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16 de febrero de 2019

  • 16.2.19
Hay un pequeño país en Asía, entre China y la India, al lado de la cordillera del Himalaya, en cuya Constitución aparece que el Estado tiene como finalidad “hacer felices a sus ciudadanos”. Se trata de Bután, un territorio con una población de apenas 800.000 habitantes. Lógicamente, no es la nación más rica, ni la más próspera de la Tierra; pero el hecho de que constitucionalmente se indique que la felicidad es el objetivo último de la organización política de este pueblo nos dice que apunta al propósito más importante que pueden tener los seres humanos.



Si he partido de este dato es porque, inicialmente, tenía intención de titular este artículo con el de “Familias felices”, aunque, posteriormente, me ha parecido más ajustado el que finalmente he puesto, dado que la idea de felicidad es bastante compleja, aunque la alegría y el placer que genera el juego colectivo son importantes para la construcción de la felicidad. Y es que algunos escolares expresan la alegría de vivir de un modo espontáneo en sus dibujos cuando tienen que plasmar en una lámina el dibujo de la familia.

Resulta curioso que ahora podamos hablar de niños y niñas felices, tal como la profesora estadounidense Dorothy Corkille Briggs nos narraba en su libro El niño feliz, aparecido en 1986 y convertido en un verdadero clásico, puesto que lleva ya más de 32 ediciones en nuestro país. Apunto esta circunstancia porque ya es una preocupación generalizada de los futuros padres el que su hijo o hija sea feliz. Esto puede parecer un hecho casi natural, pero lo cierto que es algo bastante reciente desde el punto de vista histórico.

Así, el gran psicólogo Erich Fromm, en su obra El arte de escuchar y rebatiendo la tesis de Sigmund Freud acerca del complejo de Edipo, que teorizara el padre del psicoanálisis, nos dice lo siguiente: “Los padres aman a sus hijos mientras no se rebelen contra su dominio (…). Es el amor del padre que hemos conocido en la sociedad patriarcal, como el del marido por la mujer. El hijo es una propiedad, ha sido propiedad desde la época romana, y sigue siendo una propiedad”.

Pues bien, esa idea de propiedad de la que nos habla Erich Fromm, característica de las sociedades patriarcales, está dando paso a una idea más madura y más humana, en el sentido de que los hijos, si se desean tener, deben ser vividos como un proyecto de la pareja, de modo que es responsabilidad de ambos no solo proporcionarles los medios que les generen bienestar físico, sino también felicidad psicológica y emocional.

Si esto lo trasladamos a un lenguaje más sencillo, y acudimos al dicho popular que nos dice que “los hijos vienen con un pan debajo del brazo” (que responde más bien a un tiempo de escasez y penurias), ahora habría que decir “los hijos vienen con la alegría de vivir”, a lo que se tendría que responder con la entrega de la madre y del padre dándoles la bienvenida a este complicado mundo.

Y es que como apunta Erich Fromm en esta misma obra: “En el desarrollo de la persona, ocurre que ciertos elementos de su niñez han puesto ya una base de felicidad, pero sucesos posteriores pueden ensancharla y reforzarla, o debilitarla. No puede decirse que los sucesos posteriores no influyan en la formación de la personalidad; pero si los primeros sucesos no son totalmente determinantes, al menos, la inclinan hacia aspectos esenciales del talante”.

A fin de cuentas, lo que viene a decirnos el psicólogo de origen alemán es que en la niñez se sientan las bases del carácter de toda persona, de modo que lo que en ella se siembre va a ser de gran importancia, aunque, lógicamente, en su proceso de crecimiento y desarrollo se irá configurando su personalidad.

Teniendo en cuenta lo indicado, y tras el estudio del desarrollo emocional de niños y adolescentes a través del dibujo de la familia, he comprobado que una amplia mayoría se encuentra dichosa en sus familias. Bien es cierto, que también hay una minoría que arrastra problemas familiares, y que, en algunos casos, suponen verdaderos traumas que les condicionarán en sus vidas.

Así, dentro de las primeras familias aparecen algunas en las que la alegría, las bromas, los juegos y el buen humor forman parte del ambiente creado por los progenitores, lo que revierte de modo favorable en hijos e hijas, tal como he ido comprobando a lo largo del tiempo.

Para que veamos cómo los escolares expresan gráficamente esas escenas de alegría, juego y diversión compartidas por padres, madres, hijos o hijas, presento una selección de dibujos que los iré comentando, desde las edades más pequeñas hasta que alcanzan la finalización de Educación Primaria.

De todos modos, para la portada acudo al dibujo que me entregó una chica que se encontraba en sexto curso de Primaria.

Fácilmente se aprecia que es una alumna a la que le encanta dibujar, y que adopta, en cierta medida, la estética del cómic japonés para construir a los cuatro personajes de su familia. Como vemos, su hermana y ella misma aparecen como “diablesas”, por las pequeñas inocentadas que gastaban a su madre, que era “una santa”, según nos decía, porque se las soportaban con toda paciencia. Su padre era “un payasete”, al que querían mucho porque se lo pasaban muy bien con él por el buen sentido de humor que tenía.



Comienzo este breve recorrido con el dibujo de Nico, un niño de 4 años, que se representa junto a sus padres y a su hermano menor, en una escena cargada de alegría compartida. No es necesario explicar que este pequeño muestra una actitud de júbilo en todos cuando los miembros que, ya que los dibuja con los brazos hacia arriba y con amplias sonrisas, de forma que realiza el trazado de las bocas en forma de media luna invertida, con el fin de acentuar ese estado de felicidad que muestra.



Animar a los hijos y participar en sus actividades y juegos es una de las facetas de la vida que a los escolares les resulta muy gratificante. Es lo que manifiesta este niño de 6 años que se ha representado en el campo con su hermano mayor jugando al fútbol, al tiempo que sus padres les aplauden mientras contemplan cómo juegan. Llama la atención, por otro lado, el recurso que ha encontrado el autor para dibujarse mirando al espectador al tiempo que, de espaldas, le chuta el balón a su propio hermano. Representar a los objetos o a las figuras desde dos puntos de vista es una solución verdaderamente ingeniosa que adoptan algunos niños y que copiaron los pintores cubistas, como Pablo Picasso, en sus lienzos.



En cierta ocasión hablé del animismo en el ámbito infantil dentro de los dibujos, en el sentido de atribuirle a los objetos inanimados sentimientos y emociones como los que poseemos las personas. Incluso, en las edades más pequeñas, sorprendentemente aparecen rasgos animistas referidos a la propia casa. Así, en este caso que presento, la escena de José, que tiene 6 años, es el resultado de cruzar ese animismo con el humor, de forma que a su casa la transforma en un rostro alegre y sonriente, que saca la lengua cuando contempla a su propia familia. Y no para en el animismo de la casa, sino que también se lo aplica al sol, con parche de pirata, y a una nube.



El autor de este dibujo, un niño de 7 años que se encontraba en segundo de Primaria, ha construido una viñeta de cómic de humor cuando ha representado a su familia en el campo. Ahí está su padre que pide socorro porque el hermano pequeño le persigue con la bici, mientras que su hermana “mediana” se asusta porque ha visto una cucaracha, al tiempo que su madre les dice que no corran. Todo ello bajo la mirada de un gran sol, con sonrisa malévola y que se tapa los ojos con gafas oscuras. El pequeño nos muestra a una familia alegre, desenfadada y con gran sentido del humor.



Las salidas al campo suelen ser momentos muy gratos para la familia, de modo que los escolares representan gráficamente aquellos acontecimientos especiales para expresar un día feliz y en contacto con la naturaleza. Así, a lo largo del tiempo, he podido comprobar que todas las escenas en las que muestran a la familia en el campo son de tipo alegre y festivo. Es lo que manifiesta esta niña de 8 años, que se ha dibujado como la mayor del grupo familiar, dado que el placer que le proporciona encontrarse en ese espacio de libertad le hace mostrarse alegre, segura y confiada. Por otro lado, su madre está cogiendo flores, su hermano jugando con el balón y su padre limpiando el coche.



Hay padres que prometen a sus hijos llevarlos a un parque de atracciones a final de curso si sacan buenas notas. Y es que disfrutar conjuntamente de la asistencia a espectáculos, ferias, carnavales, circos, etc., es un motivo de disfrute que los escolares no suelen olvidar. Es lo que le aconteció a este chico de 9 años que sus padres le prometieron llevarlo a la montaña rusa que tanta ilusión le hacía si tenía buenos resultados. De este modo, cuando en su clase se planteó el dibujo de la familia, no dudó un momento y se dibujó con sus padres en el día que visitaron un parque de atracciones, ya que, para él, y según nos contó, fue un día inolvidable.



Cierro con este breve repaso con el dibujo de un chico de 10 años que optó por representarse con sus padres y su hermana compartiendo juegos al aire libre. Así, nos muestra a su padre con la raqueta y la pelota de tenis; a su madre y a él mismo sosteniendo la cuerda para que su hermana pequeña salte a la comba, al tiempo que se traza con botas de fútbol y el balón sostenido en sus pies. Todos configuran una escena de juego compartido como expresión de una familia que entiende que esos momentos dichosos son esenciales en el desarrollo de los hijos.

AURELIANO SÁINZ

9 de febrero de 2019

  • 9.2.19
Recientemente, en la Escuela de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Córdoba se celebró la segunda sesión de Encuentros con el laicismo, que, organizados por distintas entidades y asociaciones, entre ellas Córdoba Laica, tuve el honor de presentar como miembro de esta asociación, al tiempo que fui el autor de los carteles y de la publicidad gráfica de las jornadas.



