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Mostrando entradas con la etiqueta Desde el Llanete de la Cruz [Pepe Cantillo]. Mostrar todas las entradas
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25 de abril de 2019

  • 25.4.19
“Pan y circo” es una expresión que proviene del tiempo de los romanos. La frase es muy simple pero muy significativa. Alude a comida que por lo normal consistía en trigo o pan para calmar los jugos gástricos que rugen como leones cuando aprieta el hambre; la palabra "circo" hace referencia a jolgorio “regocijo, fiesta, diversión bulliciosa” (sic). A veces también repartían vino.



¿Daban fiesta y comida gratis? Era una forma muy complaciente de tener entretenido y lo más contento posible al pueblo. Se trataba de acallar protestas, de no montar bulla, de ser buenos, obedientes, depositando la confianza en los mandatarios y no meterse con el poder que, se supone, sabe lo que tiene que hacer por el bien del pueblo. Lo de gratis es otro cantar. Quede claro que no solo nos controlan con alimentos.

¿Gobierno altruista? El altruismo, en sentido estricto, se refiere a “la diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del bien propio” (sic). Lo de “a costa del propio bien” vamos a dejarlo de lado. En el caso que nos ocupa, tal capacidad “altruista” siempre es a costa del erario estatal dado que los caudales públicos no son de nadie. Eso nos venden. El poder debe ser estricto administrando, cuestión que parece olvidarse con facilidad.

Una curiosidad. Muchos de dichos espectáculos en la Roma Republicana tenían origen religioso con carácter sagrado y ritual recordando a los difuntos. Con el paso del tiempo pierden dicha sacralidad y se acoplan al gusto del público. “El muerto al hoyo y el vivo al bollo” desplazará al evento religioso.

Las luchas encarnizadas se desarrollaban en los anfiteatros. El espectáculo solía ser sangriento y el público terminaba pidiendo la cabeza del vencido que podía ser un criminal, un prisionero o un gladiador. Los animales eran otro de los elementos a intervenir en dichos espectáculos.

Este divertimento y la distribución de alimentos de manera gratuita se convirtieron en las dos grandes herramientas de control social. Como ejemplo, por toda la Península hay restos de circos o anfiteatros. El circo Máximo de Roma tenía capacidad para 300.000 espectadores.

Santiago Posteguillo hace una interesante descripción en el capítulo cuarto del libro Yo, Julia. Nos describe un macabro espectáculo cargado de sangre y de crueldad contra animales y amagos mortales contra espectadores. Todo ello a gusto del emperador Cómodo, que controla hasta a los senadores.

La máxima “pan y circo” ha pasado a la posteridad con sentido peyorativo. Con su uso damos a entender que la autoridad, el Gobierno o el político en el poder escamotean la realidad a cambio de diversión, de entretenimiento que garantiza una cierta actitud de conformismo y de calma en el personal.

La política de pan y circo es atemporal y está muy activa en la actualidad. No pertenece en exclusiva a ningún país. Pervive adaptándose a las circunstancias del momento y al cambio de modas. En los tiempos que corren, una de las diversiones más popular es el fútbol, actividad que mueve gran cantidad de personal desde hace tiempo y una amplia gama de negocio chanchullero. Merece la pena prestar atención al siguiente video, La gran mentira del fútbol:



A esta actividad hay que añadir otros deportes como maratones, carreras pedestres, de bicicletas, todo ello estratégicamente programado y distribuido. Sería interesante hacer un análisis de diversiones selectivas en las que famosos y famosillos se embarcan para entretener al pueblo.

¿Preocupación por el personal? En pocas palabras, se trataba de tener entretenida y lo más contenta posible a la plebe. De dicha frase lacónica y fácil de comprender y retener por su brevedad, es posible que derive nuestro refrán “las penas, con pan, son menos”.

En resumen una pena será más llevadera con pan y con la ayuda de alguien, en este caso el “Poder”, que puede ser de todo menos tonto. ¿Caridad cívica? Dicho pan es un apoyo material y psicológico para compensar el malestar dentro de una sociedad descontenta y saturada de apuros que ahogan a los ciudadanos de aquella Roma o de esta Hispania.

No hay que ser un lince ni tener vista de lince para olisquear que nos están dando gato por liebre. Puede que no seamos, en general, tan astutos como el lince pero tampoco tan tontos ni tan papanatas como a veces nos hacen creer desde el poder. Aun así, nos dan con frecuencia gato por liebre.

Mañana… Lejos quedan las promesas hechas en el orden económico, social. Verdades a medias, mentiras camufladas, bulos, son parte del concierto que nos ofrece el panorama político, tanto si lo controla, como se dice ahora, una “casposa” derecha, como si lo promete una “suavizante” izquierda que se jacta de tener “ideas y actitudes avanzadas” que también se pueden calificar de casposas por su carácter “lenitivo”, es decir, capaz de “ablandar y suavizar”. Y pare usted de canturrear.

Para pregonar que se tienen ideas avanzadas hay que aportar hechos por aquello de que “obras son amores y no buenas razones”. De nada valen las promesas si no van de la mano de resultados. Hacer promesas es tan fácil como respirar: el problema estriba en cumplir con lo “pro-metido”. El panorama político que nos circunda podría ser ejemplo de promesas mil, que van “quedando en agua de borrajas”, es decir, “en nada”.

¿Verdad que en poco ha cambiado la situación desde los años de Maricastaña a hoy? En lo que atañe al circo, la fiesta puede que se haya dulcificado, en apariencia, un poco por aquello de que no deja mucha sangre. Hoy disfrutamos de espectáculos que aglutinan a una gran masa de personal.

Se han anulado las luchas contra animales feroces pero no entre animales humanos que en determinados eventos desarrollan una conducta feroz “brutal, agresiva, despiadada, cruel” (sic), por lo sádico de su comportamiento. Hoy no se pide la muerte del gladiador vencido pero a veces falta poco para que se haga presente.

La fiesta era la fiesta. Nuestros eventos de masas están, por lo general, más humanizados que aquellos sangrientos encuentros entre gladiadores o con fieras salvajes hambrientas. Es verdad que de cuando en cuando nos visita el terror.

Las carreras de coches o motos han sustituido a las de cuadrigas. No así a las carreras pedestres, entre ellas el maratón que no es romano pero está de plena actualidad. Tanto unas como otras consistían básicamente y siguen con la misma “monserga”, que no es otra que “tener entretenido y lo más contento posible al pueblo”. De ahí la razón de ofrecer el máximo de parranda. A más diversión menor preocupación.

Como botón de muestra un breve repaso por el maratón celebrado en Valencia a final del año pasado. Todos contentos, sobre todo las autoridades pertinentes, ufanas ellas, hablan de una multitud de miles de personas tanto autóctonas como venidas de otros rincones europeos. El evento contó con más de 30.000 participantes, según datos oficiales.

El maratón es una carrera de resistencia con el desafío de correr 42 kilómetros. Valencia es una ciudad normalita en lo referente a su extensión y por supuesto llana. La carrera parte de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Según palabras del director de Strava, Valencia es el corazón del running en España.

Un remate curioso. El poder, sobre todo local, en lugar de prohibir taxativamente fiestas arraigadas, ofrece novedades festoleras que intentan desplazar a las ya existentes. Hay veces que el cambio es fácil pero otras tantas se resiste. El pan ya no suele ser elemento de enganche a la fiesta.

PEPE CANTILLO

11 de abril de 2019

  • 11.4.19
La semana pasada circuló por las redes una carta que el Premio Nobel de Literatura, Albert Camus, dirigió a su maestro en noviembre de 1957, en la cual le agradecía lo que había hecho por él cuando era un escolar que malamente podía dirimir si estudiaba o no. Tanto la carta de Camus como la respuesta de su maestro, de las que ya nos hablo Aureliano Sáinz en Educar con pasión, merecen una detenida lectura.



¿Quién es Albert Camus? Simple y llanamente un “pieds-noirs” (pies negros), mote con el que los argelinos señalan a los emigrados a la colonia francesa de Argelia. Nace en la más absoluta pobreza, en el seno de una familia de colonos. Su infancia y parte de la juventud transcurre en Argelia. El tipo de apodo podría ser algo similar al que se le atribuye a los “indianos” por parte de los españoles, con la diferencia de que muchos de estos eran gente rica. Hasta aquí la parte negativa de este genio. Nace en Argelia, 1913 y muere en Francia, 1960 a la edad de 46 años.

Vamos a la cara positiva que por suerte posee. Inteligente y disciplinado, va a la escuela primaria y también cursa Bachillerato. Animado por su profesor de primaria, L. Germain, lee a los filósofos, en especial a Nietzsche. Se gradúa en Filosofía y Letras con la tesis Relación del pensamiento clásico griego y el cristianismo a partir de los escritos de Plotino y San Agustín. La tuberculosis que arrastra le impide dar clases y se refugia en el periodismo y en la creación literaria.

Novelista, dramaturgo, ensayista, filósofo y periodista, su pensamiento navega entre el existencialismo y el absurdismo. Estará muy influenciado por filósofos como Nietzsche y Schopenhauer. En 1957, por su gran aportación literaria, le conceden el Premio Nobel de Literatura.

Es una mente inquieta y productiva. En su haber hay una amplia producción de obras entre novela, ensayos y artículos periodísticos. Como escritor, sus obras más conocidas son La Peste, El Extranjero o El mito de Sísifo. Otras obras que destacan son La muerte feliz, El hombre rebelde o La caída. Sería aburrido citar toda su producción literaria.

En el trasfondo de sus escritos subyace el conflicto entre la búsqueda de un sentido a la vida y la inexistencia de dicho sentido. El esfuerzo realizado para encontrar sentido es de por sí ya absurdo. La solución, que en principio es inexistente, la encuentra en la solidaridad y en la capacidad humana de resistir. La tragedia del vivir se impone a la noción del absurdo.

Algunos detalles significativos de su vida, obras y milagros: mantiene una actitud muy crítica contra el cristianismo y el existencialismo (a pesar de Sartre) porque alejan al hombre de lo humano. Para Sartre, comunista también, “el que critica al comunismo es un perro rabioso”, amén de aceptar sin protestar los millones de muertos causados por Stalin.

Camus abandonará el Partido Comunista por discrepancias en temas como el pacto germano-soviético y pasará a ser un fervoroso partidario de las posturas anarquistas defendiendo, sin duda ni vacilaciones, la lucha por la libertad.

Muere en un accidente de coche. Sobre su muerte parece que hay rincones algo oscuros. Recientemente se ha editado el libro Camus debe morir cuyo autor, Giovanni Catelli, especializado en estudios sobre Europa del Este, trata de desenredar este accidente que parece está relacionado con muchos intereses políticos del momento. La KGB aparece en el punto de mira de la investigación.

