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7 de septiembre de 2018

  • 7.9.18
La posibilidad de pedir un préstamo nos abre muchas puertas en el mundo de hoy. En este artículo reflexionamos de forma teórica qué debemos tener en cuenta según el objetivo para el que pidamos el préstamo.



Según el portal financiero Matchbanker, una de las claves a la hora de decidir si pedir un préstamo, es la finalidad para la que se va a usar el dinero. En general se distingue entre tres tipos:

a. Necesidad
b. Oportunidad
c. Ocio

Los préstamos por necesidad son aquellos que se piden porque hay que pagar algún gasto y simplemente no se tiene efectivo para hacerlo. Los préstamos de oportunidad son aquellos que se piden porque con el dinero del préstamo se va a conseguir producir un beneficio. Los préstamos de ocio son aquellos que se piden para darnos un capricho.

La cautela con la que hay que tratar los préstamos es similar en los tres casos, pero se deben evaluar de diferente manera.

En los préstamos por necesidad y para ocio, lo importante es asegurarse de que se va a poder devolver el dinero y no se va a cometer un impago. Lo más recomendable es hacer cuentas de forma seria en un papel o en el ordenador. Con un listado de ingresos y gastos exhaustivo veremos que margen hay entre ambos y sabremos cuánto dinero podemos destinar a devolver un préstamo. Si no salen las cuentas, pedir un préstamo no solo no solucionará el problema, sino que lo empeorará en el largo plazo.

En los préstamos de oportunidad además de nuestros ingresos y gastos tenemos que tener en cuenta el beneficio y riesgo potenciales. En este caso la idea es estimar la probabilidad de que nuestro proyecto salga bien y cuáles serán los beneficios. Por ejemplo, si se trata de una inversión estimar la probabilidad de que la misma nos ofrezca ganancias. Con ello podemos calcular la esperanza de la operación. Un ejemplo básico sería una inversión de 100 unidades que ofrezca un 10 % de rentabilidad, pero con un 5 % de probabilidad de que perdamos un 20 %. La esperanza de esta inversión es (100 unidades invertidas x 0,10 rentabilidad x 0,95 probabilidad de que salga bien) + (100 unidades invertidas x [-0,20] pérdida x 0,05 probabilidad de que salga mal) = + 8,5 > 0. El resultado es positivo, por lo que la inversión merece la pena.

Ahora tenemos que tener en cuenta los intereses del préstamo. Si estos son, por ejemplo, un 6 %, tendríamos que pagar un 6 % de 100 = 6. Como la esperanza de nuestra operación es de 8,5 si restamos 6 del coste del préstamo, todavía ganaríamos 2,5. Sigue mereciendo la pena.

Pero ahora tenemos que tener en cuenta lo mismo que hicimos en los préstamos por necesidad. ¿Podemos afrontar el pago del préstamo? Está claro que si la inversión sale bien, sí que podremos, pero debemos calcularlo para el caso de que no sea así. Si la cosa no va bien, de nuestro préstamo de 100, nos quedarían 80, porque el 20 % lo perdimos en la inversión. Además, tendríamos que pagar los intereses (6), así que realmente es como si nos quedaran 74. Por tanto tenemos que ver si con la diferencia entre nuestros ingresos y gastos regulares, podríamos afrontar un gasto extra de 74 unidades.

El gran problema de toda esta teoría, es que es realmente difícil estimar con exactitud las probabilidades de que las inversiones salgan bien o mal y, en algunos casos, incluso de estimar los beneficios. Por ejemplo, un préstamo para estudios es una inversión, pero ¿cómo estimar los beneficios de la misma? Es realmente complicado. No obstante, conocer la teoría siempre ayuda a tener un mejor enfoque de las finanzas.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL


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