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21 de julio de 2018

  • 21.7.18
En la investigación llevada a cabo para estudiar los roles o actividades en el seno de la familia, tomando el dibujo como medio de esa investigación, y con la propuesta de “Dibuja a una familia haciendo cosas en la casa”, necesariamente deberían aparecer dibujos de niños o de niñas cuyos padres se habían separado, encontrándose con la dificultad de tener que decidir en cuál de las casas había que representar la escena.



Pero no era solamente la decisión de la casa que habría de tomarse como referencia de la escena que se debía plasmar, sino también de si se dibujaban con su padre o con su madre. Esta complicada situación no la tenían que afrontar aquellos escolares cuyos padres vivían de modo estable con ellos, sin que los normales problemas de pareja les hubieran conducido a tomar la difícil determinación de romper el vínculo conyugal, en caso de estar casados, o la convivencia, si eran parejas de hecho.

Para que comprendamos que la separación implica que hijos o hijas tienen que adaptarse emocionalmente a una nueva vida, he seleccionado como ilustración de este trabajo el dibujo de un chico de 12 años que se encontraba en sexto curso de Primaria.

Como puede apreciarse más arriba, se dibuja solo con su padre, sin que presenten ninguna actividad. Es más, él le tiende la mano; en cambio, su padre las tiene metidas dentro de los bolsillos, como manifestación de frialdad y distanciamiento emocional con respecto a su hijo.

Con el fin de que veamos cómo resuelven los escolares de padres separados o divorciados la propuesta que se les hizo en clase y en el horario de Plástica, he seleccionado siete dibujos, aparte del empleado para la portada, que pueden servirnos de ejemplos.



El primero de los dibujos corresponde a un niño de 8 años, que vive con su madre, pues, tras la separación de sus padres, se le concedió a ella la custodia, por lo que pasa la mayor parte de su tiempo con la propia madre, ya que al padre lo ve cada quince días.

Como puede apreciarse, representa a su madre sola en la cocina preparando la comida, al tiempo que le echa de comer a los peces que tiene de mascotas. Un breve texto escrito del propio autor nos aclara: “Yo estoy en el cole”. Con ello, y ante la propuesta que se les hizo en la clase, expresa que no se ve implicado en ninguna actividad dentro de la casa, aparte de sentirse incómodo en la nueva situación familiar, puesto que prefiere no dibujarse.



De manera general, tal como hemos visto en los artículos anteriores, a las niñas se las educa implicándolas en la participación de las tareas de la casa. Es lo que manifiesta esta niña de 7 años cuyos padres se han separado, por lo que acude a una representación habitual de los propios escolares para estos casos: divide la lámina en dos partes, de modo que ambas representan los dos espacios en los que tiene que vivir.

Así, en la izquierda, vemos al padre que, estando solo, limpia su casa con un plumero; mientras que, en el lado derecho, se dibuja con su madre en la cocina. Es un modo de expresar que tanto su padre como su madre se responsabilizan de las actividades domésticas, cada uno en su domicilio, dado que tienen la custodia compartida de su hija.



Tras el análisis de los dibujos en los casos de separación, compruebo que suele ser más contundente quien tiene asignada la custodia en que tanto las hijas como los hijos ayuden en el trabajo de la casa, puesto que las responsabilidades se acumulan.

Es lo que manifiesta gráficamente este chico de 10 años, quien, al tener que expresar los roles o actividades en la familia, inicialmente se dibuja a sí mismo con una escoba; posteriormente, pasa a representar a su madre también barriendo; cierra con el dibujo de su hermana mayor que, al lado de ellos, friega los platos. Como puede apreciarse, el autor ha asimilado perfectamente que debe colaborar en el trabajo de la casa, dado que no es tarea exclusiva de su madre y de su hermana.



La crisis económica ha conducido a situaciones personales y familiares complicadas, de modo que hay parejas que habiendo decidido separarse tienen necesariamente que continuar bajo el mismo techo, dado que no pueden asumir los gastos que conlleva una nueva casa o porque no desean regresar a la de los padres.

Es lo que les sucede a los padres de esta niña de 10 años que se encuentran legalmente separados, pero que siguen viviendo en la misma casa. La autora, para explicar gráficamente la situación familiar, nos muestra una especie de sección de la casa con el fin de que puedan verse las habitaciones, de modo que ella se dibuja con su madre comiendo, mientras que su padre se encuentra en otro espacio distinto fregando los platos, al tiempo que su hermano lo representa en la parte superior en un dormitorio. En este caso, la necesidad aprieta, y el padre asume que tiene que trabajar también en la casa.



En esta investigación que estamos analizando, hemos visto que, con cierta frecuencia, las hijas de padres separados o divorciados acaban dibujándose solo con su madre (en ocasiones, junto a otros familiares), pero sin la representación de la figura paterna. Esto se debe a dos aspectos: por un lado, lógicamente ellas se sienten emocionalmente más cercanas a sus madres y, por otro, la relación con los padres es más de tipo funcional, dado que estos no les piden a sus hijas que les ayuden en la casa en los días que se encuentran con ellos.

A partir de esta situación, puede comprenderse el dibujo de esta chica de 11 años que se dibuja a sí misma, con su madre y sus abuelas materna y paterna, portando una escoba, como expresión de que las ayuda en las tareas del hogar. De todos modos, puede comprobarse que las cuatro realizan actividades, sin que ninguna se excluya.



En la línea descrita en la escena anterior, se encuentra también el dibujo de esta otra chica de 11 años, que estudiaba sexto curso de Primaria cuando realizó el dibujo en la clase. La escena que plasmó ante la propuesta de “Dibuja una familia haciendo cosas en la casa” es muy sencilla, pues aparece la propia autora con su madre limpiando la casa, tal como nos expresa en el propio título, “Fregando”, que ha incorporado en la parte superior de la lámina, como si fuera un hecho natural trabajar dentro de la casa.

A su lado se encuentra su madre, que friega los platos. Su padre, al igual que en otros casos de separación o divorcio, no aparece, pues no lo integra dentro de las responsabilidades o roles que se suelen llevar en la casa.



Cierro este recorrido con otro dibujo que da lugar a la constatación de lo que he apuntado anteriormente: en las separaciones, las niñas se involucran con bastante responsabilidad en las tareas o trabajos domésticos. En este último dibujo, como vemos, la autora de 10 años se ha representado con su madre, ambas sentadas en la mesa preparadas para comer.

Si comparamos este dibujo con el de la portada, comprobamos que, en las separaciones, las chicas se sienten emocionalmente más próximas a sus madres que los chicos con los padres, ya que estos últimos parece que pierden en alguna medida la referencia de su identidad masculina.

* * *

Una vez concluidos los análisis de los dibujos, hemos de tener en cuenta que no estamos hablando de familias minoritarias, dado que la cifra anual de separaciones y divorcios en nuestro país ronda la de 120.000, de lo que se deduce que, actualmente, un tercio de los matrimonios acaban en separación y todo ello sin contar con los que se producen en parejas de hecho que no entran en esa cantidad al no estar registradas.

Por otro lado, tras el recorrido de los ocho dibujos presentados (si incluimos el de la portada), podemos comprobar que, en los casos de separación o divorcio de los padres, los hijos y, especialmente, las hijas asumen que tienen necesariamente que participar en las tareas de la casa, dado que las madres no pueden llevar solas tanto trabajo como se les acumula. Paradójicamente, el conflicto familiar introduce un cambio que no estaba previsto en la situación anterior: el que dentro de la casa, todos, de un modo u otro, deben participar.

AURELIANO SÁINZ


DEPORTES - MONTILLA DIGITAL



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