San Juan de Ávila será 'Doctor de la Iglesia' en octubre

Ya hay fecha. El próximo 7 de octubre, Benedicto XVI proclamará 'Doctor de la Iglesia Universal' a San Juan de Ávila, al inicio de la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos que se celebrará en Roma, tal y como lo ha anunciado el Sumo Pontífice durante el rezo del Regina Coeli.

La montillana Ángeles Pedraza seguirá al frente de la AVT

La montillana Ángeles Pedraza ha sido reelegida presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), un colectivo fundado en el año 1981 y que, según sus Estatutos, pretende "socorrer a todas las víctimas del terrorismo del abandono y marginación del Estado".

Montilla acogerá un 'Enduro Indoor' el 30 de junio

Pese a los cambios de última hora que la Federación Andaluza de Motociclismo ha introducido en el calendario de las diferentes disciplinas deportivas para lo que resta de temporada, el Moto Club Montilla ha decidido mantener su Campeonato de Enduro Indoor para el próximo 30 de junio.

Descienden las visitas al Museo Garnelo a finales de 2011

Las visitas al Museo Garnelo cayeron en un 35 por ciento durante el segundo semestre del año 2011. Así se desprende de un estudio elaborado por la Oficina Municipal de Turismo en el que se detalla que el 60 por ciento de las visitas se concentraron entre los meses de enero y junio.

Polonio se queja por la impugnación de las oposiciones

La senadora por la Comunidad Autónoma de Andalucía, Rosa Lucía Polonio, reclamó al Gobierno, durante una comparecencia ante el Pleno de la Cámara Alta, una "rectificación" de la decisión hecha pública el pasado mes de abril de impugnar las oposiciones convocadas por la Junta.

Las hermandades se oponen al traslado de la Feria de Día

Las hermandades y colectivos que desde hace dieciséis años vienen promoviendo la 'Feria de Día' en el centro de la localidad mostraron su "rechazo frontal" a la propuesta del equipo de gobierno del PP de trasladar esta celebración al Recinto Ferial, en el entorno del Polideportivo.

Prohíben "redadas indiscriminadas" de inmigrantes

La Dirección General de la Policía ha publicado una circular que prohíbe expresamente a los agentes "establecer cupos de identificación de extranjeros", así como desarrollar "actuaciones masivas o indiscriminadas basadas en criterios étnicos", una práctica denunciada por la AUGC.

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23 de mayo de 2012

Cuando te engañan hasta los tuyos

Al final va a acabar por caernos simpático, que ya es difícil que un ministro de Hacienda le caiga bien a los que sangra, pero es que al pobre Cristóbal Montoro cada día le crece un enano. Ya le cayó la del pulpo cuando el presunto seis por ciento de la Salgado se convirtió en un déficit de 8,51 y hubo que tocar a rebato y emergencia y multiplicar los recortes para cumplir, al menos, con ese 5,3 por ciento que, tras regateo, concedió la UE.

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Pues Montoro, que había logrado la hazaña sin precedentes de meter en cintura a las Comunidades Autónomas, no tuvo ni siquiera un día para explotar el éxito. Al día siguiente, resultaba que Madrid y Valencia –porque lo de Castilla y León es mucho más modesto- se descolgaban diciendo que sus cifras eran otras y que debían un porrón más de lo que decían.

Lo de Valencia puede que hasta alguien se lo barruntara, pero lo de Madrid ha sido muy nocivo para la misma "lideresa" que, en más de una ocasión, ha sacado pecho por sus buenos resultados. Aunque Esperanza Aguirre, la verdad, anda bastante tranquila, máxime cuando tiene enfrente a ese gran perdedor de batallas –excepto cuando le gana a uno de su propio partido- llamado Tomás Gómez.

Cuatro décimas más a cubrir, unos 4.000 millones de euros, no es precisamente la mejor noticia con la que está cayendo y obliga a una vuelta más de tuerca. Pero hay algo que la hace aún más dolorosa: son comunidades autónomas gobernadas desde hace mucho por el PP.

Y aquí no vale el mantra, que es de una terrible eficacia porque contiene la verdad evidente, de que si esto está así es porque así lo dejó un Gobierno socialista y un presidente del que abjuran todos, a tal grado que en el PSOE pareciera que un tal José Luis Rodríguez Zapatero jamás hubiera existido.

Cristóbal Montoro existe, ya lo creo que existe. Pero, a pesar de que por su cargo no es muy probable que lo queramos, sí es verdad que en medio de todo ese pedrisco y tumulto, su imagen y sus decisiones se empiezan a juzgar si no como buenas, sí al menos como estrictamente necesarias. O sea, que mejor que a Montoro le salgan bien las cosas por Europa.

ANTONIO PÉREZ HENARES

17 de mayo de 2012

Ni solución ni problema

El 15-M no es un problema. Tampoco es la solución a ninguno de los nuestros. La exageración mediática, elevada al paroxismo por redes sociales, portales de diarios, incluidos las terminales de los de marca conservadora en alegre esquizofrenia con sus editoriales impresos, radios y televisiones entregados a la “causa” en clave “compañer@s periodistas”, ha sobredimensionado desde su inicio sus dimensiones, alcance y significado.

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Es un movimiento en el seno de la izquierda y responde a sus esencias y parámetros, al tiempo que descubre la convulsión y las frustraciones vitales e ideológicas en la sociedad actual.

Es la manifestación de un profundo descontento no solo con los valores imperantes sino con las respuestas de su propio campo y, eso es quizás los más desalentador, pone de manifiesto la incapacidad de ofrecer una alternativa global y posible a lo imperante.

Miles de horas y miles de asambleas acaban por ofrecer un pareado y una consigna que más que del siglo XXI, y aunque se difunda por Internet, huele a panfleto de los principios del XX.

El remate y su remate es que, de fondo y como elemento trascendental, la cuestión central del asunto y de la propuesta es si pernoctan o no en Sol o en cualquier otra plaza. Y cuando un año después todo acaba por girar en torno a ello poca agua va a salir de esa noria por muchas vueltas que den.

No es un problema más allá de la pugna por saltarse las normas que rigen para el resto de los ciudadanos. Ni magnificarlo la mejor forma de afrontarlo. Eso viene más bien por el otro costado cuando se distorsiona a tal punto la realidad como cuando a una algarada estudiantil, o así, en Valencia se la trató como si hubiera acaecido de nuevo la batalla de las Termópilas, con mayor baño de sangre si cabe.

O como ahora, cuando como máximo exponente de la denunciada “brutalidad policial” sale una “indignada” –pero que muy “indignada”- denunciando urbi et orbe que la habían “empujado” como demostración de que el trato recibido es peor que el que las SS daban a los judíos.

Los fastos de celebración del aniversario de la cosa se están saldando en una demostración empírica de la realidad del 15-M. Es difícil no contemplar con simpatía a esos jóvenes que se debaten en incertidumbres, rebeldías vitales y rechazo a un mundo que les parece, y no les falta su razón, repulsivo.

Su puesta en escena, modos y formas, con la salvedad de los antisistema que les han corroído, son pacificas e, incluso, ingenuas. Sus dislates que les descalificaron como el ataque al Parlamento catalán y el acoso a los concejales recién electos destaparon viejas pulsiones totalitarias de una izquierda que considera que el pueblo son quienes ellos decidan y no quienes votan.

Sus propuestas, más allá de la denuncia muy sentida por muchos de los males y carencias del sistema, y sus frutos no son muchos. Tal vez el más concreto, su oposición a los desahucios, haya sido el que más ha calado y el que ha propiciado conciencia y hasta algunas medidas legales.

Pero poco más, amén de constatar lo que le gusta hablar a la gente. Sin embargo, lo más esclarecedor y que no deja de contemplarse con un punto de ironía pero también de cierta ternura, es su pretensión de que ellos son la punta de lanza de una revolución mundial.

Eso le decía enfebrecido uno de ellos a un niño en Sol: “¿No has visto una revolución?. Pues estás en ella”. Si será verdad que, para que constara en los anales de la historia, Pedro Almodovar se acercó a firmar no fuera que se le pasara la oportunidad de hacerlo.

La autocomplacencia en la grandeza de su obra es otro de los definitivos síntomas. Salen mucho en los “papeles” y “portales”, hasta de El Mundo. Pero quizás debiera reflexionarse que hoy nada hay más fácil que salir en los papeles y ya no te digo en los portales...

Lo hace uno mismo y, si unos cuantos se pasan el día dale que te pego, parece que son mayoría y, que me perdonen la “comparanza”, como aquellos moros de Queipo de Llano dando vueltas por Sevilla.

Ni problema ni solución, pues. Aunque la derecha tiende a mirarlo como lo primero y la izquierda oficial como columna de apoyo a sus intereses. Y se equivocan. La derecha porque no son “su” problema, ni afecta a sus posiciones o a sus gentes; y la izquierda, el PSOE especialmente, porque para nada se sienten afines y menos aún colaboradores. Los “indignados” al PP y a Rajoy los odian, pero al PSOE y a los que intentan arrimárseles, los desprecian. Y no sé qué es peor, si lo uno o lo otro.

ANTONIO PÉREZ HENARES

9 de mayo de 2012

Sin alegrías y balbuceando

Este no es un Gobierno alegre ni está para alegrías. Además, tiene bien pocas que ofrecer y, aún menos, que le den desde fuera, venga el mensajero de Argentina o de Bolivia. Lo suyo más que otra cosa se parece a una carrera de disgustos: por los que descubre cada día todavía en los cajones; por los que le propinan desde dentro y desde fuera; y por los que ve venir por los horizontes. Se los lleva y nos los da. Cada semana un par de ellos.