Antes de explicar los contenidos de estos encuentros, quisiera apuntar que la imagen femenina que preside toda la publicidad gráfica corresponde a una pintura en la que aparece el rostro de Hipatia de Alejandría (375-415), filósofa y científica, que fue asesinada por los seguidores del obispo Cirilo de Alejandría. Su historia quedó plasmada en la excelente película Ágora de Alejandro Amenábar, que recomendaría a quienes no la vieron en su momento.

Iniciamos los encuentros con Laicismo y Derechos Humanos, que se desarrolló en el mes de diciembre y en el que participó, entre otros, Julio Anguita. En el segundo, con la denominación de Laicismo y diversidad sexual, estuvieron como ponentes Gonzalo de las Heras, responsable de relaciones institucionales de Arcoíris de Andalucía, y Verónica Moreno, miembro de la Asociación Transformando. El tercero de los encuentros, Laicismo y feminismo, se llevará a cabo en 20 de febrero, completándose de este modo el ciclo programado.

Dado que la jornada de Laicismo y diversidad sexual estaba convocada para las seis de la tarde, y una vez que la sala se llenó de gente, tras presentar a quienes iban a intervenir, pasé a leer una reseña que tenía escrita para la ocasión, ya que en las fechas anteriores me encontraba en Barcelona y no tenía total seguridad de estar presente en el día de celebración.

Para que ofrecer una aproximación a los conceptos de laicismo y diversidad sexual, tras la presentación de las imágenes de los dos primeros carteles de los encuentros, muestro el texto que tuve ocasión de exponer en este encuentro.

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De entrada, quisiera indicar que quizás, haya quienes se pregunten qué relación tiene el laicismo con las distintas expresiones de la sexualidad, pues pareciera que son temas con escasa conexión. Para explicarlo, y enlazando con los contenidos de la primera jornada, podemos acudir a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ya que es un documento laico, puesto que tiene un fundamento humanista al no haberse redactado a partir de creencias religiosas en la elaboración y exposición de sus 30 artículos, al tiempo que no se hace alusión a ninguna deidad para su configuración y desarrollo.

Aunque los conocemos o los hayamos escuchado, conviene recordar que al principio de este documento, en su Artículo 1, se nos dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Y en el Artículo 2.1: "Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Sobre la no distinción de sexo, a la que se alude en el artículo segundo, convendría en la actualidad ampliarla a la expresión de identidad sexual, pues no podemos entender la sexualidad como un hecho estrictamente biológico que viene determinada en el nacimiento.

Por otro lado, resulta que, a pesar de que la Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento firmado por la casi totalidad de los Estados miembros de las Naciones Unidas, la mayoría de ellos no se guía, en lo que respecta a los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, por lo que se deduce de ese documento de carácter laico, sino que las leyes nacionales están claramente determinadas por las religiones dominantes de cada país.

También, resulta curioso que un Estado como la Santa Sede, que es miembro observador de las Naciones Unidas, no haya firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos, después de 70 años de su aprobación, ya que esta fue declarada en 1948.

Y es que el rechazo y la condena en la Iglesia católica a la homosexualidad masculina y femenina viene desde muy lejos. Podríamos remontarnos al propio San Pablo cuando en su primera epístola a los Corintios dice: “¿No sabéis que los malvados no tendrán parte en el reino de Dios? No os dejéis engañar, pues en el reino de Dios no tendrán parte los que cometen inmoralidades sexuales, ni los idólatras, ni los que cometen adulterio, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los tramposos”.

Desde sus inicios, queda bien clara la equiparación de los homosexuales a todo tipo de perversiones morales, por lo que a lo máximo que ha llegado la Iglesia católica institucional, tras dos milenios de existencia, es a aceptar la homosexualidad siempre que se quede en el ámbito privado, en el deseo interno, y no se lleven a la práctica las relaciones afectivo-sexuales.

Bien es cierto que en el cristianismo hay diferentes ramas, por lo que, en la actualidad, en algunas confesiones protestantes no solo no condenan, sino que consideran que lesbianas y gais pueden ser miembros de pleno derecho de las citadas confesiones, caso de la Iglesia anglicana, así como de las Iglesias metodista, bautista y presbiteriana.

Si pasamos al ámbito musulmán, el tema que abordamos se endurece mucho más, puesto que no solo no está admitida la homosexualidad, sino que hay países cuyas legislaciones pueden llegar a contemplar la condena a pena muerte, caso de Afganistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Nigeria, Somalia, Sudán y Yemen.

Por supuesto, en ninguno de los 49 países con reconocida mayoría musulmana de la población está aprobado el matrimonio o que existan leyes que regulen la unión homosexual. Tampoco se acepta la adopción por parte de las personas homosexuales. Solamente en dos países europeos, Albania y Bosnia-Herzegovina, también de mayoría musulmana, tienen aprobadas leyes contra la discriminación sexual.

A pesar de que la condena a la diversidad afectivo-sexual está presente en muchos países por el peso que tienen las religiones en sus leyes civiles, conviene cerrar esta presentación exponiendo algunos avances que se han dado en otros, dado que con la lucha mantenida por las organizaciones LGTBI se ha logrado que se aprueben leyes con un claro contenido laico, en las que se separan los credos religiosos, que deben quedar en el ámbito privado de quienes participan de cada confesión, de las leyes civiles que deben ser para todos, independientemente de las creencias que se tengan.

Esto ha dado lugar a que podamos felicitarnos porque son ya 25 países en los que está aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo. Recordemos que en nuestro país se logró en 2005, en mismo año que lo hizo Canadá. Por otro lado, la adopción por parte de parejas homosexuales está reconocida en la legislación de 27 países.

Esto nos hace ver que la relación y los avances entre el laicismo y la diversidad afectivo-sexual en los distintos países es un hecho lento pero imparable, ya que a medida que avanza la conciencia humanista o laica supone una vía para el reconocimiento de los derechos a la propia identidad sexual; y viceversa, los avances en la identidad sexual implican a su vez una consolidación práctica del laicismo.

AURELIANO SÁINZ

2 de febrero de 2019

  • 2.2.19
Cuando se acercaba la fecha en la que aparecería el número 100 de Azagala, revista que se publica en la villa extremeña de Alburquerque y en cuya fundación participé hace unos once años, envié un artículo titulado La vida es un largo río para conmemorar la edición de ese número tan contundente.



El texto era una visión íntima, muy personal, del devenir de la vida, de esa vida que va pasando y de la que somos, voluntaria o involuntariamente, protagonistas y espectadores de ese relato propio que vamos archivando en nuestra memoria y que nos sirve de brújula o guía para caminar hacia adelante, intentando no extraviarnos en el incierto camino que nos marcamos cada uno.

De este modo, cuando hemos escalado la alta cima de los años, nos es posible echar una mirada hacia atrás y vernos en cada una de las etapas que hemos ido cubriendo, con sus alegrías y tristezas, con sus aciertos y errores. También, desde esa cumbre, solemos mirar hacia adelante, sintiendo de modo anticipado lo que puede depararnos ese futuro ya limitado temporalmente. Así, aupados en las puntas de los pies, es posible otear un luminoso horizonte con las nuevas vidas que se van incorporando a ese largo río del que formamos parte.

Puesto que los artículos que escribo los suelo ilustrar con imágenes, en esa ocasión comenzaba el escrito acompañado de cuatro fotografías. La primera, en blanco y negro, era una de esas muy pequeñas que los mayores conservamos como recuerdo de nuestra lejana infancia. Allí me veía en brazos de mi padre que, de pie, me sostenía, al tiempo que mi madre y mi abuela, sentadas, se encontraban rodeadas de mis hermanos mayores.

También incorporaba otras dos instantáneas: una de ellas era una fotografía que nos hicimos un grupo de amigos en una de las torres del Castillo de Azagala, del cual tomábamos el nombre para la nueva aventura literaria que iniciábamos; la otra presentaba una concentración de miembros de la Asociación para la Defensa del Patrimonio, en la que protestábamos por el proyecto de la transformación del Castillo de Luna de Alburquerque en una horrenda hospedería, y que, por cierto, después de muchas luchas logramos parar.

Pero tal como indicaba al finalizar el artículo, la vida continúa, la vida sigue imperturbable su eterna marcha, por lo que, en ocasiones, nos reserva gratas sorpresas, como la de ver nacer a una segunda generación, de modo que, además de ser padre, uno se convierte en abuelo.

Es lo que me aconteció en el año pasado. Así, en la cuarta fotografía mostrada aparecía mi hijo Abel que acogía, recostado en su pecho, al niño recién nacido que lleva su nombre, como signo de amor hacia un nuevo ser que asoma a la vida, y del que siente que es parte de sí mismo.

Esto constituía básicamente el esquema del contenido de un artículo muy íntimo, siendo, a fin de cuentas, el modo que yo tenía de darle la bienvenida al niño que acababa de hacerme abuelo.

Pero ser abuelo uno lo va interiorizando antes de que se produzca el nacimiento. Es por ello que me llamó la atención cuando un joven profesor, al ponerse en contacto conmigo días después del nacimiento, me preguntó: “¿Te puedo llamar abuelo?”. “¡Claro que sí! ¡Es que ya soy abuelo!”, le respondí con todo el orgullo de saber que ahora se iniciaba una nueva etapa de mi vida, cargada de la ilusión de ver crecer al pequeño.

