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18 de marzo de 2018

  • 18.3.18
17 de marzo. Una fecha especialmente significativa para los integrantes de la Centuria Romana Munda. Y no solo porque anoche celebraran la vigésimo sexta edición de su Sentencia a Jesús, que pasa por ser uno de los actos principales de la Semana Santa de la provincia, sino porque, además, se conmemoraba el 2.063.º aniversario de la mítica batalla que enfrentó en el año 45 a.C. a los hijos de Cneo Pompeyo Magno y a Julio César en Los Llanos de Vanda, un paraje que numerosos autores sitúan en las cercanías de la actual Montilla, en la Baetica romana.



El colectivo que vuelve a presidir Rafael Ramírez contó para la ocasión con una sentenciadora de excepción: la jurista segoviana Consuelo Madrigal, fiscal de Sala del Tribunal Supremo y primera mujer en ocupar la Fiscalía General del Estado, cargo que desempeñó entre enero de 2015 y noviembre de 2016.

Presentada por el jurista pacense Antonio Narváez Rodríguez, magistrado del Tribunal Constitucional –que el pasado año protagonizó este mismo acto–, Consuelo Madrigal asumió el fallo condenatorio a Jesús “con temor y temblor” en un abarrotado Salón Municipal San Juan de Dios, a donde acudieron representantes del Derecho y de la Judicatura de toda España, junto a autoridades y representantes de colectivos montillanos.

La sentenciadora inició su alocución elogiando el interés de la Centuria Romana Munda por “recuperar el momento en que se decidió la suerte del Señor y de actualizar con perspectiva jurídica nuestra participación en aquella decisión”. En ese sentido, Madrigal defendió que “las gentes de Montilla demuestran tener temperamento artístico”, esto es, “la capacidad de ver el mundo tan poético y tan elevado como obviamente es”.



Antes de ofrecer la fundamentación de su sentencia, la ex fiscal general del Estado se detuvo en los antecedentes fácticos y jurídicos que confluyeron en la condena a Jesús. Citando a autores como Nietzsche, Zygmunt Bauman o Dostoyevski, Consuelo Madrigal sostuvo anoche que “más allá de los milagros y de la originalidad y la provocación de su mensaje, más que su humilde nacimiento en un establo y su ominosa muerte en la cruz, la inmensa influencia personal de Cristo en sus discípulos irradia realidad y atractivo”.

En ese sentido, defendió que Jesús de Nazaret, como el Mesías prometido que esperaban los judíos, “vino para los afligidos” y, aunque “habló de los pecados y los perdonó”, su mirada “no se centró en los pecados sino en el sufrimiento de los hombres”.

Con respecto al momento de la acusación, la sentenciadora se mostró convencida de que “fue la autoaplicación de la Sagrada Escritura a su propia persona, la serena afirmación de un carácter divino. lo que sonó a blasfemia insoportable y a vestiduras rasgadas, mientras afuera, en el patio, muy cerca, Pedro negaba tres veces”.

“A partir de ese momento toma cuerpo jurídico la acusación capital de blasfemia”, señaló Madrigal, quien recordó que Jesús sería entregado posteriormente al escarnio de los criados y trasladado como reo de muerte ante Pilatos por haberse declarado Rey de los Judíos.



Con todo, uno de los momentos más llamativos de la Sentencia a Jesús llegó con las cuestiones previas, que le valieron a Madrigal para afirmar que, a día de hoy, “el cúmulo de irregularidades e infracciones” que se cometieron durante el proceso a Jesús hubieran invalidado todo el acto.

“Es muy evidente que el proceso está teñido de irregularidades e infracciones de la ley hebraica y del Derecho Roman”, recalcó la jurista segoviana, quien recordó que el Sanedrín se reunió en tiempo de Pascua, en contra de sus propias normas, además de acopiar testigos falsos y contradictorios.

“No se ofrecieron testimonios de descargo ni posibilidad de solicitarlos, algo que llama la atención porque en el Sanedrín había hombres honestos, como Gamaliel, y amigos de Jesús, como Nicodemo o José de Arimatea”, apuntó la sentenciadora, quien añadió que “al responder a una pregunta del juez, el acusado fue abofeteado” y que la decisión del Sanedrín no se sometió a votación.

“Además, el objeto de acusación ante el Pretorio no estaba tipificado como delito en el Derecho Romano y se inició la ejecución con la flagelación, antes de pronunciarse la sentencia, toda vez que se modificó sobre la marcha el título de imputación que pasó de blasfemia, no tipificada en el Derecho Romano, a conspiración contra el César, delito no castigado con crucifixión, ni necesariamente con la muerte”, argumentó.



Después de dar lectura a su sentencia en el Salón Municipal San Juan de Dios, Consuelo Madrigal –acompañada del alcalde de Montilla, Rafael Llamas, y de los promotores del acto, Francisco Criado y Rafael Ramírez– fue escoltada por los integrantes de la Centuria Romana Munda hasta la parroquia de Santiago Apóstol, donde se reprodujo el Pretorio romano y en el que se ritualizó el final del acto.

Ante el centenario Ecce Homo de Juan de Mesa El Mozo –que, desde 1992, viene protagonizando este popular acto–, la ex fiscal general del Estado procedió a la lectura del fallo decretado por el gobernador romano Poncio Pilato, mediante el que se condena a Cristo a ser azotado y a morir en la cruz.

"Todo lo que está mal en el mundo te condena y yo también. Te pido perdón. Y al menos hoy, aquí, ante el altar mayor de la Iglesia de Santiago en Montilla y ante tu imagen de varón de dolores, esta condena es una oración", concluyó la sentenciadora en el templo de La Escuchuela.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
REPORTAJE GRÁFICO: JOSÉ ANTONIO AGUILAR


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