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Estar informado en España estos días es un ejercicio depresivo, una sostenida incitación a la melancolía. No hay tregua, ni sosiego, ni respiro. Pero en la tempestad, en esta tormenta perfecta en la que están y estamos todos metidos, quedan en la razón y en el futuro dos opciones a las que agarrarse.

La una es la de apretar los dientes, perseverar, afrontar esta ruina y confiar en que en un plazo de tiempo, que no puede ser ni tres días ni cuatro meses, la cirugía y la amarga medicina acaben sanando este cuerpo enfermo y llagado.

La otra es la del griterío y el alboroto, no sin causa y no sin motivo, pero cuyas perspectivas producen, y más con los precedentes y los personajes, vértigo o hasta pánico a nada que se mediten.

Vivimos tiempos duros, pero también delirantes. Y quizás no asistamos nunca a mayor delirio que ver a protagonistas destacados de la catástrofe convertidos en los acusadores de quienes han recibido la ruina de sus propias manos. Y no solo eso si no que se pretenden presentar, un suspiro después, como aquellos que tendrían las soluciones en la mano. ¿Se imaginan?

Porque lo que se configura y se plasma con mayor nitidez cada día y han refrendado en las últimas manifestaciones y conciliábulos reconcilatorios es ese Pacto de Familia, esa gran alianza, cuya concreción sería, de conseguir su objetivo por colapso, algo así como un Gobierno cuyos ejes centrales serían Rubalcaba presidente; Cayo Lara, de primer vicepresidente político. Y dos vicepresidencias económicas dirigidas al alimón por Toxo y Méndez, Méndez y Toxo, que son esos señores que pongas la tele a la hora que la pongas y casi cualquiera de ellas, allí están siempre ellos y, muchas veces, en collera. Son como aquel chiste que se contaba del ministro alemán tan viajero, Hans Dietrich Gencher: habían chocado dos aviones en el aire y en los dos iba él.

Pero más allá de esto y de ellos, el Gobierno ha entrado en una cierta deriva balbuceante que no hace sino acentuar incertidumbres y desconfianzas. Los globos sonda sobre futuras medidas se suceden, se pinchan, vuelven a hincharse y, al final, nos mojan.

Estamos ahora con lo del peaje o como quieran llamarle de las autovías; con la liberalización de parte de la gestión de RENFE; con el “banco malo” de esos eriales pagados a precio de oro durante la especulación inmobiliaria y que ahora valen lo que son: campos de cardos.

Estamos con TVE y las teles autonómicas y, sobre todo, con la madre del cordero y de todas las reformas que es meterle mano a la Administración, a las Administraciones públicas y a todos sus tentáculos y con no sé cuántas cosas más que suelen quedar para el siguiente Consejo o para la próxima decisión que, al final, sabemos que nos acabará afectando de una u otra manera al bolsillo.

Y en todos los casos, haciendo un cierta goma ciclista donde ni acaban de arrancar ni se descuelgan definitivamente. Aumentan las filtraciones, se lía la parda, se monta un barullo, aparecen las contradicciones y no hay nada del todo cierto ni en verdad sólido.

Cierto que les esperan con el hacha levantada y cierto es que la intención es ya presentarlos como unos “sadicos politicos” (la expresión ya ha sido empleada) que se regodean en hacernos sufrir. Algo, en verdad, tan escaso de fundamento como estúpido, pero que cuela para el mitin y la pancarta, porque nadie en su sano juicio –y si no es por extrema necesidad- pone en práctica acciones que le erosionan y desgastan de manera tan clara.

Todo ello es, sin duda, algo que debemos considerar. Pero debían aclararse y solo hablar cuando la decisión esté tomada en firme y encargar a quien debe explicarla –y no que salgan tres y cada uno por su lado, que es algo que deben corregir de inmediato-.

En tres meses han ido rápido, y según un plan trazado y expuesto en el Parlamento por Rajoy, poniendo en marcha reformas y líneas de enorme trascendencia y calado. Pero la urgencia y la ansiedad son tales que todo parece ir arrastrándose y reptando por el suelo.

Es de agradecer, sin embargo, que hayan dejado de contarnos milongas y que no se aferren a espejismos. La reacción ante una primera noticia que no era demoledora sobre el paro. Esos mínimos 6.000 menos en abril ha sido valorada en justo término: es estacional y es, incluso, menor que lo fue el año pasado. Con todo –menos da una piedra- es el primer mes, desde hace ocho y el primero con Rajoy en el Gobierno, que la cifra de paro baja.

Saben que el desempleo puede volver a bajar al calor del verano y el turismo, pero que eso no es abrir la tendencia de una verdadera creación de empleo. Pero, al menos, el de marzo no era otro estacazo.

O como la bolsa, intentando llegar a la cifra de los 7.000, que es raquítica pero que es mejor que asomarse a los abismos de los 6.000; o la prima de riesgo, que trata de bajar de los 400 –que tampoco es cifra para sonreírle, pero más nefasto sería volver a avistar los 500–. Datos, todos ellos, que no se saludan con alharacas, sino con la sensatez de quien sabe que, en absoluto, ha pasado la tormenta.

Y ya que hablamos de tormenta, hablemos de agua. Y ahí, sí. El Gobierno ha dado un importante paso para restañar en parte la tremenda herida que Narbona y Zapatero causaron a la vertebración de España, troceando ese bien que es común y así era sentido por los españoles: el Estado recupera competencias y capacidad sancionadora. Bienvenida sea.

Y quedamos a ver si esta semana, en vez de punciones exploratorias, tenemos ya algo definitivo sobre ese elefante inmenso y pesadísimo, ese que no lo cazan ni en Botsuana, y que cae sobre todos nuestros hombros y que es quintuplicación de funciones y competencias, de ayuntamientos a Gobierno central, pasando por comarcas, diputaciones y comunidades. A ver si se atreven. Y a ver si ponen de una vez un nombre encima de la mesa para RTVE, donde duermen Toxo y Méndez para ir a todos los programas.

ANTONIO PÉREZ HENARES

2 de mayo de 2012

Algo peor que un error

Cristóbal Montoro –que no es Demóstenes ni está ahí por eso- defendía con coraje unos Presupuestos de hierro y hasta acuchillaba a un Rubalcaba preso de la mentira de los 26.500 millones más de déficit. Exhibía Rajoy músculo de mayoría absoluta para sacudirse el perpetuo dogal nacionalista de arrancar tajada –que luego todos reclaman- alquilando un rato el voto. Era miércoles. Y hasta subía la bolsa.

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Luego llegó el jueves y, con él, la normalidad de la ventisca y el pedrisco que desde hace años nos azotan. Prima de riesgo arriba, bolsa abajo, Standard & Poor's degradándonos otros dos escalones como antesala de otra EPA aterradora: 5.639.500 parados, el 24,44 por ciento, de los que 365.900 son ya de Rajoy, pues son los nuevos de este primer trimestre de su Gobierno. Y, de postre, al rey lo tenían que operar otra vez de la cadera por ponerse a hacer audiencias antes de tiempo.

Y todo era malo, claro, y nos pesaba y deprimía nuestro ánimo –encima eliminaban al Madrid y al Barça, aunque solo tienen un alivio los atléticos-. Pero hasta puede decirse que nos vamos haciendo a esas cargas y a esos malos augurios que se suceden por todos lados: que si la recesión será aun peor que lo esperado según profetizan los expertos de bancos y cajas –reclamando de paso más dinero publico para sus agujeros-; que si no será hasta 2013 cuando crezca el PIB y en una miseria del 0,2 por ciento; y que si hasta 2014 no se creará empleo. Pues bueno, pues ya veremos cómo aguantamos, que otro remedio no nos queda...

Pero dignidad, corazón y memoria aún tenemos. Y eso fue lo que ofendió un ministro de Interior llamado Jorge Fernández Díaz al anunciar en un canutazo mal perpetrado –aún peor expuesto y explicado, con mirada huidiza y baja- nada más y nada menos que un Plan de Reinserción de Etarras.

Torpe fue lo que dijo pero aun fue mucho peor la duda, la zozobra sembrada. ¿Qué era aquello? ¿A qué venía? ¿Por qué esas contemplaciones, esa ofrenda para aplacar a los etarras? ¿A cuento de qué? ¿En busca de qué?

Era algo así como que si proclamaban su renuncia a la violencia y expresaban la ruptura formal con la banda –y sin tener siquiera que pedir perdón ni resarcir a las víctimas- se les darían unos cursillos (¿de cristiandad? ¿De fraternidad humana? ¿De Educación para la Ciudadanía?) y se les (¿agruparía? ¿Acercaría? ¿Beneficiaría?) reinsertaría.

No había un documento, no había otra cosa que la roma y borrosa explicación del ministro. No sabía a qué atenerse pero todo olía a fango. ¿Por qué no se había hablado con las víctimas del terrorismo en las últimas reuniones nada de eso? ¿En qué consiste el plan concretamente, punto a punto y condición a condición? ¿Dónde está escrito? ¿Cuáles son sus objetivos?

Dicen los optimistas que la medida "busca dividir a ETA". Aplauden alborozados y jaleados por todos los defensores de los planes de paz zapateriles, probildus y apaciguadores profesionales de profesionales, tales como Patxi López, Elena Valenciano o el nacionalista Urkullu, que ha insultado a toda la democracia, a todos los demócratas y a todas las víctimas de ETA agrupando Guerra Civil, dictadura y democracia en 75 años de guerra y bombas como si de la misma cosa se tratara y fueran los de ETA la más preclara continuación de sus gudaris –que, por cierto, se rindieron y pactaron, traicionando a la República, ante los valerosos fascistas italianos que venían de protagonizar la heroíca gesta de la estampida en Guadalajara-.

