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6 de junio de 2019

  • 6.6.19
La cultura que encierra el refranero español es muy rica en sentencias, frases que aluden a una amplia gama de cuestiones en referencia a elementos atmosféricos, a animales y, por supuesto, a la persona y a la cultura o la religión. En la acumulación de sentencias sobre animales parece que está apareciendo una “nueva inquisición” sobre el tema que pretende cambiarlas o anularlas. Esto es materia para otro momento.



Perico el de los Palotes es una “persona indeterminada, un sujeto cualquiera”, según la RAE, tal como Fulano, Mengano o Zutano, pero aunque “no se sabe quién fue, debió existir”, según explica Pancracio Celdrán en su libro Inventario general de insultos. Entresaco algunos datos para presentarlo.

En el citado libro hay una amplia gama de datos, de frases cargadas de significado. En el caso del tal Perico, la explicación más corriente de esta frase hace referencia a alguien indeterminado, es decir a un sujeto cualquiera carente de importancia que incluso su identidad tampoco tiene significación especial. En términos muy simples diríamos que se trata de un chiquilicuatre cualquiera.

Perico más que tonto era bueno. Ser más tonto que el susodicho no resulta fácil ni tampoco difícil. En el siglo XVI se llamaba así a un bobo que tocaba el tambor con dos palotes, precediendo al pregonero y que se quedaba con los “cuartos” de ambos. No debió ser muy tonto, entonces. De todas formas, se dice que era un don nadie. Perico también hace referencia a un pájaro de América del Sur, fácil de domesticar.

Alguien se podrá preguntar a qué viene toda esta perorata. Todo a su tiempo. De entrada haré referencia a lo que me atreveré a llamar “feminismo del bueno”. ¿Razón? Estamos a caballo entre el siglo XIX y XX, cuando un grupo de “atrevidas mujeres” da la cara para conseguir toda una serie de derechos que hasta el momento les han sido negados.

Pero como la curiosidad es picante y revoltosa, busca que te buscarás y el susodicho aparecerá como seudónimo de una “mujer de bandera” que vivió a caballo entre el siglo XIX y XX. Es decir, nos referimos a una escritora que se camuflaba tras este y otros seudónimos. La etapa sociocultural no daba para muchas posibilidades en una sociedad en la que la mujer no contaba para nada, razón para ocultar la identidad.

Dicho Perico es el seudónimo de…, ¡ misterio! Indudablemente, este tipo de seudónimo puede llamarnos la atención o dejarnos fríos y pasamos olímpicamente de averiguar quién se esconde detrás del susodicho. Estamos ante un nuevo personaje que vale un potosí. La verdad es que el filón informativo de esta joya da para hacer una disertación mucho más amplia e informante del tal Perico que “sí existió” y era una mujer.

Tras este seudónimo se refugia Carmen de Burgos, también conocida por Colombine. Estamos ante una mujer periodista y corresponsal de guerra que, por necesidad, supo esconderse bastante bien tras diversos seudónimos. Tenía razones más que sobradas para ello. Además de ser mujer, era feminista y precursora del divorcio en España.

Estamos ante una “mujer de bandera”. Dichas mujeres de bandera son aquellas que, por excepcionales, dejan huella allá por donde pasan, que luchan contra viento y marea en unas circunstancias más bien adversas para ellas. Su gran atrevimiento como mujer le granjeó múltiples dificultades.

Vivimos en unas circunstancias sociales, religiosas, en las que las mujeres no podían ni mover un dedo sin la aprobación del hombre. Hasta tal punto el control era tan rígido que se podría afirmar que ni tan siquiera eran dueñas de sí mismas. Como “premio a su labor”, será la primera mujer que aparezca, años después de su muerte, en la lista de autores prohibidos por el franquismo. Ironías del destino.

Era una mujer (1867-1932), andaluza para más señas, que nace en Rodalquilar, Almería. Su nombre de pila era Carmen de Burgos, más conocida por “Colombine”, uno de sus seudónimos. Se casó muy joven con el periodista Arturo Álvarez, del que se divorciará porque el matrimonio no funcionaba. Un divorcio en tales años era todo un desacato.

