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Mostrando entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas
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25 de julio de 2020

  • 25.7.20
Montilla ha perdido hoy a uno de sus cantaores más queridos. Francisco Cobos Lara, más conocido como Paquillo Cobos, ha fallecido a los 81 años de edad. Casado con Manuela Cárdenas Jiménez, era padre de tres hijos –Rafael, María del Mar y Marisol– y abuelo de dos nietos –Antonio Manuel y Carla–.



Gran aficionado al cante jondo, Paquillo Cobos fue durante años un habitual de los certámenes flamencos y de saetas promovidos en Montilla y en otras localidades de la comarca, llegando a participar en las primeras ediciones de la Noche Blanca. El 29 de noviembre de 2009 vio cumplido uno de sus sueños cuando presentó, en el Restaurante Los Arcos, el disco Paquillo Cobos canta a sus amigos, acompañado a la guitarra por el sevillano Eduardo Rebollar.

La misa córpore insepulto de Francisco Cobos Lara tendrá lugar mañana domingo 26 de julio, a las 13.45 de la tarde, en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, aunque por razones de seguridad derivadas de la pandemia del coronavirus, no se ofrecerá el pésame a la familia ni en el tanatorio ni en el templo de La Escuchuela.

El equipo humano que conforma Montilla Digital se une al dolor que ha provocado entre familiares, amigos y aficionados al flamenco la pérdida de este entrañable cantaor montillano. Si desea consultar la esquela, puede pulsar en este enlace.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: FRANCIS SALAS

19 de julio de 2020

  • 19.7.20
La Asociación Cultural de Artesanos "Solano Salido" ha dado su último adiós al escultor montillano Francisco Julián Márquez Luque, que falleció este viernes a los 87 años de edad en la vecina localidad de Aguilar de la Frontera, donde residía desde hacía años junto a su esposa, Antonia Ariza Romero.



Nacido en Montilla el 6 de junio de 1933 en el seno de una familia de orfebres, Francisco Julián Márquez Luque emigró junto a su familia a Argentina, donde se estableció en la ciudad de Berazategui, una ciudad del sudeste del Gran Buenos Aires considerada como la capital nacional del vidrio.

Discípulo del reconocido escultor italiano Antonio Sassone, Francisco Julián Márquez Luque se formó como escultor en la Mutualidad de Estudiantes Egresados de Bellas Artes, concluyendo sus estudios en 1957. A partir de ese momento, desarrollaría su obra, imbuida de la estética del realismo artístico, con trabajos tan notables como el busto a Patrick Pearse que preside la Plaza Irlanda​ del barrio de Caballito en Buenos Aires, el Monumento a los Héroes de las Malvinas de Berazategui o la escultura a Almafuerte en el Paseo de los Troncos de Mar del Plata.

En 1988, tras la muerte de su madre, regresó a España e inició un nuevo período de su obra, compaginando la creación artística con la docencia en la Escuela Taller de Montilla, con obras tan reconocibles para los montillanos como la escultura de San Juan de Ávila que preside la fachada del templo de la calle Corredera, el Monumento a la Madre del Paseo de Las Mercedes o los bustos de San Francisco Solano y de Gómez Suárez de Figueroa que pueden verse en la Casa del Inca Garcilaso.



A finales de junio de 2014, la Asociación Cultural de Artesanos "Solano Salido" decidió distinguirlo como Socio de Honor del colectivo, durante el transcurso de un acto en el que también se reconocieron las trayectorias del orfebre montillano José Pedraza Luque y de la modista Luisa Polonio Rasero, que falleció en 2017.

El funeral de Francisco Julián Márquez Luque se celebró ayer tarde en la capilla del Tanatorio de Aguilar de la Frontera. El equipo humano que conforma Montilla Digital se une al dolor que ha provocado entre familiares, amigos y vecinos la pérdida de este reconocido artista montillano.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍAS: JULIO PORTERO / JOSÉ ANTONIO AGUILAR


10 de julio de 2020

  • 10.7.20
La Plaza de la Rosa acogerá mañana, a partir de las 22.00 de la noche, la actuación de la cantaora lucentina Araceli Campillos, acompañada a la guitarra por el guijarroseño Luis Ruiz García, más conocido como Luis Calderito, en el marco del ciclo Vive el Flamenco, que promueve la Peña Cultural "El Lucero", con la colaboración de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Montilla y de la Diputación de Córdoba.



El ciclo Vive el Flamenco, que este año cumple su decimosexta edición, rinde homenaje a Francisco Campanario El Maño, un hombre que, en palabras de Salvador Córdoba, presidente de la Peña El Lucero, "lo ha hecho todo por el flamenco" y que "ha logrado traer a Montilla a grandes nombres del cante".

La iniciativa, que arrancó su programación el pasado 31 de enero con la actuación de Bartolomé López El Arenales al cante y Rafael Trenas al toque, continuó el 7 de febrero de la mano del cantaor granadino Luis Heredia El Polaco, acompañado a la guitarra por Paco Cortés.

El ciclo en homenaje a Francisco Campanario se completaba además con la actuación el 6 de marzo de la cantaora onubense Rocío Márquez, junto a Miguel Ángel Cortés y, una semana más tarde, con la de la joven lucentina Araceli Campillos, arropada por Luis Calderito, un recital que se vio truncado finalmente por la crisis sanitaria a causa del coronavirus y que mañana podrá retomarse con las debidas medidas de seguridad que recomiendan las autoridades sanitarias.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: I. TÉLLEZ

9 de julio de 2020

  • 9.7.20
Agústicos. Ese es el original nombre del ciclo musical que inaugura hoy el Ayuntamiento de Montilla con el objetivo de ofrecer una alternativa de ocio para las noches de los jueves. El título del festival, que forma parte del Plan de Reactivación Socioeconómica para Montilla #Remontamos, surge de un juego de palabras que resume el espíritu de la iniciativa, tal y como aclaró la concejala de Infancia, Juventud y Mujer, Alicia Galisteo, quien explicó que "los conciertos tendrán un formato acústico y, además, esperamos que los asistentes estén muy a gusto, escuchando música en directo en las plazas de Montilla".



El programa, que arrancará a las 22.00 de esta misma noche, en el Llano de Palacio, con los sonidos selváticos y subterráneos de la banda granadina Pelo Mono, ha sido diseñado por cuatro colectivos musicales de la localidad: Imprevisible, Jazz Amontillado, Poplacara y Pop Rock Montillano.

"Con esta iniciativa se pretende cubrir los festejos cancelados por el covid-19 y ofrecer música para todos los públicos, ya que los conciertos serán gratuitos", recalcó Alicia Galisteo, quien reconoció que "la música ha sido una gran aliada en los meses de confinamiento y, por eso, hemos apostado por ella para hacer más amenos los meses de verano, con una propuesta que también ayudará a la hostelería".

Agústicos se compone de un total de ocho conciertos –cuyos detalles pueden consultarse en este enlace– que tendrán lugar en espacios como la Plaza de la Merced, la Estación de Autobuses, la Plaza de la Rosa y el Llano de Palacio, todos ellos con un aforo limitado a 60 personas sentadas.

Tras la actuación de esta noche de Pelo Mono, el festival continuará el próximo 16 de julio, en la Plaza de la Rosa, con Pepe Bao y Tomasito (Los Majaretas del planeta). Una semana más tarde, en la Plaza de La Merced, será el turno de CRC y Raúl Rodríguez, mientras que el último jueves de julio actuarán, a partir de las 22.00 de la noche en la Estación de Autobuses, el grupo montillano El Viaje de la Rosetta, además de Imperio Reina.

Ya en agosto, el jueves día 6 se podrá disfrutar en la Plaza de la Rosa de la actuación del grupo Mr. Mackenzie y de Borneo, mientras que Taipan y otro grupo por confirmar tomarán el escenario de la Estación de Autobuses el 13 de agosto.

Las dos últimas actuaciones correrán a cargo del pianista Ángel Andrés Muñoz y Cristina Guzmán, junto a Latín Jazz Reunión (Around Rivera’s Sounds), que el 20 de agosto deleitarán con su música al público de la Plaza de la Merced, mientras que D-Instinto Bas&Co y Pirámide cerrarán el programa con un concierto que tendrá lugar el jueves 27 de agosto en la Plaza de la Rosa.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR (ARCHIVO)


8 de julio de 2020

  • 8.7.20
El Ayuntamiento de Montilla puso en marcha anoche el programa Cine en los Barrios, una actividad que pretende ofrecer una alternativa de ocio para las noches estivales en distintos espacios abiertos de la localidad. El programa, que forma parte del Plan de Reactivación Socioeconómica para Montilla #Remontamos, ofrecerá todos los martes y miércoles de los meses de julio y agosto películas de distintos géneros aunque especialmente concebidas para el público infantil.