Aplauden ellos y se sumen en la perplejidad, la inquietud, la zozobra y el dolor no solo las víctimas directas sino tanta, tantísima gente que ha creído y quiere creer en la justicia y que espera y exige que los criminales cumplan sus condenas y sean castigados por sus crímenes.

Fue tal la congoja provocada por el titular de Interior que hubo de salir el presidente y comprometer, una vez más y por tres veces, que no había variación en su política, que "no habría beneficio penitenciario alguno". Y yo –y muchos- queremos creer a Rajoy. Pero entonces, ¿cuál es el Plan de Fernández Díaz?

Lo único cierto es que el ministro del Interior ha hecho un daño terrible. Ha afectado a la entraña y a la médula de los principios de mucha gente –ante todo, de los propios votantes del PP- que ha sentido la ruptura y la traición de un compromiso.

Este hombre, portada fallida de un ABC al que alguien –tal vez él mismo- "no negó" que fuera a ser presidente del Congreso y que tiene como hecho más glorioso el haber dejado a los pies de las redes mediáticas a su propia Policía en aquellos agigantados sucesos de Valencia cuando vino a aceptar, de entrada, una culpabilidad que luego resultó la más manoseada mentira, este ministro del Interior, el que ya va camino de ser el peor valorado de toda la historia democrática, ha cometido el peor error del PP en lo que va de Gobierno.

Un daño emocional, hoy por hoy, muy difícil de restañar. Pero que aunque no sea por la necesaria consideración que la ética y dignidad exigen y aunque solo sea por la del cálculo y el interés electoral, debe repararse de inmediato.

El presidente debe aclarar solemnemente su posición y la de su Gobierno. Y el ministro rectificar de manera contundente. Que quizás ya ha ido mucho su cántaro a la fuente y no sea suficiente, por lo que lo mejor es que abandone un cargo que le viene muy grande. Porque esto sí que es un roto: solo hay que ver con qué fruición se frota las manos Rosa Díez. Solo hay que fijarse en quién lo aplaude.

ANTONIO PÉREZ HENARES

18 de abril de 2012

La Corona se gana cada día

Recuerdo perfectamente esas palabras del Príncipe de Asturias como la máxima enseñanza que le había dado su padre, el Rey don Juan Carlos: “La Corona se gana cada día”. Eran otros tiempos, y mejores, para la Monarquía en España. Su crédito y prestigio eran casi unánimes entre el conjunto de la población española más allá de sus tendencias ideológicas. Y era así porque los españoles éramos muy conscientes de que el Rey se había ganado a pulso la Corona.

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Y se la ha ganado con creces. Más allá de su origen. Muerto Franco y aupado él a la Jefatura del Estado, impulsó e hizo posible la Transición española. Con inteligencia, supo maridar el interés general de España con el de la institución.

La democracia era inevitable e imprescindible y él encabezó aquel impulso que supuso la incardinación de la Corona en la Constitución como una monarquía parlamentaria legitimada y ratificada mediante referéndum.

Don Juan Carlos tiene prestado a la Nación ese servicio trascendental –que también le favoreció sin duda a él mismo y a lo que representa- y muchos otros. En la retina de todos se encuentra el 23-F donde, dejémonos de gaitas y elucubraciones, la prueba del nueve es que si don Juan Carlos lo hubiera apoyado, el golpe hubiera triunfado. Él lo abortó.

Pero, aunque menos impactantes, sus tareas cotidianas ha sido enormemente positivas. El Rey ha sido nuestro mejor embajador, nuestra mejor imagen en el mundo –hasta para mandar callar a Chávez- y su prestigio internacional nos ha ayudado de continuo y con eficacia.

Hasta ayer mismo, hasta ese contrato del AVE de la Meca o esa gestión petrolífera en Kuwait. El beneficio para España ha sido cierto y también lo ha sido para la Corona. Y de sus pecados, a qué negarlo, todos nos hemos sonreído y hasta amparado.

Pero, desde hace unos años, esa percepción ha variado. Drásticamente, incluso. Por primera vez, la encuesta del CIS suspendía a la Corona (4,89) y, luego, vinieron en cascada los problemas y las salpicaduras. El caso Urdangarin ha sido lo más grave. La reacción, aunque tardía quizás, fue impecable.

Pero un cristal, un tabú de protección –nunca escrito pero asumido- se había quebrado. Y anteayer era lo del nieto pegándose un tiro en el pie. Y el día 14 de abril, que ya es puñetería añadida, Día de la República, nos desayunamos con la noticia de su accidente en Botsuana, en una cacería de elefantes que, encima –toma otra-, es el símbolo de los republicanos americanos.

Lo de menos, aunque haya quien lo lleve por ahí, es la caza y el elefante –por cierto, perfectamente legal, regulado escrupulosamente y siempre en estricto control de sus superpoblaciones en alguna zonas de ese lugar, para mí, el más hermoso y virgen de África, que es el delta del Okavango-.

La cacería es lo de menos. Empieza a ser algo más su coste. Que entre el “white hunter” –el famoso Jeff Rann-, que cobra 20.000 euros por sus servicios, amén de todo la impedimenta, viaje y, sobre todo, precio de cada pieza abatida –un trofeo de elefante sale a 30.000 euros-, por menos de 100.000 euros no ha salido todo. Más aun con los costes del viaje de ida vía Gaborone y de vuelta urgente desde Maún en avión privado. Otra cosa es quién los ha pagado.

Y en estos momentos de zozobra, de angustia económica en un país que se tambalea y cuyos ciudadanos tienen sobre sí la terrorífica losa de un paro que se acerca a los seis millones, en unos días en que nos asomamos al abismo con la prima de riesgo desbocada, la bolsa en picado y los ataques exteriores, como el de Argentina, acosándonos... ¿Ese es el lugar donde debe estar y la imagen que debe dar su jefe del Estado?

Aventura conocida, además, por un accidente –y ya van unos cuantos- de quien ha alcanzado ya una edad de 74 años, considerable para ciertas cosas. Desde luego, en este trance no puede decirse que don Juan Carlos se estuviera ganando la Corona.

Los servicios de don Juan Carlos han sido muchos. Pero, tal vez, ha llegado el momento de pensar que quizás aun pueda hacer uno más e importante: dejar paso a su hijo y heredero.

Preparado, sólido, en mejor sintonía con fondos y formas actuales de entender su función y cometido. Listo para ganarse también día a día la Corona. Lo que menos necesitamos ahora es entrar en un nuevo y traumático sobresalto de confrontación por nuestra forma de Estado.

Pero lo que no podemos hacer tampoco es callar ante determinados comportamientos ni seguir encadenados a tabúes. Los aplausos no le han faltado a don Juan Carlos. Debe asumir que la crítica es inherente a la democracia y la libertad de opinión y pensamiento es uno de sus principales valores.

Su propia reflexión puede llevarle a lo que está llevando a bastantes: tal vez sea el momento de ir dando los pasos necesarios para ese relevo. Por edad, por adecuación al nuevo tiempo e, incluso, por el propio interés de la Corona. Que ese ha sido el faro que ha guiado al Rey en todas sus decisiones.

A. PÉREZ HENARES

14 de marzo de 2012

El valor de un voto

Un voto vale más que una pancarta. Unas elecciones valen más que una manifestación y que una huelga general... o dos. Cándido Méndez dijo que la Reforma Laboral era un “golpe de estado” después de que la votaran los representantes elegidos por el pueblo, por abrumadora mayoría, en el Parlamento. Cándido Méndez, seguro, votó el 20-N, y también Toxo, y los 100.000 liberados y asalariados sindicales, así como la inmensa mayoría de los manifestantes del domingo. Y sus votos se contaron. Lo que sucedió es que perdieron.

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Los sindicatos tienen todo el derecho a manifestarse y a convocar huelgas. Y los ciudadanos a acudir a ellas o ir a trabajar. Que eso es también algo que no parecen comprender y que pretenden imponer: hacernos huelguistas a la fuerza.

Las centrales sindicales, convertidas en gigantescas maquinarias burocráticas, subvencionadas con dinero público de nuestros impuestos, se han lanzado a la yugular del nuevo Gobierno. Pero ese Gobierno tiene detrás toda la legitimidad para actuar. Es más, tiene la obligación de hacerlo tras haberse encontrado el país en la dramática situación actual: en recesión y con más de cinco millones de parados.

Algo de lo que, por cierto, los sindicatos -que no los trabajadores- son corresponsables y este Méndez agitador de ahora era quien ayer visitaba la Moncloa como si fuera un vicepresidente del Gobierno más.

La huelga de opereta al compañero Zapatero la hicieron al final como si se la hicieran a todos menos a él y a su Gobierno. De hecho, uno de los huelguistas acabó de efímero ministro para retomar de inmediato la pancarta tras el varapalo de las urnas.

Los sindicatos dicen que representan a los trabajadores. Eso será cierto en las fábricas o en los lugares de trabajo. Pero a los trabajadores, como a todos, política y constitucionalmente, los representan aquellos que han sido elegidos en las urnas.

Las razones sindicales existen, faltaría más, pero no es ni media verdad lo que proclaman. La Reforma Laboral española ni acaba con los derechos ni siquiera llega a rozar la profundidad de la que pactaron los sindicatos alemanes con el canciller Schröder, socialista, y que ha llevado a su país a la más alta cuota de empleo de su historia.

Los 45 días por año trabajado se mantienen como derecho adquirido y, a partir de ahora, se rebajan a 33. No hay pues ese despido libre o gratuito. Lo que sí hay es una severa revisión del propio papel de los sindicatos en las relaciones laborales. Y es ahí, en realidad, donde les duele.

Los sindicatos españoles, con más de 10.000 asalariados y otros 70.000 liberados, han gozado de todas las prebendas, de unas subvenciones multimillonarias, de un maná en forma de dudosos cursos de Formación que solo ellos controlaban. Y ahora, todo ese poder entra en cuestión.