Ya no se trataba de escribir sobre otros que son abuelos, tal como lo he hecho en algunos de los artículos que he publicado sobre el desarrollo emocional de los escolares tomando el dibujo como medio de conocimiento, sino de vivir la gran experiencia de ver cómo se va formando esa pequeña criatura que es mi nieto. Ahora no se trata de reflexionar sobre las vivencias ajenas; en estas fechas, uno debe aprender a tratarlo y cuidarlo, sabiendo que son sus propios padres los que asumen la importante tarea de guiarlo por el largo camino que comienza.



Y si hay algo que he aprendido muy pronto en la práctica es que se dan sustanciales diferencias en las relaciones entre abuelos y nietos dependiendo de si viven en el mismo lugar o en sitios diferentes y distanciados. Esto es lo que nos ocurre a nosotros, puesto que Abel y Esther, sus padres, residen en Barcelona y nosotros en Córdoba, por lo que el contacto cotidiano no podemos llevarlo a cabo.

De todos modos, en medio de las habituales idas a la ciudad condal, seguimos el crecimiento del niño a partir de las fotografías y vídeos que con cierta frecuencia nos envían. Es uno de los hechos más favorables que nos proporcionan las nuevas redes sociales, ya que nos permiten establecer un contacto que tiempo atrás no era posible. Así, las fotografías y grabaciones las recibimos con enorme alegría, puesto que vemos los avances que paso a paso va dando.

Pero son las estancias en Barcelona las que nos ayudan a disfrutar de su compañía, al tiempo que nos hacen ver los cambios que se producen en el transcurso de los meses. Y puesto que la memoria es algo inconsistente, nada mejor que acudir a las fotografías para comprobar las transformaciones que se han ido dando. Es lo que acontece con las dos que muestro, que corresponden a estaciones distintas: el verano y el invierno.

Así, en la primera, nos encontramos en pleno mes de agosto, cuando él apenas contaba con cinco meses, en la estación de Sants, ya que había venido con su padre a despedirnos en nuestro regreso a Córdoba. Lo sostengo sentado en mi pierna izquierda. Mira de frente, con la sonrisa inocente que todo niño posee a su corta edad. Y por mi parte, no puedo disimular la alegría que me produce sostener su cuerpecito, tan frágil, pero con tanta capacidad de irradiar felicidad en quienes le queremos.

La segunda fotografía corresponde al invierno, unos cinco meses después de la primera. La escena es completamente distinta. Estamos dentro de la casa. Ha estado jugando bajo mi atenta mirada hasta que el cansancio empieza a hacer mella. Lo cojo en mis brazos y me siento en el sofá con la intención de dormirlo.

Comienzo a contarle muy despacio uno de los cuentos que he inventado y en los que él se convierte en el protagonista del pequeño relato. Puesto que todavía no sabe hablar, ya que por estas fechas se comunica con gestos, sílabas y balbuceos, no entiende el significado de lo que le voy narrando, pero escuchar su nombre y ciertos términos que se repiten le ayudan a que siga el ritmo de las palabras que recibe. Lo inicio así: “Había una vez un niño que se llamaba Abel. Un día…”.

Cuando acabo, le pregunto: “¿Otra vez?”. Me mira fijamente a los ojos sin decir nada, como asintiendo. Se lo vuelvo a repetir. Así una y otra vez, hasta que los párpados empiezan a cerrárseles y siento que el plácido sueño acude en su ayuda.

Jugar con él, darle la papilla, contarle cuentos, limpiarlo, sacarlo a pasear… son escenas que como abuelo he podido llevar adelante en esas estancias en Barcelona. Y también como abuelo las disfruto sabiendo que todo lo que gira a su alrededor tiene que estar cruzado con el juego, pues su mundo, el mundo de los niños, no se entiende sin el placer que sienten en el despertar a la vida.

Ciertamente: la vida es un largo río al que continuamente se van incorporando otras en su dilatado recorrido, como eterno proceso que nos anima a no desfallecer. Y una de ellas muy cercana a mí ha comenzado dando sus primeros pasos. Y yo la contemplo con el amor y la ternura que todo abuelo profesa a su nieto, de modo que, para mis adentros, hablo conmigo en silencio y le deseo fervientemente que sea lo más dichosa posible.

AURELIANO SÁINZ

26 de enero de 2019

  • 26.1.19
Con relativa frecuencia se suelen confundir a los hermanos mellizos y gemelos; sin embargo, desde el punto de vista biológico no hay ninguna posible confusión: los gemelos surgen de la división de un mismo óvulo que ha sido fecundado por un único espermatozoide, y que el cigoto, posteriormente, se divide, de modo que los niños o niñas gemelos comparten la misma carga genética, de ahí el gran parecido entre ellos.



En el caso de los mellizos en el embarazo materno se parte de dos óvulos diferentes que han sido fecundados por dos espermatozoides distintos en la futura madre. Esto conlleva que ambos puedan ser del mismo sexo o de sexo distinto, es decir, un niño y una niña pueden ser mellizos, pero nunca podrían ser gemelos.

De todos modos, también en el caso de los hermanos gemelos lo que apuntamos con respecto al proceso educativo en el artículo dedicado a los mellizos es aplicable a los gemelos: los psicólogos aconsejan que estudien en aulas distintas para favorecer el desarrollo autónomo de cada uno de ellos. Sin embargo, es habitual que los padres quieran que continúen juntos, con cierto carácter de excesivo proteccionismo.

Desde una sencilla lógica, podemos entender que si permanecen juntos de modo constante les va a resultar difícil hacer amistades, puesto que un compañero o compañera del aula tendría que hacerse amigo de los dos al mismo tiempo; cuestión que es muy complicada, dado que la formación de la amistad se lleva de uno en uno.

Por otro lado, por medio del estudio del carácter a través del dibujo de la familia, he comprobado que no siempre se da una relación igualitaria entre ellos o ellas, y que, con bastante frecuencia, aparece que uno tiene una posición dominante sobre el otro, llegando incluso, como comprobaremos, a la intimidación.

Para que entendamos la relación que se establece entre los hermanos gemelos, he seleccionado tres parejas de chicos, puesto que no contaba con parejas de hermanas gemelas, y veremos cómo se representaba cada uno de ellos dentro del tema de la familia.

Por otro lado, como ilustración de la portada de este artículo he elegido el que realizó una niña de 10 años acerca de su familia y en la que aparecían sus hermanos gemelos. Como puede apreciarse, comienza por la izquierda con la figura de su padre; le sigue la de su madre; en tercer lugar, se encuentra ella; y cierra con las de sus hermanos, a los que dibuja iguales, aunque uno de ellos, con el número 4, es de tamaño algo mayor. ¿La pequeña autora lo consideraba con más carácter que su “Henmano” que trazó al final? Esto no lo podemos saber porque no pude dialogar con ella.





De modo general, la compenetración entre los hermanos gemelos es lo más habitual, dado que los padres tienen un trato similar con cada uno de ellos. Ello viene favorecido por el hecho de haber nacido casi al mismo tiempo (para los padres, el primer nacimiento es una referencia para diferenciarlos como bebés).

A medida que crecen, los juegos compartidos es la norma en ellos. Esto puede apreciarse en los dos dibujos que acabamos ver, correspondientes a dos hermanos gemelos de 11 años. Por decisión de los padres, compartían el aula, por lo que, aunque estaban en mesas distanciadas, pudimos recoger sus trabajos en la misma prueba.

En el primero de ellos, podemos ver que L. ha dibujado a sus padres de modo frontal, al tiempo que él se encuentra trazado de perfil, recibiendo un balón que le llega “fuera de campo” y que, fácilmente, se deduce que se lo ha enviado su hermano. En el segundo, que realiza J., muestra a su padre trabajando en la parcela; él se encuentra chutando a la portería en la que se encuentra su hermano; al tiempo que su madre los observa.

Pero no siempre se da la compenetración como la que vimos en los gemelos L. y J. Hay casos en los que uno de ellos se muestra de modo abierto dominante sobre el otro. Es lo que comentaré en las dos parejas siguientes de gemelos.





La relación entre A. y S., hermanos gemelos de 10 años, era la de claro dominio del primero sobre el segundo. En este caso, hubiera sido necesario que se encontraran en aulas distintas, pues la presencia constante de A. se convertía en un problema para el desarrollo de la personalidad autónoma de su hermano. Sin embargo, los padres, equivocadamente, no eran conscientes de que las advertencias del profesorado eran bastantes acertadas, en el sentido de que era conveniente que estuvieran separados.

Como podemos observar en el primero de los dibujos, A. se representa el primero, como signo de seguridad y confianza en sí mismo. Después, a su lado dibuja a su hermano gemelo, pues quiere tenerlo a su lado. Pasa, posteriormente, a hacerlo de su madre y de su padre, de modo que todos se encuentran en un paisaje con árboles y la casa de la familia.

Sin embargo, su hermano gemelo S. comienza dibujando a su padre; pasa a su madre; en tercer lugar, a su hermano; y finalmente traza la figura que le representa. Como podemos apreciar todos sonríen, mientras que él, con las cejas enarcadas y los dientes destacados, expresa el temor que le provoca quien tiene a su lado. Debajo aparece su pez “Santi”, que parece ser la pequeña mascota con la que puede expresar su confianza.





Si en los gemelos anteriores había una clara relación de dominio de uno sobre el otro, en el caso de esta última pareja que presento adquiere carácter de temor. Se trataba de J. M. y de R., dos hermanos gemelos de 11 años, que estudiaban sexto curso de Primaria cuando realizaron sus dibujos. De igual modo, y siguiendo el criterio equivocado de los padres, se encontraban estudiando en la misma aula, cuando, lo más lógico es que estuvieran en espacios distintos para que el segundo empezara a confiar en sí mismo.