El ciclo de proyecciones arrancó anoche en el Paseo de Cervantes, donde pudo disfrutarse de la cinta El niño que pudo ser Rey, y continuará hoy con el film de animación Alita: Ángel de Combate, también en el Paseo de Abajo y a partir de las 22.00 de la noche. La entrada será gratuita hasta completar el aforo de 150 asientos.

"En cada evento aplicaremos, por supuesto, las medidas de seguridad correspondientes y esperamos dar un puntito de entusiasmo al verano, para que podamos pasarlo lo mejor posible, ya que se prevén unos temperaturas muy elevadas y las posibilidades de desplazamiento se han visto reducidas a causa de la pandemia por el coronavirus”, apuntó la concejala de Cultura y Festejos, Soledad Raya.

El programa Cine en los Barrios ofrecerá un total de 16 películas en enclaves como el Paseo de Cervantes, el Parque de La Rehoya, la Plaza Puerta de Montilla y el Paseo de las Mercedes. "Las películas se centrarán, sobre todo, en el público infantil para que podamos disfrutar en familia”, comentó la edil.

El ciclo permitirá disfrutar, igualmente, de películas como Cementerio de animales; Perdiendo el este; Spiderman lejos de casa; Bajo el mismo techo; Extraordinariamente Feos; Green Book; Cómo entrenar a tu dragón 3; Lo dejo cuando quiera; Asterix; Superlópez; Mascotas 2; Ha nacido una estrella; Pokemon, detective Pikachu; y Animales Fantásticos, los crímenes de Grindelwald.

Para conocer detalles sobre las proyecciones, como el lugar, la hora y el título de la cinta, se puede visitar el perfil de Facebook de la Concejalía de Cultura y Festejos del Ayuntamiento de Montilla o, bien, darse de alta en el servicio gratuito de alertas de Montilla Digital.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR (ARCHIVO)

7 de julio de 2020

  • 7.7.20
El castillo de El Gran Capitán ha vuelto a despertar el interés científico dos décadas después de las primeras excavaciones arqueológicas en el entorno de la ladera norte, donde un equipo de investigadores de la Universidad de Granada y del Instituto Andaluz de las Ciencias de la Tierra (IACT), apoyados por la Asociación de Arqueología Agrópolis y por el propio Ayuntamiento, han creído localizar evidencias de una muralla íbera del siglo II antes de Cristo.





"Los datos encontrados son bastantes importantes y están saliendo diversos materiales con los que se pueden ir barajando distintas teorías". recalcó el geógrafo e historiador Sergio Moyano, quien aseguró que "los restos arqueológicos hallados podrían mostrar el cambio sufrido en la pendiente a causa de los deslizamientos".

Y es que, durante las primeras tomas de datos con material de última generación, se han detectado una serie de fallas geológicas que pudieron afectar a las distintas fases de la construcción del castillo, así como un material que, a juicio de los expertos, desvelaría la presencia de esa muralla íbera. No obstante, los investigadores se mantienen cautos todavía y reconocen que deben "procesar los datos" antes de determinar el "alcance real" de los hallazgos.

El equipo de la Universidad de Granada –que dirige Jesús Galindo, catedrático del Departamento de Geodinámica de la Universidad de Granada, junto a la investigadora Lourdes González y a Francisco Lamas, profesor titular de Ingeniería Civil– está contando con la inestimable colaboración del historiador José Luis Urbano y del científico montillano Francisco José Jiménez Espejo, que ha trabajado durante años en el departamento de Biogeoquímica de la Agencia Japonesa para las Ciencias y Tecnologías Marinas y Terrestres.

“Todos ellos nos han enseñado las técnicas para estudiar la ladera de una forma no destructiva e invasiva, a través de la técnica de tomografía eléctrica, utilizada para determinar los diferentes materiales en función de la conductividad eléctrica que presenta y en la que podemos encontrar materiales más húmedos que conducen la electricidad y piedras que pueden componer murallas", detalló Sergio Moyano.

Por su parte, el alcalde de Montilla, Rafael Llamas, agradeció “la gran labor realizada por la Asociación de Arqueología Agrópolis tanto en el castillo como en la gestión del Museo Histórico", así como la labor de Francisco José Jiménez, Sergio Moyano y "otros ciudadanos interesados en la singularidad de nuestro municipio".





El primer edil se mostró convencido de que "esta investigación va a ser muy importante no solo para el entorno del alhorí del castillo sino, también, para conocer mucho mejor nuestro subsuelo". Para Rafael Llamas, "gracias a este equipo damos un pasito hacia adelante, sin prisa pero siempre sin pausa, con el que seguimos sumando esfuerzos para poder dar el valor que tiene este importante enclave".

Un lugar de gran interés arqueológico

El Ayuntamiento de Montilla adquirió el castillo en 1998 y, desde entonces, ha venido siendo objeto de numerosos estudios arqueológicos. Precisamente, una de las iniciativas más interesantes de este gran proyecto cultural y turístico ha sido la creación de un parque arqueológico en las inmediaciones del castillo, que ha servido para integrar el yacimiento ibérico que apareció en el subsuelo de la fortaleza.

En este recinto nació el 1 de septiembre de 1453 El Gran Capitán y en él permanecería hasta cumplir 14 años. La reconstrucción de la antigua fortaleza se llevó a cabo en el siglo XVIII, levantándose en su solar los graneros ducales, un inmenso monumento de sillería que se alza sobre las demás construcciones de la ciudad y que, en las próximas semanas, mostrará los aspectos más relevantes de la vida del militar montillano.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
REPORTAJE GRÁFICO: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

4 de julio de 2020

  • 4.7.20
La vida de Ana Ponce de León, condesa de Feria y, posteriormente, monja en el convento de Santa Clara, protagonizará durante el mes de julio El Libro del Mes, una iniciativa de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque que arrancó el pasado 23 de abril, Día Internacional del Libro, y que permite conocer, a través de la página web de la entidad, aspectos singulares de algunos de sus títulos más selectos o extraños.



La figura de la religiosa –que falleció el 26 de abril de 1601 en olor de santidad– ha recobrado actualidad en las últimas semanas después de que el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, confirmara durante la ceremonia de clausura del Año Jubilar Avilista que la Diócesis de Córdoba ha iniciado ya el proceso de beatificación de Ana de la Cruz por su estrecha vinculación con San Juan de Ávila.

“Los santos van siempre en pelotón y llevan consigo personas en torno a ellos como un remolino de santidad y son modelos para los cristianos de hoy y de siempre; este es el caso de San Juan de Ávila y Ana de la Cruz”, destacó el obispo.

Por este motivo, la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque –que constituye la recopilación de historia local más importante de España, junto con la existente en el Seminario de Álava– ha querido recordar la vida de esta insigne montillana, de la mano del historiador Martín de Roa, rector de los colegios de la Compañía de Jesús en Córdoba, Écija, Jerez de la Frontera, Málaga y Sevilla a comienzos del siglo XVII.

"Cuando falleció sor Ana de la Cruz Ponce de León, ya gozaba de una reconocida virtud y santidad que fueron cimentándose durante los más de 45 años que vivió en el convento de Santa Clara", explica Elena Bellido, directora de la Fundación Ruiz Luque, quien aclara que, tras su muerte, su nieto, Pedro Fernández de Córdoba, cuarto marqués de Priego, encargó a Martín de Roa la redacción de una biografía destinada a reconocer sus virtudes.

Fue así como surgió la Vida de Doña Ana Ponce de León, Condesa de Feria, impresa en los talleres de la viuda de Andrés Barrera de la capital cordobesa, en 1604. "La biografía se encuentra estructurada en cuatro libros, subdivididos a su vez en diferentes capítulos, a través de los cuales, Martín de Roa entreteje las vivencias religiosas que abraza Ana Ponce de León y avisándonos de que, desde su niñez, ya estaba predestinada a la entrega divina", explica Elena Bellido, quien subraya que la obra "permite conocer el ejemplar matrimonio de la noble marchenera con el conde de Feria, al que encumbra como paradigma del ideal de caballero cristiano".

