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11 de septiembre de 2016

  • 11.9.16
Pudiera parecer que la popularidad y el reconocimiento que rodean a los cantantes y grupos musicales fueran elementos suficientes para llenar sus vidas, que ser noticias habituales de los medios de comunicación les colmaran de felicidad en unas sociedades en las que el culto a la fama se ha convertido en la máxima aspiración a la que se puede llegar.



Sin embargo, no todo es un mundo de vino y rosas en sus existencias. Quienes suben a los escenarios y sienten la admiración de miles de seguidores también tienen que enfrentarse a conflictos personales, a tensiones y problemas que, en ocasiones, les desbordan, por lo que el anonimato para ellos acaba siendo un bien que no pueden disfrutar.

La historia de la música popular también tiene sus lados oscuros, sus caras amargas, sus soledades profundas, y que son conocidas por el público cuando las noticias trágicas saltan a la luz. Pasado el tiempo, serán estigmas que les acompañen en el recuerdo o cuando se les citen en artículos que traigan a la actualidad sus trayectorias musicales.

Es lo que me ha sucedido al revisar libros y revistas para configurar un nuevo capítulo de esta sección. Al ir repasando diferentes portadas de discos he tropezado con tres de ellos que se corresponden con artistas y épocas distintas, pero que les une un destino común: son tres grandes perdedores, jóvenes que habiendo apenas alcanzado las tres décadas, sus vidas quedaron definitivamente truncadas, por lo que se queda en la especulación qué hubiera acontecido si hubieran seguido viviendo.

De todos modos, no es el hecho trágico lo que da lugar a que esta vez les traiga en esta sección, sino que a los tres les dio tiempo de publicar magníficos discos que, a su vez, se acompañaban con excelentes portadas realizadas a base de fotografías, técnica gráfica que es una de las modalidades habituales de diseño de las carátulas, especialmente cuando son cantantes solistas.

Ejemplo de tres vidas truncadas: Janis Joplin, Jeff Buckley y Amy Winehouse. De tres grandes discos: Pearl, Grace y Back to black. Y de tres fotógrafos: Barry Fenstein, David Gahr y Mishca Richter, responsables de las magníficas fotografías que aparecen en las portadas.

Antes de comentar cada uno de los discos, quisiera hacer una observación: Janis Joplin y Amy Winehouse fallecen a los 27 años, edad maldita para el mundo musical, pues también a esa edad fallecieron los inolvidables Jim Morrison, líder de los Doors, Jimi Hendrix y, en nuestro país, la cantautora Cecilia, sobrenombre de Evangelina Sobredo.



Todos conocemos, o al menos, hemos oído hablar de esa joven estadounidense de voz desgarrada llamada Janis Joplin, cuya vida se truncó tempranamente, dejándonos un legado breve, aunque inolvidable.

Janis Lyn Joplin nació en Port Arthur (Texas) el 19 de enero de 1943. Sus padres esperaban que su pequeña de mayor fuera maestra, pero su camino se inclinaba por otros derroteros, dado que de adolescente empezó a fascinarse por el blues negro al conocer la música de Odetta, Billie Holiday y Big Mama Thornton.

Tras los consabidos tanteos iniciales, en 1965 se une en San Francisco a la Big Brother and the Holding Company, con quien grabaría su primer disco, con el mismo título de la banda, y que saldría en 1967. Un año después sacarían el que sería su segundo elepé: Cheap Thrills (de este disco hablaremos en otra ocasión, pues la portada fue diseñada por el gran dibujante de cómics Robert Crumb).

Con su segunda banda, Kozmic Blues Band, en 1969 publicaría I Got Dem Ol’ Kozmic Blues Again Mama!, que no fue muy bien acogido por la crítica.

En su cuarto disco, Pearl, le acompañaría la Full Tilt Boogie Band. Vería la luz en 1971, meses después de su fallecimiento, ya que la vida de Janis estuvo marcada por las drogas y el alcohol, a pesar de sus esfuerzos por abandonarlos.

Entre los temas de Pearl es inevitable hablar de la desgarradora versión que realizó de Me and Bobby McGee, tema compuesto por el cantante de música country Kris Kristofferson, y popularizada por el canadiense Gordon Lightfoot, canción llegó a alcanzar el número uno en las listas del Billboard.

De Pearl tengo que apuntar que no solo fue la música, sino también la portada, diseñada con una fotografía de Barry Fenstein, la que alcanzó gran popularidad, llegando a ser un verdadero icono dentro de los amantes del rock.

En la sesión fotográfica, Janis aparece vestida con ropas que bien podrían ser típicas de un salón del viejo Oeste, sonriente y sentada sobre una butaca, inclinada y apoyada en uno de los brazos. Se aprecia que es una fotografía de estudio, dado que en el fondo se muestra una tela azulada que contrasta con el rojo de su vestido. Por otro lado, el diseñador gráfico, Tom Wilkes, enmarca la foto dentro de un cuadro violeta con una pequeña franja dorada, de manera que bien recuerda un cuadro tradicional. Por encima, un sencillo título: Pearl (‘Perla’).