J. M., el primero de ellos, era de carácter extrovertido, abierto y muy seguro de sí mismo. En el dibujo que nos entregó, se muestra en el centro de la familia, al lado de su hermano gemelo, con una gorra y mirando a su hermano con gesto de sonrisa malévola, al tiempo que a R. lo traza con una mirada perdida, sonrisa tímida y como temiera la presencia del primero.

En cambio, en el dibujo de R., comprobamos que se representa en uno de lados, con los brazos pegados al cuerpo, junto a su madre, como si fuera su protectora. Sin embargo, a su hermano no lo representa dentro del grupo familiar, como expresión evidente del rechazo que mostraba hacia él, puesto sentía que se burlaba y que lo despreciaba siempre que podía.

AURELIANO SÁINZ

19 de enero de 2019

  • 19.1.19
En las investigaciones llevadas a cabo sobre las familias a través del dibujo, aparecen con relativa frecuencia dibujos de niños o de niñas que son hermanos mellizos y, con menor asiduidad, hermanos gemelos, puesto que comparten el espacio en el que estudian o porque esas investigaciones se han realizado también en las distintas aulas en las que se encontraban.



Y al citar las aulas, directamente nos topamos con uno de los problemas con el que padres/madres y psicólogos o psicopedagogos no se suelen poner de acuerdo, dado que, una parte significativa de los primeros son partidarios de que sus hijos mellizos o gemelos estén en el mismo espacio educativo, mientras que los segundos, es decir, psicólogos y psicopedagogos, se inclinan a favor de que se escolaricen en distintos, ya que, de este modo, cada uno de ellos puede desarrollar su personalidad de manera autónoma, considerando que, por otro lado, en la propia familia están juntos gran parte del día.

Hemos de tener en cuenta que en las edades tempranas, aproximadamente hasta los tres años, los mellizos o gemelos estarán juntos en el mismo espacio, puesto que hasta esos momentos no aparecen los primeros indicios de identidad, por lo que no distinguen a los hermanos de los otros niños o niñas con los cuales comparten sus juegos. Será, hacia los cuatro años, cuando comenzarán a asomar los primeros rasgos de carácter, o lo que es lo mismo, la conciencia del propio yo.

Claro que este debate surge cuando en el colegio hay más de una unidad por curso, pues aquellos centros que por sus cortas capacidades espaciales no dispongan al menos de dos unidades, los alumnos o alumnas que son mellizos tendrán necesariamente que compartir el aula.

Por otro lado, tengo que apuntar que las investigaciones sobre el desarrollo cognitivo y emocional de los hermanos mellizos o gemelos no son muy amplias (al menos, yo no tengo referencias de ellas en nuestro país). Una razón de peso puede encontrarse en que tendrían que ser longitudinales, es decir, que habría que seguirlos con el paso del tiempo para ver la evolución de cada uno de ellos y comprobar las afinidades y diferencias que se van encontrando.

A pesar de las similitudes que mellizos y gemelos presentan, biológicamente son distintos, por lo que me ha parecido interesante realizar este trabajo en dos partes, de modo que la primera de ellas esté destinada a los mellizos y la segunda a los gemelos.

Así, en este artículo lo que pretendo es presentar algunos dibujos de hermanos y hermanas mellizos que realizaron acerca de sus familias y establecer un análisis comparativo. Para ello, he seleccionado del archivo dibujos distintas parejas: 1 y 2 se corresponden a dos hermanas mellizas de cinco años; 3 y 4, de dos mellizos también de cinco años; y los dibujos 5 y 6 de un niño y una niña mellizos que tenían entonces siete años.

Como podrá verse, en los dibujos aparecen escritos los nombres por sus autores o autoras, sin que ello implique ninguna problematicidad, dado que esta situación ha sido aceptada por el propio profesorado, ya que entendía que ello no afectaba a nada íntimo que pudiera molestar con las explicaciones. Esta es la razón por lo que no los he ocultado.

Para comenzar, podemos ver el dibujo de la portada de este trabajo que fue realizado por Laura, una niña de 5 años. Como puede apreciarse, comienza por ella misma, para pasar a su hermana melliza Ana, a la que representa con los mismos rasgos faciales, así como con el mismo tamaño; la única diferencia es que ella se traza con pantalón y a su hermana con falda. Cierra el trabajo con las figuras de su madre y de su padre, que, curiosamente, son algo más pequeñas.

En el dibujo se aprecia la autoestima que Laura siente por sí misma, al tiempo que expresa la semejanza que la une con su hermana Ana, al ser melliza con ella.





Muestro seguidos los dibujos de Elena y Paula, dos hermanas mellizas de 5 años que se encontraban en la misma aula de Educación Infantil. En ambos dibujos aparece su hermano de 8 años, que, curiosamente es mayor que ellas, a pesar de que Elena lo dibuja de menor tamaño. Como puede apreciarse, Elena comienza a interiorizar la identidad femenina, de modo que representa a su hermana y a su madre con vestido y un largo pelo, resultado de dos trazos largos con rotulador. A su padre y a su hermano los identifica por las tres rayas que les sirven de cabello, junto con el trazado de pantalones.

En el caso de Paula, se dibujó la última, tras haber trazado a su madre, su padre, su hermano y su hermana Ana. Como ya no cabía, optó por representarse por encima de su madre, como si estuviera flotando. La similitud con Ana proviene de un trazado del pelo similar: en ambas lo realiza con dos líneas onduladas, largas y de color anaranjado. Por el grado de vitalidad de los dibujos, apuntamos que son dos niñas alegres y que se sienten felices dentro de la familia.





¿Tienen los hermanos mellizos las mismas capacidades? En el caso de que uno se destaque dentro de alguna temática, ¿el otro también los hará? Son algunas preguntas que pueden surgir cuando unos padres los son de hijos o hijas mellizos o gemelos.

En principio, uno puede estar tentado a pensar que tendrían facultades similares; pero lo cierto es que no es así: el hecho del parecido físico no conlleva necesariamente a que sus dotes intelectuales y emocionales estén determinadas genéticamente, puesto que en desarrollo personal de cada uno de ellos aparecen otros factores que van a tener una influencia relevante.

Sin embargo, uno puede encontrarse casos que sorprenden, como es el de Samuel y Saúl, hermanos mellizos de también 5 años, ambos apasionados por la estética de los cómics y dibujos animados japoneses. Al acabar el trabajo en la clase, nos entregaron los dos dibujos anteriores y que nadie diría que son de dos hermanos que tienen solo cinco años.

De todos modos, siguiendo los postulados de las inteligencias múltiples, de las que nos habla el psicólogo estadounidense Howard Gardner, hemos de entender que hay niños y niñas con grandes capacidades innatas en la denominada inteligencia visual y que destacan en sus trabajos de dibujo por encima de sus compañeros de clase. Es lo que acontece con Samuel y Saúl.

Por otro lado, y puesto que llevo bastantes años investigando dentro de este campo, quiero decir que me he encontrado con casos sorprendentes de grandes dotes creativas dentro del dibujo y en edades que se corresponden a Educación Infantil. Sin embargo, esas dotes creativas, si no se les presta la debida atención, pueden bloquearse o frustrarse cuando entran en Primaria, puesto que, por desgracia, en nuestro país no se le da la importancia que tienen, y no digamos las referidas a la Educación Plástica, que está relegada de una manera escandalosa.





Hemos hablado de hermanas y de hermanos mellizos. Sin embargo, como todos sabemos, también pueden ser mellizos un niño y una niña; no así gemelos, que tienen que ser necesariamente ambos del mismo sexo.

Mellizos son, pues, Carlos y María, ambos de 7 años. Por deseo de sus padres se encontraban en distintas aulas cuando realizaron los dibujos que hemos mostrado. Y es que la vivacidad y complicidad de ambos en los juegos era tal que se buscaban el uno al otro

A la hora de representar la familia, el primero se decide por dibujar la nueva situación familiar, dado que su padre anteriormente estuvo casado con otra pareja, por lo que tiene hijos procedentes de su anterior matrimonio.

En cambio, María, su hermana melliza, opta no solo por dibujar a su familia biológica, sino también a sus hermanos (en vez de hermanastros) tal como ella lo indica en los nombres que va poniendo a cada uno de ellos, lo que es expresión de la aceptación que tiene tanto de su nueva familia como de los miembros que nacieron de la pareja anterior de su padre.

Son, pues, dos visiones un tanto diferenciadas, en función de los aspectos emocionales que cada uno haya desarrollado de la realidad familiar que ellos ya conocen.

AURELIANO SÁINZ

12 de enero de 2019

  • 12.1.19
No, no estoy aludiendo a esos hombres y mujeres que cuidan del ganado en el campo y que se encuentran profesionalmente en retroceso debido a las duras condiciones de su trabajo y a lo poco remunerado que está. Me refiero a otro tipo de pastor (o de pastora) que conducen a otros rebaños más dóciles, más obedientes y, en ocasiones, también más fanáticos.



Tengo que apuntar que, a pesar de sus empeños por instalarse en nuestro país desde hace décadas, lo cierto es que no han logrado el éxito que han tenido en la América Latina que habla español y portugués.

Son pastores de las distintas iglesias evangélicas que procedentes de Estados Unidos se expanden por los territorios más empobrecidos de Centroamérica y de América del Sur, predicando la teología de la prosperidad, que nada tiene que ver con la teología de la liberación, con planteamientos morales opuestos a esta última, ya que dentro de la teología de la liberación los sacerdotes y seglares, tanto católicos como protestantes, se empeñaron en divulgar un mensaje cristiano que se posicionaba prioritariamente en la defensa de los sectores más pobres de estos países, por lo que algunos de ellos, caso de Ignacio Ellacuría, pagaron con su vida ese empeño, al ser asesinado por militares salvadoreños.