Sin duda, la obra que protagoniza El Libro del Mes de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque servirá de testimonio durante el proceso de beatificación que ha abierto el Obispado de Córdoba pues, como recuerda Elena Bellido, "fueron innumerables los indicios que Martín de Roa advirtió en sor Ana de la Cruz Ponce de León para impulsar abiertamente su fama de santidad".

"Martín de Roa nos introduce en la vida de la protagonista desde una dimensión que está plenamente imbuida del espíritu contrarreformista del momento, advirtiéndose un discurso panegírico que enaltece las virtudes pías de la noble religiosa", subraya la directora de la fundación, quien destaca el papel predominante que jugó en la elaboración de esta biografía el testimonio de San Juan de Ávila, confesor de la condesa.

Una figura relevante del Siglo de Oro

Ana Ponce de León nació en la localidad sevillana de Marchena el 3 de mayo de 1527. Hija de los duques de Arcos, contrajo nupcias a corta edad con Pedro Fernández de Córdoba y Figueroa, cuarto conde de Feria, en un enlace que, como subraya Elena Bellido, "despertó una gran expectación entre la aristocracia de la época", dado que sus descendientes directos estaban llamados a heredar los amplios dominios territoriales que componían los estados del marquesado de Priego y del ducado de Feria.

Sin embargo, la prematura muerte de su esposo en 1552 puso en peligro la premeditada estrategia matrimonial, ya que su primogénito también falleció siendo niño, quedando como continuadora del linaje una hija pequeña a la que el ducado de Feria le negaba sus derechos hereditarios sobre las posesiones extremeñas.

"Ante tan complejo escenario familiar, Ana Ponce de León, que contaba con 25 años de edad cuando quedó viuda, decidió consagrarse a la espiritualidad alentada por su confesor y consejero, el maestro Juan de Ávila", relata Elena Bellido.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

3 de julio de 2020

  • 3.7.20
El entorno del Centro de Arte Contemporáneo y Vino (Envidarte), con acceso desde la avenida de Las Camachas, acogerá mañana el regreso de la Banda de Música Pascual Marquina tras casi cuatro meses de obligada inactividad que ha obligado a la formación que dirige Rafael Tejada Luque a dejar en el tintero hasta siete actuaciones programadas antes de la declaración del estado de alarma.



"La evolución favorable de la pandemia y la situación actual permite que podamos volver a ofrecer nuestra música en directo con público, aunque evidentemente extremando todas las medidas de seguridad necesarias", recalcan desde la formación, que ofrecerá una sesión doble para posibilitar la asistencia de un mayor número de espectadores.

La primera actuación arrancará a las 21.30 de la noche y, la segunda, una hora después, ambas con aforo limitado. "Se trata de un concierto que ofrecemos con el único objetivo de ir recuperando poco a poco la actividad cultural en nuestra ciudad, que tanto la necesita, y respetando siempre todas las medidas de seguridad establecidas en la normativa vigente", insisten desde la banda, cuyos integrantes ofrecerán mañana dos conciertos "de manera totalmente altruista y desinteresada, con el fin de reencontrarnos con nuestro querido público y celebrar que, poco a poco, estamos saliendo de esta situación".

El concierto, que ha sido preparado "en tiempo récord", será algo más breve de lo habitual, y además, no contará con descanso como medida adicional de seguridad. "Por lo demás, y aunque con las condiciones de distanciamiento social a las que poco a poco debemos irnos acostumbrando, estamos convencidos de que mantendrá la esencia de todos nuestros conciertos, incorporando incluso alguna pieza de estreno que queremos dedicar a todas las víctimas que, desgraciadamente, ha dejado esta enfermedad", señalan desde la formación.

Las personas interesadas en asistir al concierto –que tendrá un aforo limitado a 150 sillas por sesión– deberán utilizar obligatoriamente la mascarilla en la entrada al recinto, hasta ocupar el asiento, así como en el momento de la salida. Desde la organización instan a los espectadores a "evitar aglomeraciones manteniendo la distancia de seguridad".

Además de haber establecido una separación entre sillas de, al menos, 1,5 metros, la Banda Pascual Marquina dispensará  a la entrada gel hidroalcohólico para todos los asistentes y se llevará a cabo la limpieza y desinfección de todas las sillas entre sesión y sesión. A su vez, para extremar las medidas de seguridad, en esta ocasión no se repartirán programas de mano impresos en papel.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR


29 de junio de 2020

  • 29.6.20
Jose de la Torre sigue afianzándose en su carrera profesional. Tras su exitoso paso por 'Toy Boy', una serie producida por Atresmedia que llegó a Netflix el pasado 5 de marzo –donde ha sido muy bien recibida por la audiencia de la plataforma–, el actor montillano se embarca ahora en uno de los buques insignia de Antena 3 Televisión: la serie Amar es para siempre, que se emite actualmente de lunes a viernes, de 16.35 a 17.55 de la tarde, y que ha alcanzado ya su octava temporada.



José de la Torre se une al reparto de Amar es para siempre en la recta final de la octava temporada como Ricardo Candela, Roque, un hombre atractivo y sexy que jugará a dos bandas con Ordoñez y con Irene y que ha sido contratado como nuevo jefe de recepción del Hotel La Estrella.

"Roque llega a la Plaza de los Frutos como el nuevo jefe de recepción del Hotel La Estrella y se presenta a Armando como Miguel Portolés", explican desde la productora, para añadir que "Roque, al que todos menos Irene llamarán Miguel, trabajará junto a Fede y Marina ante el auge del turismo internacional en el país".

Nacido en Montilla en 1987, Jose de la Torre no ha dejado de subirse a un escenario o ponerse frente a una cámara desde que comenzara su carrera como actor hace casi una década con su participación en un videoclip de la cantante Nena Daconte. Diez años después, este joven montillano regresa a la pequeña pantalla como uno de los protagonistas de Amar es para siempre, una de las series más exitosas de la televisión en España.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN


28 de junio de 2020

  • 28.6.20
Los artistas Antonio Algaba, Raymond Prestia y Manolo Portero se han unido en la Taberna Bolero para rendir tributo artístico a aquellos míticos cines de verano de los años sesenta. Y lo hacen en Jardín Cinema, una exposición colectiva que podrá visitarse hasta el próximo mes de septiembre en ese templo erigido en honor al Dios Baco que regenta con maestría Carlos García Santiago.



Los característicos collages con estructuras lineales de Manolo Portero, que evocan aquellas hileras de sillas de madera que había en esos patios al aire libre donde se instalaban los cines estivales, se unen en esta peculiar muestra a las acuarelas sobre papel de morera de Raymond Prestia, que con sus flores recuerda las típicas macetas que colgaban de las paredes de aquellas improvisadas salas de cine al aire libre.

Por último, el artista montillano Antonio Algaba expone dos técnicas mixtas sobre papel que llevan como título Technicolor I y  Technicolor II, en el que el mero divertimento, los juegos de color y los toques de expresionismo abstracto conforman los ingredientes principales.

"Volvemos de nuevo al espacio expositivo del Bolero en estos tiempos difíciles, raros, complicados e inciertos", apunta el promotor de la muestra, Manolo Portero, quien reconoce, no obstante, que los artistas tienen la "obligación" de seguir creando "para las personas que nos saludan todos los días" y para los parroquianos de la taberna montillana por antonomasia, enclavada muy cerca de donde abrió sus puertas el cine de verano Jardín Cinema.

"Con esta exposición queremos rendir un pequeño homenaje a esa escuela que eran los cines de barrio, donde se convivía, se compartían las chucherías, se aprendía a ver el cine de una época y a evadirnos del trabajo diario", subraya Manolo Portero quien, parafraseando a Pepe Galisteo, defiende que estos lugares eran propicios para "los amoríos, la diversión y el descubrimiento de los mitos".

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: MANOLO PORTERO


21 de junio de 2020

  • 21.6.20
En España disponemos de una gran cantidad de vestigios materiales relacionados con nuestro pasado. Tenemos la suerte de disponer de una larga tradición museística y de amor por nuestra historia, lo que ha ayudado a la conservación, documentación y exhibición de estas piezas. Una de las civilizaciones que más arraigaron en nuestro territorio y que marcaron el inicio de muchas actividades habituales que realizamos en el presente es la Romana. Los romanos edificaron una gran cantidad de ciudades, colonias y edificaciones satélite repartidas por todo el territorio. Debido a su gran especialización y sus otros conocimientos en muchas otras disciplinas como la arquitectura, la gastronomía o el mundo de las artes, su legado aún pervive.



