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5 de junio de 2018

  • 5.6.18
El monstruo de las toallitas existe. La empresa mixta Aguas de Montilla, a través de diferentes medios, lleva meses concienciando a los ciudadanos de su existencia y de los peligros que entraña la práctica de arrojar este tipo de residuos al inodoro, en lugar de hacerlo a las papeleras.



Con motivo del 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, la empresa de aguas de la localidad quiere hacer hincapié en esta problemática, cada vez más extendida en los desagües y en las alcantarillas de los núcleos urbanos. Una realidad que, además de suponer un problema para las propias comunidades de vecinos, puede llegar a entorpecer y obstruir las infraestructuras de recogida de aguas residuales como estaciones de bombeo o las propias estaciones de aguas residuales o depuradoras.

A pesar de muchas de las indicaciones de los envases, las toallitas higiénicas no se descomponen tras tirarlas al váter o por el desagüe. Tardan más de 600 años en hacerlo. Por el camino, estos desperdicios arrasan con las tuberías de las redes de saneamiento, atascándolas. Todo ello pasa factura al medio ambiente y a los ciudadanos. No en vano, el coste solo en Montilla se estima en más de 35.000 euros al año. Sin embargo, con una serie de claves se puede entender esta problemática y dar con las posibles soluciones.

¿De qué están hechas las toallitas?

A pesar de lo indicado en los envases, este tipo de residuos no debe tirarse al váter, ya que no son biodegradables y la naturaleza tarda cientos de años en deshacerse de ellos. Entre sus componentes están el algodón, el poliéster y una mezcla de productos químicos que impiden que las toallitas se diluyan cuando entran en contacto con el agua de la red de saneamiento. Por este motivo, llegan con su forma originaria en su paso por las tuberías y las estaciones de bombeo que llevan las aguas fecales hasta la depuradora.

¿Dónde van las toallitas?

A diario, los trabajadores de Aguas de Montilla se encuentran con problemas de atascos en el alcantarillado de la ciudad, con consecuencias de diversa importancia para todos los vecinos, tanto por el desagradable olor que generan como por el coste, las incomodidades y las dificultades en el correcto funcionamiento del servicio.



El sistema de desagüe que recorre toda la ciudad se inicia en cada hogar y va a unirse con el del resto de los vecinos de la comunidad de propietarios. Desde el bloque de viviendas, pasa a unos colectores generales que recorren el subsuelo de las calles, y que llevan estas toallitas junto con las aguas fecales hasta distintas estaciones de bombeo que las impulsan hasta la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR), donde son tratadas para su devolución al medio de forma depurada. Concretamente, en Montilla hay actualmente seis estaciones de bombeo distribuidas por el subsuelo de la ciudad y la red de alcantarillado cuenta con una longitud total superior a los 80 kilómetros.

Un correcto uso de los sistemas de desagüe de un hogar no provocaría problemas de relevancia; pero a menudo –por desconocimiento o descuido– arrojamos a los desagües de nuestras casas elementos que pueden provocar grandes atascos, como por ejemplo toallitas e, incluso, aceites y grasa que, mezclados con los productos químicos de los detergentes, se solidifican formando grandes tapones.

Estas obstrucciones se producen, principalmente, en los bloques de pisos y son los propios vecinos los que tienen que solucionar el problema y costear su arreglo, al pertenecer estas tuberías a la propia comunidad de vecinos.

En Montilla, cada semana se registra alguna intervención en diferentes puntos de la ciudad y bombeos, lo que supone más de un centenar de intervenciones al año. El coste medio de cada una de estas intervenciones para arreglar los atascos es de unos 350 euros, es decir unos 35.000 euros al año, suponiendo un alto coste a los vecinos que podría ser evitable.

También se producen atascos en la red de alcantarillado general. A menudo, las estaciones de bombeo quedan bloqueadas por una inmensa acumulación de toallitas húmedas, bastoncillos de los oídos y otros elementos no biodegradables. Aguas de Montilla emplea equipos técnicos que trabajan a diario por un correcto mantenimiento del alcantarillado, así como a la subsanación de los problemas derivados por los tapones.

¿Qué podemos hacer para evitar estos monstruos?

Además del correcto mantenimiento de la red de alcantarillado, el compromiso de cada vecino es fundamental para evitar este daño al medio ambiente. Solo hay que seguir unas simples recomendaciones que recordamos a continuación.

En primer lugar, se deben utilizar papeleras en los baños para tirar en ellas los residuos sólidos –toallitas húmedas, bastoncillos, tampones, compresas, pañales...– que no se disuelven en el agua. El incremento del uso de las toallitas se está convirtiendo en un auténtico problema y en la principal causa de atascos y mal funcionamiento de las infraestructuras de saneamientos. Este uso, unido al resto de residuos, crean verdaderos “monstruos” de residuos en el subsuelo de la ciudad.



Además de los residuos sólidos, un uso muy generalizado es tirar el aceite usado por el fregadero o el inodoro. El aceite se une a la sosa cáustica que contienen los jabones de las lavadoras y se produce una reacción entre aceite y sosa que termina creando tapones de jabón en las tuberías. Con el tiempo, estos tapones se endurecen y se hace imposible el paso del agua, con el consecuente atasco.

La concienciación y la sensibilización de los vecinos es fundamental para evitar esta problemática, para concienciar sobre la importancia de cumplir estas simples normas que supondrán un beneficio para todos los vecinos, un ahorro económico y, principalmente, una mejora del medio ambiente.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR


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