En cambio, esta teología de la prosperidad hinca sus raíces en el pensamiento capitalista más duro: parte de un total individualismo, con la creencia de que la fe les proporcionará la bendición de Dios, por lo que con ella alcanzarán el bienestar físico y grandes beneficios financieros. Por otro lado, la pobreza no sería el resultado de las diferencias sociales que el capitalismo acentúa, al tiempo que la enfermedad es considerada como una maldición que se puede erradicar por la creencia incondicional en lo que le dicta el pastor y las donaciones monetarias a su iglesia.

Es la última versión de las numerosas iglesias o sectas evangélicas que nacieron en el siglo XIX en Estados Unidos, que no tienen nada que ver con las iglesias protestantes reformadas europeas que surgen en la Europa del siglo XVI, tras la ruptura que llevaron a cabo el alemán Martin Lutero, el francés Calvino o el suizo Zuinglio con la Iglesia católica y que se extendieron principalmente por los países del centro y del norte de Europa.

Pues bien, estas sectas acompañan a las políticas más reaccionarias que se extienden por gran parte del planeta, encabezadas por Donald Trump y que, ahora en Brasil, las va a continuar Jair Messias Bolsonaro, el mismo que, sin abandonar el catolicismo, se va a Israel para ser bautizado en el río Jordán como evangélico, sabiendo que en Brasil las iglesias evangélicas tienen un gran poder político y económico.

¿Y cuál es su programa? Sería prolijo explicarlo todo, por lo que me centraré en algo que es básico para el pensamiento reaccionario internacional: atacar, entre otros, los derechos conquistados por las mujeres en su camino hacia la igualdad con el hombre. ¿La forma de hacerlo? Pues, tal como algunos prelados de nuestro país dicen, acabando con la que ellos llaman “ideología de género”, es decir, arremeter contra el pensamiento que defiende las ideas de igualdad entre el hombre y la mujer, buscando que estas queden encerradas en las cuatro paredes de la casa y cuidando de la numerosa prole, que es a lo que a lo que están destinadas.

Y para ello, Bolsonaro ha creado el Ministerio de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos (¿¡Derechos Humanos!?), de modo que al mando de ese ministerio se encuentre una pastora evangélica: Dalmaes Alves.

La presentación de Dalmaes Alves, tras su nombramiento, no tuvo ningún desperdicio. En medio del fervor de sus incondicionales, apuntó que “¡Los niños visten de azul y las niñas de rosa!”. Toda una metáfora para decirnos lo que tiempo atrás la italiana Costanza Miriano nos soltaba en Cásate y se sumisa, dirigido a la mujer, o Cásate y da la vida por ella, destinado a los hombres.

Sobre estos dos infumables libros, en los que se explicaba que la mujer ha nacido para casarse, tener muchos hijos y obedecer al hombre, escribí varios artículos que pueden ser consultados (Nueva carta a Constanza Miriano, Algunas preguntas a Costanza Miriano y Última carta a Costanza Miriano).

Puesto que la pastora Dalmaes Alves comparte los postulados de la italiana, hay que entender que para ellas se acabó el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio destino y a sus deseos de desarrollo personal y profesional. Ahora, en Brasil y los países en los que está penetrando la extrema derecha a través de programas contra los inmigrantes, las mujeres y la diversidad sexual, se pretende someter a una parte relevante de la sociedad a los dictados del capitalismo y del patriarcado.

Y para que veamos que esto no es algo nuevo, sino que es un empeño permanente para la pervivencia de una sociedad clasista y patriarcal, de la que las sectas evangélicas forman parte muy activa, mostraré un par de dibujos de niñas que pertenecen a este tipo de familia y en las que eso del “creced y multiplicaos” está tomado al pie de la letra en un mundo superpoblado y con unos índices de pobreza altísimos.



El dibujo que acabamos de ver lo realizó una niña de 7 años varios cursos atrás. Según información de la profesora de la clase, sus padres pertenecían a una secta evangélica, cuestión conocida por el profesorado, dado que otros de sus hermanos estaban escolarizados en el mismo centro. Como puede apreciarse, en el momento de realizar el dibujo, sus padres tenían 5 hijos y 3 hijas, cifra que es posible que se haya ampliado puesto que en sus relaciones no utilizaban ningún anticonceptivo, ya que, según ellos, tener muchos hijos era una bendición divina.



Si el dibujo anterior nos podía llamar la atención por el modelo de familia que promueven algunas sectas evangélicas, este segundo es bastante sorprendente. Lo realizó una niña de 8 años, también de familia evangélica, que se encontraba en tercer curso de Primaria. En el mismo, comprobamos que una gran madre incorpora, dentro de sí, nada menos que 9 hijos. Al preguntarle a la autora por el significado del dibujo, nos indicó que eran los hijos que tenía su mamá y que estaba muy contenta por tener tantos. (Debo indicar que para mantener la privacidad de los niños y niñas que aparecen en el dibujo, sus nombres están borrados.)

Resulta curioso porque el rostro femenino de esa supermadre dibujada por la niña se parece una enormidad al de la pastora Dalmaes Alves. Espero que no sea un vaticinio de lo que les espera a las mujeres de Brasil, puesto que, a pesar de contar con un enorme territorio, en el que se encuentra la Amazonia que quieren expoliar, tiene una población de más de 200 millones de personas, muchas de ellas en un grado de extrema pobreza.

AURELIANO SÁINZ

5 de enero de 2019

  • 5.1.19
Hace unos días se cerró el 2018 al tiempo que vemos asomar el 2019. Y el anuncio de un nuevo año quisiera celebrarlo con el artículo que hace el número veinticinco de la serie Discos y portadas. A lo largo de ella han aparecido casi 150 discos, en los que he podido comentar tanto a sus intérpretes como los temas que se incluían en los álbumes junto al diseño de sus portadas.



En esta ocasión voy a permitirme un pequeño regalo, por lo que me centraré en una selección muy personal de diez álbumes que yo me los llevaría a una isla desierta, aunque allí no hubiese ningún tipo de energía eléctrica, puesto que sería para salvarlos del olvido. Y digo diez porque no podría trasladar los cientos de discos que me han marcado después de tantos años de escuchar música. Es, pues, una brevísima selección que comentaré de manera escueta para hacerla más ligera.

Lo que sí quisiera apuntar es que los tres primeros citados –Harvest (Neil Young), Thick As a Brick (Jethro Tull) y Atom Heart Mother (Pink Floyd)– aparecieron en una sección dedicada a la música en la revista cultural Utopía que coordiné por los años ochenta. Todavía hoy los sigo colocando en la cima de los imprescindibles por sus indudables calidades, y también porque me han acompañado a lo largo del tiempo, ya que son como una parte de mi propia persona.



1. De mi admirado el infatigable Neil Young, necesariamente tengo que destacar entre su extensa producción a Harvest, ya que en este disco, aparecido en 1972, se encuentra “Heart of Gold”, el único tema suyo que alcanzó el número uno de las listas estadounidenses. Canción inolvidable y magnífico disco que sobrevive al paso del tiempo.



2. La crítica suele citar a Aqualung como el mejor álbum de Jethro Tull. Sin embargo, y a pesar de la genialidad del citado trabajo del grupo británico, para mí, Thick As a Brick es una singular e imperecedera obra de rock sinfónico. Las dos caras del disco formaban una auténtica exhibición del grupo y, de modo especial, del virtuosismo a la flauta de su líder Ian Anderson.



3. Cuando, allá por 1970, escuché en la radio el disco Atom Heart Mother de Pink Floyd me quedé anonadado. Era la primera vez que oía a la banda británica, y su brillantez me impresionó tanto que muy pronto fui a adquirirlo. Bien es cierto que, posteriormente, el grupo sacaría otras obras maestras, pero yo no puedo olvidar esa primera cita con un grupo que ha dejado una gran impronta en el mundo del rock.



4. ¿Queda algo por decir acerca de los Beatles? Me temo que ya es imposible añadir nada nuevo a ese cuarteto que ha sido la cumbre de la música popular. Y si cito Abbey Road no es solo por su icónica portada sino porque la luminosidad y la alegría se plasman en todas las canciones que se agrupan en uno de los mejores álbumes de la década de los sesenta.



5. Inevitablemente en una selección tan personal tendrían que aparecer mis admiradas e inolvidables Carmen Santonja y Gloria van Aerssen, es decir, Vainica Doble. Me resulta muy difícil seleccionar un disco de ellas, pues todas sus canciones me parecen pequeñas e intemporales joyas, en las que la imaginación, la fantasía, la crítica y la ternura se unen a parte iguales. Pero como tengo que presentar uno de ellos, lo hago con su doble Taquicardia, aparecido en 1984.



6. La unión musical de David Crosby, que provenía de The Byrds, con Stephen Stills, componente del grupo Buffalo Springfield, y con Graham Nash, componente de los británicos The Hollies, se plasmó en un gran disco que llevaba sus apellidos: Crosby, Stills & Nash. Fue el germen de una larga y fructífera historia musical, teniendo en cuenta que de vez en cuando se unía a ellos Neil Young. Tres o cuatro genios, según la ocasión, que nos dejaron espléndidos álbumes.