Algunos de los líderes romanos más famosos fueron César, autor de la popular frase "Alea jacta est", Augusto, primer emperador, o Claudio, parodiado hasta la saciedad por sus problemas de dicción. Sus figuras han calado hondo en la cultura popular, sobre todo por su gran ambición política y sus ansias de expansionismo, pero un dato menos conocido es su pasión por las actividades de azar, nexo común entre los diversos líderes históricos. Este dato nos muestra hasta qué punto eran personas avanzadas a su tiempo y que su manera de ser no difería demasiado de la actual. De hecho, Augusto practicaba la "alea", una variante primitiva del actual Backgammon, y fue también uno de los emperadores relacionados con la Península Ibérica, ya que viajó en tres ocasiones a nuestro territorio.

Hoy queremos centrarnos en el sur peninsular y destacar alguno de los puntos más importantes del pasado andaluz relacionado con las raíces romanas. En la conocida Hispania Ulterior encontramos ciudades de la envergadura de Híspalis (Sevilla), Corduba (Córdoba), Astigi (Écija) o Gades (Cádiz). De hecho, Andalucía estaba comunicada con Roma a través de la Vía Augusta, creando un nexo directo entre la capital del imperio y la zona sur de la Península. De hecho, cada año aparecen nuevos descubrimientos que refuerzan el nexo de unión entre Andalucía y su pasado romano.

Uno de los puntos más espectaculares en cuanto a la relación entre Andalucía y Roma lo encontramos en la que fue la primera ciudad romana de Hispania: Itálica. Fue edificada el año 206 a.C. en el actual término municipal de Santiponce, en Sevilla. Allí encontramos los restos del Anfiteatro Romano de Itálica, una estructura que sorprende por su buen estado de conservación. Tenía una capacidad de 25.000 espectadores, con tres niveles de gradas. Allí tuvieron lugar las populares luchas de gladiadores y las “venationes”, donde se pueden ver bestias y animales de todos los puntos del planeta. En Itálica encontramos también el teatro, el Templo de Trajano y los restos de las Termas Romanas. Una visita obligada para los amantes de Roma y de la historia en general.



La segunda parada de nuestro viaje particular por los restos romanos de Andalucía nos lleva hasta Acinipo. Ubicada a 21 kilómetros de Ronda, esta villa romana dispone de tres estructuras destacadas. La primera es el teatro, punto central y destacado del yacimiento. Está excavado directamente sobre la roca y dispone de una acústica y una visión perfecta. Su estado de conservación es muy óptimo, y aún es fácil identificar cuál era la posición del público sobre la estructura. En Acinipo podemos observar también restos de las antiguas Termas y pequeños fragmentos que guardan relación con las murallas defensivas originales.

De Ronda vamos hacia Cádiz. Cerca de Tarifa encontramos una ciudad romana del siglo II a.C. conocida con el nombre de Baelo Claudia. Su tipología constructiva demuestra que era un punto determinante del comercio mediterráneo del segundo siglo de nuestra era. Entre los restos más importantes destacan el teatro, con 2000 espectadores, edificios públicos como la curia, o la basílica, que destaca por la presencia de varias columnas arquetípicas que todo el mundo relaciona con el mundo romano.

La última parada de nuestro viaje nos lleva hasta Málaga capital. En las ruinas de la antigua ciudad de Malaca, que conectaba con la pretérita ciudad fenicia de Malaka -siglos VII-VI a.C.-, podemos observar el magnífico teatro romano. Curiosamente, se encuentra integrado en la actual ciudad de Málaga y fue edificado en los primeros años del Imperio Romano. Es el elemento mejor conservado del pasado imperial de la ciudad y destaca por su belleza exterior. Conserva buena parte de las gradas y es un punto magnífico para entender cómo se llevaban a cabo las representaciones artísticas y teatrales hace más de dos mil años. Fue descubierto en 1951, aunque hasta los años noventa no se decidió iniciar una restauración que puso en valor y en contexto esta magnífica estructura arquitectónica. Un punto fotográfico ineludible.

Como hemos podido apreciar, la herencia romana sigue muy viva en Andalucía y es una civilización que no dejará nunca de maravillarnos.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: JESÚS ORDÓÑEZ TORRES
  • 21.6.20
Poco a poco, los distintos sectores del tejido empresarial comienzan a recuperar parte de su actividad. La industria audiovisual ha sufrido especialmente el obligado parón de hace unos meses, cerrando salas, posponiendo rodajes y cancelando o aplazando estrenos y festivales.



Si bien buena parte de los agentes culturales están estos días ampliando su actividad, pensemos por ejemplo en la apertura de museos o en la reactivación del deporte en las principales competiciones a escala nacional, lo que implica también la reanudación de las actividades económicas que lo rodean, como la de las apuestas deportivas o los pronósticos, el cine no se encuentra todavía en esta línea. Muchas salas de exhibición privadas han tomado la decisión de no abrir sus puertas en las próximas semanas debido a la incertidumbre que se respira en el sector y a la escasez de títulos nuevos que llegan habitualmente a la cartelera durante estos meses de verano.

No obstante, mientras la oferta comercial se mantiene, por el momento, en pausa, las instituciones públicas han decidido poner marcha algunas proyecciones para ofrecer a la ciudadanía la posibilidad de disfrutar del séptimo arte. Este es el caso de la Filmoteca de Andalucía, dependiente de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, que retomó su actividad la semana pasada con la proyección de “Los cuatrocientos golpes”, de François Truffaut.

Con esta obra del icónico cineasta francés, la Filmoteca inicia un nuevo ciclo, “Vuelve al cine”, que se llevará a cabo durante los meses de junio y julio y en el que se podrá disfrutar de títulos como “Senderos de gloria” de Stanley Kubrick o “Vértigo” de Alfred Hitchcock.

Además de este ciclo, la Sala Val del Omar de Córdoba también ofrecerá los estrenos de “Lo que Arde”, una cinta dirigida por Oliver Laxe y ganadora del Goya por Mejor Fotografía y Actriz Revelación en la última edición de estos premios, y “The Farewell”, reconocida con varios galardones a nivel internacional entre los que destacan dos premios Independent Spirit y un Satellite Award. Junto a estos títulos también se proyectará “Deprisa, deprisa” dentro del ciclo "Cine Quinqui”. La cinta, dirigida por Carlos Saura en 1981, refleja el cambio socioeconómico y político vivido en la España de las décadas de los 70 y 80 a través de un grupo de amigos de un barrio marginal que se dedican a robar como medio de vida.

Todas las proyecciones contarán con aforo limitado y serán totalmente gratuitas.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: PIXABAY / PUBLIC DOMAIN


20 de junio de 2020

  • 20.6.20
La Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía ha fijado las nuevas medidas preventivas de salud pública que regirán a partir de mañana domingo, 21 de junio, en la fase de salida del estado de alarma en los espacios y centros culturales de la Consejería.



Así, los museos, colecciones museográficas y salas de exposiciones tendrán un aforo limitado al 65%, tanto para visitas como para las actividades culturales, mientras que las visitas de grupo serán de un máximo de 20 personas, incluyendo el guía.

En cuanto a monumentos, conjuntos arqueológicos y enclaves, tanto de titularidad pública como privada (al igual que en el caso de los museos), el aforo se limitará al 75 por ciento en los espacios libres y al 65 por ciento en los cerrados. Estos porcentajes serán de aplicación tanto a las visitas como a la realización de actividades culturales. Las visitas de grupos serán de un máximo de hasta 25 personas incluido el guía, estableciendo recorridos obligatorios para evitar aglomeraciones.

Asimismo, en archivos, bibliotecas y centros de documentación no se podrá superar el 65% del aforo permitido y la devolución del material bibliográfico y documental conllevará el sometimiento de un periodo de cuarentena.

Por otro lado, para cines, teatros, auditorios, circos y espacios similares públicos o privados, se deberá contar con butacas preasignadas, siempre que no superen el 65 por ciento del aforo permitido en cada sala, permitiendo la asistencia máxima de 800 personas para lugares cerrados y 1500 personas en actividades al aire libre. Además, se propone el agrupamiento de espectadores cuando se trate de unidades familiares o de convivencia.

En el caso de otros recintos, locales y establecimientos destinados a espectáculos públicos y actividades recreativas distintos, el público deberá permanecer sentado y no superar el 65% del aforo, permitiendo la asistencia de 800 personas para lugares cerrados y 1500 personas en actividades al aire libre.