Por ello esta huelga tan previsible, prevista, anunciada y pregonada desde antes incluso que Rajoy tomará posesión. Más allá de defender a los trabajadores y a los parados que dicen defender -y a los que, sobre todo a los segundos, se las ha visto defender muy poco años atrás- lo que defienden es la propia estructura sindical.

El PSOE, derrotado en las urnas, derrotado en el Parlamento, quiere de nuevo votar en la calle. Puede ser también un mal paso, como el sindical, pues la memoria de la sociedad, aunque frágil, no lo es tanto como para no recordar quiénes son y dónde estaban tan solo con mirar un paso atrás. Méndez y Rubalcaba gozan, en este sentido, de muy escasa credibilidad.

El Gobierno no puede ni debe -ni tiene pinta alguna- dar marcha atrás. Tiene la legitimidad y la fuerza suficiente como para seguir adelante intentado reparar este motor gripado que es España y al que precisamente han llevado a quedarse sin aceite y sin gasolina estos sindicatos que, ahora, y en eso tienen razón, luchan más que nada por ellos mismos.

Por seguir mandando en cosas que tal vez no tienen por qué mandar. Y por percibir, a cuento de qué, unos dineros públicos que no tienen por qué percibir. Unos dineros de los que no se da cuenta alguna. Porque esa es otra: la transparencia que exigen a todos, a ellos no se la aplican jamás. Y algún día habrá que saber cómo y en qué se emplea ese dinero sindical. Porque si es público, y lo es en su mayoría, y no de sus afiliados y socios, los paganos tenemos derecho a saber.
ANTONIO PÉREZ HENARES

8 de marzo de 2012

La hazaña de Griñán

Unas semanas antes de las elecciones municipales que iban a sacudir como un terremoto el panorama político español, en el programa La Mañana de la COPE entrevistamos al presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán.

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El presidente andaluz señalaba que, en su región, los socialistas habían ganado siempre y se mostraba confiado en que esa pauta se volvería a repetir. No le tocaban entonces a él las autonómicas y tampoco le tocaron, ya que las retrasó calculando que los duros ajustes castigarían al PP en la debacle general del 20-N, pero ya le tocan. Y ante su alarde de victorias pasadas, la repregunta de aquel entonces sirve muy bien para hoy: “¿Y ha pensado que puede ser usted el primero en perder?”.

Porque Griñán puede ser, precisamente él, quien “consiga” la hazaña de ser el primer socialista que pierde las elecciones en esa comunidad. En realidad, hoy ya sabemos que las va a perder y su única esperanza es que su rival no alcance la mayoría absoluta -y que con los votos de IU pueda seguir en el poder-.

Con la novedad de que, en esta ocasión, esa hipótesis se vea también trastocada por la irrupción de UPyD, que parece tener claro que no va a contribuir a que sus escaños sean la segunda muleta para no acabar de caer. Rosa Díez ya ha expresado su intención, si depende de ellos, de dejar gobernar la lista más votada.

El presidente andaluz ha visto desde aquella entrevista cómo el entramado de poder se iba desmoronando a su alrededor. La perdida de todas las capitales -en particular la de Sevilla, donde aún pensaban resistir- ha sido la prueba más dolorosa del ocaso del PSOE andaluz, que se completó con el desalojo de cinco de las ocho diputaciones provinciales.

En las generales no fue a mejor, siendo barridos por el PP, que dio la vuelta como un calcetín a los resultados, y donde ellos consiguieron -y por un único escaño- la victoria en la provincia de Sevilla.

Pero es peor: el desplome electoral ha ido parejo a la erupción de los escándalos, en particular el de los falsos ERE, donde cada día se pone más al descubierto una cortijera manera de gobernar, donde se desparrama fraudulentamente dinero a los afines con la sensación de impunidad de tantos y tantos lustros de poder sin el mínimo control.

El candidato añade, encima y por propia voluntad, su penosa actuación en el Congreso del PSOE, donde apostó, con trampa y hurtando el cuerpo, por Chacón. Y tras la derrota, le tuvieron que echar un salvavidas y darle un puesto de consolación para que no se notara demasiado y se hundiera definitivamente en el Guadalquivir.

No lo tiene nada bien Griñán. Pero eso no significa que el 24 por la noche (y a expensas de lo que suceda en Asturias, que esa es otra) aun perdiendo y por mucho, pueda convertirse en el superviviente triunfador.

Porque si consigue salvar la Junta de Andalucía, Griñán será el único poder que les quede y la esperanza de la recuperación de las expectativas del PSOE. Algo así como la prueba de que la marea azul ha dejado de crecer y empieza su reflujo. Para él sería un éxito y para su jefe a palos y amigo a la fuerza, Rubalcaba, un balón de oxigeno tras todos estos meses de sinsabores y abismos electorales.

Por el contrario, si las encuestas se hacen votos y Arenas logra su objetivo, al fin y a la cuarta, amén de completar el mapa autonómico y hacerlo ya totalmente del PP, también significará que la acción de Gobierno de Rajoy, aunque duela, es percibida como necesaria e inevitable por la ciudadanía, que sigue considerando que el PSOE debe pagar como responsable de esta penosa situación en la que nos encontramos.

ANTONIO PÉREZ HENARES

1 de marzo de 2012

Vale ya

Todos iguales ante la ley. Y también Urdangarin. Pero en todo. Y por ser él y ser su familia la que es, no deja también de tener los mismos derechos que los demás y que es necesario respetar. Ha declarado como imputado, sus respuestas habrán o no satisfecho al juez. Los indicios y las pruebas están en el juzgado y, con ellos, quien entiende y debe hacerlo, el juez instructor, decidirá. Que lo hará, de acuerdo a ley, cuando toque y en la manera que procesalmente estime pertinente.

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Pero he de decir, y quizás no sea el único, que llegado a este punto uno empieza a estar un poco harto y hasta agobiado por el morbo desatado hasta extremos delirantes. Es comprensible, desde luego. Es un hecho sin precedentes y, al afectar a la Casa Real, adquiere tintes obvios de un interés excepcional.

Nada que objetar, muy al contrario, a la investigación periodística ni a la aportación de documentos, noticias, ramificaciones y derivados que ayudan a aquilatar el asunto y su dimensión. Pero desde hace ya unas semanas -y en progresión extenuante-, lo que cada vez aflora más es una especie de marabunta y griterío que me ha acabado por llevar a uno de aquellos relatos geniales de Gila. “Le estaban pegando dos una paliza a uno y yo: "¿me meto? ¿No me meto?". Y me metí. Menuda paliza le dimos entre los tres”.

No encuentro, por lo visto, oído y aportado hasta el momento, elemento alguno para tener simpatía alguna por las actividades del Duque de Palma y sus negocios realizados al socaire precisamente de su privilegiada condición. Al revés. Cada día toma cuerpo más preciso su comportamiento, cualquier cosa menos ejemplar, su avidez económica y el daño causado a la Corona, al Rey -su suegro- y al Príncipe -su cuñado-, quizás el más damnificado, dada su condición de heredero, por unas salpicaduras de algo a lo que es radicalmente ajeno.

Sin embargo, lo sucedido en Palma de Mallorca este pasado fin de semana, la ordalía desatada a su paso me ha provocado una sensación intima de rechazo. Los insultos, las pantomimas, los manifestantes apostados para hacer escarnio y burla me han provocado no pena, desde luego, por quien debe responder de sus actos, sino una cierta vergüenza del espectáculo en el que parecemos solazarnos todos.

Un espectáculo que atenta contra toda dignidad a la que todos tenemos derecho más allá de la culpabilidad. El vituperio del reo, la mofa del convicto, la pedrada al condenado me producen una desazonadora repulsa. Sé que son una constante en la historia y que escribir esto va contra ese primario sentir general. Que seguirá alimentándose y siendo alimento hasta que su repetición hasta la saciedad acabe por resultar ya indigesta para las cotas de audiencia.

Pero hoy lo que me sale del cuerpo después del atracón es un “vale ya”. Que lo juzguen quienes lo tienen que juzgar. Que lo condenen si lo tienen que condenar. Pero ya va valiendo, ya está bien de Urdangarin. Vale ya.

ANTONIO PÉREZ HENARES

16 de febrero de 2012

El búnker sindical

No habían casi empezado a hablar la ministra de Empleo, Fátima Báñez, y la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, y ya había una algarabía de ultraliberales –a los que se añadieron los entusiastas ultras que de liberales no tienen nada- proclamando que la Reforma Laboral era pura filfa y un pegote. Me imagino que su pretendido paraíso era el despido libre y gratuito, la extinción de cualquier derecho adquirido por los trabajadores y el exterminio del sindicalismo.

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Para muchos de ellos, significados durante años por considerar al actual presidente como un flojo y un mentecato pusilánime, al que le perdonan aún menos que alcanzara tal poder y mayoría (y por ello le esperan con la navaja en la liga aunque ahora le hagan zalemas y carantoñas), la trascendental medida -que cambia en elementos sustanciales y hasta ahora intocables nuestras relaciones laborales- es una “oportunidad perdida”.

Como si afrontar el nuevo tipo de contrato, la rebaja de la indemnización por despido y -para mí lo más decisivo- la capacidad de optar por convenios de empresa sin estar sometidos a los sectoriales, fuera algo que ellos hubieran arreglado en dos patadas. Y sí, con patadas lo hubieran hecho, pero para destrozarlo aún más si cabe.

Exactamente enfrente, los búnkeres sindicales tocaban a rebato. Esas cúpulas burocratizadas, de liberados y dirigentes, algunos ya parece que vitalicios y no sé si hasta hereditarios, y ya ni se acuerdan del día aquel en el que, en verdad, fueron al tajo si es que no comenzaron ya “trabajando” de sindicalistas e hicieron de ello la mejor de las carreras profesionales. La Huelga General es la meta soñada y el disloque del Gobierno, la esperanza de las correas de transmisión políticas ayer mismo reducidas a escombros en las urnas.

