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4 de octubre de 2016

  • 4.10.16
Conocí personalmente a Simón Peres con ocasión de la visita de Estado de Sus Majestades los Reyes de España a Israel en noviembre de 1993. Desde ese momento tuve el privilegio de mantener una intensa relación con el político israelí. Miles de horas de conversación, de negociaciones, de reuniones secretas y de propuestas imaginativas labraron una fuerte amistad y una gran admiración hacia su persona.



Muchos analistas describirán hoy al líder israelí como uno de los arquitectos fundamentales en la creación y consolidación del Estado de Israel. Recuerdo, como embajador de España en Israel, las palabras pronunciadas por Simón Peres, con ocasión de la celebración del XL Aniversario de la constitución del Estado de Israel, y el claro mensaje de que a partir de esa fecha el desafío de Israel sería lograr la paz y la reconciliación con sus vecinos árabes.

Los ciudadanos israelíes, sin duda, deben expresar el reconocimiento por su decisiva contribución a la construcción de su Estado. Los ciudadanos españoles debemos recordarle a su vez por haber sido el firmante del restablecimiento de nuestras relaciones diplomáticas entre España e Israel en enero de 1986.

Su larga carrera política, asumiendo las principales carteras ministeriales, así como la responsabilidad de primer ministro concluyeron durante su última etapa como presidente del Estado de Israel. Fue como un “Padre de la Patria”, otorgando a esa Jefatura de Estado unas funciones y una “Autoritas” más allá de las que le correspondían formalmente.

Pero su verdadera obsesión y contribución fue la paz con árabes y palestinos. Esta visión de paz en la región es la que en mi opinión debe prevalecer como su principal legado. Entendió inmediatamente la necesidad de negociar con los palestinos y tuvo la valentía y la imaginación de convencer al primer ministro Isaac Rabin, el otro gran héroe de la Paz, de negociar secretamente a espaldas de EEUU un principio de reconciliación entre israelíes y palestinos.

Oslo fue una iniciativa innovadora e inesperada que siguió a la conferencia de Paz de Madrid y que permitió imaginar que una paz era posible entre estos dos pueblos. Desde ese momento y hasta sus últimas actuaciones como presidente, Simón Peres buscó y defendió siempre, una solución política y negociada.

Recordemos la propuesta de Simón Peres-Abu Alá que, en mi opinión, puede seguir siendo considerada como la base de cualquier acuerdo definitivo. No tuvo ninguna dificultad en negociar y conversar con Yasser Arafat con el que siempre mantuvo un mutuo respeto y reconocimiento al igual que con el actual presidente palestino Abu Mazen.

Incluso, en los momentos más difíciles de la segunda intifada, Simón Peres siempre trataba de encontrar soluciones como fue el caso que tuve el honor de negociar con él a raíz del asedio a la iglesia de La Natividad. Como presidente trató en múltiples ocasiones de convencer a los últimos primeros ministros en buscar soluciones y propuestas imaginativas.

Quizás el único defecto que podríamos atribuir a Simón Peres era su gran visión de futuro: era un adelantado a su tiempo. Su sueño era construir un Oriente Medio en paz y prosperidad similar a la experiencia europea en el que israelíes, palestinos, egipcios, jordanos, sirios y libaneses pudiesen vivir en una región integrada en donde el comercio, las ideas y los hombres pudiesen circular libremente.

Sus afirmaciones poseían siempre un carácter visionario. Son muchas sus citas famosas que han llegado a definirse como los “peresims”. Recuerdo una de sus más brillantes afirmaciones al señalar que “el siglo XXI sería el siglo final de la agricultura y de las fronteras. Nuestro siglo actual será el de las ideas, de la información y la comunicación que no podrán ser detenidos por barreras físicas”.

Como también, su clara convicción de que “las guerras en Oriente Medio nos serán guerras para recuperar tierra sino guerras por el agua”. Otra de sus citas favoritas que no expresaba públicamente es la de que “hay dos cosas que uno no puede hacer frente a la cámara: el amor y la Paz en Oriente Medio”.

Siempre sorprendía con su capacidad de utilización del lenguaje y su brillantez en los discursos y en sus intervenciones públicas. Tuve el honor de que me dedicase un adiós muy emotivo al término de mi misión como enviado especial de la UE en Oriente Medio. Durante mi misión como enviado especial, nos acostumbramos a vernos todos los viernes en su despacho de Tel Aviv antes del Sàbat para hacer balance de la semana transcurrida y planificar juntos algunas medidas constructivas.

Su empeño fue hasta el final ver la “Solución de Dos Estados” viviendo en paz y seguridad. Simón Peres nos abandona sin que su sueño se haya realizado finalmente. Sus últimos escritos los dedicó a la ciencia y, en particular, al estudio del cerebro al indicar que “la ciencia del cerebro es nuestra próxima gran frontera”. La ciencia no llegó a tiempo para curar su última enfermedad cerebral.

Concluyo estas líneas de reconocimiento y admiración con una de las citas que más me impresionaron cuando denunció el horror de la guerra y del terrorismo: “en la paz, los hijos entierran a los padres; la guerra altera el orden de la naturaleza y hace que los padres entierren a sus hijos”. Enterraremos a Simón Peres pero no a sus ideas ni a su legado ni a su visión de paz y reconciliación entre israelís y palestinos.

MIGUEL ÁNGEL MORATINOS


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