Entro en la temática que justifica estas líneas. De la pobreza absoluta consigue llegar a las más altas cotas de la cultura. El recuerdo de su vida escolar es positivo y más aún lo es la gratitud que profesa a su maestro Louis Germain, a quien dedica el discurso del Nobel. Dicho profesor también se siente feliz con el éxito de su alumno.

Toda su corta vida estará marcada por una actividad constante. Crea una compañía de teatro para representar obras clásicas a trabajadores. Como periodista publica Bodas, conjunto de artículos de profunda reflexión. En El extranjero y El mito de Sísifo refleja la influencia que recibe del existencialismo.

Hablemos del maestro. El maestro es quien abre las ventanas del saber para que los escolares puedan otear el horizonte y aprender de las múltiples posibilidades que ofrece la gran parcela del conocimiento.

Últimamente desde la política nos vienen hablando de adoctrinamiento sobre todo a los pequeños. Adoctrinar (infundir) consiste en “inculcar a alguien determinadas ideas o creencias” (sic). "Adoctrinar" es una palabra cargada de manipulación que ahoga la libertad del sujeto y sesga la capacidad crítica.

El maestro no adoctrina, no debe, abre puertas para aprender y, si me apuran, diré que tampoco enseña: solo muestra el horizonte coronado de montañas por escalar. Enseña si queremos aprender, si la curiosidad nos ronda a cada paso que damos por este supuesto valle de lágrimas –la alusión es metafórica, carente de sentido religioso–.

El maestro enseña si desde su atalaya de experiencia y conocimientos atisba el inquieto deseo que nos impele hacia la libertad, si le decimos con la mirada que nos muestre el camino. "Enseñar", "aprender", "educar", "guiar", "orientar"… son verbos que cada sujeto puede asimilar si cuenta con el apoyo de su voluntad.

El buen maestro deja entreabierta la puerta de la curiosidad para que entremos al mundo del saber pero siempre desde la libertad personal. Cuando percibe la capacidad receptiva del escolar entonces se entrega en una maniobra de siembra a voleo. Es un preceptor si queremos aprender a aprender.

Caso contrario pasará por nuestras vidas como una carga impuesta desde fuera por la familia en conspiración con la sociedad, por aquello de que todos tenemos derecho a ir a la escuela –tenemos derecho a la educación entendida como “instrucción por medio de la acción docente” (sic) en el sentido más amplio del término, es decir si queremos aprender–. Según el diccionario, se trata de “adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia” (sic).

Demos un paso hacia lo concreto. Aprendemos Juntos es un proyecto integrado por BBVA, Santillana y El País que nos ofrece, alrededor de la educación, una serie de materiales-charlas-experiencias de profesionales altamente cualificados de los cuales solo cito tres entradas que me parecen muy interesantes.

En este enlace, el doctor Francisco Mora, deja claras dos importantes líneas: la primera está referida a cada persona: “Somos lo que la educación hace de nosotros”. La siguiente cita aporta un alto valor y es contundente: “El maestro es la joya de la corona de un país”. Pura utopía. Los comentarios a estas afirmaciones dan para departir largo y tendido.

En Cuaderno de viaje de un maestro, José A. Fernández Bravo, maestro con larga experiencia, deja todo un mensaje que debemos tener en cuenta. Para cerrar, Nélida Zaitegi pregunta cómo aprende un niño a convivir. Y responde: "Conviviendo". ¿Perogrullada? Respondamos después de oír por dónde van los tiros. Añade que “debemos ayudar a que los jóvenes sigan subiendo escalones en la humanización para conseguir una sociedad mejor”.

Por desgracia, entre nosotros el docente (maestro o el profesor) está poco valorado. Leyes partidistas, padres (entro)metidos a profesores, políticos metidos en berenjenales que no les corresponden, hacen que los docentes cada día que pasa tengan mal cartel. ¿Motivos? Se podrían aludir multitud de ellos que van desde la lástima al no aprecio (¿desprecio?). Los resumo en breves líneas que corren entre nosotros.

Tiempo ha, al maestro se le tenía lástima con aquello de que “pasas más hambre que un maestro de escuela”. De la lástima hemos pasado a cierto desprecio con otra frase que también ha hecho historia: “trabajas menos que un maestro de escuela”. ¿No hay respeto? Hay que resaltar que la autoridad del maestro está muy carcomida por aquello de que su labor no está reconocida. Menospreciarlo delante de nuestros hijos es un error.

Para terminar, me referiré a El maestro es el niño, un documental sobre la Pedagogía Montessori, por si nos puede ayudar en algo, máxime si tenemos algún retoño que deba ser escolarizado el próximo septiembre. Y cierro con una frase significativa de Camus: “Buscar lo que es verdad no es buscar lo que uno desea”. La verdad hay que buscarla a pesar de que pueda ser dolorosa.

PEPE CANTILLO

28 de marzo de 2019

  • 28.3.19
Este podría ser un titular de impacto si solo nos quedáramos en la superficie del mismo. Ciertamente, toda ruptura del conjunto familiar comporta daños colaterales que dejan secuelas más o menos serias, tanto en los adultos como en los hijos, dependiendo de la madurez personal de cada uno de sus miembros.



Casi sin darnos cuenta nos hemos convertido en una sociedad líquida, como dice en sus escritos Z. Bauman. Personalmente suelo llamarla “de usar y tirar” (clínex). Estamos rodeados de objetos de rápida caducidad para consumir más y más y eso lo hemos trasladado al ámbito vivencial donde es fácil desechar cosas y desalojar a las personas de nuestra vida…

Hoy la separación de parejas está a la orden del día. Se habla ya de algunos cientos de miles de casos anuales. ¿El personal se separa con mucha facilidad, casi con frivolidad? ¿No nos aguantamos? ¿Ha desaparecido la capacidad de soportar al otro? ¿Simplemente se agotó el amor, palabra que lo dice todo y no dice nada? Pues, tiramos por el camino fácil. La cifra de separaciones ha descendido a parejas con menos de 20 años juntos. Frivolizando, podemos pensar que ya son bastantes años.

España es el segundo país de la Unión Europea con más separaciones. Dicha separación puede llevarse a cabo de mutuo acuerdo o por el juzgado. El llamado "divorcio exprés" es un tipo de separación “a las buenas”. El otro modelo pasa por el juzgado con el arbitraje de juez y abogados, tarda más tiempo y dura más el proceso puesto que hay que pleitear (a malas). Que no quepa la menor duda, dicho modelo judicial hace más daño a adultos y a la prole, sean ellos adolescentes o infantiles.

Seguir a toda costa, una situación vivencial deteriorada, agresiva, opresora, de continuo enfrentamiento, tampoco es bueno para nadie. El “hasta que la muerte nos separe” no está vigente. Las cosas no salieron tal como esperábamos, no nos entendemos, lo hemos intentado, pero… Más vale separarse que machacarse diariamente.

Es importante saber y tener en cuenta que una familia llena de conflictos es mucho más perjudicial que la misma separación y que contar con la presencia del padre y la madre en el hogar no garantiza la felicidad o el desarrollo óptimo de sus miembros en dichas circunstancias de guerra psicológica y a veces física.

Posiblemente pensemos que es muy fácil emitir juicios de valor sobre este asunto. La casuística es tan amplia como parejas hay. Sin pretender agotar el tema ni menospreciar a los adultos implicados, me centraré en los daños colaterales ocasionados a los hijos, si los hay. Lamentablemente, ellos son los grandes perdedores en esta contienda, porque son los más frágiles.

Parto del hecho cierto de que hay exmaridos, exesposas, pero no debe haber expadres, salvo por desgracia, cuando la muerte está por medio. Y en tal caso, los recuerdos mantienen vivo al ser querido que, desgraciadamente, hayamos perdido.

Una separación conlleva, por su propia esencia, una dosis de hostilidad entre los padres. Si la hostilidad persiste después del divorcio, es difícil que no afecte a la convivencia de los hijos. Si la discordia se traslada a los hijos, intentando que tomen partido o que vean a la otra persona como un ser con muchos defectos, estamos haciéndoles un flaco favor.

En una separación y de cara a los hijos, es importante tener en cuenta y claro alguno de los siguientes aspectos: los hijos no pueden ser moneda de cambio; pelear delante de ellos es peligroso y dañino, porque aprenden modelos de comportamiento negativos (gritar, insultar); no se debe hablar mal de la pareja delante de ellos, y un largo etcétera.

¿Qué pierden los hijos con la separación? Además de la seguridad de saber que tienen unos padres con los que ya no viven, la ruptura conlleva convivencia forzada con uno de los padres (por lo general suele ser la madre la que tiene la custodia de los hijos). No siempre la elección del progenitor con el que convivir es la más acertada y la que el hijo quisiera, el cual también debe poder decir algo sobre el tema si es adolescente.

La respuesta de los hijos a la separación depende de la edad y de la madurez psicológica de cada uno en particular. Las reacciones más frecuentes observadas, sobre todo en los adolescentes, son múltiples y los daños, también. Del daño a los pequeños ni me atrevo a hablar porque es más complicado aunque digan que, al ser pequeños, no se enteran.

Aparecen dificultades emocionales como depresión, miedo, ansiedad, tristeza junto con un marcado sentimiento de pérdida que genera problemas de conducta y una bajada del autoconcepto. Es frecuente que se den manifestaciones de rabia contra los dos padres o contra uno en particular, así como inseguridad y que el sistema de valores ya adquiridos se resquebraje.

En el caso de los adolescentes, los fracasos personales les desmotivan aún más, por lo que son poco tolerantes con la frustración. Suelen actuar sin pensar en las consecuencias de su acción, sin plantearse el porqué de lo que van a hacer. Pasividad y desmotivación son otros de los síntomas que manifiestan.

No les preocupa su aspecto físico, incluso si están en la etapa de llamar la atención con su atuendo provocativo, no dudarán en hacerlo. Rechazarían taxativamente un uniforme oficial del colegio y, sin embargo, se uniforman para ser aceptados entre iguales.

El futuro les trae sin cuidado. El “carpe diem” es lo único que en apariencia les absorbe y se refugian en la pandilla. Presumen de poseer cosas valiosas (el mejor móvil, último juego de ordenador…) para así deslumbrar a los demás y ganárselos en el caso que estén chantajeando a un progenitor.

Como padres debemos transmitirles esperanza, tesón, dominio de las emociones, así como motivarlos lo máximo posible y, sobre todo, hacer que se sientan queridos pase lo que pase entre los mayores. Papá te quiere. Mamá también. Esta cantinela, aunque pueda sonar molesta e importunarles,  conviene repetírsela con cierta frecuencia.

Rastreando información me ha sorprendido leer que “casi todos los divorcios vienen provocados desde Facebook”, dado que brinda los medios, las excusas y las coartadas para comunicarte con gente masculina o femenina. Tampoco se trata de vivir como monjes. ¿Quedamos? Y en un momento salta la liebre. Me cuesta creer que este medio pueda tener tanta influencia, pero la soledad es peor que la carcoma.