Un buen día coge sus trastos y se marcha a vivir a Madrid acompañada de su hija. Tiempo después conoce a Ramón Gómez de la Serna (once años más joven) con quien colaborará e iniciará una larga relación amorosa a partir de 1909.

Periodista, escritora, traductora y activista de los derechos de la mujer, fue una de las primeras corresponsales de guerra a nivel internacional y la primera española en ejercer este oficio. La cantidad de artículos de prensa escritos por ella es abultada.

Colombine firma también con seudónimos como “Gabriel Luna”, “Perico el de los Palotes”, “Raquel”, “Honorine” o “Marianela” y algún otro más. Fue redactora del Diario Universal de Madrid entre otros y la primera periodista profesional en España. También está considerada como la primera corresponsal de guerra.

Perteneció al grupo de escritores de la Generación del 98, aunque es citada como muy de pasada. Ser mujer, divorciada y destacar intelectual y activamente era una dicotomía difícil de asumir por aquellas fechas.

Vive en un tiempo que rechaza y desprestigia el trabajo intelectual de la mujer, máxime estando divorciada. Ello le obliga a firmar sus trabajos con distintos seudónimos como el de Perico el de los Palotes, que lo utilizó durante más de cinco años. Estamos ante una mujer valiente y muy adelantada a su época.

Activista fecunda, a partir de 1906 inicia una campaña a favor del sufragio femenino con una columna titulada El voto de la mujer. Mantiene tertulia literaria con diversos escritores del momento e interviene en el nacimiento de la Revista Crítica, de la que llegaron a salir seis números. Con la llegada al Gobierno del conservador Maura, la destinaron a Toledo para quitársela de en medio. Adelanto de lo que vendrá después.

En un momento en el que las mujeres no podían hacer nada sin la aprobación de un hombre, ella consiguió romper barreras tanto sociales como profesionales. Viajó al extranjero por razones de trabajo. En el libro Por Europa deja un amplio relato de su viaje por el Viejo Continente.

Su producción literaria es amplia. Escribió más de 100 novelas cortas y una docena de largas, ensayos, traducciones de algunos autores extranjeros, unos 10.000 artículos de prensa. Algún libro: El divorcio en España, Cuentos de Colombine.

A lo largo de su nueva vida en la capital se rodeó de la élite intelectual de la época y escribió numerosos artículos de prensa, entre ellos para el diario El Heraldo de Madrid. Se relaciona con Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós, Blasco Ibáñez, Joaquín Sorolla, Julio Romero de Torres, Gregorio Marañón, Juan Ramón Jiménez… entre otros muchos.

Si Carmen de Burgos es importante por su constante lucha en pro de los derechos de la mujer, por su insólito trabajo en una sociedad que se opone a que una fémina realice labores consideradas exclusivas del hombre y si había que esconder la identidad en sinónimos despersonalizados, ella no se rindió. Hay que descubrirse ante tanta bravura.

Pero la batalla parece perdida, pues tras la “guerra incivil” fue enterrada y por tanto silenciada, en las catacumbas del olvido. Su figura, su obra y su actitud y legado quedó olvidado por el franquismo. Sus adversarios le ganaron la partida después de muerta. “Es la primera mujer que engrosa la lista de autores prohibidos por el franquismo”.

En la biografía escrita por Concepción Núñez Rey, defiende a la almeriense como “modelo del feminismo combativo y racional, adelantada a su tiempo, aventurera, periodista, escritora, corresponsal de guerra y valiente intelectual implicada en la política y cultura de la España de principios del siglo XX”. ¿Hay quién dé más?

En la actualidad, cuando hablamos de “una mujer de bandera”, estamos haciendo referencia a mujeres que, a lo largo de la historia, han marcado un hito, que escribieron en mayúscula su paso por la historia de nuestra cultura occidental y, sobre todo, han intervenido significativamente desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

PEPE CANTILLO


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