Pero esos “profesionales”, cabezas muy acomodadas en unas organizaciones cuya afiliación es mínima -aunque, desde luego, no seré yo quien cuestione una representatividad basada en las elecciones sindicales en las empresas donde sí que se bate el verdadero cobre- esas organizaciones anquilosadas y subvencionadas no parece que hayan estado en absoluta sintonía con los penares de los parados ni con las gentes en dificultades sino que parecen solo hacerse fuertes en colectivos que, por su anclaje irrompible y por la seguridad en el empleo, son hoy, en comparación con la mayoría, verdaderos privilegiados. Y no son pocos los que barruntan que lo que la burocracia sindical siente peligrar es su propio chollo, su poder y sus prebendas.

Por ello, aun cuando las ganas de lanzarse en tromba se les visualizan como el objetivo ansiado -más a Méndez, cuya dependencia partidista es escandalosa- no las tienen todas consigo. La van a liar parda, sí. Pero ¿están los trabajadores y los parados dispuestos a secundarlos? Dudas tienen. Y bastantes.

Saben que las gentes del común los tienen muy vistos y medidos. Que los “cuadros” liberados no dan para tanto y que las coacciones pueden volverse cada vez más en su contra. Una huelga general fallida puede convertirse en su propio precipicio y acabar con la poca fuerza que les queda y caer en la tentación suicida de diluirse en un 15-M antisistema y de algarada.

La reforma laboral es profunda, a pesar de lo que rujan los ultraliberales. Y a pesar de lo que barriten los inmovilistas sindicales, es necesaria e insoslayable. Y son mayoría quienes la ven precisamente así, como "inevitable" y que "llega hasta donde puede".

Pero tal vez debiera saber el Gobierno que esa asunción por parte de la sociedad de toda esta ristra de medidas, algunas muy dolorosas para todos -otras solo para los sueldos de los político-banqueros-, tienen fecha de caducidad. Tienen un límite.

El Gobierno se juega todo su capital en esta partida. No ahora ni mañana, pero sí en un tiempo razonable de no mucho más de un año -dos a lo sumo-. Ahora, los clamoreos son esencialmente de parte, y muy de parte, del partido derrotado -y, en buena medida, responsable máximo del fiasco- y de sus acompañantes.

Pero la población en su conjunto les contempla con lejanía y hasta con disgusto porque los considera no solución sino culpables. Pero si todos los planes fracasan, si dentro de ese tiempo prudencial nada se atisba y nada se mejora, entonces es cuando de verdad la sociedad española puede estallar. E irnos todos a la calle, y a la urna, sin necesidad alguna de que nos convoquen los sindicatos ni que nos arengue Méndez. Que ese seguro que seguirá en el cargo.

ANTONIO PÉREZ HENARES

1 de febrero de 2012

¡Qué osadía!

Quizás algunos no se habían percatado aún de que había sido el PP el que ganó las elecciones y con mayoría absoluta. O como que sí, pero que se seguiría igual que si las hubieran ganado ellos. Soraya, primero, y Gallardón después, los que van a ser y actuar como puntales políticos del Gobierno, les han dejado claro que no. Que están ahí para hacer o deshacer lo que estimen oportuno siguiendo el mandato y la opinión de quienes les han votado: la mayoría soberana del pueblo español. Esto es la democracia. Incluso, y también, cuando gana la derecha.

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El PP comienza a gobernar y el PSOE está extrañadísimo de que lo haga. Y Gallardón, quien pasó en un verbo de infiltrado a héroe para los propios y en referente clave para los ajenos, vino a reírseles muy educadamente en su propia cara a los Jáuregui, Llamazares, nacionalistas y mixtos varios.

Es que han sido ustedes quienes han perdido y nuestras posiciones las que han salido triunfantes y, por tanto, las que van a prevalecer por obra y votos de la mayoría, que es lo democrático. Eso es lo que les dijo, que era lo mismo que les había dicho Soraya el día de antes y que van a tener que oír bastantes veces. Por lo menos hasta que los españoles votemos de nuevo.

Aunque al PSOE, claro, esto no le parezca que hubiera de ser así. Porque ellos suponen que dado que acogen en sus siglas, ideología y esencias la verdad absoluta y la totalidad de la bondad y el progreso para el género humano, los contrarios, aunque ganen las elecciones, no pueden incurrir en el delito de lesa humanidad de hacer algo novedoso sin su autorización y, menos aún, intentar corregir algo que ellos hayan dejado establecido. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Pero hasta ahí han dicho que llegan y sin el más mínimo complejo. Que el Consejo General del Poder Judicial va a volver en esencia a ser elegido por los propios jueces, como era hasta que por enmienda socialista de último minuto (y también con el respaldo de mayoría absoluta) se cambiara en 1985 y fueran los partidos quienes los nombraran.

Que lo hecho en el aborto lo deshacen porque para la mínima sensibilidad y el gramo exigible de sentido común es que una menor, que no puede sin sentimiento paterno ponerse un pearcing, pueda irse sin más abortar.

Que es necesario hacer algo y de calado sobre los delitos de menores; y que en los de mayores no podemos seguir aplicando que aquí se reinsertan todos y en un pis pas, aunque no quieran reinsertarse.

Que la prisión permanente revisable (cadena perpetua sometida a revisión) para gravísimos delitos y para criminales cuya salida de la cárcel es amenaza letal para la sociedad es algo tan lógico, como ilógico y estúpido resulta el poner en libertad a un asesino en serie y violador múltiple sabiendo que mañana va a volver a reincidir. Y que esto es la pauta común en las democracias más top y con más pedigrí de toda Europa, empezando por la vecina Francia.

El gran argumento es primero: ¡que viene la derecha! Que ya saben que no tiene derecho a venir; y, segundo, que las medidas son puro populismo porque, reconocen, la ciudadanía va a recibirlas hasta con júbilo (entre otras cosas, porque llevan años reclamándolas).

Todo un delito a su entender de falta de limpieza democrática. ¿Pero no es acaso la ciudadanía, el pueblo y de su voluntad soberana de quien han de emanar las leyes? "Bueno, sí", contestarán. "Pero verá, es que no".

Porque si lo que el pueblo piensa y decide no coincide con lo que ellos opinan, no hay que hacerle mucho caso, pues lo que sucede es que el pobre pueblo no sabe lo que quiere porque lo tienen alienado y han contaminado y perturbado su recto entender.

Que ellos son la vanguardia inteligente que tiene en un frasco la verdad y los demás quedan para la Fe. Así que el PSOE y el coro multifloral están muy sorprendidos y ofendidos. Porque la derecha, estos tipos del PP, este Rajoy, esa Soraya y ese Gallardón, se han puesto a gobernar. Y en su desvergüenza están decididos a aplicar en el Parlamento y en las leyes el mandato que los votantes les han dado. ¡Qué osadía!
ANTONIO PÉREZ HENARES

23 de enero de 2012

De vuelta

Al volver de un viaje donde no he llevado ni el móvil y no he tenido acceso a Internet, perdido por las planicies del norte de México, allá en la frontera con el río Bravo, por aquí las cosas siguen más o menos con el mismo nervio y parecido come-come.

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La noticia fuera del circuito habitual ha sido la muerte de Manuel Fraga quien, por cierto, me dio clase y me echó de ella unas cuantas veces por aquellos años primeros de los setenta en la Facultad de Políticas y Sociología. Luego lo entrevisté en un par de ocasiones y aprendí a respetarlo.

La democracia le debe el haber pasado a su orilla a la derecha tardofranquista y eso, aunque ahora lo vituperen ciertos e interesados ignorantes de lo que significó en la Transición y en nuestra historia, no era cosa ni baladí ni de escasa trascendencia.

Tiene debes: los más señalados, su pertenencia y comunión con gobiernos franquistas estigmatizados de la feroz represión de la libertad y con episodios tan terribles como el fusilamiento de Grimau en los sesenta o los de Victoria o Montejurra ya en tiempos finales de la dictadura.

Pero hasta de aquel tiempo algún haber puede apuntársele, como el de los Paradores. Lo que fue es de integridad a prueba de investigaciones en lo económico. Y lo sé de buena fuente, porque realicé sobre él una para el semanario Tiempo.

Lo demás, pues eso, que ETA aunque está en paro no significa que no existe y sus pistoleros siguen teniendo las armas y ninguna gana de entregarlas como demostró la primera detención de terroristas en tiempos del nuevo Gobierno.

El PSOE, por lo que nada más aterrizar he vislumbrado, sigue en el revoltijo. Y Emiliano descifrando los designios de la Esfinge. Rubalcaba y Chacón pelean delegados que creen suyos pero vete tú a saber a quién votan el día de mañana. Parece que, a pesar de la “pinza” la Sexta-El Mundo, don Alfredo parece llevar ventaja. A él no le falta el apoyo mediático de Prisa ni el buldózer del aparato.

Ha vuelto Garzón, que nunca se irá de las portadas. El juez que a juicio de sus partidarios habría de ser injuzgable y para el que no debía regir lo de "todos iguales ante la ley" que sí claman, como todos -en eso estamos de acuerdo- para Urdangarin. Tres causas tiene y me parece que la que peor huele es la de los dineros santanderinos en Nueva York.

ANTONIO PÉREZ HENARES

9 de enero de 2012

El bisiesto de los peores augurios

Amanece un año informativo cargado de innumerables presagios. Y casi todos malos. Para la economia y para la ruina que le toca gestionar a Rajoy, los pronósticos no pueden ser más pesimistas. Recesión y más de cinco millones de parados son la herencia y, todo lo demás, catátrofes sobrevenidas. La peor: la caja de la Seguridad Social en rojo despues de 13 años. Logico. Son cerca de cuatro millones los que han dejado de ingresar y que han pasado a recibir.