Razones para separarse suelen ser la infidelidad de uno o de los dos miembros de la pareja, los celos de uno de ellos con o sin motivos, el disparo machacón de frases a medias, problemas de dinero, intrusos (suelen ser familiares) que con supuesta buena voluntad atizan el fuego: "ya te lo decía yo, que no era trigo limpio" (él o ella).

Al menos, cada uno de los padres debería mantener una relación cordial delante de ellos. No hablarles mal a los hijos del padre o de la madre pues dicha actitud no soluciona y sí agrava las circunstancias. Sería interesante asegurarles una vida lo más normal posible sin introducir demasiados cambios. Seguir demostrándoles el cariño que se siente por cada uno de ellos, lo cual no es ni debe ser un chantaje para tenerlo de parte de uno y en contra del otro (él o ella).

La situación de los hijos suele ser de ansiedad, problemas conductuales, fracaso escolar y vivencial con su entorno, la depresión está a la puerta junto al aislamiento y serios problemas de conducta. Mientras menos sufran por dicha separación, menos frustración y desamparo tendrán.

Una idea final sobre esta parcela familiar: de los 13 a los 18 años, la separación de los padres causará problemas y provocará, por lo tanto, fuertes conflictos. Los padres, independientemente de sus desencuentros como pareja, son padres. Como tal, su tarea es la de acompañar, guiar y orientar a sus vástagos.

El padre o madre que queda con la custodia de los hijos deberá tener mucho cuidado en la manera cómo explica a los hijos su nueva situación y, sobre todo, ser precavido en lo que pueda decir contra el padre o contra la madre. La custodia, por lo general, es compartida aunque no necesariamente al 50 por ciento del tiempo.

A largo plazo es más rentable exaltar lo positivo del otro que machacar con lo negativo. Soy consciente de estar pidiendo un imposible, pero por intentarlo que no quede. Hay que evitar utilizar al menor como mensajero y nunca como ariete para lanzarlo contra el otro, que siempre es el culpable (¿!?).

Un detalle final. ¿Qué pasa con los abuelos? Suelen quedar casi siempre en segundo plano y salir bastante perjudicados, puesto que en muchos de los casos tiene dificultades para poder disfrutar de la compañía de los nietos. Pero también puede que sean los mártires de la situación porque el padre o la madre no pueden atenderlos en el día a día y los abuelos vienen de perlas.

El tema en general es agrio, los daños cuantiosos. Nadie gana. Está claro que “vivir en la cárcel y asustado” no es la solución. Lo digo en referencia al malestar acumulado en el hogar por muchos desencuentros que surgieron.

PEPE CANTILLO

14 de marzo de 2019

  • 14.3.19
Las sociedades evolucionan y, con ellas, los individuos que las integran. Dicha evolución es un proceso, a veces muy lento y casi no nos damos cuenta de las innovaciones. Otras veces, el progreso es tan rápido que el vértigo del cambio nos marea hasta tal punto que crea un cierto malestar a la par que rechazo a dicha evolución. Actualmente vivimos a velocidad vertiginosa frente a las nuevas tecnologías.



Como ejemplo de lo último está Internet. A una parte de la ciudadanía le ha cogido de sorpresa y prueba de ello es la resistencia a efectuar determinadas actividades por dicho camino. Indudablemente, a esa parte de personal fuera de juego se le está acosando para que use los nuevos medios de comunicación. Digamos que el personal fustigado son los “indigentes digitales”.

Bancos, organismos oficiales, compañías de luz, gas…, nos venden que la factura pasa a ser sin papel por aquello de la ecología (y me parece bien), pero a muchos usuarios dicho cambio les coge fuera de juego; aun hoy cuando se supone que Internet se ha afianzado, incluidos muchos mayores, los atosigamientos son duros y agobiantes.

Indudablemente el personal más joven lo tiene “chupao” y se manejan con los artilugios informáticos a velocidad de vértigo. Es asombroso ver cómo renacuajos de corta edad se manejan ante un teléfono, una tableta o jugando a cualquier pasatiempo que le ofrece el medio. No tienen miedo a dichos aparatos ni a que se puedan romper. Por contra, los más adultos (¡vale, viejos!) solemos usarlos con recelo y cierto reparo para no meter la pata y no estropear nada.

Perla de un banco: “hacer todo desde el móvil. Así es la revolución de las pequeñas cosas. Adelante”. ¿A que suena hasta bien? Mirado sin mala idea y sin miopía mental, efectivamente Internet nos ha facilitado una barbaridad de cuestiones. Desde estar conectado para lo que sea, a un clic de teléfono, hasta buscar una calle, un hotel o poder comprar a distancia.

El rosario de beneficios es muy amplio. Y eso es bueno, si sabemos utilizarlo se le saca provecho. En el ejemplo que aporto la parte positiva está muy clara. Podemos solventar muchas cuestiones desde casa con la mínima molestia ¿Parte negativa? El trato persona a persona, cara a cara, se ha diluido y para más inri nos venden la burra de que lo hacen por nuestra comodidad. No sigo…

Ahorran en personal. Más paro. Ahorran en papel, en sobres, en gastos de correo. ¿Gana el cliente? No, siempre gana la banca. En pura teoría de ventas el cliente es la clave de cualquier negocio. Piénsenlo por un momento.

Un aliciente nos han vendido como valor añadido a dicha tecnología: el valor de la ecología intentan ponerlo en alza. Compañías telefónicas o la banca no gastan papel. ¿Ellos se venden como muy ecológicos? No, intentan abaratar sus costes a toda costa.

Si el usuario quiere imprimir la factura está en su derecho y amablemente nos recuerdan que imprimir supone gastar papel lo que repercute en la desforestación. Ellos quedan bien y será el sufrido usuario el que cometa desacato contra el medio ambiente…en el caso que necesite imprimir.

De la noche a la mañana –el proceso técnico de Internet ha sido muy rápido– nos han creado mala conciencia y, de paso, arteramente, han puesto en alza el valor de la ecología. Todos se han vuelto muy ecologistas a costa del sufrido usuario. Mi queja no es contra la ecología: se desata contra ese imperialismo que nos ha subyugado en un corto periodo de tiempo.

Un pensamiento furtivo. En muchos comercios se plantearon suprimir plástico (bolsas). Si la quieres, la pagas. Ya sé que es una miseria lo que cobran. Pero sí que salimos del supermercado con bolsas de papel que van llenas de envases de plástico. Puro sarcasmo.

Vas a sacar dinero y obligatoriamente hay que ir a la “maquinita” (cajero automático porque el cajero humano ya no cajea). Cuántas personas mayores sufren lo indecible con ese planteamiento y cuántos empleados y empleadas con gesto prepotente, a veces hosco, salen a culturizarte en el uso de dicha maquinita. La informatización va dejando sin trabajo a mucho personal que es sustituido por la tecnología. Siempre gana la banca.

Claro que desde que entramos en la era industrial, allá por los años de Mari Castaña, viene ocurriendo eso. ¿Estoy en contra de la tecnología? Simplemente, no. Los tiros van por otros montes… Alguien podrá exclamar "¡es el progreso, imbécil!". Y no nos quedará más remedio que decir "¡tocado y hundido!".

En estos tiempos que nos toca vivir el cambio va a velocidad de vértigo y nosotros somos arrastrados en un torbellino de supuestos beneficios. Por el camino perdemos una serie de valores que reemplazamos por otros más acordes con los avances técnicos.

Los viejos valores, ni mejores ni peores, que se movían en aquellos tiempos pasados eran reposados, de tertulia con el vecino de asiento, de intercambio. Hoy te enfrascas en tu aparatito y pasamos a ras del horizonte sin saber por dónde vamos ni lo que hay en el camino.

De nuevo me centro en la ecología, que es un valor al alza en los últimos tiempos. Calles limpias, vidrio pendiente de reciclar (según datos oficiales, hemos reciclado una buena cantidad de vidrio). Una réplica necesaria. Hubo una época en la que el vidrio era retornable. Por ejemplo, se descontaba al comprar otra botella llena o te retornaban una cantidad a su entrega. Eso ocurría antes cuando todo aun no era de usar y tirar.

Sigamos con el reciclaje. Papeles separados del resto de deshechos, defensa de la naturaleza, de nuestros compañeros los animales, sean de dos o cuatro patas. Ese es el ideal predicable por los progresistas renovadores y cuidadores del espacio. Es el objetivo que buscamos conseguir, lo que no quiere decir que todo lo que nos predican esté siendo ejecutado por ese fervor ecologista. El boquete que se abre en el discurso es grande y da para mucho si analizamos críticamente el tema.

Y aquí entra una inquietante comezón “desazón moral, especialmente la que ocasiona el deseo o apetito de algo mientras no se logra” (sic). ¿El valor de la ecología se podría aplicar a las redes? Es decir ¿podríamos conseguir que no sean un vertedero de basura política, social, ideológica, religiosa, de chismorreo o de acoso y derribo del contrario?

Bonito deseo para pedirles a los Reyes Magos del próximo año, si es que aun están vivos. ¿De qué hablas? ¿Ecología de las redes? Las redes son virtuales y, por tanto, no tienen espacio físico. Pero siendo tan jóvenes y virtuales, sí que tienen mucha basura…

Una idea positiva. Pensemos que las redes son un amplio prado verde de ideas, de ofertas, de cultura, de intercambio, de diálogo. En ese prado habría margaritas con ideas en duda, rosas con algunas espinas desgranando un diálogo agridulce, pero al fin y al cabo, diálogo. Habría infinidad de elementos limpios, preciosos, con valor educativo. Vamos, un posible paraíso cultural.

Pero ¡oh, dolor! En ese espacio hay más heces que en las cloacas de una gran urbe. Un amante de lo viral (aun no tengo claro dicho concepto) subirá a la red aquello que le apetece buscando su minuto de gloria. Mierda gratuita para el ego, porque me apetece defecar lo que me viene a la cabeza.

Debería decir lo que piensa, pero ¿piensa o solo es diarrea mental? Basura que vamos acumulando sin darnos cuenta ¿o tal vez no? Basura que vamos tirando contra tirios y troyanos de forma disimulada, sin querer darnos cuenta O ¿quizás sí por aquello de que en la red nadie me conoce y nos escudamos en “san anonimato”?

Una comparación con el mundo real, éste que pisamos o pisoteamos de continuo. El personal que hace botellón, que lo hace con plena libertad y conocimiento de causa, suele ser ecologista acérrimo defendiendo lo que haga falta. Son ecologistas con-vencidos y ello me alegra.

Pero el campo de batalla de una noche de botellón da asco por la basura que contiene. Si dicho campo está asqueroso, que lo limpien los barrenderos, que para eso se les paga. Viva el comunismo de alpargata mental. ¿Dónde se quedó la ecología?

