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10 de diciembre de 2016

  • 10.12.16
Mi viaje al Monte Saint-Michel ha sido precioso, una vivencia ya archivada en el álbum de los momentos mágicos de mi vida. Alquilé un coche y decidí seguir al río Sena hasta su desembocadura. Hice pequeños altos en el camino para sentir y vivir el aire de Normandía.



Cuando viajo sola me gusta descubrir pequeños rincones en los que perderme. Siempre me hago la misma pregunta: ¿Me refugiaría aquí si dispusiera de todo el tiempo del mundo para mí? Albergo la esperanza de ser rica y, por eso, llevo una libreta pequeñita en la que apunto lugares que han tocado mi corazón.

Entre ellos está Castelmola, un pueblecito situado en la cima de Sicilia; allí me sentí una diosa sin necesidad de Olimpo, todo quedaba a mis pies. Allí visualizo mi primavera. Agosto tiene una perla: la perla del Báltico, Gotland, refugio de artistas y de gente que no quiere sobrevivir, con su festival medieval lleno de caballeros vikingos y su mar cálido.

Julio podría tener olor a río que va a descansar al ancho mar, a ciudad de cuento con olor a pan recién hecho: Honfleur, mi último descubrimiento. El mundo es un lugar maravilloso cuando dejo de mirarme el ombligo.

Y cuando admiro todo como un regalo: la grandiosa y salvaje naturaleza, la sonrisa de la gente, las construcciones diversas, la rica gastronomía, los olores del mar, los árboles cambiantes, la juguetona luna, el resplandor de las estrellas se me agarra en el pecho una emoción de gratitud, de cariño hacia la diosa madre y al padre cielo que me hace sentir chiquita y grande a la vez.

Y después de la paz vivida en este viaje de despedida vuelvo al trabajo, a la casa de la insatisfacción, y a las crueles noticias. He decidido que ver los telediarios no me hace bien. Su visión distorsionada y focalizada en lo cruel no me ayuda.

No puedo entender lo que pasa en este mundo. Un dirigente que amenaza a otro, un hombre que da a un botón e invade un país, y ya tenemos una guerra; un hombre con dinero que controla países, que dispone millones de vidas ajenas como si estuviera jugando con los click de Famobil... Los veo en la tele y me parecen niños de colegio gritando: "Yo soy más chulo que tú" y se dejan llevar por sus egos gigantes y sus bajas autoestimas para destacar en un mundo imaginario que se han creado donde el horror es lo único que habita.

No lo entiendo, no lo entiendo. Un hombre se levanta por la mañana y toma una decisión sin más y al día siguiente miles o cientos de miles de personas mueren. Por cada muerte hay por lo menos cinco personas que sufren. No son datos, son personas queridas por otras, con vidas que ya no existen. Este mundo tiene demasiada testosterona...

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ


DEPORTES - MONTILLA DIGITAL



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