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26 de enero de 2017

  • 26.1.17
Se jugaba la decimoséptima jornada de liga de la Segunda Andaluza en el municipal montillano entre el Juvenil de Apedem, en la zona noble de la tabla, y La Ribera del Guadalquivir C.D., rozando ya los puestos fatídicos de la clasificación.



Lo normal y elegante por protocolo es que las dos escuadras salgan al terreno de juego formando dos filas, con el colegiado en el centro de las mismas y, a paso ligero, lleguen hasta el círculo central, agradeciendo al público su asistencia con un saludo al respetable, haciéndose querer un poquito más de lo que ya se les estima. Eso es lo normal, pero el domingo no fue así.

Con los jugadores ya en el terreno de juego al borde de la desesperación, y pasados más de diez minutos, apareció el protagonista del partido. Sí, como lo leen, el auténtico protagonista del choque entre dos equipos de juveniles, que irrumpió en el terreno de juego con paso firme y mirada desafiante que, llegado al punto de encuentro con los capitanes, procedió a hacer el sorteo de campo.

Corría el minuto 7 de partido cuando, demostrando la superioridad vinícola, Raúl Melgarejo luchó un balón dividido al borde del área, siendo suya la recompensa al ver adelantado al meta visitante y elevar sutilmente el esférico por encima del guardameta. Llegó el primer gol del partido para el Juvenil de Apedem.

Poco después, en el minuto 11 de la primera parte, en un córner directo, el balón rechazado por el palo derecho de Cristian Ramírez cayó en la frontal del área a Paco Jiménez que, de tiro duro y raso, hizo el segundo de la mañana y puso muy de cara el encuentro para los vinícolas. Hasta ahí todo bien: partido correcto, jugadas limpias y todo en perfecto orden.

Llegando el minuto 24 de la primera mitad y viendo el señor colegiado Antonio Vela que el partido iba a ponerse algo tedioso y aburrido, no se le ocurrió nada más que, en dos jugadas consecutivas, expulsar a Francisco Espejo por dos amarillas reiteradas: una por una "protesta", según el acta arbitral, y otra por una falta que ni mucho menos se merecía esa cartulina.

Lo normal en estos casos es que el señor colegiado, si aprecia alguna conducta de indisciplina, hable con el futbolista y dialogue de manera racional. Recordemos que se trata de fútbol base de carácter formativo y, aunque sean chavales con algo más de edad, siguen necesitando consejos y abrigo del que, supuestamente, puede dárselos. Eso es lo normal, pero el domingo no fue así. Tras algunos gestos impropios de un colegioado, llegaron los aspavientos del típico coronel del ejército hacia unos jugadores que solo intentaban jugar al fútbol.

Dos minutos más tarde, y después de una entrada un poco pasada de rosca a Álex Hierro, el entrenador local se dirigió al colegiado pidiendo "por favor" que parase el juego porque había un futbolista tendido en el campo con síntomas de mucho dolor. Lo normal hubiera sido que el árbitro, de inmediato, se hubiera interesado por el jugador y hubiera detenido el juego. Eso es lo normal, pero el domingo no fue así.

El señor Vela, quitando importancia al asunto, se despreocupó del jugador y ante la insistencia del míster local para que detuviera el juego, rápido y velozmente se dirigió hacia él con la tarjetita roja en la mano. Una nueva expulsión, en menos de cinco minutos. Por eso, el fútbol, en su faceta deportiva, se acabó.

Llegó el descanso al Estadio Municipal de Montilla, esperando que los ánimos se calmaran y que el "protagonista" del encuentro recapacitara un poco sobre su actuación e intentara disfrazar la mala imagen que estaba ofreciendo al público asistente y a los propios jugadores.

Ni tan siquiera con el tercer gol del equipo local, propiciado por Álex Hierro en el minuto 51, y con uno menos, se dejó de ver al colegiado, cuyas actitudes, a juicio de muchos de los presentes, rozaban lo esperpéntico. Gritos, órdenes imperativas a voces, tarjetas y más tarjetas hicieron que Antonio Vela fuera nominado como "el peor árbitro de la jornada" en el municipal montillano.

El gol del honor para La Ribera del Guadalquivir C.D. lo convirtió Rafael Torres en un despiste defensivo en el minuto 55 de juego, cuando un equipo local cuyos jugadores, fuera de sí, intentaban que esta triste pesadilla acabara lo antes posible.

Acabó el partido con tres expulsados más por jugadas insignificantes y, como era de esperar, al estar los nervios a flor de piel, se produjo una trifulca en los aledaños del campo que, gracias a miembros de la directiva del C.D. Apedem, no llegó a males mayores.

Cualquier aficionado al fútbol piensa que ningún árbitro está predispuesto a ser el protagonista del partido, simple y llanamente porque debe pasar desapercibido e intentar ayudar a los jugadores. Eso es lo normal, pero el domingo no fue así. Quien asistiera al partido vio la cara oscura del fútbol porque el colegiado fue el principal protagonista de la crónica de una muerte anunciada.

Pese al árbitro, el Juvenil Apedem dejó el resultado final en 3-1, con tres puntos más para la clasificación aunque, por desgracia, colmado de bajas para la próxima jornada, como consecuencia de las muchas tarjetas que mostró el colegiado en el encuentro.

Juvenil Apedem 3 -- 1 La Ribera del Guadalquivir C.D.

Juvenil Apedem: Carlos Repiso, Mario Albornoz, Rafael Algaba, Ezequiel Sojo, Adrián Villegas, Francisco Espejo, Miguel Ángel Naranjo, Francisco Jiménez, Raúl Melgarejo, Alejandro Hierro y Juan Sánchez. También jugaron Luis Javier Robles, Antonio Trillo, Manuel Castro, Jaime Ruiz y Francisco Espejo 'Maceta'.

La Ribera del Guadalquivir C.D.: Cristian Ramírez, Daniel Prieto, Rafael Hernández, Adrián Ruiz, Miguel Ángel Ariza, Alejandro Moreno, Cristian Romero, Sergio Hernández, Rafael Torres, Luís Padillo y Rubén Alonso. También jugaron Rafael del Río, Marcos Fernández, Juan José Cobos y Demetrio Fernández.

Goles: 1-0 Raúl Melgarejo (m. 7); 2-0 Francisco Jiménez (m. 9); 3-0 Alejandro Hierro (m. 51); 3-1 Rafael Torres (m. 55)

PACO ALCAIDE / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: C.D. APEDEM MONTILLA


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