Todo lo anterior traspásenlo al ciberespacio, a los lodazales de la ofensa, la injuria contra el vecino, la basura verborreica. ¿Bla, bla, bla…? Estamos plantando desprecio, indiferencia, odio. Seamos consecuentes o, mejor, cerremos la boca que, a veces, aparece como un pozo ciego repleto de inmundicias.

PEPE CANTILLO

28 de febrero de 2019

  • 28.2.19
Parto de unos titulares significativos. “No es lo que yo diga, sino lo que tú quieras entender: así se coloca un bulo en Internet. Los medios no se dedican a informar, sino a influir en la opinión pública. Solo hay que ver quiénes son los propietarios de los medios y sus vinculaciones con partidos políticos y grupos de presión”.



Si se quiere tener un criterio de la realidad hay que acudir a otras fuentes. Otra noticia más sobre el tema. “La (inquietante) tendencia a informarse solo a través de las redes sociales. Cada vez más gente elige informarse a través de las redes. Con el auge de las noticias falsas, estar al día a través de plataformas como Facebook puede ser un arma de doble filo”.

Nos movemos en un mundo –el entramado de la información, en general– que cada día nos confunde más con mentiras, bulos, chapuzas. No voy a descubrir América y sí dar algún toque sobre un territorio, el de la información veraz o falsa, bastante confuso.

Razones. No interesa que pensemos. De dichas noticias solo se leen, por lo general, los titulares y con ello ya hay información suficiente, piensa el lector y para ese cometido ya tenemos a los que cuelgan información confusa o falsa. La proliferación de noticias falsas nos mantiene en cierta actitud de alerta y “hoy la gente solo escucha opiniones que refuerzan lo que ya cree”. Solo quiero noticias que refuercen mi ideario.

Como antídoto se requiere una capacidad crítica ante dicha información. La lectura crítica es activa y requiere capacidad analítica y reflexiva para descubrir las ideas y la información que aparece en la red. Es el paso previo para conseguir un pensamiento crítico porque la única información que puede aceptarse o rechazarse es aquella que se ha leído y entendido en la mayor amplitud posible.

Si “la mentira y la verdad no pueden vivir en paz” algo debe tener la mentira para ser vituperada de tal manera. La mentira es “la expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente”. A veces dicha falsedad podemos suavizarla diciendo que es una “mentira piadosa” para evitar a alguien un disgusto o una pena, pero por muy piadosa que sea, no deja de ser un fraude el cual siempre sale a la cara.

Euskal Irrati Telebista (EiTB), Radio Televisión Vasca, “ha puesto en marcha una campaña ('inFORMAZIOA') de información contra las noticias falsas, y ha desarrollado un decálogo o guía para detectarlas en Internet y redes sociales.

Aunque nos parezca mentira, expresión que utilizamos para remachar algo que hemos dicho, la mentira gusta y atrae más que la verdad. ¿Debilidad humana? La dicotomía verdad-mentira está muy presente en nuestro mundo.

Si acudimos al diccionario, el término "dicotomía" nos sorprenderá con dos definiciones. “División en dos partes” es la primera que ofrece. La segunda acepción que aparece me ha sorprendido. Define "dicotomía" como “la práctica condenada por la recta deontología, que consiste en el pago de una comisión por el médico consultante, operador o especialista, al médico de cabecera que le ha recomendado un cliente” (sic). No pretendo vituperar a los médicos. Tal definición es extensiva a otras profesiones. En síntesis, manifiesta que la recomendación de alguien puede tener una praxis poco ética.

La mentira es capaz de movilizar sociedades y cambiar gobiernos. Se ha convertido en el negocio más rentable en tiempos de “posverdad” palabra que se usa en español desde 2004. Vuelta al diccionario.

“Posverdad” (en inglés, post-truth) es definida como “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Y añade el siguiente ejemplo “los demagogos son maestros de la posverdad”, que ya es significativo.

Para entender algo más recurro a demagogia: “práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular” la segunda definición apunta a “degeneración de la democracia”. Posiblemente la palabra "democracia", que encierra en sí libertad, igualdad, solidaridad, convivencia, paz, sea la palabra más prostituida de los últimos años.

En las redes sociales (antes correo electrónico) se mueve spam con publicidad, códigos maliciosos con virus, fraudes para modificar tendencias y opiniones, trapicheados por usuarios falsos. Tipo de prácticas nada éticas pero que entran en la legalidad aunque su actuación sea dudosa, por no decir mala.

¿Qué hacer? Desconfiar venga de quien venga si el perfil nos parece anormal. Nos tienen localizados y por eso nos machacan con “cookies” o identificadores en el navegador cuando entramos en dichas páginas. Así conocen hábitos de navegación, qué has buscado y hasta se recochinean recordando dónde vives y que dicha información la visitaste hace dos días.

La “vox populi” (no VOX) dice que en las redes sociales está todo el mundo; que dichas redes están para ayudarnos y por eso se buscan en ellas soluciones; que son la solución a muchos de los problemas que podamos tener. Estas y otras afirmaciones son falsas. Lo único claro es que encontramos en ellas verdades y mentiras sobre lo que dicen y lo que ofrecen.

Las noticias falsas (fake news), bulos, mentiras... crean alarma innecesaria y dan pie a una manipulación descarada. Dichas falsedades abundan en las redes sociales, pues éstas juegan un papel importante en el asunto. Crear alarma social era relativamente fácil, ahora lo es aún más. Antes si querías que algo verdadero o falso corriera de boca en boca bastaba con decir “te cuento un secreto, pero promete que no lo dirás a nadie”. Secreto contado, secreto publicado.

Son un tipo de noticias cuyo objetivo es confundir, desinformar para poder influir en las decisiones que podamos tomar en un determinado asunto y manipular mejor la opinión del personal. No tienen empacho en dañar (infravalorar o sobrevalorar) tanto a personas como a entidades públicas o privadas.

¿Cómo reconocer las “fake news”? Suelen ser anónimas, no citan fuentes, ni indican fecha pero piden que difundas el mensaje. Suelen intentar camuflarse en un medio de confianza que si no lo conoces hay que desconfiar. Suelen simular la web de medios de prestigio. El texto contiene faltas de ortografía y abuso de mayúsculas, así como falta de los signos ortográficos. Las “fake” remachan la exclusividad.

Dato en contra: una noticia importante debe aparecer en varios medios. Hay que actuar con sentido común y no compartir algo que sería demasiado bueno para ser real o que nunca lo firmaríamos, o lo que es aun peor ofenden y maltratan la dignidad de las personas. Claro que en esto último parece que nos da igual. Las fake news buscan crear confusión, influir sobre las decisiones personales y dañar o dar valor a la imagen de personas, sobre todo políticas y a entidades o instituciones.

Ejemplo de manipulación y falsedad. Uno de cada tres bulos que circulan por Internet es sobre salud. La razón de este alto porcentaje es, hasta cierto punto, lógica. ¿Quién de nosotros, ante una dolencia, no entra en Internet buscando información sobre la misma. Y así “Doctor Google nos mete al médico en casa” y está haciendo mucho daño.

Si utilizamos el anglicismo “fake news” parece que hemos inventado la pólvora que hace mucho tiempo está entre nosotros. Ya ocurre con los eufemismo que manejamos a menudo para sorprender dando a entender que estamos al día y muy bien informados.

Otra vía curiosa que puede degenerar en maligna. “¡Crea tu broma ahora! Crea tu noticia falsa y engaña a todos tus amigos. Puedes compartir la noticia en cualquier red social. ¿Qué esperas para empezar?”.  No está mal… hasta nos incitan a colaborar. Sigo desgranando la información.

Insertan un aviso legal que dice: “Este es un sitio de entretenimiento, las noticias son creadas por los usuarios. Son noticias humorísticas, de fantasía, ficticias, que no deben ser tomadas en serio o servir como fuente de información. A la derecha aparecen unos “Tips (recuadros) para tu broma”. Ser creativo. No bullying. Elije un título atractivo o una imagen (libre de uso). Prohibido chistes racistas, homófobos o pornográficos”. No está mal pero…, “del dicho al hecho hay un gran trecho”, apunta mi desconfianza.

PEPE CANTILLO

14 de febrero de 2019

  • 14.2.19
Hasta las broncas o peleas más insignificantes se han convertido en virtuales. Oír la siguiente expresión ya no nos causa sorpresa, aunque lamento decir que no tengo claro que la persona que la dice sepa el alcance e importancia de la misma. La prepotencia del yo virtual dice y se queda tan pancha: “he bloqueado a fulano o mengano en WhatsApp”.



Suponiendo que dicho bloqueo sea por incompatibilidad de opiniones, creencias, ideas, ideología, supone una bronca entre ambos, o si lo prefieren una desavenencia por un choque frontal de ideología (las mas de las veces) que se hacía cara a cara (era necesario dar la cara) y ahora se hace a distancia y en ausencia del otro. Ventajas de Internet (¿?). ¿Dónde quedó ese valor llamado responsabilidad que engrandece a la persona? Asumir la responsabilidad es sinónimo de madurez personal.

Todos los humanos somos a priori, merecedores de un elemental respeto por el simple hecho de ser personas. Esta afirmación empieza a sonar a chino para muchos sujetos. Unos, por menospreciar a todo ser viviente; otros, por sentirse superiores a los demás. Prueba de ello son esos engreído sujetos que miran por encima del hombro sin más razón que la de humillar a los demás. El ególatra es un modelo de lo dicho hasta ahora. En su momento diremos algo sobre ello.

¿Motivo? Puede que no lo haya pero sí vuela por el aire de nuestra sociedad la queja de que solemos ser, en general, bastante maleducados, que faltamos a la más elemental consideración hacia el otro ya sea mayor, mujer u hombre, niño o niña. ¿Por qué? Las razones serán múltiples, importantes o baladíes, pero la realidad es la que es. De vivir en un mundo global estamos retrocediendo a la aldea rural.

Toda persona merece respeto, pero ¿cómo infundir, enseñar esta idea a nuestros hijos? El papel más importante y por tanto básico en esta parcela lo jugamos los mayores, es decir los padres. Si en el hogar familiar se siembra respeto, seguro que brotará afecto, deferencia, tolerancia, cortesía; si en el entorno familiar se vive rodeados de violencia, desprecio, insolencia hacia cualquiera de sus miembros, dicha conducta inmediatamente saltará al exterior.

Y ¿la escuela tiene algo que decir y hacer en este tema? Indudablemente sí, como tarea complementaria al comportamiento dentro del ámbito familiar. La flor de la cortesía, de la buena conducta es básicamente misión de la familia. La escuela reafirmará el cultivo de la tolerancia emanada de la labor familiar siempre y cuando la familia tenga fe en esa organización docente a veces tiroteada y asesinada.

