tranquilidad, ya que de nuestra primera intervención puede depender que se puedan salvar vidas.

Asistiremos en primer lugar a aquellas personas lesionadas que no gritan, no se mueven o no lloran, al ser éstas las más graves. Debemos acercarnos con cuidado para evitar producirle otras lesiones, no moviéndolas del lugar en el que se encuentren, comprobando si responden a nuestros estímulos o requerimientos, observando si respiran o si tienen pulso para, en caso contrario, comenzar con la maniobra de reanimación cardio pulmunar (RCP).



La RCP se practica colocando el talón de una de nuestras manos en el centro del tórax de la víctima y el talón de la otra mano paralelamente, sobre la mano situada en el centro del pecho, entrelazando sus dedos y sin que toquen el tórax y con los brazos ligeramente flexionados comenzaremos la reanimación, procediendo a descender el esternón unos 5 o 6 centímetros para volver a la posición normal del pecho, a un ritmo de 100 por minuto, realizando 30 maniobras y dos insuflaciones de aire.

Para ello procederemos a abrir la vía aérea, pinzando la nariz de la víctima con nuestros dedos, sellando nuestra boca con los labios de ella; insuflaremos aire suavemente durante aproximadamente un segundo, comprobando que el pecho se eleva. Repetiremos la secuencia hasta comprobar que la víctima ha recuperado la consciencia o hasta la presencia en el lugar del personal sanitario, siempre y cuando todo ello sea posible y se trate de una víctima adulta o mayor de 8 años, ya que en caso contrario, si se trata de un niño entre 1 y 8 años, la presión a ejercer sobre el tórax será menor, de unos 3 o 4 centímetros de hundimiento, mientras que para lactantes es de 2 o 3 centímetros.

Informaremos de todo aquello que hayamos realizado a los equipos de emergencias y permaneceremos por la zona para el caso de que sea necesario colaborar con ellos. Hay que tratar de tranquilizar a las víctimas que están conscientes, no dando información alguna del estado en el que se encuentran otras víctimas inconscientes y, sobre todo, en el caso de fallecidos, para no alterar aún más el estado emocional de los heridos, lo que podría influir de forma negativa sobre la víctima consciente.

FRAN GALLEGO

15 de julio de 2015

  • 15.7.15
Con motivo del verano son muchos los desplazamientos que se realizan por carretera, a lo largo y ancho del territorio nacional. Es por ello por lo que seguridad y disfrute deben ir cogidos de la mano, siendo necesarias una buena planificación del viaje así como una revisión exhaustiva del vehículo en el cual nos vamos a desplazar, para que, de esta forma, se puedan reducir las posibilidades de accidente y disfrutar al máximo del período vacacional.



Llegadas estas fechas nos surgen siempre los mismos problemas. Y es que nos centramos más en buscar un buen alojamiento donde disfrutar con la familia, grupos de amigos o compañeros de trabajo, y dejamos a un lado el que, sin duda alguna, representa uno de los puntos más importantes dentro de la planificación del viaje: la seguridad en el desplazamiento.

Para ello, debemos revisar de forma general el estado de nuestro vehículo, comenzando por comprobar la batería, la presión y dibujo de los neumáticos, el estado de las luces, el correcto funcionamiento del limpia parabrisas y el nivel de líquidos de frenos, anticongelante y aceite. Del mismo modo, es importante llevar a cabo una revisión del material que necesitaríamos en caso de accidente o avería, tales como chaleco reflectante, linterna, triángulos de señalización, guantes y botiquín de primeros auxilios.

Así mismo, antes de partir se recomienda comprobar que portamos toda la documentación, tanto del vehículo –tarjeta de la Inspección Técnica de Vehículos (ITV), permiso de circulación y seguro–, como la propia personal –Documento Nacional de Identid, permiso de conducir y tarjeta médica–.

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es el uso de gafas de sol, para evitar deslumbramientos y manejar el parasol con las garantías necesarias de seguridad, sin perder de vista la conducción, de modo que habrá que colocarlo de forma que no nos dificulte la visión. Igual ocurre con los parasoles infantiles traseros, que se recomienda que no sean opacos para poder ver a través de ellos.

No hay que fijarse una hora de llegada a nuestro lugar de destino, ya que ello nos generará mayor estrés en la conducción, que se puede ver alterada por circunstancias ajenas a nosotros como retenciones, averías o accidentes. Hay que realizar una parada para estirar las piernas y relajar los músculos cada 200 kilómetros o cada dos horas de conducción continuada.

De igual modo, hay que hidratarse correctamente durante el trayecto y, a la hora de realizar las comidas, hay que hacerlas con alimentos ligeros y frescos, evitando almuerzos o cenas copiosas y pesadas, las cuales nos pueden generar un malestar que incida negativamente sobre nuestra atención a la conducción.

En caso de accidente hay que mantener la calma, procediendo a proteger y señalizar la zona de forma segura para, a continuación, alertar a través del 112 a los servicios sanitarios y, por último, socorrer a las víctimas hasta la llegada de los especialistas sanitarios y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

FRAN GALLEGO

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