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13 de noviembre de 2016

  • 13.11.16
Quienes visitan Portugal y se adentran en sus pueblecitos se sorprenden del cuidado que los portugueses dedican a su arquitectura. Calles empedradas y muy limpias; casas cuyas fachadas aparecen pintadas de blanco junto con otras tonalidades con las que decoran los alféizares, los marcos de las puertas y ventanas; los zócalos; sus curiosas chimeneas que sobresalen en los tejados… De igual modo, los edificios que configuran su patrimonio histórico y cultural se muestran limpios y bien cuidados.



Ese amor por todo lo que representan los espacios habitables, públicos y privados, se ha mantenido a lo largo de los años como una tradición que forma parte de la idiosincrasia del pueblo portugués.

No es de extrañar que sin ser una potencia económica sino más bien lo contrario, Portugal tenga en su haber grandes arquitectos como Fernando Távora, Álvaro Siza o Eduardo Souto de Moura, nombres de gran prestigio, no solo en su país de origen, sino también internacionalmente.

En consonancia con el prestigio que ha adquirido la arquitectura portuguesa contemporánea, tengo que indicar que tanto Álvaro Siza como Eduardo Souto de Moura recibieron el Premio Pritzker de Arquitectura en los años en 1992 y 2011 respectivamente. Conviene apuntar que en nuestro país este prestigioso galardón solo lo ha recibido Rafael Moneo, a pesar de los relevantes nombres hispanos dentro de este ámbito.

Tiempo atrás, en esta misma sección y con el título de Arquitectura: Álvaro Siza, llevé a cabo una breve semblanza de este gran arquitecto luso, que no solo ha desarrollado sus proyectos en el país vecino, sino que también en España tenemos la suerte de contar con obras relevantes suyas.



Para completar un breve recorrido por lo mejor de la arquitectura portuguesa actual, en esta ocasión quisiera traer a Eduardo Souto de Moura, quien fuera discípulo de Álvaro Siza, ya que al terminar sus estudios de Arquitectura estuvo trabajando, entre los años 1974 y 1979, con su maestro durante una década.

Brevemente, quisiera apuntar que Eduardo Souto de Moura nació el 25 de julio de 1952 en Oporto. Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de esta ciudad, licenciándose en 1980 en Arquitectura. Impartió docencia en este centro durante una década, entre 1981 y 1991, al tiempo que la compatibilizaba con sus trabajos en el estudio que abre en la ciudad en la que nació.

De modo habitual, en las semblanzas que he ido presentando de los arquitectos tratados en esta sección a partir de Renzo Piano, he seguido un planteamiento cronológico en la gestación de sus obras; sin embargo, en el caso de Souto de Moura alteraré ese proceso, pues hay una obra suya que tuvo un gran impacto internacional, y por la cual se le concedió el premio Pritzker.

Hemos de tener en cuenta que este “Nobel de la Arquitectura”, según lo denominan algunos, se suele conceder por toda una trayectoria profesional relevante. Sin embargo, en el caso de Souto de Moura, su proyecto del Estadio Municipal de Braga fue determinante para que se lo concedieran en el año 2011, es decir, hace cinco años.





Las obras del Estadio Municipal de Braga, conocido como La Cantera, se iniciaron en el año 2000 finalizándose tres años más tarde en 2003. La razón de ser de esta construcción en la ciudad del norte de Portugal se debía a que en este país se iban a celebrar los encuentros de la Eurocopa de 2004. Hemos de tener en cuenta que los estadios de Lisboa y Oporto eran insuficientes para albergar todos los partidos, por lo que se pensó en Braga como tercer lugar para un evento que, posiblemente, en estos tiempos de crisis no se hubiera celebrado en este país.

Para llevar a cabo este proyecto, había que tener en cuenta que había que hacerlo en la ladera de la cantera del Monte Castro que domina la ciudad. La opción de Souto de Moura fue la de utilizar la falda de la montaña para que sirviera como suelo de uno de los graderíos. Frentalmente, aparecerían las otras gradas de los espectadores, dejando los laterales del campo libres. Con ello, se lograba un estadio de fútbol distinto a los conocidos que suelen ser espacios cerrados sobre sí mismos.