No puedo olvidar y sentir cierto temor por el sesgo que va tomando el tema de la educación escolar arrastrada, desde y por la política miope, hacia un adoctrinamiento sectario y excluyente. Cualquiera diría que estamos en camufladas tiranías sociales. Todo es posible. Si partimos de la exclusividad dogmática, camino de una dictadura, pronto viviremos en guetos no muy distintos a los que ya permitieron circunstancias segregacionistas. Hecho este paréntesis, vuelvo a la idea principal.

Están cayendo en desuso conceptos como “buenos días”, “por favor”, “gracias”, “disculpe”, “perdón”, detrás de los cuales subyacen unos valores importantes para la convivencia. Si das las gracias por algo te miran cual bicho raro. Perdón “como fórmula de cortesía para pedir disculpas” (sic) por algo que hemos hecho mal nos ennoblece ante el otro. Pero… no está de moda. El tuteo se ha impuesto a ese rancio “usted” hasta tal punto que te suelen mirar extrañados cuando lo usas.

Una matización. La palabra “perdón” la estamos utilizando como una simple muletilla carente del matiz de disculpa que encierra en su significado. Me viene a la cabeza ese alegre “scusate” de los italianos mientras te empujan para poder pasar. Nosotros ya ni nos molestamos en pedir disculpas.

Entre nosotros excusar indica “no querer hacer algo” y por ello usamos ese “¿perdone?” con cierto retintín. Pedir perdón, dicen, es una manera de humillarse ante el otro y yo no tengo por qué rebajarme ante nadie. ¿Tendríamos que estar de acuerdo, a priori, con este pensamiento siempre que uno mismo se crea más importante que los demás? No creo.

La postura contraria, y que defiendo, es la capacidad de ponerse en el lugar del otro que bien podemos entender como empatía, la cual engloba “la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos” (sic). La persona empática sabe escuchar para ser capaz de entender e incluso comprender al otro, lo que no significa estar necesariamente de acuerdo con su pensar.

Me refiero a la generosa educación de ser capaz de elogiar los actos amables del prójimo para lo cual hay que ser rico en generosidad y tener amplitud de miras. El egoísmo nos convierte en cegatos, cicateros y anormales. Alguien puede pensar a la vista de estas consideraciones que vivimos en un mundo completo de anormales… Puede que sí, que haya más cegatos y cicateros que personas liberales y dadivosas.

El cicatero (“agarrado”, solemos decir) es alguien mezquino que escatima lo que debe dar. El cegato es corto de vista o, si quieren, de vista escasa; si lo prefieren, diremos que tiene poca vista, es decir no es capaz de calibrar a largo plazo los beneficios que puede recibir de una determinada acción. El tacaño, amén de escatimar, engaña con disimulo sin que le importe el daño que pueda ocasionar. Miente cual bellaco villano “que engaña con sus ardides y embustes” (sic).

Creo que, en justicia, conviene aclarar que se notan mas los agarraos que los dadivosos por la simple razón de que las personas rumbosas no van pregonando sus proezas. Es decir, no dan tres cuartos al pregonero para que propague sus acciones. “Dar tres cuartos al pregonero” puede tomarse en sentido positivo y también negativo.

En sentido positivo, el pregonero era un empleado público que voceaba a las cuatro esquinas de un pueblo las noticias importantes y avisos de interés público. Dicha figura ya existía en la época romana. Eran los encargados de convocar al personal para asistir, por ejemplo, a las reuniones del Senado; también podían anunciar venta de productos o mandar callar al personal en las ceremonias.

“Dar tres cuartos al pregonero” tiene un sentido peyorativo si se refiere a que era mejor callar y mantener dicha información en secreto porque no es conveniente difundirla por razones sociales o políticas. Tal información puede ser pública o privada.

En algunos lugares se mantiene la actividad del pregonero como recordatorio, para anunciar un evento concreto. Por ejemplo, en Zamora, el inicio de la Semana Santa se pregona por destacadas personalidades. No hace falta ir tan lejos.

En Montilla, mi ciudad natal, desde hace tiempo viene siendo tradicional y a cargo de notables personas el pregón de Semana Santa o el pregón de la Fiesta de la Vendimia y, haciendo una pequeña cavidad, insertamos las Sentencias Romanas de la Centuria Romana “Munda”. Está claro que el pregonero citado en este tipo de pregones ya no va con trompetilla, de esquina en esquina.

Es obvio que en la actualidad dicho oficio carece de sentido. Hoy los distintos medios de información actúan de pregoneros, sobre todo los informativos. ¿Para mantenernos informados? Perdonen que dude de ellos. Las noticias son seleccionadas y tamizadas según la ideología y las conveniencias.

Si a ello añadimos noticias a medias con medias verdades, amén de la mentira piadosa que “se dice para evitar a otro un disgusto o una pena” (sic). ¿Seguro? Más bien habría que decir para llevarse al huerto al personal con lo cual la mentira piadosa solo es una facha-da falsa. Mira por donde, “facha” da para caminar por una y otra acera de la ideología (facha-da de derecha e izquierda). Recordemos que la calle tiene dos aceras marcadas según el sentido de la marcha.

Dicho esto nos topamos con el término de moda, “fake news” (noticia falsa, bulo) cuyo objetivo es desinformar para confundir al personal. Ya hablaremos de esta “jodida” y “zafia” artimaña, adulteración más importante de lo que pudiera parecer.

PEPE CANTILLO

31 de enero de 2019

  • 31.1.19
Dilema comunicativo: ¿un teléfono “tonto” o un superinteligente smartphone? El llamado teléfono “tonto” (Light Phone) aparece en 2015 con la intención de ayudar a escapar de las redes sociales a quienes se sientan atrapados en ellas. La misión de dicho teléfono es buscar salidas para desintoxicar al personal.



“El Light Phone 2 solo puede realizar y recibir llamadas, intercambiar mensajes de texto, configurar alarmas y poco más. Nada de juegos ni redes sociales”. El precio de salida al mercado fue de 100 euros frente a los superaparatos smartphones, que cuestan un riñón. ¿Por qué llamarle “tonto”? Porque su uso es limitadísimo.

La adicción a las nuevas tecnologías, sobre todo a los llamados smartphones, crece y engancha al personal a velocidad de vértigo. Según datos del Google Consumer Barometer Report, en la actualidad, el 81 por ciento de españoles utiliza un smartphone. ¡Ojo al dato!

El enganche a la locomotora móvil parece ser que se inicia a edad muy temprana. Por ahora dicen que a partir de los 10 años. No es de extrañar, puesto que es alucinante ver la facilidad con la que manejan dicho aparato hasta personajillos de 2 o 3 años y que aun no levantan un palmo del suelo. Y, además, nos hace gracia. No estoy exagerando.

La mayoría del personal, en este caso habría que señalar a la tropa formada por los más jóvenes según los entendidos en el tema, está experimentando una “zombificación” alarmante. Dicen las estadísticas que el uso del móvil suele acaparar nuestra atención más de cinco horas diarias. ¿Tan importante y necesaria es esta simulada actividad?

Desglosemos un poco este uso. Suena el pajarito y nos ponemos manos a la obra. Es desesperante ver cómo se pierde el tiempo con improductivos desplazamientos por la pantalla para ver unas viñetas. Digamos que unas son curiosas, otras simplonas; las más de ellas, ajenas a nuestros intereses.

Siempre que el trino del pajarito guasapero avisa de la recepción de algo (ni bueno, ni malo, ni útil; a lo más, innecesario) el fisgoneo explota y hay que ver qué tripa se ha roto con ese trino. ¿Realmente estamos comunicados? Creo que no, puesto que este tipo de viñetas dicen poco. Como mucho, algunas son curiosas. La realidad es que sigo sin saber nada de ti salvo que haga una llamada de voz.

Los bulos corren a sus anchas por las redes y para que no te desenganches ni te aburras, te invitan a que pases los datos a “X” contactos y así contribuirás con tal o cual causa. Como curiosidad, desde este enero que agoniza, WhatsApp ha limitado el número de reenvíos masivos del mismo mensaje de 20 a solo cinco usuarios. El grave final del niño caído al pozo ha dado comida basura para todos los gustos.

Hace tiempo que vengo dando alguna información sobre el uso de Internet y, más en concreto, sobre la dependencia-esclavitud del móvil. En su momento escribí algunas cuartillas. Cito dos artículos que rondan bastante el tema de hoy.

Síndromes de nuestros tiempos. Entresaco una frase de dicho artículo “Cada vez nos pica más la agobiante necesidad de revisar el móvil. Tal adicción es un problema que va adquiriendo proporciones alarmantes según alertan varias fuentes de investigación”.

La vibración fantasma del móvil consiste en sentir que el aparato vibra, incluso que ha sonado, añado yo, aunque tales circunstancias sean falsas. La reacción inmediata es comprobar si dicha función se ha puesto en marcha o solo es una sensación fantasma en el cerebro de quien la percibe.

La dependencia ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Va a ser que no. Ya está en el aire el aviso de tan nefasta dependencia. Los especialistas (psicólogos) hablan de síndromes varios relacionados con los teléfonos móviles. La nomofobia, la vibración fantasma, el síndrome del chequeo constante y algunos más.

Hoy pretendo, de la mano de Marc Masip, reflexionar sobre el tema y abrir puertas por si queremos volver a ser comunicantes independientes. En el libro Desconecta, cuya lectura vuelvo a recomendar, el psicólogo Marc Masip, experto en adicciones, deja claro que “el móvil es la heroína de nuestra época” y para rematar más el tema apunta que “España es el país europeo con más adicción adolescente a la Red”.

¿Soluciones? Propone una “dieta digital” para desengancharse. Parafraseo parte de su información. Tomando como punto de partida casos reales de su consulta, nos invita a indagar en qué nivel de dependencia estamos. Ello supone proponerse determinadas pruebas para confirmar la adicción, saber si el uso que hacemos del móvil es adecuado o nos tiene enganchados a más no poder y buscar salidas a la situación.

Quede claro que dejar de usar el smartphone por arte de birlibirloque sería un milagro. Caso de no poder desengancharse solos, aconseja pedir ayuda. Su propuesta de “dieta digital” queda reflejada en los consejos que ofrece al final de cada capítulo.

El libro trata de que el lector sea capaz de identificarse en las diversas maneras que tiene de usar el móvil. Mejorar la relación personal con la tecnología para disfrutar de tiempo libre, para optimizar la relación con la familia y el entorno. Ser más autónomo.

Afirma que “si siento nerviosismo por estar sin móvil, tengo un problema”. Sobre la adicción al móvil dice que “si no es una enfermedad médica, es una enfermedad social”. Por ello propone un teléfono “tonto” frente a un superteléfono. Recomiendo la entrevista que le realizó Jordi Évole en Salvados.