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Las perspectivas, además, no indican mejoría. Parón -si no marcha atrás- en la economía. Para crear empleo se dice que es necesario crecer un 2 por ciento y eso no se ve posible hasta más alla de 2013. O sea, que ¿podemos llegar a los 6 millones de parados? A los 5,5 estamos ya a punto. Faltan dos EPA. La del trimestre último de 2011 y la del primero de 2012. A cual peor.

El panorama, pues, más desolador no puede ser. Agravado por una cierta resistencia a comprender por parte de la sociedad española que esto no se arregla sólo ni que tiene por qué ir a mejor obligatoriamente. Que depende de todos. Y entre esos todos lo que aparecen son determinadas remoras: los sindicatos encabezan la manifestación, convertidos cada vez más en parte del problema en vez de serlo de la solución.

El Gobierno tiene un misión casi imposible y la necesidad de las más amargas medicinas. Su desgaste, que ya ha empezado con las primeras medidas contestadas de manera únanime -y sobre todo por "los suyos"- va a ser acelerado y terrible. Y su único horizonte es poder presentar a medio plazo una meta de esperanza.

Porque el juicio, más allá de los mil ruidos que vamos a oír, habrá de posponerse al resultado final dentro de cuatro años. Entonces será el momento de medir y de sentenciar. Ante las urnas.

La oposición será pues muy fácil de hacer. Pero el problema es que quien ha de hacerla, el partido más importante -el PSOE- tiene tacha, casi inhabilitación para hacerla. ¿Cómo pueden criticar la ruina que ellos han legado? ¿Cóomo puede ser creible un señor exvicepresidente que acusa a quienes han recogido tales venenos de paro y recesión cuando las cifras y la responsabilidad son, a día de hoy, las propias y suyas?

"Paro y recesión" augura Rubalcaba, mientras sus derrotados barones hacen al unísono quince ruedas de prensa para decir lo mismo. Pues claro, señores. Si ustedes lo conocen mejor que nadie. Es lo suyo.

Que además es otra cosa. Un partido desguazado, con su poder hecho añicos y en el que nadie reconoce un error -pues se los achacan todos al leproso Zapatero- ahora se pretende presentar como el salvador de mañana. Un partido de derrotados cuyos líderes, lejos de afrontar y asumir la derrota, buscan desesperadamente seguir aferrados a los restos del naufragio y amarrados al escaño y a la seda. El Congreso cada vez tiene peor pinta y, de cerrarse, peor aún de lo que se ha abierto.

Como tercera pata de nuestros disgustos no olviden ustedes tampoco a las tensiones nacionalistas. CiU y Mas están dejando cada vez más clara su deriva secesionista y la previsión de tener que soportar un sistemático desafío a la legalidad y al Estado a cada paso van a ser pan nuestro de cada día.

Como lo va a ser el chantaje de los etarras y sus voceros. Su pretensión es que paguemos "la paz" soltando a los asesinos y entregándoles las calles del País Vasco. Y de Navarra, claro. En su propaganda encontrarán la inestimable ayuda de la misma caterva de miserables, de suicidas o de idiotas que tanto les han ayudado en todo su "proceso". Y no les faltará la de sus amigos del Tribunal Constitucional, seguro.

En resumen, si les digo que mi esperanza para este bisiesto en el que hemos entrado es que, al menos, algunas noticias no sean del todo malas, entenderán mi estado de ánimo. Que no es pesimista sino simplemente realista y obvio. Mi optimismo es decir también que, a pesar de todo, sí veo el futuro y sí creo que lo tenemos todos. Pero también que vamos a tener que ganárnoslo y que alcanzarlo va a ser duro.

ANTONIO PÉREZ HENARES

2 de enero de 2012

El gesto necesario

Las duras medidas aprobadas por el primer Consejo de Ministros de Rajoy han sido aún más duras de lo esperadas y, en algún caso -la subida de impuestos- inesperadas si nos atenemos a lo que fueron sus declaraciones e intenciones previas.

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La razón esgrimida es que el déficit, la apabullante deuda que nos agobia, es mayor de lo declarado por el Gobierno saliente. Algo que casi todos nos barruntábamos pero que, con los datos en la mano, se ha disparado desde el seis a cerca de un 8 por ciento. Para tabular en cifras, de los 16.500 millones de euros previstos como recortes necesarios, a acercarnos a los 40.000 millones.

Me costa que la decisión de subir el IRPF ha sido la más difícil -las otras ya estaban contempladas- y se optó por ella tras una intensa valoración de las demás alternativas, entre ellas, la de la subida del IVA.

Al final se impuso la necesidad de que para obtener el dinero requerido no había otra manera viable y menos lesiva y se decidió efectuarla de manera progresiva, muy en línea, curiosamente, con las propuestas socialdemócratas: gravar las rentas del trabajo pero hacerlo “progresivamente”.

Las rentas más débiles apenas se ven afectadas y los tramos que sufren el mayor impacto son los medios, medio-altos y altos. Mantener la prestación de 400 euros a quienes han agotado el paro es incuestionable. Lo contrario sería tan atroz para los afectados como suicida socialmente.

Los españoles somos conscientes de la endiablada situación económica y de los sacrificios que nos tocan a todos. Y podemos entender el hachazo aunque tampoco pueden pretender que no nos duela.

Es también comprensible que la oposición salga en tromba a la crítica y es particularmente acerada aquella que señala una primera palabra hecha añicos y claramente violentada. La no subida de los impuestos fue una bandera electoral que ha quedado arrasada. "No ha quedado otro remedio", dicen. Y puede que cargados de datos y razones. También.

Pero, al final, y como parecía a ojo de buen cubero, cuando se ha gastado lo que no teníamos y toca pagar, siempre se tira del mismo lado. “Se han gastado el manso y la hijuela y lo vamos a tener que pagar todos”, escribí cuando el malhadado Plan E.

Así que no saque pecho el PSOE ni se rasgue vestidura alguna. Porque si en estas andamos es por cómo nos ha dejado su Gobierno. Que no clamen por la ruina, el paro y la recesión. Porque con más de cinco millones de parados -la EPA del último trimestre andará por los 5,3- y con la recesión encima -estos últimos meses ya tenemos el PIB en negativo- es como nos han dejado. Así que lo que deben es hasta de callarse. No son ellos quienes pueden dar ni una lección ni pedir explicaciones a nadie sino a ellos mismos.

Habremos, pues, de tragar esa primera rueda de molino. Que no será la última. Aunque uno espera que los próximos paquetes sean en la dirección no ya de recortar sino de trazar objetivos y abrir la línea de salida tanto en Reforma Laboral, como Financiera, como de apoyo a la creación de empresas y empleo.

Pero mientras, y quizás para que podamos entender y asumir tan amarga medicina, sería buena alguna muestra de que ellos también la catan por parte de los “médicos” que nos la recetan. Haría falta un gesto de nuestros gobernantes, un verdadero gesto de su propio sacrificio de su contención, de apretarse su cinturón y de renunciar a sus privilegios.

Tal vez el presidente, los ministros, los altos cargos, los diputados, los senadores, los presidentes autonómicos y sus consejeros, en suma, quienes nos gobiernan y nos exigen sudor y lágrimas, debieran ejemplarizar con una medida de rebaja, de quitarse algo, de prescindir de todo lujo y cualquier boato y hasta un poquito más que el resto en sus haberes y emolumentos.

Ellos deberán ver cuáles y cuánto, pero deberían hacerlo y cuanto antes. Nos ayudaría a sobrellevar mejor nuestras cuitas y a recuperar esa cada vez más perdida confianza en los políticos. Amén de que fuera poco o mucho, algo se ahorraría. Tal vez mucho más que una onza de chocolate dada la cantidad de loros, que también sería bueno ver substancialmente reducidos en su número, que se lo comen.

ANTONIO PÉREZ HENARES

31 de diciembre de 2011

Feliz Año

Desde 2008 hemos andado despidiendo los años con la ilusión de que el próximo nos fuera mejor. Las buenas nuevas, aunque fueran más falsas que los brotes verdes de la Salgado, siempre venden mejor que las malas noticias -y si no que se lo pregunten al bueno de Manuel Pizarro, que osó decirlas por televisión-.

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Pero este de 2012 estamos ya muy escamados y no hay españolito que, al brindar esta Nochevieja por el “próspero” año nuevo, no pegue un respingo y cruce los dedos. Porque el pájaro asoma más negro que un tizón.

Como prólogo y para completar el olor de socarrina de los más de cinco millones de parados, hemos vuelto a entrar en recesión. O sea, que en vez de avanzar, nuestra economía baja y retrocede. Y así no hay manera de crear empleo sino que todo apunta a la destrucción de todavía más puestos de trabajo. Como poco, hasta marzo.

Esa es la verdad y mejor será que, de una vez por todas, nos enfrentemos a ella. Sin paños calientes ni ilusorios remedios. Y a lo mejor si nos ponemos al tajo, resulta que este ave de mal agüero que parece el año 2012 acaba por darnos algún color y alguna alegría.

Por ello, a eso que les decía para los saludos de rigor -“Próspero Año Nuevo que a peor no podemos ir... ¿o sí?-, quizás podamos añadir aquellos de que “los gitanos no quieren buenos principios para sus hijos” y por algo será, que la raza calé siempre ha tenido arte para lo adivinatorio.

Así que con ello me quedo: Feliz Año, que las cosas no son como empiezan sino como acaban...

