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12 de abril de 2017

  • 12.4.17
Todos nosotros –españoles, andaluces– nos llevamos la peor parte en la fanfarronería de unos gringos que no están precisamente por la labor de la paz en el mundo, y que viendo que el asunto de las nueces y los guisantes impuestos a nivel de compras de obligado cumplimiento no genera los dividendos rápidos y eficaces de un misil, necesitan de países de la tipología de España para parasitarlo.



Y si este país salta hecho pedazos por causa y culpa de ellos y la ñoñería y blandura nacional española del tipo de criada a sueldo sin derecho ni a paseo por el parque, son daños colaterales que genera una base, la de Rota, un avispero, un zulo armamentístico, desconocido, totalmente descontrolado para España y Europa.

De nunca me tragué el asunto de que los gringos sean aliados nuestros. De nunca me tragué aquello de que salvaron del nazismo a Europa, porque en la medida que vamos avanzando en el conocimiento de lo que realmente pasó en aquellos desastres que fueron la Primera y la Segunda Guerra Mundial, las cosas llevan otro orden muy diferente al que una propaganda machacona ha querido dejar anotada para la crónica nacional cristiana, que con tanta habilidad controlan ellos, aunque sean de mayoría cristiana protestante, pero que se llevan a partir un piñón con el Vaticano.

España, ni la de ahora ni la franquista, nunca ha estado al mismo nivel, ni guardando las distancias con los USA. Los USA, desde el minuto cero, y eso que deben su independencia en gran medida a la inteligente diplomacia exterior española de toda la vida, han tratado a España, y lo siguen haciendo, como trata nuestra sociedad a un mendigo que está pidiendo en la puerta de una iglesia.

Si España se pegó la panzá de hambre que se pegó por su mala cabeza, guerra civil para un aparte por el momento, no es para que después te vengan a decir que se nos acaban todos los problemas con la amistad gringa. Y, en realidad, lo que nos costaba una unidad, ellos nos lo cobran siempre, como muy poco, al doble, y, encima, propaganda y publicidad propia dejada de lado, había que sacar bandericas de bienvenida a una nación que desde que erigió como tal lo único que ha hecho y está haciendo es joder abiertamente a España y retrasarla con cargas militares y de armamento monstruoso, con los códigos de barras caducados, sabiendo los gringos de antemano que en España el elemento natural que más abunda, por encima de la calcita, es el elemento corrupto.

La base naval o de lo que sea de Rota, un lugar que estremece cuando uno piensa lo que puede haber allí dentro mientras nuestras políticos de siempre han presumido de jugarse hasta los calzoncillos si hace falta por mantener integra al completo la soberanía nacional, parece un chiste, huele todo a chiste de mal gusto, cuando te dicen que Rota es un renglón aparte; que no, que la soberanía española no está mancillada con lo de Rota, sino todo lo contrario, potenciada en igualdad de países soberanos.

Rota, dicen, es una colmena de rica miel donde los inteligentes y patrios diplomáticos y políticos españoles han jugado con mucha inteligencia, y han ganado, como siempre, al imperio gringo. Y si los tenemos allí en Andalucía es porque les sacamos económicamente las mantecas. Y gracias a su inculta brutalidad infantil los estamos pelando a dólares. Y el que no se lo crea, da igual.

La única experiencia personal que tengo sobre Rota y lo que pesa España y un español dentro de la base, fue hace años, en medio de otro conflicto de esos que cada trimestre tienen que organizar los gringos para reponer su armamento que se lo pagamos entre todos, porque su segunda mano armamentística nos cuesta más que si fuera nueva de trinca y hay que comprarla en virtud del tremendo grado de amistad que une a ambos países.

Puede que haya sido en la base naval de Rota y la ciudad de Argel en plena guerra contra Francia, en los dos únicos lugares de los que visité como miembro de una tripulación, en los que en las dos ocasiones fui humillado. Y si en Argel el revólver que nos apuntaba a mi compañero y a mí tenía mucho poder de convicción para fijar leyes y reglamentos internacionales por los que la autoridad, como tal vestía, nos peló de dinero, tabaco y reloj, en Rota, en territorio español según dicen, que solo se lo tenemos alquilado a los yanquis, a otro compañero y a mi persona, pese a figurar en un puñado de listas de tripulantes del buque tanque en el que habíamos llegado a suministrar combustible a la base, porque desconocíamos las reglas de la base en lo relativo a caminar de noche, nos tuvieron detenidos hasta que amaneció porque decía uno de aquellos “aliados” que nos habíamos metido en territorio yanqui sin permiso de ellos.

No se si guardarán por escrito todo lo que manifesté en aquella noche. Pero particularidades aparte, la base naval de Rota es una vergüenza para España, y en la misma intensidad para Europa, porque solo los gringos, y no todos, saben el tipo de arsenal que se guarda allí, para emplearlo contra países que pueden ser amigos de verdad nuestros que amen la paz. Y no como ellos que viven y dependen de tener guerras abiertas contra todo y todos. Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS


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