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25 de septiembre de 2016

  • 25.9.16
Dado que llevo muchos años investigando en el desarrollo emocional de los escolares a través del dibujo de la familia, he llegado a conocer de primera mano, es decir, de los propios niños y niñas, cómo ven y se sienten con sus padres y hermanos o hermanas, caso de que los tuvieran. De este modo, soy consciente de la diversidad de modelos familiares en la actualidad, pues no solo el modelo tradicional es el que existe en nuestra sociedad.



Ahora, por ejemplo, es fácil encontrarse con distintas formas de familias reconstituidas, que se producen tras separaciones y divorcios. Igualmente, con familias monoparentales formadas por un padre o una madre y sus hijos, cuando uno de los cónyuges ha fallecido o porque la mujer ha tenido el hijo sin vínculo paternal. Diversos modelos de familias adoptivas, con descendencia propia o sin ella… y familias homoparentales, es decir, aquellas que están formadas por dos padres o dos madres.

De todas estas formas de familias, la que recibe mayor rechazo por parte de algunos sectores de la sociedad, especialmente los integristas religiosos, es la familia homoparental o igualitaria. Y es que la homofobia es una patología bastante extendida por el mundo. A pesar de ello, las distintas encuestas que se han hecho a nivel internacional nos informan que España es el país de todos los investigados en el que mayor aceptación tiene de la homosexualidad.

Dado que en nuestro país la tolerancia hacia la homosexualidad es muy alta, no es de extrañar que años atrás se aprobara el matrimonio igualitario sin grandes convulsiones, a pesar de aquellas manifestaciones encabezadas por los obispos más reaccionarios, en ocasiones encabezadas por el inefable Rouco Varela.

Este avance en los derechos humanos da lugar a que actualmente en algunos países, entre ellos España, dos hombres o dos mujeres puedan casarse con los mismos derechos que una pareja heterosexual.

No obstante, a pesar del buen nivel de tolerancia y respeto que hay en nuestro país, cada cierto tiempo nos topamos con fanáticos e integristas a los que les da igual las leyes aprobadas en una sociedad democrática; leyes que rigen para el conjunto de la población y que hay que respetarlas, mientras no se produzcan cambios. Ellos creen que sus ideas y su moral están por encima de todo y de todos. Están absolutamente convencidos de que sus conceptos del bien y del mal son absolutos, por lo que viven como una agresión la libertad de los demás.

Pues bien, estos comentarios con los que comienzo el artículo tienen estrecha relación con la campaña que recientemente ha lanzado El Corte Inglés a partir de ocho cortos o spots publicitarios que se han divulgado a través de las redes sociales con el título de “La vuelta al cole” y que les sirven a estos grandes almacenes para promocionar aquello que necesitan los escolares en el comienzo del nuevo curso.

¿Y qué problemas hay en esta campaña? Pues sencillamente que en uno de esos cortos aparecen dos padres intentando encuadernar un libro y no logran ponerse de acuerdo para hacerlo bien, al tiempo que el hijo que los observa desde un sofá le dice a su amigo: “¿Ves? Te dije que con dos papás no es más rápido”.



La verdad es que el anuncio desde el punto de vista narrativo es bastante inocente y muy comedido en sus imágenes. Sin embargo, el grupo ultracatólico de la plataforma ‘Hazte Oír’ ha puesto “el grito en el cielo” al ver que unos grandes almacenes, que siempre ha sido tan discretos en sus campañas publicitarias, se han atrevido a sacar este corto en las redes sociales. ¡Ni siquiera ha aparecido en las pantallas de televisión y ya los guardianes de la moral están haciendo campaña para que se le retire e invitando a que no se compre en El Corte Inglés!

Esos intolerantes no se preguntan si los que componen las familias homoparentales son felices; o, por el contrario, seres enfermizos que “acabarán con la familia natural”, tal como apuntan, ya que, según su visión, la unidad familiar tiene que estar formada por un cabeza de familia (el padre), una mujer sumisa (la madre) y la prole, es decir, todos los hijos que vendrán sin utilización de anticonceptivos. Es decir, la denominada familia patriarcal.

Por mi parte, podría indicarles que, en las investigaciones que he llevado a cabo, me he encontrado con dibujos de niños y niñas que pertenecen a familias homoparentales y que a través de ellos expresan sus estados dichosos con sus madres o sus padres (algunos incluyen a sus abuelos).

Ya sé que a los fanáticos de ‘Hazte Oír’ el que los niños y niñas de familias homoparentales puedan ser felices les da igual; ellos se los imaginan como bichos raros cargados de problemas y traumatizados. Por otro lado, no quieren saber nada de una realidad ya presente en la sociedad, ni que se haga difusión de estas familias para que no se normalice en el pensamiento de la gente como una opción a la que dos personas del mismo sexo tienen derecho.

Como ejemplo de que niños y niñas de este modelo de familia pueden ser tan alegres y vitalistas como los de los demás, quisiera traer de nuevo un par de dibujos que recogí en las investigaciones llevadas a cabo en distintos colegios (que, por cierto, eran centros públicos que respetaban la situación familiar de las pequeñas autoras, por lo que se sentían bien integradas).



Como podemos observar, en este dibujo, correspondiente a una niña de 5 años, aparece ella misma en medio de sus dos madres. En el lado derecho, dibuja a su abuela que lleva la misma vestimenta que el resto, lo que es indicio de la identidad y la integración de la pequeña en el grupo familiar. Por otro lado, de modo espontáneo, ha trazado tres corazones, signo de amor bastante habitual en estas edades, para expresar el cariño que la pequeña autora siente por su familia. Esta situación de dicha queda reforzada por el hecho de que las cuatro componentes están sonrientes y cogidas de la mano.



La escena de este segundo caso muestra a una familia homoparental femenina adoptante de dos niñas. La autora del dibujo, de cuatro años de edad, comenzó dibujando a sus dos madres antes de representarse a sí misma. Cierra el grupo con su hermana que es de raza negra. Como puede apreciarse, las cuatro figuras se muestran alegres, ya que la pequeña autora las ha trazado con similares formas, las mismas flores en sus vestidos y los mismos colores, signo de seguridad, confianza y clara identificación con el grupo familiar en el que vive.

Para cerrar, no sé, si en el fondo, cuando los ultracatólicos citados “ponen el grito en el cielo” es que esperan que la justicia divina les haga caso y mande un segundo Diluvio Universal que inunde le globo terráqueo, de modo que se salven las “buenas familias” (es decir, ellos) y desaparezcan de la faz de la Tierra todos esas “familias monstruosas” que se están formando al acorde de la “ideología de género”. Otros, por cierto, no se cortan un pelo y hablan sin tapujos de una nueva Bomba Atómica.

AURELIANO SÁINZ


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