ANTONIO PÉREZ HENARES

26 de diciembre de 2011

Y el Rey habló de lo "suyo"

No hizo falta llamarle por su nombre: la mención fue clara y precisa. Todos supimos de quién hablaba y, por si no nos enteramos, repitió dos veces la palabra exacta que señalaba la diana. "Ejemplaridad". La misma que había sido utilizada en el comunicado de la Casa Real para definir y afear su conducta.

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A Iñaki Urdangarin se le achacó literalmente una conducta “no ejemplar” y anteayer, el Rey, en calidad de Rey que no de suegro -que quizás también- exigía a las personas relevantes de las instituciones del Estado, y la primera es la suya, esa "conducta ejemplar", recalcando además que la exigencia iba más allá de la judicial para fijar también un listón exigible de ética.

Y para que no hubiera duda alguna de su posición, dejó la frase que será sin duda el titular esencial de su discurso en todos los medios: "la igualdad ante la ley". De su yerno, también.

La situación por la que atraviesa la Corona, por causa de los muy jugosos pero muy poco presentables negocios de su “conseguidor” pariente, había despertado la mayor expectación política y social de los últimos años.

En estos tiempos de angustia y paro, los privilegios resultan aún más hirientes y la propia imagen de la Monarquía se está viendo zarandeada por una opinión pública extremadamente sensible a tales abusos de posición y estatus.

Y el Rey no ha defraudado. Ciertamente que no. Ha marcado una inequívoca posición que es la mejor, en realidad la única, que podía elegir en su condición de Jefe del Estado y en defensa de la institución que encarna, por la que pagó altos precios personales y desde la que ha prestado servicios innegables a España.

La ley como vara igualitaria de medir pero, aun más, allá, la ejemplaridad ética como exigencia en un entorno que por lo que representa -y en ello hizo la alusión extendible a las demás instituciones de la Nación y a las fuerzas política- ha de ser espejo de lo imitable y no de lo repudiable.

Don Juan Carlos ha demostrado que mantiene intacto su olfato para percibir las emanaciones populares y por ello es también consciente de que el daño peor no se le está causando él, cuyos hechos le avalan a lo largo de varias décadas y blindan un indudable prestigio, sino a su heredero el príncipe Felipe, principal damnificado, sin tener nada que ver con ella, de esta historia.

Por ello el cierre de su mensaje lo empleó para una clara puesta en valor de la labor y comportamiento de su sucesor al que, con toda intención, contrapuso en sus virtudes y ejemplo a lo que de inicio había repudiado. El orgullo y defensa del Príncipe de Asturias como epílogo del distanciamiento exhibido ante el comportamiento de su yerno han dejado definitivamente clara la posición del Rey y de la Corona.

Para Urdangarin es el prólogo de lo que cada vez parece más inexorable y necesario, e incluso más justo, pues ello le permitirá defenderse con los instrumentos que la ley pone a su alcance: su imputación y procesamiento.

ANTONIO PÉREZ HENARES

19 de diciembre de 2011

El conseguidor

El yerno del Rey es un señor que puede trabajar en muchas cosas. Es más, que debe trabajar como cada hijo de vecino. Puede hacerlo de lo que quiera y en aquello para lo que esté capacitado. De ingeniero o de fresador, de lo que le dé la gana y pueda. Pero una de las cosas de las que no puede trabajar un yerno del Rey es de conseguidor. Precisamente porque es el yerno del Rey. Y eso es lo que ha hecho Iñaki Urdangarin.

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Las hermanas del Rey, doña Pilar y doña Margarita, llevan muchos años casadas con dos señores que desde siempre han trabajado en lo suyo: uno de médico y el otro, de abogado. Y no han dado que hablar por ello ni media palabra. Tienen los hombres su oficio y con él se ganan la vida. Quizás el problema es que Iñaki Urdangarin era jugador de balonmano. Y muy bueno, por cierto. Pero de vida profesional, corta. Y claro, luego viene el después.

Los negocios del yerno -no sé qué es más peligroso, si un yerno, un primo o un cuñado- están resultando venenosos para la Casa Real española. Porque más allá de su licitud y legalidad, que eso habrá de resolverlo la Justicia, está el hecho evidente de que se hacían y conseguían por “ser vos quien sois”. O sea, el yerno. Y ello no resulta ni ético ni estético. Que el tufo de favor y de tráfico de influencias tira para atrás, vamos.

Hasta ahora, la Monarquía y sus aledaños habían sido el último tabú periodístico de España. No se cuentan las frivolidades de tacones o los chismorreos de pamela. Hubo algún apunte crítico en tiempos sobre algunas amistades no muy recomendables -y que devinieron en peligrosas- de don Juan Carlos. Pero tuvo aquello corto recorrido y tupido velo.

Ahora se ha rasgado la cortina. Los negocios del Duque de Palma han calado en la conversación cotidiana de las gentes del común. Y en un tiempo de crisis, angustia y preocupación generalizada provocan rechazo y enfado. Un malestar que toca a la puerta de la institución y le urge a dar una respuesta.

La que dio hace unos días, apartarlo de los actos oficiales, puede servir, por ahora, de corafuegos. Pero la hoguera sigue encendida y me malicio que a más irá la lumbre. Si le daban los contratos a precio de oro era precisamente por ser quien era. Y por eso, lo único que no puede ser el yerno del Rey es un conseguidor.

ANTONIO PÉREZ HENARES

14 de diciembre de 2011

Un gobierno bajo el brazo

No hay un solo periodista en España, incluidos los de Deportes con más derecho que nadie, que no le haya dado por parla o por escrito un consejo a Rajoy sobre lo que inexcusablemente, al pie de la letra y de inmediato, tiene que hacer.

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Bueno, ni un tuitero, ni un facebookero ni un bloguero ni uno de los que lo comentan, ni un nick, ni un troll siquiera ha resistido a señalarle perentoriamente pauta, compañía y camino. Hasta los de la cochinera nacional, entre gruñido, polvo y regüeldo, se han puesto estupendos indicándole lo que a su prístino juicio debe acometer con urgencia para salvar al país.

El deporte nacional, la pasión española desbordada, es aconsejar a Rajoy. ¡Qué digo aconsejar! Advertir, admonizar, exigir, ordenar y conminar. En todo y de todo. Sistema de juego, alineación, amén de cuándo, cómo y dónde debe jugar. Hasta qué camiseta debe vestir. Se decía que todos los españoles llevaban una novela bajo el brazo. Ahora también llevan un gobierno. ¡Y ay de Mariano si no les hace caso!

Resulta además en suma ilustrativo que los más metidos y autoerigidos en áulicos consejeros, tal vez con aspiraciones de privanza y de valido, son aquellos que anteayer más lo vituperaban con los más duros calificativos y más feroces insultos.

No hay uno de quienes ayer vertieron contra él los peores denuestos, augurando la peor de las hecatombes con su liderazgo y participando en todas las conspiraciones, que hoy no proclame cuán imprescindible y leal han sido su ayuda y su apoyo. No osará por tanto negarles un puesto de privilegio en su mesa, a su derecha, como hijos bienamados. ¿Cómo no va a tenerles en cuenta para un cargo?

Es sabido que acudir en socorro del vencedor es costumbre muy planetariamente extendida. Pero habría al menos que exigir un mínimo decoro para no empapar todo de babas. Que es posiblemente en lo que más se esté cuidando el gallego en estos días. En no resbalarse en ellas y en procurar no ser aplastado por el tumulto de consejeros nunca nombrados y de consejos jamás pedidos.
ANTONIO PÉREZ HENARES

5 de diciembre de 2011

No estamos para ruidos

Muchos prevén que, en el tiempo que viene, España va a ser un griterío continuo y una calle incendiada. Y puede que algunos procuren que así sea. Pero cada vez tengo más para mí que el común de los españoles está pero que muy reacio a dejarse llevar por tales agitaciones y que ve que no es ese precisamente el camino de salida de lo que le está cayendo. O sea, que no ve que sean precisamente los indignados los que arreglen mayormente lo del paro.

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No es una caricatura. Quizás la verdadera caricatura esté en alguna de las movilizaciones impostadas a las que asistimos y que quedan bastante lejos de lo que es la verdadera angustia de los millones de familias que se encuentran en situación cada vez más difícil.

Quizás la caricatura sea la de esos representantes sindicales blindados en sus puestos de trabajo o “liberados” que pretenden representar a los que han perdido sus puestos de trabajo mientras ellos la verdad y lo cierto es que poco han protestado excepto -y ya al final- aquella huelguita de opereta sin muchas ganas contra un Gobierno al que consideraban afín, al que empujaron a las peores decisiones e impidieron hacer a fondo las reformas necesarias.

Quizás la caricatura la comencemos a ver en los próximos meses cuando los responsables del desastre se presenten como salvadores. Bueno, ya lo han hecho en las elecciones con el palpable resultado conocido.

Porque ni España ni los españoles, aunque se crea lo contrario, estamos para ruidos ni milongas. Las gentes tienen mucho más asumido que los comités federales la realidad de lo que nos enfrentamos. Saben que viene un año horroroso, que puede ser aún peor que el que empieza a trasponer y que van a hacer falta muchos sacrificios y recortes.

Y lo que parece demostrado en sus votaciones es que están dispuestos a asumirlo, porque saben que solo con ellos, con prescindir de lo que no es estrictamente necesario, podrá salvarse lo fundamental, el verdadero y mínimo Estado de Bienestar que puede sostener esta sociedad cuyos pozo de ingresos se secan cada vez más, mientras que, por el contrario, la gente que los necesita aumenta de día en día.