7. Cuando en el 2012 compré el disco Algiers de Calexico, grupo estadounidense ubicado en Tucson (Arizona), no me imaginaba que iba a encontrarme con una gran sorpresa: contenía otro disco suplementario, Spiritoso, que era el resultado de sus actuaciones en directo en Europa con la Orquesta Sinfónica de Wien y la Filarmónica de Babelsberg. Esta pequeña joya contenida en Algiers posteriormente se publicó se manera separada. Disco imprescindible.



8. Uno de los grandes cantautores canadienses es Gordon Lightfoot, al que he ido siguiendo su larga trayectoria desde sus inicios. Pero hay un disco que destacaría por encima de todos: If you could read my mind, por la sencilla razón que contiene “Me and Bobby McGee”, canción escrita por Kris Kristofferson, aunque popularizada en la voz del canadiense. Una balada que, junto a “Heart of Gold”, me ha ido acompañando a lo largo de mi vida.



9. El 16 de septiembre de 1997 vio la luz un disco espléndido con el título de Buena Vista Social Club, en el que participaban Ry Cooder junto con un elenco cubano formado por Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Eliades Ochoa y Rubén González. Recibió numerosos reconocimientos como sería el Grammy al Mejor Álbum Latino Tropical Tradicional. Un disco para la historia de la música latina.



10. Cierro este recorrido de diez álbumes con uno de música country. Ya sé que en nuestro país, a diferencia de otros del centro y norte de Europa, este estilo musical es abiertamente minoritario, pero también tengo que apuntar que hay incondicionales seguidores, entre los que me encuentro, que se mantienen al tanto de lo que se va publicando.

¿Y qué disco debería seleccionar entre tantos cantantes y grupos de este territorio musical? La elección sería muy difícil si esta sección no estuviera también dedicada al estudio y diseño de las portadas. Es por lo que me he decantado por This Time de Dwight Yoakam, uno de los cantantes country que se encuentra dentro de mis favoritos. Brevemente, quiero apuntar que esta es una de las mejores portadas que conozco dentro de las distintas ramas que surgen de un árbol denominado música popular.

AURELIANO SÁINZ

29 de diciembre de 2018

  • 29.12.18
Y llegó la Navidad. Como un componente del eterno retorno del que nos hablara Friedrich Nietzsche, ya nos encontramos en el ecuador de un ciclo que, año tras año, nos convoca a su cita. Papá Noel ha visitado los hogares de muchos niños; en los de otros, los padres les han dicho que es mejor esperar a los Reyes Magos, que vienen a la vuelta del nuevo año y que sobre sus camellos vienen cargados de esos juguetes con los que tanto sueñan.



Pero en estos tiempos de ávidos consumos, la Navidad nos la anticipan cuando las ciudades las iluminan con pequeñas bombillas multicolores, colocan abetos en lugares estratégicos y cuando acudimos a los supermercados a comprar y comprobamos que nos animan con villancicos cantados en inglés que se escuchan en toda la superficie de los mismos.

Hablando de luces navideñas, este año el primer edil de Vigo, Abel Caballero, con todo el entusiasmo del mundo, y de modo anticipado, nos decía que iba a llenar la ciudad de luces, de no sé cuántos millones de bombillitas led, tantas que para nada tendría que envidiar la ciudad gallega al mismo Nueva York. También los alcaldes hacen publicidad a su manera.

Y en ese eterno retorno que vivimos, no podría faltar el tradicional Sorteo de Navidad del 22 de diciembre, que todos los años, desde décadas inmemoriales, se celebra puntualmente con el método de la extracción de los números de los bombos para que no se perdiera ese sabor que emerge de los recuerdos familiares y de la infancia.

Como el Estado se lleva un pellizco nada despreciable de lo recaudado, es decir, muchos millones de euros (antes eran de pesetas), a algún directivo se le ocurrió que, ante la competencia que se abría con otros sorteos y tipos de apuestas que se multiplicaban por la geografía española, bien podría Lotería Nacional gastarse un buen dinero en una campaña publicitaria que fuera lo suficientemente impactante, para que los españoles no perdiéramos el hábito de comprarnos algunos décimos.

Bajo esta idea, nacieron aquellos anuncios protagonizados por “El calvo”, personaje que, en un ambiente gélido, con cierto aire de nostalgia y buceando en los sentimientos recónditos de la población, nos recordaba con suficiente antelación que no nos olvidásemos de adquirir esos décimos o participaciones que nos harían soñar en una vida mucho mejor que la que teníamos o tenemos ahora.

Pero, ay, tal como he apuntado, vivimos en una sociedad en la que el consumo y su agente comercial, es decir, la publicidad, no duermen las veinticuatro horas del día, de modo que en ellas planifican esos mensajes con los que buscan seducirnos, pretendiendo que no nos equivoquemos y no caigamos en las redes de una marca de la competencia, sino que permanezcamos fieles a la buena, a la auténtica, a la de calidad, pues solamente hay una que nos puede garantizar la pureza del producto que vamos a comprar.

Y siguiendo el exitoso modelo de Lotería Nacional, otra marca de productos cárnicos, muy española, como debe ser, hace unos años se lanzó también a ‘tirar la casa por la ventana’ y sacar para estas fechas unos spots, o pequeñas películas, que veríamos por televisión, pero que, en los tiempos digitales que vivimos, su objetivo real era que funcionaran en las redes sociales y se hicieran virales por medio de los envíos y los reenvíos de los adictos a los móviles.

Esa marca, como todos sabemos, se llama Campofrío, de la que tiempo atrás hablé en los artículos Mujeres alteradas, Retorno al pasado y Un gran anuncio con trampa, para que conociéramos sus sutiles estrategias persuasivas

Para esta Navidad de 2018, y siguiendo la línea ya afianzada de encargarles la filmación de la campaña publicitaria a directores de cine, se había pensado en Daniel Sánchez Arévalo. Así, en esta ocasión se promociona La tienda LOL (donde se compra el humor) en la que aparecen David Broncano, Antonio de la Torre, Silvia Abril, El Langui, las componentes de Azúcar Moreno, etcétera.

Pero antes de continuar, me parece adecuado que veamos el spot que cuidadosamente se había planificado para que se hiciera viral por las redes sociales.



Antes de nada, quisiera recordar que la finalidad de una campaña publicitaria comercial es la de promocionar una marca y sus productos con fines mercantiles; de ningún modo, trata de concienciar a la gente ante problemas sociales, pues las empresas no son oenegés ni nada por el estilo.

Como es ya habitual en el caso de Campofrío, se busca una cuestión social candente para situarse del “lado de los buenos”, es decir, de los que piensan que hay cosas que no van bien y conviene airearlas, eso sí, sin perder la compostura.

En esta ocasión, la idea central del relato audiovisual se ha centrado en el malestar que existe en la sociedad por el abuso que se produce con las denuncias de humoristas debido a la Ley Mordaza y los supuestos delitos de odio que se contemplan en la misma (aunque esto no de indique explícitamente en el anuncio).

Pero no nos debemos olvidar que el gran cabreo de esta sociedad, que hace aguas por todas partes, no viene, principalmente, de las denuncias a humoristas. Repasemos los motivos del malhumor tan extendido en la gente: tramas de corrupción, pobreza generalizada, jubilados temblando por sus pensiones, precariedad laboral, jóvenes en paro, machismo ibérico en pleno auge, conflicto territorial enquistado, rey emérito protagonista de grandes aventuras, avance de la extrema derecha, desahucios que no paran, preferentes que no se olvidan, etcétera, etcétera.

Bajo este panorama, la empresa y la agencia publicitaria encargada se han preguntado: ¿Cómo podemos construir una pequeña película comercial que sea políticamente correcta y que parezca como que hacemos una crítica social porque “se ha perdido el sentido del humor que siempre ha caracterizado a los españoles” ante las denuncias que se han abierto?

Esto es, a fin de cuentas, lo que en el fondo se nos narra en el spot de Campofrío. A partir de ahí, se construye un relato basado en un supuesto gran centro en el que se pueden adquirir cajitas en las que se encuentran concentrados chistes de distintos tipos, así como personajes que tuvieron gran reconocimiento como Chiquito de la Calzada o Eugenio. De paso, en las afueras del edificio, se presenta a “los malos”, o, lo que es lo mismo, a un pequeño grupo de “los ofendiditos” que protestan con pequeñas pancartas en medio del frío.

En los inicios del anuncio, se ve a una mujer joven que, en un día lluvioso y bajo paraguas, se acerca a una tienda de alto standing, al tiempo que escuchamos una voz en off que nos dice: “Hoy en día hacer un chiste sale tan caro… que es un lujo que pocos se pueden permitir”. En medio de la voz en off, sale una imagen de Chiquito de la Calzada de una de las cajitas diciendo: “No puedo. No puedo”.

Una vez que la mujer penetra en un ‘templo’ comercial que se asemeja a los de Apple, un dependiente se le acerca, y tras el saludo femenino de “Buenos días”, le responde: “Bienvenida. ¿En qué le podemos servir?”, a lo que ella contesta: “Venía a comprar un chiste”. A partir de ahí se van viendo las secciones en las que se venden diferentes modalidades de chistes con distintos personajes conocidos, hasta que se llega al punto clave del relato que es cuando Quique San Francisco abre una maleta en la que aparece la marca Campofrío en distintos envases.

¡Campofrío es la solución, pues si no te sientes bien en una sociedad que ha perdido el humor, al menos puedes degustar sus productos para que te quiten el mal sabor de boca!