El móvil va con nosotros a todas partes: es más, se ha convertido en un elemento más de nuestro atuendo. Está a mano, como el Avecrem, mientras comemos, lo paseamos solos y/o acompañados. Si no debe sonar, vibra insistente llamándonos la atención. Puede que en más de una ocasión aborte un gesto cariñoso para con nuestra pareja. Puede que nos haga cortar un seductor morreo. Exclamar “¡un momento!” porque suena el móvil debe ser “capante” para él o para ella.

Cuando se está muy enganchado nos acompaña al cuarto de baño, solemos dormir con él y hay quien se despierta por la noche para mirarlo. Lo miramos minuto sí, minuto no estando con alguien. Todo lo anterior se reduce a lo que los entendidos llaman Síndrome del Chequeo o que padecemos “tecnoestrés”.

Vamos, que habría que someterse a una dieta de desenganche para soltar algunos kilos de dependencia. ¿Y eso cómo se consigue? No queda más remedio que hacer dieta. ¿Desconexión total, uso razonable pero limitado…? Indudablemente, desconectarse va ligado a circunstancias personales muy concretas.

Una dieta de móvil puede llevarse a término con ganas y algunas sugerencias que sean de utilidad para el cometido propuesto. Por ejemplo, poner el móvil en silencio y por mucha hambre que tengamos solo consultarlo pasado el tiempo que hemos marcado.

Organizarnos el sonido entrante con un tono concreto para llamadas importantes, bien de la familia o de trabajo es importante. El resto de otros posibles tonos se desprecia hasta haber cumplido el tiempo de abstinencia. Si la voluntad aun no está machacada (falta de voluntad), ignorar la llamada suele ser conflictivo pero se puede conseguir.

Podría entrar en juego el darse un premio al final del bloqueo. Lo más eficaz y efectivo para evitar el uso compulsivo sería dejarlo en casa pero dicha opción es fuerte si somos muy dependientes. Lo más drástico es apagarlo durante un tiempo determinado pero esta alternativa puede ser difícil de llevar a término.

El pajarito guasapero incita, presiona para que miremos la curiosidad de turno que acaba de entrar. La solución repito, sería desactivarlo y ponerse un tiempo concreto para activarlo de nuevo. Esto es como pasar por la pastelería y se te salen los ojos de órbita ante ese pastel que te encanta. Decir "paso" es toda una proeza.

Lo ideal sería hacer ayuno digital durante algún tiempo (horas, medio día, día entero) de todos los elementos. Pero repito que dicha adicción no es algo pasajero ni fácil de controlar. ¿Nos hemos cuestionado por la cantidad de chorradas que circulan por la red?

La información que antecede está comparada con un dieta alimentaria o, si quieren, con el hábito de fumar o de beber más de la cuenta. En cualquiera de dichas circunstancias será la voluntad la que mande. Siempre he defendido que este tipo de actividades solo se dejan de verdad por motivos sexuales (¿¡?). Traducido a un lenguaje vulgar: los machos, por cojones; y las hembras, por ovarios. Querer es poder…

PEPE CANTILLO

17 de enero de 2019

  • 17.1.19
El asunto de las nuevas tecnologías, y sobre todo el uso del teléfono móvil, está dando mucha cancha tanto para bendecir sus ventajas como para maldecir sus inconvenientes. Entramos en la dicotomía de lo supuestamente positivo frente a lo supuestamente negativo que dicen sus detractores.



Es un hecho que WhatsApp, Twitter…, con sus posibilidades de supuesta comunicación, van muy por delante de la educación-instrucción que pueda ofrecer la escuela. Esto en principio no es calificable ni de bueno ni de malo: simplemente, las nuevas tecnologías están presentes con sus posibilidades y de nosotros depende sacarles el mejor partido.

Hasta ahora solo hemos oído cuestiones negativas con respecto al uso de los móviles. Dicho aparato es muy joven pero ha crecido a velocidad de vértigo. Por desgracia, lo negativo que se pueda obtener de su uso es lo que más resalta.

Negar la realidad, a largo plazo nos traerá más problemas que ventajas. Si no puedes controlar a “tu enemigo, únete a él”. Lo de enemigo viene porque una actitud de cierre ante las TIC, sobre todo ante el móvil, solo nos traerá problemas. Imaginemos que dicho aparato es un “animalejo” que tenemos que domesticar antes de que se nos escape del control de uso y los daños puedan ser cuantiosos. Dichos daños ya están presentes.

¿El uso del móvil es bueno? ¿Malo? ¿Indiferente? A clase con el móvil: ¿sí o no? La cuestión, a priori, es más bien complicadilla. Se hace necesaria una serie de requisitos que pasan por múltiples escollos no fáciles de eliminar. Empecemos por las dificultades.

Un país como Francia ha prohibido rotundamente el móvil dentro del recinto escolar. Está claro que ante este planteamiento no hay ni posibilidad de intentar ver si el uso del mismo en clase (en algunas materias) podría dar juego, puesto que la puerta de entrada queda cerrada. Argüir la “libertad de cátedra” en este tipo de material no sería fácil por razones obvias.

Otros países se niegan a usarlo dentro de clase. En España, la voz de la familia ya se ha dejado oír con el no al uso del móvil en clase. ¿Negativa por razones claras, trabajadas y pensadas o simplemente hay que seguir a Francia? Papanatismo frente a chovinismo.

Demos un paso más para desenredar esta madeja en la medida de lo posible. Profe, dame clase con el móvil era el título de un artículo de El País de hace ya dos años. “España empieza a impulsar proyectos pedagógicos que usan los teléfonos como una herramienta más del aula”. Tales proyectos y algunos más siguen adelante.

Dicho artículo apunta varias dificultades a tal exigencia. Entresaco algunas ideas del mismo: “Hay serio riesgo de que crezca la brecha digital y aunque su uso está muy extendido, hay familias que no podrían pagarlos, sobre todo los de última generación. ¿Solución? ¿Recurrir a “ayuda pública”? El asunto pecuniario es una de las barreras que apunta el artículo para el uso del móvil en el aula. A esto habría que añadir el aumento del gasto por consumo. El asunto pecuniario es otra barrera.

No todos los centros escolares están preparados en cuanto a cableado, así como en cobertura. Sin comentario a esta dificultad. No uso el concepto “deficiencia” puesto que la adaptación de la escuela a “los nuevos tiempos” y tecnologías queda en el aire.

Hay que decir sí al uso del teléfono en clase, sin prisa pero sin pausa. Pero para la puesta en marcha del mismo no basta con decir solo "¡adelante!". Hay que preparar un proyecto, analizar los pros y los contras e introducirlo en las materias adecuadas.

Los expertos advierten de que móvil, ordenador y tabletas son herramientas a las que se le puede sacar rendimiento, usados debidamente. Aceptar dichos planteamientos didácticos “debe ser parte del Proyecto Educativo de Centro, tiene que contar con las familias, además de disponer de redes adecuadas y las condiciones de seguridad necesarias”. No basta con que un profesor quiera usar la tecnología por su cuenta, senda que se podría intentar en caso de una oposición general.

¿Están los profesores preparados para esta iniciativa? Unos sí, otros puede que no, amén de que dicho tema tiene sensatos defensores y tozudos detractores (esperemos que de momento). ¿Por qué de momento? Hacer cambios drásticos, y éste lo es, aglutina a muchas personas que, en principio, podrían negarse (oponerse) por varias cuestiones. Cierto que hay también parte del personal para los que dicha innovación es fácil.

Pregunta a dos bandas: detractores y seguidores, ¿ayudarían los móviles al rendimiento escolar? No lo sabremos si no los usamos. Tampoco podemos dilatarnos deshojando la margarita porque en este terreno lo novedoso de hoy ya es viejo.

Un planteamiento interesante: ¿Hay que prohibirlos por miedo al ciberacoso? Esta pega carece de sentido, por desgracia. Tal problema es una realidad en los jóvenes más mayores y seguirá su camino. ¿Cómo controlarlo? Complicado asunto que merece una explicación aparte, donde deben intervenir profesores y especialistas (pedagogos, psicólogos…). Dicho acoso no se incrementará ni dejará de producirse porque el móvil se utilice en clase. Es mi opinión y puedo estar muy equivocado.

Oportunismo por parte de algunas marcas. Vender o no vender más aparatos sería su excusa. Google Expeditions está detrás de estas iniciativas. Según datos consultados, la multinacional visitó una veintena de centros de España para familiarizar a docentes y alumnos con el proyecto. ¿Intereses de progreso? Esa es la careta ofrecida por fabricantes-vendedores de móviles. Samsung también apoya este tipo de proyectos. Lógico: “La pela es la pela…” y estas empresas no trabajan por amor al arte.

Un dato importante al margen de la escuela (aunque no queda lejos de ella). Un detalle que es posible que nunca nos hayamos planteado: los móviles están constantemente bombardeados para que se les instalen una serie de actualizaciones que te dicen que son necesarias para un mejor funcionamiento. ¿Cuál es la pega o el secreto-clave? Dichas instalaciones saturan pronto el telefonito, con lo que el usuario queda fuera de juego. ¿Solución? Hay que cambiar a un teléfono mejor, más moderno, con más capacidad… Bla, bla, bla.

Hay centros, expertos y profesores que creen que se puede enseñar con móviles igual que con el libro, la pizarra o una película. No se me ocurre negarlo, puesto que las facilidades y posibilidades para acceder a la información son muchas y las tenemos al alcance de la mano. Doy fe de que las películas dan resultado.

Lo mismo que es sabido y conocido que dichos aparatos, TIC en general, desarrollan toda una serie de competencias y facilitan el aprendizaje, potencian la autonomía y por supuesto el trabajo en equipo, cuestión ésta que es de vital importancia para la escuela de un futuro que empezó hace tiempo y que en nuestro país llegamos con retraso a ella, como a otras tantas cosas.

La tecnología ya ha llegado a las aulas, pero a menudo la pedagogía que se usa aún le da la espalda. Todos los soportes valen para dar a esta herramienta el mejor uso educativo, o tal vez no, dicen los detractores. La Fundación Santillana reúne en un seminario en Colombia a expertos en el sistema educativo latinoamericano.

Siete razones por las que se debe encender el móvil en clase. Titular de El País cuyo contenido cito lo más resumido posible al final de esta columna. La información es vieja y, en este terreno, aun más. Además, cierro estas líneas con dos referencias que se deben tener en cuenta. No quiero confundir a nadie. Cito la carta de un profesor uruguayo que renuncia a seguir luchando contra los móviles en clase. Derrotado, tira la toalla: “Me cansé de luchar contra móviles y WhatsApp. Me rindo”.

La siguiente cita abre otros interrogantes. En el libro Desconecta, cuya lectura recomiendo, el psicólogo Marc Masip, experto en adicciones, dice: “El móvil es la heroína de nuestra época” y para terminar de rematar el tema apunta que “España es el país europeo con más adicción adolescente a la red”. Propone una “dieta digital” para desengancharse. El tema queda abierto.

