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30 de septiembre de 2016

  • 30.9.16
Hoy quiero comenzar recordando un episodio de mi época en el Servicio Militar. En el cuartel había una estupenda piscina que nadie utilizaba, de modo que pregunté al cabo el motivo de este escaso aprecio por una instalación magnífica. La respuesta que obtuve me dejó sin palabras: "la piscina está arrestada". Como leen. Al parecer, un soldado había muerto ahogado y el resultado fue un arresto disciplinario ¡a la piscina!



Al volver de la mili me enteré de que en casi todos los cuarteles en los que habían estado mis amigos había algún elemento arrestado: una garita de guardia, una pista americana... incluso la boina de un destacamento. La cuestión no tenía ningún sentido porque, lógicamente, se puede arrestar a un militar y no a una cosa. Pero en los cuarteles ocurren a veces cosas muy extrañas.

Del mismo modo, desde un punto de vista teológico, solo es posible excomulgar a una persona que, previamente, haya pertenecido a la Iglesia. No tiene ningún sentido excomulgar a un cometa. A pesar de ello, en muchas publicaciones y blogs se repite la historia que hoy nos ocupa. Una leyenda que, unas veces con intención anticlerical y otras por simple desconocimiento, se ha conservado hasta nuestros días.

Tras la caída de Constantinopla en 1453, el papa Nicolás V solicitó a los príncipes cristianos una cruzada para recuperar los territorios ocupados. Su sucesor, Calixto III (1455–1458) envió legados a diversas cortes europeas con el mismo objetivo. Su demanda no tuvo mucho éxito, así que pensó que había que utilizar otros métodos. Por ello, el 29 de junio de 1456 promulgó una bula donde establecía lo siguiente:

1. Todos los párrocos debían incluir la 'oratio' contra paganos en la misa.

2. Todos los días, desde mediodía a vísperas y al toque de una campana, era obligatorio rezar tres Padrenuestros y tres Avemarías.

3. Se celebrarían procesiones dirigidas por clérigos y acompañadas de fieles el primer domingo de cada mes y los curas debían predicar sobre la fe, la paciencia y la penitencia; dar a conocer la crueldad de los turcos y pedir a los fieles que rezaran por la liberación de Constantinopla.


El primer domingo de julio tuvieron lugar en Roma las primeras procesiones. El mismo día, los turcos comenzaron el asedio de Belgrado. El 14 de julio los cristianos consiguieron algunos avances y, una semana después, los turcos iniciaron su retirada.

Pocas semanas antes había hecho su aparición en el cielo el cometa Halley. En Italia se vio en junio por primera vez. La publicación de la bula papal y la aparición del cometa fueron recogidas por el escritor Bartolomeo Platina en Vitæ Pontificum.

En esta obra se daba a entender que la bula papal estuvo motivada por las predicciones de grandes calamidades que habían hecho los astrólogos que observaron el cometa, algo completamente incierto. La bula, cuyo original se conserva, no dice una sola palabra acerca del cometa.

Es en la obra del matemático y astrónomo Pierre Simon Laplace, titulada Exposition du Système du monde, donde encontramos una referencia a la obra de Platina pero, en este caso, se dice que el Papa ordenó el exorcismo del cometa y de los turcos.

Posteriormente, François Arago, en Des Comètes en général etc. Annuaire du Bureau des Longitudes 1832 cambia "exorcismo" por "excomunión". Y se forma el lío. El tratado de Arago se tradujo a casi todos los idiomas europeos y la falsa historia de la excomunión del cometa se extendió rápidamente.

Otros autores de la época contribuyen a que la leyenda tome forma. Así, Smyth, en Cycle of celestial objects, se refiere a una protesta especial y a una excomunión para exorcizar al diablo, a los turcos y al cometa.

Grant, en su tratado History of physical astronomy, hace referencia a la publicación de una bula en la que el papa Calixto anatematizó tanto a los turcos como al cometa. Según Babinet, en Revue des deux mondes (23 ann., vol. 4, 1853, 831) el Papa lanzó un anatema contra el cometa y los enemigos de la Cristiandad, mientras que en la Batalla de Belgrado, los hermanos menores invocaron el exorcismo del Sumo Pontífice contra el cometa.

Sea como fuere, la leyenda siguió repitiéndose en otras obras de autores tan populares como Camille Flammarion, Henry Draper o Andrew Dickson White. Es extraño que incluso un maestro de escépticos como Carl Sagan no se preguntara si toda esta historia tenía visos de realidad y la reprodujera en alguna de sus obras, contribuyendo así a propagar la leyenda.

Ajeno a esta polémica el cometa Halley volverá a recorrer el cielo en julio de 2061. ¿Volverá a resurgir la leyenda? Estoy convencido. Nos encantan estas historias y esperamos poder contarlas para entonces.

PACO BELLIDO


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