Técnicamente, tal como ha acontecido en las campañas anteriores que ha citado, resulta ser un film muy bien realizado; sin embargo, me genera sospecha que hayan aparecido tantas reseñas periodísticas ensalzándolo, por lo que me pregunto: ¿Se anuncia Campofrío en esos medios que lo alaban tan abiertamente? De igual modo, también podemos ver cómo un youtuber desgrana en cinco partes y en plan doctoral la pequeña película, para finalmente acabar enalteciéndola.

Por otro lado, me pregunto: ¿Por qué no ha entrado en el relato visual una referencia a las ofensas a la bandera y sale Dani Mateo dentro del mismo en una de las secciones de las cajitas de chistes, ya que lo suyo fue, efectivamente, un chiste? Eso sí habría sido comprometerse realmente.

Bueno, no quiero extenderme y aparecer como un aguafiestas. Solo me gustaría apuntar que de siempre me han gustado mucho el diseño gráfico y la publicidad; pero la publicidad inteligente, esa que no utiliza rebuscados mecanismos persuasivos para hacernos creer que está haciendo crítica social, cuando lo que realiza es confundir la indignación social que recorre este país con la falta o pérdida de humor de los españoles. Y todo ello para que no compremos productos de la competencia.

AURELIANO SÁINZ

22 de diciembre de 2018

  • 22.12.18
Entre los Trabajos Fin de Grado (TFG) que el curso pasado dirigí hubo uno que me interesaba especialmente, pues se trataba de estudiar la génesis o la formación de la fantasía en las personas. Dado que su autora iba a ser una estudiante del Grado de Educación Infantil, había que centrarse en cómo se forma y se manifiesta la fantasía en los niños y niñas de este tramo educativo.



A la alumna le pareció muy interesante la propuesta que yo le hacía, dado que era un tema bastante innovador; sin embargo, cuando le propuse que la parte aplicada se realizaría sobre las ideas que los escolares de tercero de Educación Infantil tenían sobre la Navidad se quedó bastante dubitativa, ya que pensaba que todos iban a dibujar más o menos lo mismo.

La tranquilicé indicándole que no se preocupara, puesto que yo estaba seguro de que dentro de los dibujos habría bastante diversidad. Le expliqué que cada uno de ellos retiene con intensidad aquellas experiencias que más les hayan marcado durante unas fechas que las viven de modo muy especial. Son días en los que la realidad y la magia se unen de modo especial en sus mentes, por lo que los recuerdos archivados en sus memorias están cargados de imágenes llenas de fantasía.

Tras debatir y aclarar las dudas, acordamos que acudiría a los centros que habían aceptado que se llevaran en sus aulas las pruebas inmediatamente después de que hubieran pasado estas fechas, pues las vivencias de esos días las tenían muy presentes, por lo que se volcarían entusiasmados en la tarea de realizar los dibujos en los que plasmarían lo que ellos quisieran acerca de la Navidad.

Cuando nos volvimos a ver, y una vez realizados los dibujos, me dio la razón, en el sentido de que no podía creer que la mente de los pequeños acumulara tantas y tan variadas imágenes que fueron plasmadas en las láminas con toda la espontaneidad y entrega, tal como lo hicieron.

Para mí, y puesto que había que realizar previamente un marco teórico, lo sorprendente no fue la respuesta de los escolares, sino la escasa bibliografía que había sobre los estudios psicológicos de esta faceta humana, que no solo afecta a las primeras edades, sino que nos acompaña a los seres humanos a lo largo de la vida, aunque, lógicamente los contenidos de la fantasía sean distintos.

¿Acaso no entramos en un mundo de fantasía cuando nos vemos inmersos contemplando una película que nos apasiona? ¿No penetramos en un campo de la ficción al leer una novela que nos sumerge en mundos imaginarios y que, si está bien narrada, los vivimos con toda intensidad? ¿No acudimos a ciertas formas de fantasía cuando agobiados por la dura realidad damos rienda suelta a nuestros pensamientos que nos trasladan a posibles escenarios que nos alejen de una situación o de un contexto que nos aplasta?

Así pues, la fantasía, en sus diversas modalidades según las edades que se tengan o las experiencias vividas, nos acompaña a lo largo de nuestra vida; no es algo que privativo de las primeras etapas de la vida, puesto que sin la capacidad de fantasear el mundo se nos haría casi insoportable.

De todos modos, comprobé que los estudios y publicaciones que han realizado sobre esta faceta de la mente son escasos. Puesto que conozco el mundo de las investigaciones académicas, creo que el problema que presenta para algunos autores es que los contenidos de la fantasía son subjetivos y muy personales, por lo que es difícil someter a experimentos y cuantificar los resultados de un amplio grupo de individuos para llegar a conclusiones generales.

De este modo, en todas las bibliotecas de las facultades de la Universidad de Córdoba solo encontré un libro relacionado con este tema. Su título era Psicología de la fantasía, siendo su autor el psicólogo Isaak M. Roszek; apenas nada si hacemos comparación con los cientos de volúmenes que hay dedicados a los distintos aspectos de la mente humana.

A pesar de tan poca referencia teórica en los aspectos psicológicos (no así en las publicaciones de tipo gráfico o estudio de los dibujos infantiles), el resultado final del TFG fue excelente, tal como reconoció el tribunal que evaluó el trabajo presentado por la alumna y que tuve el placer de dirigir.

Y como ahora, al cabo de un año, nos volvemos a encontrar otra vez en estas fechas mágicas para los niños y las niñas de la mayor parte del planeta (a pesar del enorme consumismo que se propone en estos días, por lo que, en cierto modo, rompe con la inocencia y espontaneidad que se predican a través de la publicidad y los medios de comunicación), quisiera realizar una breve selección de los dibujos que realizaron los escolares de 5 años que participaron en el trabajo.

Una de las modalidades gráficas que expresaron se corresponde con la del dibujo de la portada. Para su autor, un niño de cinco años, la Navidad consiste en estar en casa y sin que haya cole, de modo que se encuentre acogido y protegido por toda la familia, tal como lo expresa por la línea que encierra a todos sus miembros y que resulta ser una derivación de la idea de la casa. ¿Y la Navidad? Pues queda expresada en uno de sus símbolos más conocido: el abeto, en el que se cuelgan las luces y que está coronado por una estrella.



El árbol de la Navidad ha venido a convertirse en el símbolo más representativo de estas fechas, aunque, de ningún modo, desaparece dentro de la fantasía infantil el relato mágico del portal de Belén con todos los personajes que lo componen. Hay que tener en cuenta que es la única fiesta de todo el año en la que un niño se convierte en el protagonista. Esto es lo que manifiesta gráficamente, con toda la ingenuidad de los cinco años, el autor del dibujo que acabamos de ver.



Las niñas, tal como he comentado en otros artículos, empiezan a sentirse personajes relevantes dentro de esos relatos que habitualmente son los que los hombres quienes los protagonizan: Reyes Magos, Papá Noel, el niño Jesús… Ellas, desde edades tempranas, ya quieren participar de la aventura de la vida, y no ser meras espectadoras de historias, leyendas o fábulas, ya que se dan cuenta que son los varones quienes forman parte de ellas de forma activa. De ahí, que esta niña se haya dibujado a sí misma, junto al árbol de Navidad, el portal de Belén y un grupo de cajas adornadas que representan los regalos tan ansiados.



Las cabalgatas de los Reyes Magos, que a inicios del nuevo año desfilan por las localidades del país, desde las grandes ciudades a los pequeños pueblos, son esperadas con entusiasmo desbordante por niños y niñas de todos los estratos sociales. Esa espera, lógicamente, llena de ilusiones e imágenes fantásticas las mentes infantiles. Y se verán correspondidas cuando vean a ‘Melcho’, ‘Gapa’… y sin respuesta para el rey negro, el mismo cuyo nombre no acababa de recordar la niña que, con su mano izquierda, realizó el dibujo del tema de la Navidad tomando como referencia a los Reyes Magos.



¿Y qué portan los Reyes Magos? La respuesta es muy clara: muchos, muchos regalos. No se concibe en las mentes infantiles que unos reyes vengan sin que les traigan aquellos juguetes con los que sueñan en un día tan señalado. Pero, en esa especie de sincretismo que es la mente de los niños, en la que se aúnan elementos muy dispares, resulta que también llegan al árbol navideño, aunque este sea de tradición foránea, de países fríos, puesto que la fiesta de la venida de los Reyes Magos solo se celebra en países del Mediterráneo cálido, como es el nuestro.



Si nos remontamos décadas atrás, tendría que recordar que en nuestro país eran los Reyes Magos los grandes protagonistas del relato navideño, dado que Santa Claus, San Nicolás o Papá Noel, tal como he apuntado, tienen sus raíces en otras latitudes. Pero, como todos sabemos, un alto consumismo se ha instalado en las sociedades contemporáneas, por lo que ahora con los pequeños hay que duplicar de regalos. Y es que Papá Noel también se ha establecido en las mentes infantiles, tal como esta niña expresa, con un saco rojo de regalos que los dejará junto al árbol.

Y para que entendamos que Navidades y consumo están ya íntimamente unidos, quisiera recordar que la imagen del Papá Noel que ahora nos frecuenta fue diseñado por el publicista estadounidense Haddon Sundblom por encargo de Coca-Cola Company. Sobre ello ya hablé de modo amplio en el artículo Papá Noel y la Coca-Cola, que puede ser consultado por quienes quieran conocer las fantasías ‘planificadas’ y secuestradas por las multinacionales.



