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6 de noviembre de 2017

  • 6.11.17
Periodista, fotógrafa y escritora, Cristina Morató ha recorrido el mundo realizando reportajes en América Latina, Asia, África y Oriente Medio. Durante años alternó sus viajes con la dirección de programas televisivos y colaboraciones en radio y prensa. Es miembro fundador de la Sociedad Geográfica Española y miembro de la Royal Geographic Society de Londres. Ahora publica Lola Montes, novela sobre la falsa española que quiso ser reina.



—‘Divina Lola’ cuenta la historia de la irlandesa Elisabeth Gilbert, que triunfó en el mundo haciéndose pasar por bailarina andaluza. ¿Cómo surgió la idea del libro?

—La idea del libro surgió porque tengo debilidad por las mujeres viajeras y aventureras. Todos mis libros están dedicados a mujeres rebeldes y poco convencionales. Descubrí a Lola Montes cuando escribí mi primer libro, el de Viajeras intrépidas y aventureras. Descubrí que una tal Lola Montes cruzaba el istmo de Panamá a lomo de mula en 1853. Y pensé: “Vaya mujer. Merece investigar”.

—Lola Montes recorría el mundo huyendo de su pasado. ¿Qué dejaba atrás?

—A los 20 años, ya se había divorciado de su primer marido y es una mujer marcada por este motivo en aquella puritana Inglaterra victoriana. Y a los 20 años es cuando ella se crea este personaje de Lola Montes porque no tiene dinero y necesita sobrevivir.

—Actuaba en los mejores teatros para atraer a hombres nobles. Entre otros, a Franz Liszt. Pero sobre todo a Luis I de Baviera.

—Si estamos hablando de Lola, no es porque fuera una buena bailarina de flamenco, sino porque enamoró locamente al rey Luis I hasta tal punto que el rey tuvo que abdicar por ello, por su amor, y digamos que esta falsa andaluza cambió la historia de este reino.

—Luis I la convirtió en condesa, pero ella en realidad aspiraba a ser reina.

—El problema es que no se conformó con ser una cortesana al uso, sino que era una mujer muy ambiciosa y ansiaba más poder. Y lo que ocurrió es que en lugar de conformarse con el título de condesa, con los regalos que el rey le hacía, ella empezó a interferir en los asuntos de Estado y, bueno, finalmente comenzó a circular por Europa la leyenda de que era la reina en la sombra en Baviera. Y eso selló su destino.

—Dice que los hombres eran su salvoconducto en un mundo en el que la mujer siempre queda en un segundo plano.

—Era su salvoconducto. Estamos hablando de una época donde por ser artista, como era ella, ya eran mujeres tachadas de inmorales. Eran mujeres que tenían unos salarios muy miserables, que no le daban para vivir. Y casi todas las artistas necesitaban protectores, hombres que pagaran sus facturas. Y Lola no fue una excepción.

—Además, escribió el primer libro de belleza de la historia, que además fue un 'best-seller'.

—Esta es una de las curiosidades. Siempre cuidó mucho su imagen porque vivió de ella. Además era una mujer muy bella. Y en 1849 publica un libro titulado Las artes de la belleza o consejo de tocada de Madame Lola Montes. Para que se haga una idea del éxito que tuvo, la primera edición vendió 70.000 ejemplares. Estamos hablando del primer libro de belleza de la historia y yo creo que escribió uno de los primeros best-sellers de la historia también.

—No tenía dotes para la danza pero triunfó. Su figura se mueve hoy entre la historia y la leyenda. ¿Qué no sabemos de ella o qué se dice que no es real?

—Yo creo que, hasta que he publicado este libro, la idea que se tenía sobre todo era de una femme fatal que era capaz de cautivar con sus encantos a los hombres y llevarlos a la perdición, en la línea de otras femmes fatales como Mata Hari o Bella Otero. Espero que quien lea Divina Lola descubra las luces y las sombras de una mujer que lo que sí fue es una de las mujeres más conocidas del siglo XIX.

—La etapa que más atrae de ella es la de pionera en el lejano Oeste en plena fiebre del oro.

—Es la etapa que más me gusta porque estamos hablando de una mujer sola que llega a Nueva York en 1850 y de una mujer que pasa de actuar en los mejores palacios de Europa a actuar en lugares muy modestos y para los rudos mineros. En este sentido, me han sorprendido descubrir también que fue una auténtica pionera en el lejano Oeste.

—Le gustaba mentir. Decía que había nacido en Sevilla. En 1849 visitó Barcelona, Valencia, Alicante, Málaga y residió un tiempo en Cádiz. ¿Pero nunca visitó Sevilla?

—A ella, cuando le preguntaban, siempre decía que había nacido en Sevilla en el seno de una familia de rancio abolengo de la ciudad. Y que su padre había muerto, era un héroe, en las guerras carlistas. Yo no sé si Lola llegó a pisar Sevilla. Yo creo que sí, porque me resulta imposible que engañara a todos haciéndose pasar por sevillana sin haber estado en la ciudad. Pero no he podido comprobarlo.



—Ha reconstruido su figura con documentos inéditos de la Universidad de Berkeley y la correspondencia con Luis I de Baviera. ¿Cómo muestran las cartas a estos dos amantes?

—Las cartas reflejan a un anciano monarca enamorado locamente de una muchacha de 24 años que le resulta cautivadora porque él era un enamorado de España y Luis, sin duda, era puro fuego y pasión.

—Conoció a Alejandro Dumas, Honoré de Balzac o George Sand. ¿Solo se sabe eso?

—Se sabe que los conoció. Yo creo que a lo mejor pudo tener alguna relación con Alejandro Dumas padre, porque era un hombre muy conquistador. Lo más interesante es que pudo llegar a otra mujer extraordinaria, George Sand, que la llegó a bautizar como La leona de París.

—Dice usted que no hubiera pasado a la historia si no hubiera tenido ese romance escandaloso con Luis I. ¿El resto de su biografía no está a la altura?

—Si Lola no hubiera sido durante dos años la amante de Luis I y si no hubiera estallado una revolución motivada por este romance que fue un escándalo en su época y provocó el estallido de la revolución de 1848, obligando al rey a abdicar en su hijo, la figura de Lola hubiera pasado totalmente desapercibida y hubiera sido una cortesana más, como otras cortesanas célebres.

—No tuvo amigas. Seductora y hermosa. Se casó tres veces. Tuvo una larga lista de amantes. Sin tener aptitudes triunfó en teatros de medio mundo. Pero, ¿por qué bailarina andaluza?

—Porque estamos hablando del siglo XIX. Cuando ella llega a Londres, están muy de moda las danzas españolas que, en realidad, eran flamenco, boleros, cachuchas. Ella se aprovechó del éxito que tenían estos bailes flamencos en aquella época y, sobre todo, que ella físicamente, como parecía española, debutó y se presentó en los teatros europeos como genuina andaluza, interpretando estas danzas.

—Fue la primera ‘celebrity’ de la historia.

—Fue la primera celebrity de la historia y la mujer que más portadas protagonizó en el siglo XIX, junto a la reina Victoria.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍAS: ELISA ARROYO


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