Siete razones por las que se debe encender el móvil en clase
  1. El alumno lleva toda la información encima.
  2. La clase ya no es el único lugar donde se aprende.
  3. El profesor sabe usar la tecnología como el alumno (mejor sería lo ideal).
  4. La transformación de la educación con la tecnología tiene tres patas: los recursos digitales con los que se dota al aula y a los alumnos (pizarras digitales, ordenadores), el seguimiento del profesorado y un currículo digitalizado.
  5. Los profesores ya no van a cursillos para que les enseñen a usar la tecnología.
  6. El gasto público en tecnología crece, a pesar de que baja el gasto en educación.
  7. Se ha creado la figura del “Coordinador Tec” en los centros como responsable y supervisor del uso de dicha tecnología. Hace un seguimiento del profesorado y de la adaptación del currículo.
PEPE CANTILLO

3 de enero de 2019

  • 3.1.19
No es la primera vez que hago referencia al mundo de los viejos, esas personas mayores que poco a poco van diluyéndose en un laberinto de dificultades, soledad, o bien son utilizados para apuntalar la economía de los hijos, o para cuidar de nietos.



Somos un país donde abunda la población de personas viejas. Parte de dicha población es útil y otra parte no está en condiciones físicas y/o psíquicas y termina en residencias. Más de 300.000 están viviendo en 5.000 residencias. El número es bastante crecido y los problemas que conlleva dicha situación son múltiples. Uno de ellos es la soledad.

Sugiero algunas alternativas que podríamos activar aunque suenen a perogrulladas. La soledad se amortigua y se puede casi reducir compartiendo nuestro tiempo con los demás. Cultivar las relaciones con los demás, ya sean conocidos de siempre o añadidos nuevos, es importante.

Un enemigo mortal es el aburrimiento que puede contrarrestarse estando receptivos a aprender cosas nuevas. Vivir en una residencia (“asilo”) no debe significar desaparecer. Y es muy importante forzar, hasta donde sea posible, la relación familiar. La ruptura con la familia (hijos, nietos y demás), amén de incrementar la soledad, aumenta la amargura, el desengaño y la frustración.

Recuerden que antes se les llamaba “asilo” donde dichas personas mayores (viejos) eran acogidas, bien porque estaban solas, bien porque les envolvía una situación de pobreza agobiante. La definición de asilo hace referencia a “establecimiento benéfico en que se recogen menesterosos, o se les dispensa alguna asistencia” (sic). Los susodichos asilos eran casas de caridad regentadas por monjas.

La subida de algunos escalones de bienestar, dejando algo alejada la pobreza, dio paso a las “residencias para mayores”, concepto más ostentoso donde vegetan muchas personas que o estorban en casa de los hijos o tienen algo de dinero que les permite vivir “medio independientes”. Repito que la soledad es, en la mayoría de casos, el estigma que acompaña dicho vivir hasta que la parca Átropos llegue a recogernos.

Ante tal panorama surge una iniciativa que intenta paliar, en la medida de lo posible, dicha situación. Así nació hace cuatro años el proyecto Adopta un Abuelo, programa intergeneracional de acompañamiento a la tercera edad.

Dicha oenegé nace en 2014 en Ciudad Real desde donde se extiende, poco a poco, por el resto de España. A finales de 2018, la organización estaba activa en 50 ciudades del país. La actividad del voluntariado se desarrolla en parejas. Uno de los objetivos es aprender de los conocimientos y experiencias del abuelo adoptivo.

La idea base de esta organización, según su página web, pretende conjuntar a ese abuelo o abuela, que las circunstancias los dejaron en el sillón de la soledad, con jóvenes que, al adoptar a dicho abuelo para hacerle compañía, comparten tiempo, entretenimientos y experiencia. La finalidad de “adoptar un abuelo es hacer que se sientan acompañados y queridos”, gracias a la generosidad de dichos jóvenes.

La iniciativa empezó tímidamente porque su creador no estaba seguro de si los jóvenes estarían dispuestos a regalar su tiempo. “Decidí crear una web para ver quién querría participar en la iniciativa y mi sorpresa fue que se registraron cientos de jóvenes en unas pocas horas, así que me decidí a hacer el proyecto piloto”.

El fundador del proyecto se llama Alberto Cabanes y “ha sido nombrado Global Fellow 2018, junto a otros 19 jóvenes de todo el mundo por la contribución social y el impacto mundial de sus programas de emprendimiento”. Hoy el programa se desarrolla en 50 ciudades españolas. El vídeo adjunto explica el nacimiento y parte de la actividad que realiza dicha organización.



El voluntariado con el que cuenta de momento es de 650 personas que acompañan a 325 mayores. Una de sus normas es que cada adoptado esté atendido por dos personas y es clave para la actividad el ganarse la confianza de esas personas mayores.

Rizando el rizo ¿por qué abuelo y no mayor? Políticamente, "persona mayor" quedará bien pero convendrán conmigo en que decir “abuelo” (“agüelo”) sugiere cariño, generosidad, mimos y algún que otro capricho, mientras que persona mayor es un término frío, difuso, dado que se le ha quitado la sensibilidad que envuelve al abuelo o abuela.

Insinúa cuatro razones que considera vitales en el desarrollo del programa. Valorar a los demás, responsabilidad, paciencia y aprendizaje son parte del cometido. En el proceso de adopción, estas propuestas son claves para cimentar el éxito de toda la actividad que se puede obtener con dicho intercambio.

Hasta aquí el lado bonito, regenerador, solidario, humanitario de una organización de gente joven volcada en hacer compañía, ayudar, compartir experiencias y, sobre todo, desterrar, en la medida de lo posible, la soledad de muchas personas mayores que “vegetan” en el encierro de una residencia o en el desamparo familiar.

Contrapartida. La cara negativa que más asusta de dicha situación es el “abuso” que se pueda hacer con dichas personas por parte de camuflados samaritanos cuyo objetivo es vivir a costa de ellos, sangrarlos para después dejarlos abandonados y en “pelotas”.

En la lista de oenegés con las manos manchadas de mierda hay algunas que tenían buen renombre en el mundo de la solidaridad con el prójimo, en la parcela de la ayuda a los demás. No me vale aquello de “por un gato que maté, matagatos me llamaron”. Creo que hay más basura de la que podríamos imaginar. Por cierto, el referido refrán pronto será “pecado cívico” según los puristas del contenido del lenguaje. Hablaremos del tema.

¿A qué viene esta diatriba? En este terreno de la ayuda humanitaria, hay sobrados motivos para desconfiar. Espabilados de todos los colores juegan a engañar y de paso a desplumar a personas confiadas. Recuerden el barullo que se levantó con el abuso perpetrado por algunos directivos y voluntarios varios de oenegés famosas. Rememoro una actividad que empezó como un inocente juego.

Por ejemplo la proposición “abrazos gratis” creó todo un movimiento que pretendía despertar en los demás deseos de paz, amor, afectividad…, repartiendo y recibiendo a cambio abrazos. “Un abrazo reporta felicidad” podría ser una síntesis de esta corriente.

¿Verdad que suena bonito eso de repartir cariño, felicidad, bondad? El invento prosperó. Los abrazos sembraron avenidas y plazas de grandes ciudades. Pero los humanoides (no merecen el calificativo de "humanos") tergiversaron la idea original. Y la posible felicidad emanada de tales abrazos regalados, tardó poco en convertirse en pólvora repartiendo abrazos con veneno.

¡Cómo no! Los listillos y listillas “hábiles para sacar beneficio o ventaja de cualquier situación” (sic) descubrieron un filón en ese cariñoso y gratis estrujón. Empezaron a abrazar a toda persona que pensaban que podría necesitar una sobredosis de adrenalina (“carga emocional intensa”) para transmitirles energía, paz, felicidad.

Y por la magia de la bondad nació, creció y se extendió el “timo mimoso o del abrazo” consistente en desplumar al descuido de objetos de valor a ingenuas personas. Qué mala es la soledad y qué fina la ratería de desolladores de lo ajeno.

El discurso que usan es simple e incitador: “permítame que le ayude, no se preocupe, tenga cuidado…”. ¿Altruismo en estado puro? No, tras esos arrumacos en apariencia altruistas se esconden manos largas que, jugando con la inseguridad de la “desvalida víctima”, se apoderarán de su confianza y ¡zas! se aprovechan de bolsillos ajenos.

A las referidas listas de desacatos hay que añadir una información reciente que arranca de 2016. Cito: “Así estafaban a ancianas en los Hermanos Misioneros de Vigo. Cuatro personas vinculadas a la congregación confiesan que retiraban fondos y cambiaron tres veces el testamento de una residente con demencia senil”. Sin comentarios.

PEPE CANTILLO

20 de diciembre de 2018

  • 20.12.18
Estamos a las puertas de la Navidad. Los comercios han sacado las uñas pero hábilmente protegidas para que no arañen al personal. Entramos en un periodo de siete semanas de furibundas compras que empezaron a mediados de noviembre y que concluirán en enero del próximo año. El tiempo de compras navideñas ha crecido al abrigo de nuevos ciclones comerciales y publicitarios.



Un titular de prensa avisa –o más bien recuerda– que pensemos un poco antes de tirar la casa por la ventana. “Cuidado con el consumismo: los españoles gastarán en Navidad un 26 por ciento más que los alemanes, con un 36 por ciento menos de renta...”. Está claro que cada cual gastará lo que le parezca oportuno, ¡faltaría más!

“Con los datos en la mano, España es uno de los países mas consumistas de Europa”. Los datos los ofrece un Estudio de Consumo Navideño de Deloitte, a partir de la renta media de los países analizados. Parece ser que gastaremos unos 601 euros frente a los alemanes, que gastarán unos 476 euros.

Los grandes almacenes son los favoritos en este maratón de consumo navideño que empezó con el llamado “Viernes Negro” (Black Friday) y finalizará con la fiesta de Reyes Magos (o “Magas”, en el caso de la ciudad del Turia). Supongo que el cambio de sexo viene por aquello de “renovarse o morir”. Se me hace cuesta arriba pensar que hay un deseo de derrocar la tradición de un pueblo venida de otros tiempos y mantenida hasta hace cuatro años.

El 19 de noviembre empezó la carrera de las compras y terminará el 6 de enero. Son siete semanas incitadoras a consumir en las que se juegan el tipo las empresas de ropa, de electrónica y alimentación. Regalos varios, viajes, ocio, juguetes y comida acaparan la mayor parte de gastos.

Amigos invisibles, comidas navideñas, tanto de empresa como familiares para Nochebuena y día de Navidad, “festolera” noche de fin de año, regalos de reyes para pequeños y mayores sumarán en la caja de los diversos comercios que, nunca mejor dicho, hacen su agosto en pleno invierno. "¡Más madera…!", dirían los hermanos Marx.