Y si hay un Papá Noel, ¿no puede haber una Mamá Noel? Es lo que imaginó esta niña cuando se puso a la tarea de plasmar lo que para ella era la Navidad. Así pues, ahí tenemos a Mamá Noel entre dos abetos con sus correspondientes adornos y una multitud de regalos que viene a traer a las niñas, todos en sus correspondientes cajas. Lógicamente, si a lo largo del tiempo se han creado personajes nacidos de la fantasía colectiva, caso de este papá regordete, ¿por qué la fantasía de una niña no habría que admitirla y pensar que también hay una versión femenina de ese personaje tan generoso que vuelve todas las Navidades para traer regalos a los más pequeños?

Para mi nieto Abel que este año verá por 
primera vez la cabalgata de los Reyes Magos.

AURELIANO SÁINZ

15 de diciembre de 2018

  • 15.12.18
Nos encontramos en una cultura marcada abiertamente por estereotipos, de modo que, desde edades muy tempranas, niños y niñas asimilan los modelos físicos que son los aceptables y los que son rechazables socialmente, por lo que aquellos que no responden a esos cánones que constantemente se muestran por distintos medios, sea por ejemplo la televisión o la publicidad, comienzan a sentirse acomplejados.



Como bien podemos deducir, el término "acomplejado" se deriva de "complejo", no en el sentido de complicado o problemático de interpretar, sino en su significado psicológico, entendiendo que los escolares que lo padecen les hacen sentirse diferentes y de forma negativa al resto de sus compañeros, es decir, con franca minusvaloración propia, cuestión que marca perjudicialmente la incipiente formación del carácter de los más pequeños.

En un sentido amplio, podríamos apuntar que casi todo el mundo tendríamos ciertos complejos, carencias o valoraciones negativas que realizamos sobre nosotros mismos, basadas estas en aspectos de la propia imagen física que no nos gustan o de rasgos de la personalidad que aparecen en nuestras interrelaciones ante los demás, y que son el resultado de experiencias negativas que archivamos en nuestra memoria, sea de manera consciente o inconsciente.

Sin embargo, si pasamos del ámbito cotidiano en el que nos desenvolvemos y entramos en el de las ciencias humanas para indagar los orígenes del concepto de complejo, tendríamos que remitirnos a la psicología, ya que fue Sigmund Freud quien en su obra Introducción al psicoanálisis nos habla del mismo cuando propone el denominado complejo de Edipo, ligado, según el autor austríaco, a la incipiente sexualidad infantil y en el sentido de que el niño inconscientemente tiene como rival al padre al desear poseer a la madre.

Para entender el significado del complejo de Edipo, que ha sido siempre objeto de franca polémica, con fieles defensores y sus correspondientes detractores, habría que remontarse a la mitología de Tebas y a la obra de Sófocles, Edipo Rey, tragedia griega escrita en el año 430 antes de Cristo, en la que se narra la etapa central de la vida de Edipo que llegó a ser rey de Tebas, tras casarse con su madre, Yocasta, y haber matado previamente a su padre.

De todos modos, saliendo del campo del psicoanálisis, y dada la amplitud del término complejo para referirse al conjunto de las autovaloraciones negativas, he de apuntar que la mayor parte de los psicólogos y educadores prefieren referirse como "síntoma" o "síndrome" a cada problemática específica que pueden sufrir niños y niñas en sus nacientes personalidades.

En mi caso, y sobre este tema, como investigador del desarrollo emocional de los escolares a través de sus dibujos, quisiera manifestar que a lo largo del tiempo me he tropezado con representaciones en las que algunos expresaban, con distintos modos gráficos, los complejos que sufrían, siendo el de obesidad el que con mayor frecuencia aparecía. Sobre este tema ya publiqué hace tiempo el artículo Los niños y el complejo de obesidad, en el que abordaba el sentimiento de rechazo que niños y niñas sufren al sentirse distintos y desplazados por sus compañeros de clase.

Pero no es solo el complejo de obesidad el que afecta a escolares. Existe también el complejo de inferioridad, que designa al conjunto de las ideas, sentimientos y conductas que afectan a los individuos que se valoran negativamente o se sienten incapaces de afrontar ciertas tareas que, en caso de normalidad, las podrían llevar a cabo.

Fue Alfred Adler, otro de los grandes nombres del psicoanálisis, el que abordó este tipo de complejo, no ligado a la sexualidad, y que estaría bastante extendido, afectando a alguna parte significativa de la población, puesto que suele formarse durante la infancia y que, si no se supera, afectará significativamente en edades superiores.

Es lo que sucede al autor del dibujo de la ilustración, un chico de 10 años, quien se siente anulado ante la presencia de tres personajes, puesto que se ha trazado en tamaño muy pequeño y ubicado en la parte superior de la lámina. En la inferior, aparecen su padre, su madre y su abuela, todos en primer plano, con enormes bocas, representando la gran carcajada que los tres emiten al mismo tiempo. Tan clara es la expresión, que el autor del trabajo ha trazado bien visible la lengua a cada uno de los personajes, como si se estuvieran riendo y mofándose de él.

Para que veamos cómo algunos de los complejos de inferioridad se forman en el seno de las familias, aparte del comentado, he seleccionado otros siete dibujos que comentaré brevemente.



Una de las formas gráficas de minusvaloración es la realización de las figuras en tamaño muy pequeño. Es lo que le sucede al autor del trabajo anterior, un niño de seis años que se encontraba en el primer curso de Primaria. Como podemos apreciar, aparecen los miembros de su familia en tamaño mínimo, dejando un gran vacío en la lámina. Por otro lado, no se representa, como expresión de la inseguridad y timidez que le envuelve, y que la manifiesta en la clase por el poco contacto que tiene con sus compañeros.



Si avanzamos un par de cursos, nos encontramos con el dibujo de M., un chico de 8 años y de tercer curso. Al entregarnos su trabajo, le pregunté por qué no se había dibujado, dado que había espacio suficiente en el lado derecho. El autor no respondió a la pregunta; aunque entiendo que no lo quería hacer por el rechazo que siente hacia sí mismo debido a los gustos un tanto femeninos que mostraba y que eran objeto de ciertas burlas por parte de sus compañeros. Esta tendencia se aprecia en el detallismo con el que dibuja a su madre, que, a mi modo de ver, es más habitual en los dibujos de las niñas.



Algo similar a lo descrito anteriormente es lo que le ocurre a este chico, también de 8 años, que se siente rechazado dentro de su propia familia, tal como me indicó la profesora de su clase. En cierto sentido, lo manifiesta en el dibujo realizado, ya que se ven a sus padres, así como su hermano y hermana mayores, todos juntos, que le están mirando y riéndose, al tiempo que él se encuentra solo y empequeñecido, jugando con su pelota. No se traza su boca, como señal de silencio, de aguantar todo lo que siente dentro de su propia familia.



Resulta llamativo que todos los dibujos en los que se expresaba el complejo de inferioridad se debían a niños y que solo en el caso de esta niña lo tenía anotado, ya que me lo había indicado la profesora de la clase. Así, la autora, una niña de 9 años, tenía un complejo de inferioridad muy acentuado, tanto que sus padres la habían llevada al psicólogo con el que realizaba ejercicios de autoestima. Lo cierto es que la escena que ha plasmado no responde a esos sentimientos descritos, puesto que se expresa de forma alegre y colorista, al tiempo que se representa entre sus padres, como señal de protección y se hace acompañar de sus abuelos, lo que es indicio de que en la familia están muy pendientes de ella.



La presencia abrumadora de algunos padres da lugar a que el hijo o la hija pueda sentirse muy anulado. Es lo que le ocurre a A., un chico de 10 años que se encontraba en quinto curso de Primaria cuando realizó este dibujo. Como podemos apreciar, inicialmente, traza a su padre, grande, fuerte, con presencia casi cargante. Una vez realizada la figura paterna, pasa a la de la madre que muestra unas características similares a las del padre. Finalmente, no se dibuja en el espacio de la derecha que debía ocupar, como expresión de la falta de autoestima que posee y que se manifestaba en el colegio por la timidez y la inseguridad que el chico mostraba.



En ocasiones, una anomalía física puede convertirse en un auténtico complejo que obsesiona a quien lo tiene, dado que puede ser objeto de burla por sus compañeros. Esto lo podemos comprobar en el dibujo anterior, de un niño de 8 años que nos entregó este trabajo de la familia. ¿Y dónde se encontraba la razón de su complejo de inferioridad? Si nos fijamos en el rostro, encontramos que se muestra irritado, con los ojos triangulares y las pupilas en la parte de abajo. El niño padecía estrabismo y el que aludieran a él como el “bizco” le atormentaba, lo que daba lugar a ese carácter malhumorado que había adquirido.



Para cerrar este repaso por el complejo de inferioridad, muestro un dibujo que bien podría ser objeto de estudio psicoanalítico, dado que la escena que me entregó el autor, un chico de 12 años, de sexto de Primaria, responde a una singularidad bastante infrecuente. Y es que en la escena aparece solo su padre portando un carrito de bebé, en el que se encuentra él (suponemos como si fuera también un bebé), mientras que su padre, con un globo de cómic, piensa en sí mismo, como si se recordara cuando era un niño de corta edad y que iba cogido de la mano su madre (la abuela del autor), al tiempo que también en el pensamiento aparece su hermana mayor (la tía del dibujante).

Tengo que apuntar que cuando recogí este trabajo no me dio tiempo a charlar con el autor del mismo, lo que da lugar a que me falten algunos datos para dar una interpretación más completa. De todos modos, creo que sufre una especie de complejo relacionado con la figura paterna, ya que la madre no aparece en la escena. Esto da lugar a que, tal como he apuntado, no pueda afirmar con claridad lo que pasaba por la mente de quien había realizado este singular dibujo.

AURELIANO SÁINZ


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