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13 de octubre de 2016

  • 13.10.16
La realidad es tozuda y, en ocasiones, dista mucho de los deseos y de las previsiones más optimistas. Bien lo saben en la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles, donde la vendimia 2016 concluirá con una producción de uva blanca cercana a los 39 millones de kilos, muy por debajo de las expectativas que el sector se marcó al inicio de la campaña, allá por el 3 de agosto.



El delegado territorial de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, Francisco Zurera, desveló esta semana en Montilla que el último aforo de vendimia en el marco vitivinícola cordobés sitúa en 37,8 millones de kilos la cantidad de uva recolectada de la variedad autóctona, la Pedro Ximénez. “La recolección está prácticamente finalizada, de modo que terminaremos en torno a los 39 millones de kilos”, avanzó Zurera.

La ola de calor registrada durante la primera quincena de septiembre en buena parte de la provincia de Córdoba obligó entonces al Consejo Regulador a revisar a la baja las previsiones de cosecha para la vendimia 2016 y que, al inicio de las labores de recolección, situaban el aforo en 50 millones de kilos de uva blanca –lo que hubiera representado un incremento del 8 por ciento con respecto al pasado año– y de unos 7 millones de kilos de variedades tintas –un aforo similar al registrado en 2015–.

Sin embargo, tal y como reconoció el gerente del Consejo Regulador, Enrique Garrido, las primeras parcelas que se recolectaron arrojaron una producción inferior a la que se esperaba, si bien el máximo órgano de control de los vinos cordobeses confiaba en cerrar la campaña con unas cifras de cosecha “similares a los del año pasado”, cuando las bodegas, lagares y cooperativas del marco Montilla-Moriles molturaron en torno a 42 millones de kilos de uva blanca.

En los últimos tiempos, la campaña más productiva fue la del 2003, con 86,1 millones de kilos de uva, una cosecha que permitió elaborar 14,5 millones de litros de vino, de los que 1,5 millones correspondieron a la variedad Pedro Ximénez y 507.000 litros a vinos jóvenes. Desde entonces, el aforo hecho público por el Consejo Regulador sitúa en 2012 la peor cosecha de la última década, cuando cooperativas y bodegas apenas molturaron 27,6 millones de kilos.

En lo que respecta a las variedades tintas –con las que se elaboran los caldos amparados por el indicativo Vinos de la Tierra de Córdoba– la situación es parecida. Y es que como desveló la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja-Córdoba) durante la reunión de su última Sectorial Vitivinícola, la vendimia de variedades tintas ha arrojado un balance final de 3,9 millones de kilos de uva, un 35 por ciento menos que en 2015 y un 50 por ciento inferior al aforo computado en 2014.

El delegado territorial de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural hizo hincapié en que la zona Montilla-Moriles ha vivido este año “una de las vendimias más tardías que se recuerdan”. Y es que, si el pasado año se inició la cosecha el 23 de julio, este año, la recolección mecánica de las primeras variedades de uva blanca, ideales para la elaboración de vinos jóvenes sin crianza, no empezó hasta el 3 de agosto.

Con todo, Francisco Zurera hizo hincapié en la “extraordinaria calidad” que ha presentado el fruto a su entrada a los lagares y cooperativas, gracias a la labor del Aula de Viticultura del Consejo Regulador y a iniciativas como el Concurso Pedro Cabezuelo, que incentiva la detección precoz del mildiu por parte de los viticultores de la zona Montilla-Moriles.

“La detección precoz de plagas y enfermedades representa también una forma de producción más sostenible, pues optimiza los tratamientos, reduce costes y protege el medio ambiente”, defendió el delegado territorial de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, quien animó a los agricultores a adoptar la agricultura integrada en la vid.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR


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