El resultado final fue la creación de un singular y bello estadio que recibió todo tipo de elogios, ya que sorprendió por su singularidad al encontrarse en la ladera de una montaña de una antigua cantera, de la que se extrajeron gran cantidad de rocas para poder ubicar uno de los graderíos.





Antes de que la crisis económica, y, en consecuencia, la de la construcción, azotara a España y Portugal, a Souto de Moura se le encargó un gran proyecto: el del metro de Oporto, su ciudad de origen y en la que tiene su estudio.

En el caso de la bella ciudad lusa, las vías del metro recorren el tejido urbano de modo que una parte de las mismas se encuentran a cielo descubierto y la otra de forma subterránea.

La estética seguida en esta obra urbana, como la mayor parte de las realizadas por el arquitecto portugués, es de tipo racionalista, siguiendo las pautas que marcaron grandes nombres como fueron Walter Gropius, Mies van der Rohe o Richard Neutra. Y dentro de ese racionalismo, apuesta por la mayor sobriedad, por lo que su arquitectura podríamos llamarla minimalista, término que no le disgusta, pues considera que ser capaz de alcanzar la máxima expresión con los elementos mínimos geométricos es uno de los grandes logros.

Este planteamiento lo encontramos tanto en las entradas que dan acceso al metro de Oporto, caso la fachada rectangular blanca sin ningún aditamento que mostramos, como en sus espacios interiores, en los que predominan los elementos geométricos de extrema pureza, caso de las claraboyas o luminarias en forma de perfectos círculos que aparecen en algunas paradas del metro.



Inicialmente, la mayor parte de los proyectos de Souto de Moura son de casas unifamiliares. Una de las más conocidas es que lleva a cabo en la localidad de Luz de Tavira, proyecto que comienza a plasmarse en 1991.

La denominada como Casa de Tavira se encuentra ubicada en una colina, de modo que las vistas hacia el valle adquieren singular relevancia para quienes la habitan. En palabras del propio arquitecto: “Fue la primera vez que utilicé varios volúmenes para cumplir las funciones específicas de un programa, la primera vez que abrí las puertas y las ventanas hacia el exterior en una construcción”.

La obra se plantea bajo unos criterios claramente racionalistas, ya que el predominio de la geometría es claro: la casa, que se muestra como la articulación de unos volúmenes de muros blancos, cuyas aperturas aparecen como limpios rectángulos de diversos tamaños, nos muestra el diálogo entre la tradición de las muy blancas casas portuguesas con la modernidad de presentarla bajo el juego de un grupo de prismas.



El nombre de Casa das Historias Paula Rego puede inducirnos a error, puesto que se trata de una casa-museo que proyectó en la localidad de Cascais, comenzando la obra en 2005 y acabándose en 2009, cuatro años más tarde.

Para Souto de Moura, tuvo mucha importancia el arbolado preexistente en el entorno del museo, de modo que los cuatro lados del edificio, que varían en altura y tamaño, son la parte externa de unos espacios internos subdivididos que se articulan alrededor de otro espacio central en el que se llevan a cabo las exposiciones.

Si para las paredes exteriores utiliza una piedra de color rosáceo, lo que da lugar a que el par de pirámides truncadas llame poderosamente la atención al visitante que se acerca a la casa-museo, en el interior se muestran tonalidades neutras, como corresponden a los espacios de los museos en los que se exhiben obras artísticas.



Para cerrar esta breve presentación del arquitecto luso, traigo un proyecto no realizado todavía. Se trata de la perspectiva de la casa que Eduardo Souto de Moura ha realizado para el famoso jugador del Real Madrid Cristiano Ronaldo.

Supongo que cuando la estrella de fútbol portuguesa, que nació en la isla de Madeira, se puso en contacto con el arquitecto, a este le supondría un verdadero quebradero de cabeza interpretar los deseos de su cliente, pues los muy famosos también quieren que sus casas se conviertan, no en lugares gratos para vivir, sino espacios que llamen la atención, y cuando más mejor.

Esta es pues, la solución que a Ronaldo le ofreció Souto de Moura. De momento, no tenemos noticias de lo que le respondió el futbolista.

AURELIANO SÁINZ


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