Además, con carácter general y sin perjuicio de las normas generales establecidas por autoridades sanitarias o protocolos específicos, se atenderán las recomendaciones específicas elaboradas por el Instituto del Patrimonio Cultural de España y del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico para las tareas de limpieza y desinfección en inmuebles históricos o en proximidad de bienes culturales, extremando la limpieza en zonas de uso común y superficies de contacto más frecuentes.

Se instalarán elementos y barreras de protección para el personal de control y vigilancia en los accesos y lugares de información y atención al público, manteniendo la distancia de seguridad y estableciendo procedimientos para el recuento y el control del aforo, con carteles y otros documentos informativos sobre las medidas higiénicas y sanitarias y sobre el aforo máximo.

Por último, respecto a las medidas destinadas a colectivos artísticos, se han definido medidas de higiene y prevención (mantenimiento de la distancia interpersonal de seguridad, limpieza y desinfección de vestuario, etc.) y a la producción y rodaje de obras audiovisuales (equipos de trabajos reducidos al mínimo imprescindible, rodaje en espacios previa autorización del ayuntamiento...).

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR (ARCHIVO)

11 de junio de 2020

  • 11.6.20
La Biblioteca Municipal, situada en el Centro Cultural "Alcalde Antonio Carpio", en la calle Ronda de Curtidores, abrirá sus puertas el próximo lunes aunque con un aforo limitado al 50 por ciento de su capacidad. Así lo han anunciado hoy la concejala de Cultura y Festejos, Soledad Raya, y la responsable municipal de Juventud y Mujer, Alicia Galisteo.



El Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la Mancomunidad de Municipios Campiña Sur Cordobesa ha establecido las medidas necesarias para garantizar la seguridad en el recinto, tanto de los usuarios como de los propios trabajadores municipales. Por este motivo, el aforo se limitará al 50 por ciento, lo que significa que sólo 62 personas podrán permanecer al mismo tiempo en el interior de la Biblioteca.

“Hemos tomado una serie de medidas para cumplir con los requisitos y normativas vigentes, como la retirada de asientos no utilizables y la reducción del aforo”, ha comentado la delegada de Cultura y Festejos, quien ha hecho hincapié en que “habrá una limpieza extrema que irá acompañada de la distribución de desinfectantes por la Biblioteca”.

El horario de apertura será de 8.30 de la mañana a 22.00 de la noche (de lunes a viernes) y de 10.00 a 13.30 y de 17.00 a 20.00 de la tarde (sábados). Con todo, tal y como ha anunciado Alicia Galisteo, la Asociación Juvenil “Remonta” ha abierto una sala de estudios en la Casa Joven de la Fundación Social Universal, situada en la confluencia de las avenidas Antonio y Miguel Navarro y María Auxiliadora con la calle Virgen de las Viñas.

Por este motivo, Alicia Galisteo, agradeció esta iniciativa de la asociación que permitiría cubrir las plazas de lectura que la Biblioteca Municipal no pueda asumir por las limitaciones de aforo. No obstante, las personas que deseen hacer uso de la Sala de Estudios de la Casa Joven deberán reservar su plaza contactando con la asociación.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN

4 de junio de 2020

  • 4.6.20
Los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega protagonizarán durante el mes de junio El Libro del Mes, una iniciativa de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque de Montilla que arrancó el pasado 23 de abril, Día Internacional del Libro, y que permite conocer, a través de la página web de la entidad, aspectos singulares de algunos de sus títulos más selectos o extraños.



La obra, de la que se conservan varias primeras ediciones en la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque, fue publicada por vez primera en Lisboa en el año 1609 y supuso la consagración definitiva  como escritor de Gómez Suárez de Figueroa, dado que contiene la mejor prosa del período colonial del Perú, además de representar, según numerosos críticos, el texto más importante de la historia del país andino, por su importancia, su impacto y su trascendencia.

Tal y como explicó Elena Bellido, directora de la Fundación Ruiz Luque, la elección de Los Comentarios Reales en el marco de esta iniciativa cultural se justifica por la "estrecha vinculación" del Inca Garcilaso con Montilla, donde residió a lo largo de tres décadas, acogido por su tío, el capitán Alonso de Vargas.

La primera parte de Los Comentarios Reales fue redactada en Córdoba, donde el escritor cuzqueño fijó su residencia a partir de 1591. Y confió su primera impresión a Pedro Crasbeeck ─como hiciera con La Florida algunos años antes─, un acreditado tipógrafo de origen flamenco pero asentado en Lisboa que ha sido considerado como uno de los precursores de la imprenta en Portugal.

La obra está estructurada en nueve libros, divididos a su vez en capítulos. "El desarrollo del texto impreso está cuidadosamente tratado a dos columnas, dando comienzo cada uno de los capítulos por una letra capital ornamentada", explica Elena Bellido, quien recalca que "la identidad mestiza con la que el Inca Garcilaso se reafirma en esta obra queda de manifiesto en el escudo de armas que precede a la narración, ocupando la extensión de una hoja".

La directora de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque defiende que aunque Los Comentarios Reales "se destinaron primordialmente a un público intelectual español", la obra adquirió pronto una importante difusión. "Hacia 1612 salieron de Sevilla algunos ejemplares con destino al puerto del virreinato peruano de Callao, fruto de la incipiente fama que por entonces estaba adquiriendo el Inca por aquellas latitudes", recalca Elena Bellido.

Precisamente, uno de los ejemplares que nacieron de las prensas de Pedro Crasbeeck en 1609, encuadernado en pergamino, se custodia en la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque, además de otro volumen editado en España en 1723 en el taller madrileño de Nicolás Rodríguez Franco. "Su lectura nos brinda una gran oportunidad para apreciar, a través de la palabra del Inca Garcilaso, el inmenso valor que supone el entendimiento cultural entre las civilizaciones", concluye la responsable de la entidad.

Un templo de las Letras

La Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque constituye la recopilación de historia local más importante de España junto con la existente en el Seminario de Álava y contiene una valiosa sección de manuscritos que cuenta con piezas esenciales para conocer la historia civil y religiosa de muchas ciudades andaluzas.

Además, la biblioteca que durante más de medio siglo ha logrado reunir el bibliófilo montillano Manuel Ruiz Luque –que en 2001 fue distinguido con la Medalla de Oro de Andalucía– también conserva un completo archivo de material efímero: hojas volantes, octavillas, bandos, anuncios o panfletos de diferentes épocas.



Ubicada en la segunda planta de la Casa de las Aguas, la biblioteca de la Fundación Manuel Ruiz Luque puede ser consultada en dos salas: una que sólo contiene publicaciones contemporáneas –como actas de congresos, monografías y publicaciones periódicas– y otra sala para investigadores –en la que solo se sirven libros de fondo antiguo, editados entre los siglos XVI y XIX–. Desde la declaración del Estado de alarma por el coronavirus, las instalaciones permanecen cerradas al público aunque una buena parte de sus recursos puede consultarse a través de su página web.

De este modo, una de las colecciones más curiosas de cuantas conforman la Biblioteca Manuel Ruiz Luque la constituyen los más de 5.000 catálogos de anticuaria, esenciales para la labor de los bibliófilos y bibliográfos, entre los que pueden encontrarse desde catálogos de principios de siglo, hasta un gran número de listas de subastas. Además, la sección de historia contemporánea incluye la mayoría de las publicaciones editadas en Andalucía, así como un gran fondo misceláneo compuesto por varios miles de volúmenes sobre arte, literatura o arqueología.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍAS: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

27 de mayo de 2020

  • 27.5.20
El ciprés. Así se titula el último trabajo de Dany Ruz, compositor, gestor cultural, productor y director audiovisual, que ha escogido su ciudad natal, Montilla, para filmar un cortometraje que aborda el confinamiento y la cuarentena a causa de la pandemia del coronavirus. Sobre una serie de planos rodados en distintos enclaves de la localidad, la cinta gira en torno al mensaje de voz que una nieta deja por teléfono a su abuela, en el que le cuenta qué ha estado haciendo durante las últimas semanas, marcadas por la alerta sanitaria del Covid-19.



Dany Ruz, que desde hace unas semanas es colaborador de Montilla Digital, se ha encargado de todos los procesos de producción del cortometraje: desde la creación del texto, la fotografía y el rodaje hasta la composición y la interpretación musical.

"En el corto se pueden ver imágenes de toda Montilla confinada, que sirven de contrapunto al texto, ya que complementan el sentido de la narración", explica el joven creador quien, de este modo, ha querido rendir un homenaje "a las personas mayores que nos han dejado durante estas circunstancias y a los que siguen luchando".