¿Tenemos más poder adquisitivo que en años anteriores? Posiblemente no pero hay que “vivir la vida” y un dulce no amarga a nadie. ¿Cómo pagar? Contando con préstamos que nos asaltan alegremente con la consigna de "compre hoy y ya pagará mañana…". Dichos préstamos tienen, como es natural, un alto interés bancario que, en principio, ni los miramos para que no amarguen el momento.

Pese a que los buenos regalos no son nada baratos, haremos un esfuerzo para cumplir con mayores y menores. Eso sí, son muy interesantes y atractivos por las posibilidades que ofrecen para satisfacer ilusiones, sobre todo de los pequeños.

Ofertas mil, muy sugerentes, revolotean por los distintos medios tanto escritos, hablados o virtuales. Veamos algún folleto. Tengo delante unos catálogos publicitarios (o panfletos de “carácter agresivo”) que ofrecen verdaderas gangas, según dicen. Si mienten o no, es cuestión de volver sobre el asunto pasadas las entrañables Navidades.

Por lo que puedo apreciar en dichos folletos, casi todos los grandes almacenes ofertan como gancho regalos de tecnología, como no podría ser de otra manera. La clave estará en que el consumidor sepa qué es lo que quiere regalar o regalarse. Comprar “a tontas y a locas” puede ser frustrante para ambos.

Aviso importante. La expresión “a tontas y a locas” carece de total referencia a persona alguna. Significa hacer algo “desbaratadamente, sin orden ni concierto” (sic). Dejo claro dicho significado porque aumenta a pasos de gigante, por parte de indoctos, el rechazo a un supuesto lenguaje no correcto, machista u ofensivo.

Volvamos a los regalos. Según catálogos, el importe original de los productos reseñados era de casi el doble de lo que piden en estos momentos. Los precios siempre llevan un sugerente añadido de elementos complementarios para hacer más apetitoso el ofrecimiento. Si compras “este (X) artículo” que valía 699, ahora te lo dejamos en 499 euros; además, te regalamos un determinado número de accesorios complementarios.

¿Qué regalar? Cada cual hace sus cábalas sobre qué tipo de regalos comprar para unos y otros. Marido a esposa, ésta a hijos o nietos y, por supuesto, al marido. Este año supongo que el regalo estrella para jovencitos y algún que otro mayor (no muy pasado de años) será el invasor patinete –al menos en las grandes ciudades– que lo están ofreciendo por todos los agujeros posibles. Otro elemento a tener en cuenta supongo que será el último grito en teléfono móvil o smartphone que sigue en primera línea de ataque.

Los móviles y tablets acaparan la atención y el deseo del personal, sobre todo de los jóvenes. Se han convertido en uno de los regalos estrella de las grandes ocasiones y en Navidad se multiplica el interés por ellos. La excusa viene bien y puede sustituir al trasnochado aguinaldo.

Antes de comprar un teléfono hay que hacerse dos preguntas: ¿cuánto se está dispuesto a gastar? y ¿cuáles son las necesidades? En función de éstas, y teniendo en cuenta el límite de presupuesto, se puede realizar un repaso a las mejores opciones del mercado. Internet puede ser de gran utilidad porque permitirá comparar precios y utilidades.

¿Forma de pago? Aquí el señuelo es jugoso. Puedes pagar a “tocateja” o con la tarjeta, cuyo importe no te llegará hasta el próximo mes. También te permiten aplazar el pago a 12 cuotas que incrementarán el importe total con la miseria de 9 euros. Estoy reflejando la publicidad de un centro comercial muy conocido, cuyo nombre prefiero callarme. Viene a cuento porque si damos un repaso a más publicidad de otros tantos comercios, todos ellos juegan en el mismo campo.

Como siempre pica la curiosidad y recurro a una cita del libro Vuelve el listo que todo lo sabe de Alfred López. ¿Cuál es el origen de la expresión "pagar a tocateja"? Según el diccionario, significa pagar “en dinero contante, sin dilación en el pago, con dinero en mano, en efectivo” (sic). Curiosidad sobre dicha expresión.

El origen del dicho proviene de una moneda de oro de gran tamaño acuñada por Felipe III en el siglo XVII, llamada “centén”. Debido al gran tamaño de dicha moneda no tardó en ser conocida con el nombre de “tejo”, que era como llamaba al pedazo pequeño de teja o piedra utilizado en diversos juegos infantiles de la época. Con el tiempo de tejo pasó a llamarse “teja”. Pagar a tocateja significa tocando la teja, es decir, palpando la moneda.

Y llegó un año más la Navidad. Deseo de todo corazón que cada cual pase estas fiestas lo mejor que pueda y le dejen. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo y que la suerte nos acompañe. Que la Befana (bruja buena) deje muchos regalos.

PEPE CANTILLO

6 de diciembre de 2018

  • 6.12.18
Las cuartillas de hoy están provocadas por una interrogante cargada de inquietud. Las ciudades están convirtiéndose en lugares inseguros para el personal en general. Con el tema circulatorio ha habido bastante dejadez. Parece que Tráfico y algunas autoridades empiezan a platearse soluciones. Pregunta: ¿tiene que morir alguien para solucionar este tipo de comportamientos?



El auge de los patinetes eléctricos está dando que hablar, amén de producir diversas circunstancias no deseables para la ciudadanía. En principio estamos hablando de un “intruso” más en las grandes ciudades de este país. Barcelona, Madrid, Zaragoza, Valencia... están en el punto de mira de este nuevo sistema para desplazarse por ellas.

Hablamos de un público joven, como es natural, para un tipo de cacharro tan específico como éste. ¿Qué atrae? Novedad, libertad de…, ecología, acotamiento de coches. Las razones son variopintas. Circular con el patinete puede ser cómodo y relativamente barato (mejor decir no caro).

Por otra parte, la bicicleta es utilizable en ciudades llanas y sobrecargadas de coches. Valencia, por ejemplo, es una ciudad plana y permite pedalear por cualquiera de sus calles. A fecha de hoy, la invasión es significativa. Las calles más céntricas están ya adaptadas a dicho sistema de transporte. El alcalde es “biciclitero” también.

Problemas varios saltan al escenario. Patinetes y bicis son para gente joven, las personas mayores no tenemos nada que hacer en dicho transporte. Claro que, en la ciudad, vivimos unos y otros. El transporte público es la alternativa para esos viejos que ya viven por encima de sus posibilidades físicas. Pero se hace necesario respetarse.

¿Queremos vaciar la ciudad de coches? Sí y las razones son múltiples. ¿Cómo facilitar el desplazamiento de gente mayor? Incrementando la flota de autobuses y disminuyendo las largas esperas del bus que hay que coger para ir a donde sea.

Aquí el Ayuntamiento ecologista ha “bicicleteado” aceras y carriles. Y ha disminuido flota de autobuses. Aceras maravillosas y de amplitud genial configuran las calles más céntricas. Taxis con problemas de circulación, personal mayor con limitaciones. Bicis y patinetes a su aire, sin respetar ni respetarse. Un cierto desastre se une a la inseguridad.

Ahora nos invaden los patinetes con guerra por todos los flancos. A dicha invasión hay que añadir un turismo bastante abundante que le encanta ir en bici. No clamo ni contra el turismo o las bicis, ni contra patinetes. Reclamo respeto a tres bandas, peatones incluidos.

Durante la última semana de noviembre saltó al ruedo la noticia de la muerte de una anciana de 90 años atropellada por un patinete en la rambla peatonal del Carme, en Esplugues de Llobregat (Barcelona). La señora paseaba con ayuda de un andador cuando recibió por la espalda un golpe que la tumbó de cabeza al suelo y moría pocas horas después a consecuencia de los golpes recibidos. Hasta aquí una noticia más de las que ocurren o pueden ocurrir en cualquiera de nuestras ciudades.

¿Causas del atropello? La señora circulaba por zona peatonal; el patinete parece ser que consultaba el itinerario en el móvil. ¿Resultado? Una muerte por accidente. El suceso ocurrió el 13 de agosto. ¿Alguien dijo o escribió algo sobre él? La noticia no ha saltado al ruedo de la información hasta finales de noviembre.

Otra desgracia más. El 23 de octubre, una mujer de 40 años murió también en Sabadell (Barcelona) cuando cayó a la vía pública desde su patinete y fue arrollada por un camión. Accidente en este caso que no se pudo evitar. Esta información sí que saltó al ruedo informativo en su momento.

Otros percances. Un patinete tuneado hacía su recorrido a 80 km/h. Al tunante (pícaro) o tuneador le importaba tres pepinos la gente, su objetivo era correr. “Hace dos semanas, un taxista grabó a dos jóvenes que circulaban encima de un mismo patinete a una velocidad cercana a los 80 kilómetros por hora”. Por cierto, tunear se define como “adaptar algo, especialmente un vehículo, a los gustos o intereses personales” (sic).

A todo lo dicho hay que añadir la carrera a 75 km por hora de un kamikaze por Las Ramblas de Barcelona. Dicha avenida, como es bien sabido, siempre está muy transitada por peatones y, supongo, por bicicletas.

Indudablemente, no leo toda la prensa que sale, tanto en papel como digital, pero sí que procuro estar informado desde cualquiera de las cuatro esquinas de la información. Curiosidad por aquello de que opinar de memoria no vale porque carecería de fundamentos. Los españoles somos muy dados a opinar sin conocimiento de causa.

Como bien dice otro digital, el problema empieza a preocupar en grandes ciudades como Madrid, Valencia y Zaragoza. Callemos de momento y cuando ya el revuelo pueda saltar muy alterado, empezamos a dar información.

¿Quién o quiénes se esconden detrás de este nuevo medio de transporte individual que, de la noche a la mañana, ha invadido algunas grandes ciudades, a velocidad superior a 30 km/h y a veces a más? Intuyo que por intereses muy interesados de las distintas marcas que han ido colonizando la Península, era mejor no alarmar; intuyo que crear zozobra en el personal no sería rentable para los fabricantes de dichos aparatejos.

Adjunto datos de algunas de las marcas que están en activo en este momento en diversas ciudades. En Madrid, Lime se enfrentaba esta semana a problemas con el Ayuntamiento.
  • Lime: 1 euro desbloquearlo. 0,15 céntimos el minuto.
  • Wind: 1 euro desbloquearlo. 0,15 céntimos el minuto.
  • VOI: 1 euro desbloquearlo. 0,15 céntimos el minuto.
  • Eskai: desbloquearlo es gratis, 0,15 céntimos el minuto.
  • Bird: 1 euro desbloquearlo, 0,15 céntimos el minuto.
  • MyGO: 1 euro desbloquearlo (tres primeros minutos gratis), 0,15 céntimos al minutos. 3 euros gratis al registrarse.
Como broche final dejo un enlace que puede darnos algunas ideas: “El hombre que inunda tu acera de patinetes: Las ciudades no entienden de qué va esto”. El tema da para más puesto que no ha hecho nada más que empezar y las dificultades afloran a velocidad de más de 30 km./h.

PEPE CANTILLO


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