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27 de septiembre de 2016

  • 27.9.16
El “Quinteto de Cambridge” –el mejor grupo de agentes dobles de la historia– dejó a los servicios secretos ingleses llenos de heridas infectadas por todas partes. Prestigio, confianza, seguridad… fueron llagas que les costó curar muchos años. Paralelamente, la presencia de dos homosexuales en el grupo, Guy Burgess y Anthony Blunt, avivó la fobia que ya existía en el espionaje sobre la presencia en sus filas de tipos alejados del prototipo de James Bond. Un agente promiscuo les presentaba menos problemas para la seguridad interior que un gay.





Muchos se preguntarán, con razón, cuál es el motivo por el que siendo tres los heterosexuales del grupo y sólo dos los gays, se despertara ese sentimiento homófobo. Sin duda, ya había un sentimiento, que muchos consideraron ley, de que los homosexuales eran más vulnerables al chantaje, probablemente porque después de la Segunda Guerra Mundial muy pocos salían del armario y simulaban intencionadamente su amor por las mujeres para evitar el vacío de la sociedad.



Este estigma se prolongó durante años. En la década de los ochenta se fue relajando el rechazo, aunque el ocultamiento de su condición sexual por parte de los candidatos se seguía produciendo. Se les empezó a admitir, aunque evitando que ocuparan puestos de responsabilidad.



Finalmente, en 2008 cambió radicalmente el planteamiento de los mandos del MI5. De aparcarlos, pasaron a buscar nuevos agentes que fueran homosexuales. Además, lo hicieron público reconociendo que al igual que buscaban para captar musulmanes británicos y personas que hablaran diversas y extrañas lenguas árabes, también querían gays y lesbianas por su capacidad de moverse en ambientes hostiles y relacionarse con otras minorías.



De hecho, establecieron una colaboración con Stonewall, el principal lobby homosexual del Reino Unido, para que les asesorara en esa tarea. Y en 2009 aparecieron en la guía que edita esa organización con el listado de las empresas e instituciones donde gays y lesbianas pueden estar seguros de recibir un buen trato.

 Los tiempos han cambiado en el espionaje. Antes odiaban a los homosexuales, a los que veían como personas débiles, y ahora quieren tenerlos en sus filas por sus cualidades para la infiltración.

FERNANDO RUEDA


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