"Está dedicado a mis abuelas, ya que parte de la narración materializa algunas de las conversaciones que he estado teniendo con ellas durante la cuarentena", reconoce el creador de El ciprés, quien destaca que "es el primer proyecto que me ha costado trabajo hacer, ya que tenía mucha carga emocional, tanto por lo que hemos estado viviendo como por la relación con mis abuelas".

El cortometraje viaja entre la realidad y la ficción, aunque es difícil identificar qué es real y qué no. "Para mí ha sido un orgullo poder hacer este trabajo y que las personas lo hagan suyo, pues sería un síntoma de que hemos tenido los sentimientos a flor de piel durante estos meses y nos emociona todo lo que hemos vivido", subraya.

Nacido en la localidad cordobesa de Montilla en 1992, el creador de El ciprés estudió Comunicación Audiovisual y Filosofía en la Universidad de Málaga. Hace ahora cinco años volvió a establecer su residencia en Montilla, donde ha llevado a cabo diferentes proyectos audiovisuales y culturales, destacando la marca de contenidos Cuentismo –que hace tres años obtuvo el Premio Córdoba Joven 2017 en la modalidad de Arte, concedido por el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ)– y el proyecto videomusical Soma Club Band, una iniciativa puesta en marcha a principios del año 2018 con el objetivo de vincular la creación musical con los recursos culturales e históricos de Montilla.



Bajo su productora Imprevisible Films, Dany Ruz ha creado una gran cantidad de contenidos audiovisuales, culturales y musicales en muy poco tiempo. Teniendo como centro de operaciones la localidad cordobesa de Montilla, el nuevo columnista de Andalucía Digital ha desarrollado diferentes trabajos audiovisuales en las Islas Canarias con el colectivo de voluntariado Soy Mamut y el proyecto de huella positiva Ru7a.

Productor audiovisual y musical del grupo madrileño La Cuerda Floja, Dany Ruz colabora con la empresa sevillana La Red Van y es docente en el Centro de Educación Permanente "Antonio Gala", así como en el Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) Emilio Canalejo Olmeda, ambos en Montilla.

Dany Ruz es autor también de los cortometrajes Boutade y Lobas, ambos escritos por el prestigioso dramaturgo Juan Carlos Rubio. Gracias al primero de ellos ha conseguido, además de una gira de proyecciones por toda España, uno de los Premios LGTB Andalucía 2019 o el Premio Especial del Público del 41.º Festival Internacional de Cortometrajes de San Roque (FICSAN).

Además de haber dirigido y producido eventos musicales como el Soma Club Festival, Dany Ruz ha creado el primer certamen de cine en Montilla, el Soma Club Film, que celebró su primera edición el pasado año 2019. Además, ha formado parte de equipos de trabajos de otros rodajes como Turno de Noche, cortometraje ganador del festival de Casares.

En su faceta musical, el nuevo columnista de Andalucía Digital ha publicado ya su primer disco, bautizado como Tótem, y el pasado mes de enero publicó, junto a Julián Carrasco, Baile Nómada de Mali, un proyecto de improvisación musical y audiovisual.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

24 de mayo de 2020

  • 24.5.20
La Delegación de Igualdad de la Diputación de Córdoba ha realizado un documento audiovisual, titulado Mujeres de a pie, para dejar constancia de cómo las mujeres del ámbito rural, sobre todo las de los municipios cordobeses, han actuado a raíz de la situación provocada por el Covid-19, “asumiendo gran parte de la carga de los cuidados familiares, y también del peso emocional de la crisis, ante la saturación del sistema sanitario”.



Así lo explica la responsable de Igualdad en la institución provincial, Alba Doblas, quien insiste en que “la ONU Mujeres ha avisado ya del desproporcionado papel de las mujeres en esta pandemia del coronavirus y llama a tener en cuenta sus necesidades. Esta pandemia no sólo está teniendo efectos médicos, sino también sociales que amenazan con cebarse de manera particular con las mujeres, las que están en primera línea en múltiples frentes”.

“El documental ‘Mujeres de a pie’ busca profundizar en las distintas situaciones que han vivido muchas mujeres de la provincia desde la irrupción de la emergencia sanitaria a través de sus propios testimonios”, insiste la diputada provincial.

Está integrado por cuatro capítulos conformados por entrevistas, que son guiadas por la actriz Marisol Membrillo y realizadas a distintas mujeres de la provincia. “Son mujeres que luchan contra la violencia y que la padecen, mujeres que aportan su saber, mujeres que trabajan duro para enfrentarse a la crisis del Covid-19 y otras que han ejercido de forma voluntaria un trabajo asistencial en esta crisis”, indica Doblas.



Tal y como manifiesta la delegada de Igualdad, “el aumento de la violencia machista, el cuidado de los ancianos, la cultura y el empleo son los temas centrales de estos cuatro documentales, de 15 minutos aproximadamente, que se difundirán a través de la página web de Diputación, del canal de Youtube y de redes sociales. También se enviará a todas las televisiones municipales de la provincia”.

El primer capítulo está dedicado a la violencia de género; seguidamente, se emitirán el resto de los capítulos. Según Doblas, “como era imposible tomar imágenes de todo el trabajo que las mujeres están realizando en la provincia, hemos seleccionado experiencias que reflejaran claramente aquello que queríamos contar”.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

21 de mayo de 2020

  • 21.5.20
El montillano Juan Antonio Prieto Velasco, profesor titular del Área de Traducción e Interpretación de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla, se ha embarcado en la aventura de traducir al español la serie One World, One Fight!, que ha visto la luz en la red como Un planeta, un desafío.



La empresa singapurense Gen Z Group, que se ocupa de la creación de mangas japoneses con fines divulgativos, ha creado este cómic como parte de un proyecto sin ánimo de lucro cuyo principal fin es difundir el conocimiento sobre el coronavirus y concienciar a la población sobre la prevención y el tratamiento de esta enfermedad.

“Que los cómics están de moda es algo para todos de sobra conocido, especialmente tras el salto a la gran y pequeña pantalla de los personajes de DC Comics o los del universo Marvel”, explica Juan Antonio Prieto, quien reconoce que “con lo que el público ya no está tan familiarizado es con el uso del cómic para divulgar el conocimiento científico y con que los nuevos superhéroes hayan colgado su capa para vestir una bata blanca o los equipos de protección individual”.

Un planeta, un desafío consta de cinco episodios y ha sido traducida a casi 20 idiomas (inglés, chino, japonés, árabe, italiano, francés, español, hindi, malayo, alemán, filipino, tailandés, portugués, vietnamita, tamil, turco y coreano) por traductores voluntarios  con el propósito de adaptar en forma de novela gráfica el Manual para la prevención y el tratamiento de la Covid-19, el documento de referencia en el abordaje de la enfermedad desde que se tuvo conocimiento de la pandemia en China.

El cómic narra la historia de la doctora Wendy Hao y su trabajo en primera línea en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de un hospital de la ciudad china de Wuhan. “Las novelas gráficas son un medio idóneo para trasladar conceptos médicos especializados”, asegura el profesor Prieto Velasco, quien hace hincapié en que las novelas gráficas son la denominación que han recibido los cómics empleados con fines didácticos o divulgativos en el contexto del movimiento Graphic Medicine (medicina gráfica), que agrupa a guionistas, ilustradores, editores, traductores, biólogos, médicos y otros profesionales sanitarios, preocupados por hacer llegar de manera amena y asequible el conocimiento médico que se deriva de la investigación científica a aquellos que no son competentes para entenderlo por carecer de la formación necesaria.

"Los cómics o novelas gráficas ofrecen unas características idóneas y se erigen en un magnífico medio para trasladar a este tipo de receptores conceptos médicos especializados a través de técnicas de desterminologización, reformulación y recontextualización de la información, que se suman a su capacidad para conjugar información verbal e información visual y a su potencial narrativo, que permite humanizar la enfermedad y visibilizar a los pacientes, que vienen demandando un papel protagonista en los procesos asistenciales a través de la alfabetización en el campo de la salud", defiende el profesor montillano.

De este modo, Juan Antonio Prieto ha hecho de la traducción de cómics médicos una de sus líneas de investigación pues, a su juicio, "constituyen una importante herramienta de comunicación al servicio de los profesionales sanitarios".