Quisiera comenzar el comentario acerca del cantautor estadounidense Jeff Buckley (1966-1997) con unos párrafos que aparecen en el extra de Rockdelux dedicado al 30 aniversario de esta gran revista española, dado que su disco Grace se encuentra en el número 21 de entre los 500 seleccionados correspondientes a las tres décadas que van de 1984 a 2014.

“A Jeff Buckley apenas le dio tiempo de ser tratado como ‘el hijo de una leyenda’: su personalidad era tan arrolladora, su voz y talento compositivo tan esplendorosos, que, con un solo álbum, más el EP previo Live At Sin-é, ya se había labrado su propio mito. Y eso antes de que su vida se terminara prematuramente, ahogado en un río en mayo de 1997 a los 30 años, mientras grababa su segundo disco”.

Cierto: el único elepé de Jeff Buckley grabado en un estudio es de una enorme belleza. A lo largo de sus diez temas, su espléndida voz se alarga y desparrama de un modo quejumbroso, como si quisiera volcar en sus canciones toda la tristeza interior que le embargaba. Pero si tuviera que destacar un tema del mismo, indudablemente lo haría citando la hermosa versión que hace de ‘Hallelujah’, canción de Leonard Cohen que apareció en su elepé Various Positions.

La vida de Jeff Buckley podría haber sido un camino de rosas, dado que su padre era el cantautor estadounidense Tim Buckley, si de pequeño no se hubiera cruzado la tragedia en su vida. Y esa tragedia fue la muerte de su padre el 29 de junio de 1975, por sobredosis de drogas y alcohol. Jeff contaba por entonces con solo ocho años. Inevitablemente, este suceso marcaría su corta vida.

Así, el dolor que se percibe en las canciones parece trasladado también a la portada de Grace, realizada a partir de una fotografía de Merry Cyr y David Gahr. En ella vemos a Jeff Buckley en primer plano, con la cabeza agachada, los ojos entornados, barba de un día, al tiempo que sostiene el micro con su mano izquierda. La luz cenital que proviene del ángulo superior izquierdo acentúa las sombras en sus ojos cerrados, de modo que un halo de profunda tristeza rodea a la imagen del protagonista.



El caso de Amy Winehouse tiene un enorme parecido con el de Janis Joplin: eran voces femeninas muy unidas a la música negra (blues, soul, jazz, R&B); las dos eran adictas a las drogas y al alcohol; alcanzaron altas cotas de fama; y, como he apuntado anteriormente, ambas fallecieron a los 27 años, resultado de sus adicciones. Pareciera que la historia de Janis se volvía a repetir en la de Amy cuatro décadas más tarde.

Veamos unos breves datos biográficos de la cantante británica. Amy Jade Winehouse había nacido el 14 de septiembre de 1983 en Londres, en el seno de una familia judía aficionada al jazz. Su fallecimiento se produce el 23 de julio de 2011, cuando su cuerpo inerte fue encontrado en su apartamento londinense.

Como en el caso de Janis Joplin, su producción es corta, ya que su primer disco, Frank, lo publicó en 2003; el segundo de estudio que comentamos, Back to Black, lo hizo en 2006; al tiempo que el tercero, Back to Black: B-Side, lo graba en el 2008. El 5 de diciembre del mismo año de su fallecimiento se edita Lioness: Hidden Treasures, álbum que contenía canciones inéditas que previamente había grabado.

A pesar de que su producción se concentra en cinco años, fueron numerosos los premios que recibió en su breve vida musical, por lo que no creo necesario hacer descripción de los mismos.

El diseño de la portada de Back to Black, disco que he seleccionado, se inscribe dentro de la modalidad de fotografía de estudio. En este caso, sería el fotógrafo Mishca Richter el encargado de realizar la toma, en la que vemos, en un plano entero, a Amy sentada en un taburete de madera, con las manos juntas entre sus piernas, su largo pelo cayéndole, al tiempo que una mirada de indefensión asoma por su rostro.

En este caso, y dado que he localizado los comentarios de Mishca Richter, me parece interesante realizar una selección de los mismos para que veamos cómo fue el proceso de gestación de la imagen de la portada del disco.

“En 2006, me pidieron que realizara algunas fotografías de Amy Winehouse con fines publicitarios y, posiblemente, alguna de ellas para su nuevo álbum. Yo la había visto actuar en vivo y estaba familiarizado con su disco Frank, pero no había escuchado el nuevo…”.

“En el día de la sesión, Amy llegó con cuatro horas de retraso. Había estado en la boda de uno de sus más viejos amigos el día anterior. La fiesta duró toda la noche, por lo que no había ido a dormir. Al comienzo fue un tanto difícil… Empezamos a tomar fotografías en un bar de Portobello Road, para posteriormente mudarnos a mi casa… En el cuarto oscuro realicé el disparo, el mismo que tomó la compañía discográfica para que fuera la portada de Back to Black…”.

“Me siento un privilegiado por haber creado la cubierta de este gran disco y de haber colaborado con una artista como Amy... Nunca volví a ver actuar a Amy en vivo de nuevo. La última vez que la vi fue en este rodaje en estudio. Esto es una verdadera tragedia para mí”.

AURELIANO SÁINZ


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