La gente sabe la verdad y son los políticos los que deben decirla de una vez. Quizás eso es lo que más y primero se espere de Rajoy cuando le llegue la hora de ser presidente. Que aún quedan dos eternas semanas de interinidad.
ANTONIO PÉREZ HENARES

28 de noviembre de 2011

El PSOE ya no es nuestro problema

El Gobierno del PSOE, tras negarla, concluyó que la crisis se debía a todos, y a todo, menos a ellos mismos. Ahora, el PSOE, tras perder el Gobierno, los ayuntamientos y las autonomías, concluye que es la crisis la única culpable de su propia crisis de la que ellos siguen sin tener responsabilidad alguna.

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Ni Zapatero, ni su camarilla, ni los barones sin feudo, ni Rubalcaba y sus “efectos”, han sido capaces del mínimo esbozo de una critica, de más mínima asunción de culpabilidad alguna en la catástrofe. Por negar niegan hasta el hecho clamoroso de una campaña penosa por la que, ante el estupor general, se felicitan.

Su irresponsabilidad ante la crisis de España era enorme motivo de preocupación para todos porque a todos nos afectaba. Que ahora apliquen la misma técnica de ciega ocultación y huida ante lo que a ellos mismos les sucede puede empezar a no preocuparnos absolutamente nada. Esta es ahora su crisis y con su pan se la coman.

Otra conclusión es difícil de extraer ante lo sucedido este pasado fin de semana en su Comité Federal. Como ya sucediera tras el brutal fiasco de las elecciones locales, donde un sanedrín de derrotados se conjuró para que todo siguiera igual y ellos en sus puestos internos de donde la ciudadanía no puede desalojarles, ahora han optado por mantener el mismo avestrucismo anonadado y el mismo hÁbito de manada desnortada.

Nadie puede exigir a nadie una dimisión porque todos saben que debieran ante la brutal derrota compartida presentarla ellos también. Nunca tuvo mayor peso la cita evangélica de “quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”. Porque saben que ello sería una lapidación colectiva.

Pero su crisis es ahora suya y solo suya. Que patéticamente pretendan silbar todos antes que afrontar una realidad y la peor situación política, de poder y de liderazgo a la que se hayan visto abocados es algo que al conjunto de la sociedad, que tiene muchas urgencias y angustias que afrontar, solo puede llevarles a una todavía mayor desafección de quienes les confiaron alguna vez su voto o, incluso, lo han seguido confiando ahora.

Resulta inaudito ver a Rubalcaba como si lo acaecido fuera por obra y gracia de las perversas tinieblas exteriores y a los corifeos dándole tratamiento de sacrificado héroe. ¿Cuál debiera haber sido la magnitud de la hecatombe para que se sintiera concernido por ella?

Si Zapatero fue el gran artífice del brutal naufragio, ¿no es acaso él su piloto y el que quedó al mando del timón desde ya hace casi medio año? ¿Y qué puede aportar Carme Chacón excepto una zozobra aún mayor y, encima, añadiendo sus veleidades nacionalistas y confrontadoras cuando si algo requiere ahora España son conjunciones y unidades?

El paisaje después de la batalla no puede ser más desolador. Porque si ZP ha socarrado una generación entera, la vuelta al pasado de Rubalcaba ha arrastrado a la anterior. Amén de que sea don Alfredo el renovador eterno, lleva jugando con la copla para no dejar nunca el machito desde aquellos tiempos del guerrismo cuando ya se renovaron a sí mismos.

Pero es aún más desesperanzador el escenario cuando, en medio del desastre, nadie hace la más mínima señal de contrición ni parece capaz de lanzar ningún otro mensaje que el de la autoexculpación y el de su propia supervivencia.

Todo se fía a que, en breve, el rival triunfante se estrelle; a que la enconada situación económica y social destroce cualquier esperanza de futuro y entremos en tiempos de todavía mayor penuria y convulsión.

¿Y suponen que aunque así fuera y acabáramos en la peor de la sima iba a ser Rubalcaba el que visualizáramos como salvador? ¿Qué razón habría a no ser que -y no es descartable- perdiéramos cualquier memoria de lo pasado?

Pero no es ahora ese su presente inmediato. Ese es el de la intemperie fuera del poder donde ya les dijo Leguina que hacía "mucho frío". Ese es un partido de alcaldes sin vara y de virreyes sin palacio; es un Grupo Parlamentario de “ánimas del purgatorio”, de cadáveres políticos en travesía hacía ninguna parte y de ministros nostálgicos de coche oficial con o sin parada y fonda en gasolinera.

¿Qué oposición puede emerger desde ahí? ¿O lo van a basar todo a ser el eco de una calle encrespada -si es que la calle más allá de liberados sindicales quiere encresparse- y del 15-M y sus recetas antisistema? Por ahí me parece que les lleva ventaja Cayo Lara.

Pero en suma. Esta crisis ya es su crisis. Ya no es la nuestra. Es suya en exclusiva y, en el fondo, allá ellos en cómo la resuelvan o la pudran. En el fondo y en buena parte, han dejado de ser, en cierta manera y quizás por fortuna, nuestro problema.
ANTONIO PÉREZ HENARES

21 de noviembre de 2011

La mayor cuota de poder

El Partido Popular (PP) consiguió ayer, tras su abrumadora victoria en mayo pasado en las Elecciones Locales, un aplastante triunfo por mayoría absoluta en las Generales. Mariano Rajoy consigue con ellos los mejores resultados de la historia del PP y el punto álgido del poder del centro derecha tanto a escala local y autonómica y, ahora, estatal.

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Nunca, ni en la mejor época de Aznar, controló el PP más ayuntamientos y autonomías amén de disponer de una amplia mayoría absoluta en el Parlamento nacional. Y ello lo ha conseguido de la mano de un líder que hace muy poco era continuamente cuestionado tanto en sus propias filas como desde los estamentos mediáticos.

A Rajoy se le acusaba de carecer del empuje y del carisma necesarios, se le achacaba debilidad y complejos para ser un verdadero y contundente líder. Tras su primera derrota, acaecida en aquellos infaustos días de marzo de 2004 -y, sobre todo, tras sufrir la segunda en 2008-, se le quiso dar por amortizado y se lanzó contra él una espectacular riada de tinta y de palabras radiadas.

Y hubo un momento en que el calendario de elecciones parciales, particularmente las gallegas y vascas, parecieron tenerle contra las cuerdas. Aquella noche de marzo de 2009, cuando las encuestas a pie de urnas vaticinaban que su amigo y aliado Alberto Núñez Feijo no alcanzaba la mayoría absoluta y que los populares vascos sufrían un descalabro, su suerte les pareció echada a sus enemigos internos y externos. Pero esa misma noche, el PP lograba reconquistar Galicia y ser determinante para la gobernabilidad del País Vasco.

La suerte de Rajoy cambió aquel día. O mejor dicho, él se la había labrado para que todo girara de golpe aunque se le seguía acusando de que no despegara en intención de voto a pesar de la crisis económica que empezaba a morder ya muy duramente el ánimo de los españoles.

Pero los tres puntos de ventaja se convirtieron en siete y, luego, ya pasaron de los diez, cifra que quedó plasmada en hechos en las elecciones de mayo de este mismo año. Al inicio de la campaña retornó una cierta cantinela con la coral de fondo del efecto Rubalcaba.

Zapatero era quien hacía mutis por el foro y los suyos le trataban como a un leproso mientras que Rajoy emergía ya incuestionable ante los suyos. Lo que antes eran defectos ahora se clamoreaban como virtudes: prudencia, previsión y tranquilidad en medio de un mar de angustias económicas y sociales, con el paro en cinco millones y el país al borde de la intervención por quiebra de su deuda.

Cierto que ello, la crisis y el paro, han sido los factores esenciales y definitivos en el arrollador triunfo del PP y en la hecatombe socialista -que vive horas críticas y habrá de plantearse una auténtica refundación del propio partido tras el brutal desastre y la total pérdida de sus poderes y señas identitarias-.

Pero es también momento de recordar que Mariano Rajoy, el futuro presidente del Gobierno, ha sabido dirigir su barco y el del PP con mano serena y atravesar conspiraciones y zozobras. Algunos de los que anoche le aclamaban esperarán que el gallego no tenga memoria de aquello, que temen que sí, pero que al menos haya decidido no tenerlo en cuenta. Que sea generoso en su victoria, vamos.

Pero en realidad Rajoy no está en eso. Porque no puede estarlo. No puede ni siquiera pararse más de media hora en celebrar su victoria. Porque España está en la UVI. Porque es tan cierto que Rajoy acumula un poder que no ha tenido ningún gobernante en la historia democrática de España, ni González ni Aznar, con ese añadido municipal y autonómico, como que jamás nadie ha heredado un país en peor situación de catástrofe económica y social.

Hecatombe total

La hecatombe del PSOE es total. Sólo ha ganado en Barcelona y Sevilla. Ruibalcaba ha cosechado los peores resultados de toda la historia de la democracia. En 1977 obtuvieron 118 diputados; Almunia, en 2000, 125. Su poder territorial está deshecho. Y aún pueden perder Andalucia, donde el vuelco ha sido espectacular, o el Pais Vasco, donde los nacionalistas y ¡ay! los proetarras, han arrollado.

Tampoco Chacón puede decir apenas nada. Ha gando en Barcelona por la mínima pero en el conjunto de Cataluña ha sufrido una catástrofe y, por vez primera, ha sido superada en unas generales por CiU.

El PSOE, o se toma en serio una total regeneración, o puede entrar en un todavia más espantoso declive. Sus resultados son equiparables a aquel "techo" de Fraga en 1982 (107 diputados). Ha resucitado IU, con sus 11 escaños y ha emergido UPyD con sus cinco asientos (cuatro en Madrid, donde ha sacado asiento la periodista Irene Lozano, superando a IU), aunque no ha llegado por los pelos al 5 por ciento necesario para constituir Grupo Parlamentario propio.
ANTONIO PÉREZ HENARES