Profesor de la UPO desde 2009 y director del Máster en Comunicación Internacional, Traducción e Interpretación, Juan Antonio Prieto Velasco es doctor por la Universidad de Granada y posee un Máster en Traducción médico-sanitaria por la Universitat Jaume I de Castellón.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

17 de mayo de 2020

  • 17.5.20
He ido a una exposición. Ocupa toda la galería del patio porticado a la entrada de la Diputación de Córdoba. Bajo esos corredores de arcos de medio punto, años ha hubo rezos, el “ora pro nobis” del antiguo Convento de la Merced. Ahora, en lugar de hábitos de arpillera, lo que me sale al paso es un retrato. Es mayúsculo. Y perturbador.



Al pronto, me recuerda a ese cuadro de José de Ribera. ¿Cómo se llama? Ah, sí. Ya lo sé. Es La mujer barbuda. Lo vi en el Museo del Prado. Y en cuanto estuve frente a él, me sacudió un escalofrío. Pero no por espanto ante aquella rara visión, la de una inusual pareja, que contraviene los códigos estéticos a la moda de vírgenes y mártires. No. No fue eso. Sino porque me parecía todo un anticipo del cinematográfico desfile de monstruos de Tod Browning.

Al artista le encargaron que plasmara sobre un lienzo aquella anomalía de la naturaleza. Y eso justamente es lo que hizo. Pero no hay, o yo al menos no lo percibo, intencionalidad moral en su pincelada. Se limita a dibujar lo que ve. Como habría sido igual si le hubieran puesto enanos, lisiados o contrahechos como modelos. Es una exhibición de lo extraño, de lo bufonesco. De lo repelente.

Sin embargo, lo que estaba al fondo del pasillo en el monasterio barroco de Córdoba era otra cosa. Es un hombre barbudo con un vestido de novia. Tiene el rostro recio, la piel endurecida, ojos de dolorosa y ancha la nariz. Se cubre con una toquilla negra de viuda, que su mano izquierda sujeta a la altura del pecho, mientras en la otra, en la diestra, lleva un libro, La Metamorfosis, de Franz Kafka, con una cubierta de color rosa fucsia.

Ese hombre mujer es Rafa Aguilar. El cuadro, obra de María José Ruiz, te golpea en el estómago nada más verlo. Es una imagen transgresora en la que su autora quiere expresar al completo el ciclo de la vida y la muerte. Lo negro desplegándose como una alimaña devoradora sobre la pureza del blanco.

Hay más símbolos en esta representación que atrapa con enorme fuerza, como un imán irresistible, la mirada del público. Dos manzanas podridas o ajadas aparecen al pie de la novia. Es el alimento que daban a Gregorio Samsa cuando éste se está transmutando.

Rafa se trajo de Praga el libro y una sensación incómoda en las tripas. También él había experimentado allí una transformación.

MARÍA JOSÉ RUIZObservo en esos frutos putrefactos, en las manzanas descompuestas, algo que las emparenta con José de Ribera y sus seres decrépitos, de pellejos exánimes y arrugados.

El cuadro tiene vida e interroga a quien se detiene delante de él, y lo mira atentamente. Rafa Aguilar, que posa con toda dignidad y gesto concentrado, parece preguntarte qué es lo que estás viendo.

María José Ruiz lo ha concebido así: como un macho que muestra abiertamente su parte femenina, su otro sexo reprimido, sin ningún pudor. Y lo plantea cara a cara, en forma de juego dialéctico entre la obra y el espectador.

Conozco a Rafa. Es atrevido. Se expone, subvierte y provoca. No es que sea así por norma inducida, lo es porque ésa es sencillamente su manera de ser y de estar.

Es curioso por naturaleza, pero por una vez, él ha sido quien se ha expuesto a la mirada de los demás. Es el objeto sometido al examen de la gente, que lo escruta y contempla, suscitando toda clase de reacciones.

Aunque transmita la sensación de ser persona tímida, dentro de él se agita un volcán. En su interior, rebullen las ideas. Y las suelta a espasmos, así como el cráter escupe la lava ardiente y deja un reguero viscoso incandescente a su paso. Chisporrotea su mente.

No importa, no se va a quemar; le gusta jugar con fuego. Pero él sabe domesticarlo. También sabe domeñar la madera y moldear la arcilla y otros materiales aparentemente inhabitables. Con todos ellos se comunica y, en ese proceso (alguno diría alquimia), lo mismo extrae caretas deformes de seres imaginarios que tinajas y copas fragmentadas.

Escribe y dibuja en tablas y tarimas. En su casa de campo, peldaños y barandas cobijan trozos de literatura. Los ha grabado utilizando buriles, una dremel y una fresa de madera, con hermosa caligrafía.

Cualquier superficie le sirve de pizarra en su refugio del Toro, en Cuesta Blanca. Aquí gobierna el arte y la vista se recrea a través de amplios y altos ventanales. Es un transeúnte que sube y baja como si tuviera a mano la escalera de Jacob. En este espacio, donde un barril de amontillado invita al encierro, Rafa pone en práctica aquello de lo que hablan los versos de su amigo, Falico Álvarez Merlo: “Serena la amistad conmigo mismo”.

Le gusta saber el por qué de las cosas. Mira y ve donde otros no llegan. Y para poseer esa capacidad de penetrar con los ojos se ha valido durante mucho tiempo de una cámara fotográfica. Se ha servido de lentes extraordinarias e indagadoras con las que ha analizado e interpretado el mundo que le rodea.

La costumbre (también oficio) de mirar la vida a través de un visor le ha hecho reflexionar. Ha retratado la sociedad, la política, las fiestas, pero también sus mentiras y componendas. Ha gastado carretes a mansalva y disparado a todo lo que se movía... y a lo inmóvil.

Descubrió en la fotografía un potente artefacto para expresarse como artista. Exploró todas sus posibilidades, el alcance del cromatismo, la distorsión de la realidad, las desfiguración de la belleza… En sus manos, la cámara ha sido un laboratorio, con el que ha ensayado nuevos enfoques, estirando al máximo sus posibilidades para crear y producir imágenes alteradas, cuanto más alejadas de lo convencional, mucho mejor.

Rafaguilar, firma compacta que es su sello personal, ha retorcido los carretes buscando la luz, y creando visiones insólitas. Luego, como quien no quiere la cosa, puso su experiencia al servicio de la noticia. Y de esta manera, acompañando a José María Luque, se hizo reportero gráfico en el periódico Córdoba durante toda una década, con la que se dobló la esquina del siglo veinte. Lo que vio con su objetivo lo volvió escéptico y descreído.

“Fui a hacer un reportaje al infierno, no me abrieron. Fui al cielo, no había nadie”. Este aserto, contenido en su libro Último Rollo, me ha hecho recordar Desmontando a Harry, una película de Woody Allen. En una de sus secuencias, el protagonista baja en ascensor hasta las calderas de Pedro Botero, donde se chamuscan los pecadores, condenados al sufrimiento eterno.

Para llegar hasta tan caldeado lugar, nuestro incrédulo personaje toma un ascensor que va deteniéndose en distintas plantas del Averno, destino inevitable del más reprobable atajo de maleantes que imaginarse pueda. Todos están clasificados según su grado de peligrosidad.

La planta quinta está reservada a los carteristas y críticos literarios. En la sexta se concentran ardiendo en el fuego eterno los extremistas, asesinos en serie y los abogados que se anuncian en televisión. En todas ellas hay sitio libre, pero al llegar a la séptima, la encontramos completa, abarrotada. Es en la que están los medios de comunicación. “Lo sentimos, esta planta esta llena”, dice una voz en off.

¿Tantos plumillas mamones hay por metro cuadrado? El gremio, es verdad, no pasa por sus mejores horas. Pero parece claro que en esta burla despiadada hay algo de ajuste de cuentas. Woody Allen, que suele tener sus más y sus menos con la prensa, considera a los periodistas auténticos demonios. No es el único. Porque últimamente la profesión está muy desprestigiada. Y así nos va.

Pero si esta satánica comedia se pusiera al día, habría de destinar dos plantas enteras como mínimo a los fabricantes de bulos en las redes sociales, esa odiosa, incontrolada y nada recomendable alternativa al periodismo tradicional. Si hay que escoger a los cabrones, me quedo con los ya conocidos.

Y ya que estamos con citas cinéfilas, Rafa Aguilar ha visto cosas que no creeríais. Le ha dedicado tiempo y atención desmedida a esta ocupación extra de corresponsal gráfico. Y le ha cundido. Sin ir a escuela alguna de Periodismo ha cumplido a rajatabla uno de los principios básicos: “Deja los prejuicios en casa antes de salir a cubrir una noticia”. Y así, con este propósito elemental, ha entrado en tabernas, conventos, ayuntamientos y salones de actos.

