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14 de enero de 2017

  • 14.1.17
El Gran Teatro de Córdoba recibirá hoy, a las 20.30 de la tarde y en una única función, una clase magistral de interpretación a cargo de José Sacristán, que vuelve a los escenarios como protagonista de la obra de David Mamet Muñeca de porcelana. Bajo la dirección del actor, director y dramaturgo montillano Juan Carlos Rubio, el actor, una de las grandes figuras de la escena española, encarna a un sórdido personaje: un multimillonario corrupto que exhibe su ruindad sin ningún pudor.



Mamet escribió China Doll para Al Pacino, que la estrenó a finales de 2015 en Broadway. España, en versión de Bernabé Rico, es el primer país donde se está viendo el montaje después de su estreno en Nueva York.

Sacristán da vida a un millonario que está a punto de jubilarse y acaba de comprarle un avión a su joven prometida como regalo de bodas. Su intención es dejar de trabajar para dedicarse enteramente a ella. Durante su último día en la oficina instruye a su joven ayudante –interpretado por el actor Javier Godino– para que se haga cargo de sus negocios, pero justo antes de salir recibirá una llamada de última hora que deseará no haber aceptado.

En Muñeca de porcelana, Mamet crea una intensa estructura teatral que mezcla a ritmo trepidante temas recurrentes del autor, como las relaciones entre empresarios y políticos, las cloacas del poder, la economía y los medios de comunicación... con otros nuevos como la lealtad y las dificultades del ser humano para romper con su pasado.

“Una espiral de sucesos –tal y como resume Juan Carlos Rubio– que en menos de 24 horas modificarán para siempre el destino de sus protagonistas y, posiblemente, nuestra visión de la cara oculta de los dueños del mundo”.

Por su parte, para José Sacristán, lo que hace el dramaturgo estadounidense es “una colonoscopia al poder”. “Muestra –explica el actor– todas su miserias, sus contradicciones, todos sus subterráneos morales”. Aunque la historia se desarrolla en Estados Unidos, el texto de Mamet, uno de los grandes genios del teatro contemporáneo, tiene en su opinión “una traslación al universo entero y, en particular, a España”.

Al contrario que su antecesor en el papel, Al Pacino, el actor español considera que ha encontrado más facilidades que dificultades para interpretarlo. Lo difícil, señala, se limita a las cuestiones técnicas, por “la dinámica de tensión, energía y velocidad” del personaje, que durante toda la obra mantiene una sucesión de conversaciones telefónicas cada vez más tensas, sólo interrumpidas por breves charlas con su secretario.

Rubio, que ya dirigió la versión española de Razas, de Mamet, asegura que el texto contiene “unos diálogos fantásticos, muy irónicos, muy caústicos. Para un director la obra es un gustazo”, asegura el director montillano, que retorna a Córdoba mes y medio después de haber dirigido la gala final del XXI Concurso Nacional de Arte Flamenco.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: SERGIO PARRA


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