Ha estado en solemnidades y en lugares inhóspitos. Se ha colado en reuniones secretas y ha retratado intrigas. Ha sido testigo de proezas y de racimos gigantes. El vino lo tiene como aliado y las viñas se lucen ante él, tanto en el esplendor del verano como en la desnudez del invierno, cuando carecen de la protección de los pámpanos.

Conoce rituales, devociones y también a quien reniega de ellas. Ha plasmado en papel fotográfico emociones, falsedades, odios...Y se ha dado cuenta, sorprendido, que algunas de estas cosas son extremadamente fotogénicas, aunque cueste aceptarlo. La cámara, en suma, le ha abierto los ojos.

Pero harto de ella, ha llegado a un acuerdo amistoso de separación. Es un divorcio sin resentimiento. “Ná te debo, ná te pido”, como dice la copla, pero cada uno por su lado. La convivencia, a fin de cuentas, ha sido provechosa, pese a las posibles tensiones y a los momentos complicados.

Ha renunciado a la fotografía sin amargura. Ha cerrado un capítulo de su vida, el que pertenece a un mundo ya relegado, el de las cámaras analógicas. Ha echado la llave al laboratorio, al cuarto oscuro en el que se manejaba como una especie de demiurgo, controlando el proceso químico del revelado. Le dice adiós a todo esto, y a lo que esa magia reconcentrada en las cubetas tuviera de artesanía. De creación artística. Hasta aquí llegó la cosa.

Después de enfocar a tanta gente, surgía la necesidad inmediata de mirarse a sí mismo, a partir de la relación de amor odio entre él y la cámara. Y esto tan apremiante, es lo que ha hecho. Último rollo, el libro de Rafa Aguilar, condensa 411 pensamientos y sentencias que son como sus capitulaciones. Un desfogue, una liberación automática en la que habla sin red ni protección alguna del amor, la muerte y la vida, las famosas tres heridas de Miguel Hernández.

Se ha rodeado de amigos para hacerlo. El escritor y periodista, Francisco Antonio Carrasco, firma un entrañable prólogo, y del cuidado de la edición se ha encargado José Antonio Ponferrada, mientras que Lete Aguilar Márquez se ha ocupado del diseño, dibujos e ilustraciones. Algunas de ellas perfectamente conjuntadas con la tipografía a modo de juguetones caligramas. Un encanto más de esta publicación que pone en primer plano la sinceridad. La suya y la de su alter ego. Porque en esta libreta de anillas (hay unos cuantos ejemplares con su alambre incluido) son varias y diversas las voces.

Por contenido y por ingenio Último rollo se sitúa en primera fila, siendo como es un libro inicial. El humor y la agudeza se esparcen por él generosamente. Lo recorren de principio a fin con una serie de frases lapidarias, en ocasiones microrrelatos, otras veces presentadas como silogismos.

“Me trajiste una foto en la que estabas con un grupo, y me pediste que borrara al que estaba a tu izquierda, y al que tenías detrás. Te dije que lo sentía, pero no borraba personas ni fronteras...ya me gustaría”.

Aquí lo breve adquiere relevancia y notoriedad. En pequeñas dosis se dice mucho. “La fotografía me cambió la vida y me enseñó a ver, incluso sin cámara”. “El fotógrafo obtiene emociones ajenas”. “Me aburren los que salen en todas las fotos”. “Es tan corta la vida que hay que darse prisa en hacerse las fotos”.

Al igual que pulía las fotos, ahora Rafa Aguilar afina el lápiz y nos ofrece encuadernado todo un catálogo de cavilaciones y juicios en los que revolotean la ironía y la crítica sin obstáculos ni barreras.

Último rollo es un verdadero despliegue de chasquidos verbales y atinados juegos de palabras que se leen con placer, como hijos muy afortunados de un discurrir lúcido e inteligente: “Me hacía ilusión fotografiar al ilusionista, pero salió desilusionado”. O esta otra: “No lamenté que no vinieras, me entretuve fotografiando el tiempo perdido”. Y una más en tono autocrítico: “Con lo bestia que soy, y siempre usaba película de gran sensibilidad”.

Es un compendio de declaraciones bastante trabajadas, algunas fruto de una repentina iluminación, mientras que en otras se adivina el forcejeo con las palabras para cuadrarlas. Y para ponerlo en pie, Rafa Aguilar, se aplica el cuento, y lo hace siguiendo el consejo de Antonio Machado, sin adornos gratuitos e innecesarios. Y Machado no es mala compañía.

Por eso, lo que impera en este libro es la expresión sencilla de lo profundo, como también proponía el autor de Campos de Castilla. “Fotografié un ser que iba de civilizado. No lo era, firmaba guerras”.

Esta obra, en definitiva, viene a reflejar la personalidad del autor, sus preocupaciones estéticas y sus más profundos anhelos y convicciones. “En un retrato busco el alma, no la pose”. “Me retaste a fotografiar tu alma, no tenía rollo”.“Cuerpo sin alma, cámara sin rollo”. “Me encargaron unas fotos aéreas, me puse las alas y volé”.

La lectura de este inventario de revelaciones (pues no debemos olvidar que hablamos de un fotógrafo, aunque él asegure que está retirado y que su objetivo ahora es otro), se disfruta a fondo. Al hojearlo, se tiene la sensación de que se va a acertar sea cual sea la página que se abra y se elija al azar. Seguro que en ella habrá una observación perspicaz. Una apreciación llamativa: “Cómo fotografiar la verdad, dónde encontrar alguien que la tenga”.

Pese a lo que manifieste en el título de la portada, Rafa Aguilar siempre será un tipo enrollado y sensible (otro término fotográfico) al que no le son indiferentes la injusticia y la desigualdad. Eso lo aprendió pronto, cuando aún no tenía una cámara a mano, pero se le quedó grabado: “Creo que fotografié al hombre invisible. Un mendigo tirado en el suelo. Pasaron ante el cientos, miles de personas, y nadie lo veía”.

Es relativamente fácil entrever en este conjunto de pensamientos y reflexiones la influencia de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna y de los sofismas de Vicente Núñez. Y seguramente él no lo negará. ¿Por qué habría de hacerlo?

El humor ácido (acético) y esa cosa punzante, corrosiva, quizá provengan de ahí. También el desdén compasivo o inmisericorde, según convenga, que se advierte en algunos pasajes: “Libros sin leer, fotos sin hacer, amores sin amar...”.

Además Rafa Aguilar siente una admiración especial por el autor de Ocaso en Poley, a quién trató (y retrató) muy cordialmente. En El Tuta y en muchos otros sitios, en los que a Vicente le gustaba desplegar todo su alarde escénico, ese brillo deslumbrante. Como su sortija arzobispal.

MANUEL BELLIDO MORA
FOTOGRAFÍA: MERCEDES MÁRQUEZ / CÓRDOBA

5 de mayo de 2020

  • 5.5.20
El Área de Desarrollo Local del Ayuntamiento de Montilla y la productora Imprevisible Films han decidido ampliar el plazo para participar en el festival de microcortos Una cuarentena imprevisible, una iniciativa que pretende animar a los vecinos de la localidad a compartir su particular visión del confinamiento que ha llevado aparejada la declaración del Estado de alarma por el Covid-19



De este modo, el festival busca "conocer de qué manera están viviendo los vecinos y vecinas de Montilla este momento de carácter imprevisible, una situación en continuo cambio e incertidumbre", tal y como explicó el teniente de alcalde de Desarrollo Local, Manuel Carmona, quien aclaró que el objetivo último de esta iniciativa es "imprimir en la ciudadanía un pensamiento constructivo, amenizando y haciendo más llevaderos sus días de confinamiento".

Para participar en el festival de microcortos Una cuarentena imprevisible no es necesario disponer de una cámara profesional o de otros medios. "Las personas interesadas pueden grabarse con su propio teléfono móvil y compartir sus historias de cuarentena", indicó Manuel Carmona, quien se mostró convencido de que esta iniciativa representa "una buena oportunidad para ser creativos y contar cómo estamos viviendo la cuarentena, qué utilizamos para entretenernos o para mantenernos en forma".

Los vídeos pueden enviarse, antes del próximo sábado 9 de mayo, a imprevisibleseal@gmail.com y se irán publicando en los perfiles de redes sociales de Turismo de Montilla. El corto con más 'Me gusta' recibirá, como premio, un pack de tres botellas donado por Bodegas Robles. El segundo premio consiste en una clase en M2 Centro Deportivo, mientras que el tercer premio es un pack Amontíllate.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL


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